VOLÚMEN 2 LEER PRIMERO EL VOLUMEN 1
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VOLUMEN 2 — CAPÍTULO 8
Pero en el instante del contacto ocurrió algo inesperado.
El Rubí Amarillo que Oliver llevaba consigo reaccionó violentamente.
Una avalancha de recuerdos inundó su mente.
Su expresión cambió por completo.
—Seiren...
Aquella única palabra fue suficiente.
Las lágrimas volvieron a brotar de los ojos de Nerissa.
Estaba cansada.
Furiosa.
Dolida.
Siempre era Seiren.
Siempre Seiren Scarlet.
Como si nadie pudiera verla a ella.
Como si Nerissa no existiera.
Sin decir nada más, volvió a correr.
Pero el destino todavía no había terminado con ella.
Un silbido atravesó el aire.
Desde el cielo descendió un enorme halcón.
Era Heren.
Sus ojos dorados brillaban de emoción.
Por fin había encontrado a la hembra.
Sin perder tiempo, la tomó y remontó vuelo a una velocidad aterradora.
—¡Aaaah!
El grito de Nerissa resonó por toda la costa.
—¡Ren! —gritó Zeon.
—¡Esposa! —gritó Oliver.
Oliver adoptó inmediatamente su forma de murciélago gigante y salió disparado tras ellos.
Zeon se lanzó en persecución desde tierra.
Sin embargo, Heren era demasiado rápido.
El halcón surcó el cielo como una flecha dorada.
Ni Oliver ni Zeon lograron alcanzarlo.
......................
Sentí cómo el enorme halcón me sujetaba con fuerza mientras atravesábamos el cielo a una velocidad aterradora.
—¡Déjame! —grité mientras forcejeaba.
Pero el alcón no me soltó.
Las ráfagas de viento golpeaban mi rostro con fuerza y la tierra se volvía cada vez más pequeña bajo nosotros.
Intenté moverme una y otra vez.
Intenté golpearlo.
Intenté liberarme.
Nada funcionó.
Entonces dejé de resistirme.
Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
O al menos eso quería que él creyera.
—¡Tengo mucho miedo! —dije con voz temblorosa—. ¡Por favor!
El enorme halcón giró ligeramente la cabeza hacia mí.
Parecía haber bajado un poco la guardia.
Perfecto.
Seguí fingiendo mientras observaba cuidadosamente sus movimientos.
No podía vencerlo.
Pero sí podía aprovechar una oportunidad.
Pasaron varios minutos.
Finalmente el alcón descendió un poco de altura y me permitió acomodarme sobre su espalda para que dejara de colgar de sus garras.
Apenas mis manos tocaron sus plumas cafes-doradas, bajé la mirada.
¡Ahora!
Sin pensarlo dos veces me lancé al vacío.
—¡¿Qué?! —escuché el rugido de sorpresa del alcón.
El viento explotó a mi alrededor.
Mi cuerpo cayó a gran velocidad.
La tierra se acercaba cada vez más.
Escuché el potente batir de alas detrás de mí.
El alcón venía directamente hacia mí.
Sus enormes garras se extendieron intentando atraparme.
Pero justo cuando estuvo a punto de alcanzarme, una sensación familiar recorrió mi cuerpo.
Instintivamente utilicé una habilidad que ni siquiera sabía que recordaba.
......................
Nerissa desapareció.
Las garras del halcón atravesaron el aire vacío.
—¡Ren! —rugió Heren.
......................
Mi cuerpo apareció en medio del aire.
El viento helado golpeó mi rostro con violencia.
Por un instante sentí cómo el vacío se abría bajo mis pies.
La montaña nevada se acercaba rápidamente.
Apreté los dientes.
Todavía podía utilizar un poco de energía espiritual.
Extendí ambas manos hacia abajo y concentré el poder que me quedaba.
Una tenue luz rojiza se manifestó alrededor de mi cuerpo.
La nieve bajo mí explotó formando una enorme nube blanca mientras mi energía espiritual amortiguaba gran parte del impacto.
Aun así, el golpe me hizo caer de rodillas.
—¡Cof...!
Tosí con fuerza.
Mi respiración era pesada.
Había gastado demasiada energía espiritual.
El teletransporte había consumido casi toda mi energía espiritual.
Temblando, me puse de pie.
El paisaje que me rodeaba era completamente blanco.
Montañas cubiertas de nieve.
Árboles congelados.
Un viento gélido que parecía atravesar la piel.
No había nadie.
Estaba sola.
Di un paso.
Luego otro.
La nieve me llegaba casi hasta las rodillas, dificultando cada movimiento.
—Tengo que... seguir...
Murmuré.
No sabía adónde ir.
Solo sabía que no podía quedarme quieta.
Continué avanzando lentamente por la montaña.
Mis piernas se sentían cada vez más pesadas.
Mi visión comenzó a volverse borrosa.
El frío se infiltraba poco a poco en mi cuerpo.
Intenté mantenerme despierta.
Intenté obligarme a seguir caminando.
Pero el agotamiento era demasiado.
Había utilizado una técnica que apenas comprendía.
Había huido de todos.
Había pasado días acumulando tensión emocional.
Y ahora todo aquello me estaba pasando factura.
Mis pasos comenzaron a tambalearse.
La nieve parecía moverse frente a mis ojos.
—Azariel...
Susurré sin darme cuenta.
Mi cuerpo se inclinó hacia adelante.
Intenté recuperar el equilibrio.
No pude.
Mis piernas finalmente cedieron.
Caí de rodillas.
Luego de lado sobre la nieve.
El frío invadió lentamente mis sentidos.
Mis párpados se volvieron pesados.
Cada vez más pesados.
Hasta que finalmente se cerraron por completo.
......................
Y allí, perdida en la inmensidad blanca de la Zona 2, Nerissa quedó inconsciente, mientras una tormenta de nieve comenzaba a levantarse a lo lejos.
El viento silbaba entre las montañas cubiertas de hielo, arrastrando remolinos de nieve que poco a poco empezaban a cubrir su cuerpo inmóvil.
La temperatura descendía con rapidez.
De haber permanecido allí durante mucho tiempo, incluso alguien con su extraordinaria vitalidad habría terminado congelándose.
Sin embargo, el destino todavía no parecía dispuesto a abandonarla.
A varios cientos de metros de distancia, una pequeña figura rosa saltaba ágilmente entre la nieve.
Era un pequeño zorro.
Sus patas apenas dejaban huellas sobre el manto blanco mientras avanzaba con rapidez entre las ráfagas heladas.
De repente, sus orejas se movieron.
Había percibido algo.
O mejor dicho...
A alguien.
El pequeño zorro cambió de dirección y comenzó a acercarse.
Tras varios saltos llegó hasta donde se encontraba Nerissa.
La observó durante unos segundos.
Inclinó ligeramente la cabeza.
Sus ojos recorrieron el cuerpo inmóvil de la joven cubierto parcialmente por la nieve.
Entonces se acercó un poco más.
Olfateó el aire.
Y al comprobar que todavía respiraba, algo parecido a una sonrisa apareció en su rostro animal.
Un instante después, una luz envolvió al pequeño zorro.
Su cuerpo comenzó a crecer.
Las patas se transformaron en brazos y piernas.
La figura se estiró hasta convertirse en la de un hombre alto.
La tormenta arreciaba cada vez más, impidiendo distinguir claramente su apariencia.
El viento agitaba violentamente su ropa mientras la nieve cubría parcialmente su figura.
Lo único visible era una silueta masculina envuelta entre la ventisca.
El desconocido observó a Nerissa durante unos momentos.
Su mirada recorrió el cabello rojo que contrastaba contra el blanco de la nieve.
Después dejó escapar una suave carcajada.
—Qué interesante hallazgo encontré hoy...
Su voz estaba cargada de diversión.
Se agachó lentamente junto a ella.
Con una facilidad sorprendente la levantó entre sus brazos.
Nerissa permanecía completamente inconsciente.
Su cabeza cayó suavemente contra los pectorales del hombre.
La sonrisa del desconocido se volvió más pronunciada.
Una sonrisa traviesa.
Pícara.
Como la de alguien que acababa de encontrar un tesoro inesperado en medio de la montaña.
—Una belleza así no debería quedarse sola en un lugar tan peligroso.
Dicho eso, acomodó mejor a Nerissa entre sus músculosos brazos.
Luego giró sobre sus talones y comenzó a caminar a través de la tormenta.
La nieve danzaba a su alrededor mientras su figura se alejaba lentamente entre el vendaval.
Poco a poco, tanto él como Nerissa desaparecieron en la inmensidad blanca de la Zona 2, sin que nadie supiera hacia dónde se dirigían.