Alessia es hielo, poder y control absoluto. Tras la sospechosa muerte de su padre, dirige un imperio multimillonario donde no se permiten las debilidades. Matteo es un genio informático humilde y brillante, un becado universitario ajeno a la crueldad de la alta sociedad. Dos mundos opuestos que colisionan en una alianza digital inquebrantable... y una atracción posesiva que ninguno puede frenar.
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Capítulo 23: La Pasarela de los Enemigos
La opulencia de la mansión de la madre de Alessia era asfixiante. El estacionamiento estaba abarrotado de autos deportivos y limusinas de lujo, mientras los reporteros de la prensa rosa intentaban capturar la entrada de la élite de la ciudad.
Cuando las puertas del coche se abrieron, Alessia avanzó con la gracia de una pantera vestida con su traje de alta costura, sosteniendo con firmeza el brazo de Matteo. El joven, vistiendo el traje elegante y entallado que habían comprado esa misma mañana, lucía impecable, aunque por dentro era un manojo de nervios.
Al entrar al gran salón de eventos, la mirada verde de Alessia escaneó el lugar con frialdad. Esta fiesta no era una simple celebración familiar; era un nido de víboras. En un rincón de la barra, vestida con un atuendo llamativo, estaba Valeria, la chica de la universidad, quien al ver entrar a Matteo casi deja caer su copa. A unos metros de ella se encontraba Pietro, luciendo incómodo en su esmoquin, y junto a él, imponiendo respeto y temor, el mismísimo señor Carlos Bianchi.
Matteo sintió que el aire se le escapaba al verlos y se acomodó los anteojos, buscando apoyo en Alessia.
—Alessia... —susurró Matteo con la voz entrecortada—, ellos están aquí. Pietro y su padre... me están mirando.
—Tranquilo, mi genio —le respondió Alessia en voz baja, apretando su brazo con firmeza—. Mantén la cabeza en alto. Hoy estás conmigo, y ninguno de ellos puede tocarte. Disfruta el momento.
Para alivio de Matteo, una cara conocida se abrió paso entre la multitud. Alessandro venía llegando a la gala y traía consigo a Leo. Como su relación sentimental aún era un secreto absoluto, ambos se presentaron simplemente como amigos de los dos.
—Vaya, miren quiénes decidieron engalanar la fiesta —dijo Alessandro con una sonrisa cargada de ironía, saludando con un asentimiento—. Te ves impecable, Matteo. Ese traje te queda mejor de lo que esperaba.
—Gracias, Alessandro —respondió Matteo, un poco más aliviado al ver a su amigo—. Hola, Leo. No sabía que vendrías también.
—No me lo perdería por nada —le dijo Leo con una sonrisa de complicidad, dándole una palmada en el hombro—. Vine a acompañar a Alessandro como "amigo", ya sabes, para hacerles el aguante en este lugar.
Antes de que pudieran seguir hablando, una voz madura, fría y demandante interrumpió el grupo desde la mesa principal. Era la madre de Alessia, quien se acercaba con paso elegante, acompañada por Enzo, el poderoso socio corporativo que llevaba meses obsesionado con Alessia.
—Alessia, por fin te dignas a llegar —dijo la madre, ignorando olímpicamente a Matteo y a los demás—. Qué bueno que estás aquí. Debemos hablar de negocios de inmediato.
—Madre, buenas noches —respondió Alessia con una total indiferencia—. No sabía que las celebraciones de cumpleaños ahora se llamaban juntas de negocios.
Enzo dio un paso al frente, acomodándose el saco y dedicándole a Alessia una sonrisa de suficiencia, ignorando la presencia de Matteo.
—Siempre es un buen momento para los negocios, Alessia —intervino Enzo con tono galante—. Especialmente cuando el negocio nos beneficia a ambos a largo plazo.
La madre de Alessia sonrió con ambición, mirando a su hija y luego a Enzo con complicidad.
—Así es. Enzo y yo hemos estado conversando toda la noche, Alessia —soltó la mujer sin ningún tipo de anestesia—. Hemos decidido que la mejor manera de asegurar la fusión de nuestras empresas y blindar nuestro patrimonio es a través de una alianza definitiva. Vas a casarte con Enzo. El matrimonio ya está planeado para cerrar el trato este mismo mes.
Al escuchar aquellas palabras, Matteo sintió que la sangre le hervía en las venas. Los celos y la indignación lo golpearon con fuerza, y por primera vez en toda la noche, se olvidó de su timidez. Dio un paso al frente, interponiéndose levemente entre Enzo y Alessia, apretando los puños con fuerza.
—¿Un matrimonio? —dijo Matteo, con una voz mucho más firme y dura de lo habitual, clavando sus ojos azules en los de la madre de Alessia—. Creo que la Signorina Alessia es la única que puede decidir con quién comparte su vida y sus negocios, y dudo mucho que esté interesada en ese trato.
Enzo soltó una carcajada despectiva, mirando a Matteo de arriba abajo.
—¿Y tú quién eres para opinar, muchacho? —preguntó Enzo con desdén—. ¿El nuevo asistente de seguridad? No te metas en conversaciones de adultos.
La madre de Alessia soltó una risa seca, mirando a Matteo con total desprecio.
—Por favor, Enzo, ni te molestes. Es solo uno de los juguetes tecnológicos que mi hija recoge de la universidad. Un muerto de hambre que no sabe dónde está parado —añadió la mujer, elevando la voz para que los invitados cercanos escucharan.
Al recibir aquel golpe público, el coraje que Matteo había reunido se evaporó de golpe. Sintió las miradas burlas de los presentes clavadas en su nuca. Con los ojos humedecidos por la vergüenza y el pecho apretado, no dijo nada; simplemente agachó la cabeza, ajustándose los anteojos con dedos temblorosos, deseando que la tierra se lo tragara.
Pero la furia de Alessia no se hizo esperar. Sus ojos verdes se encendieron como dos brasas. Dio un paso al frente, interponiéndose físicamente entre los agresores y Matteo, irradiando una autoridad que congeló las risas del salón.
—Vuelves a abrir la boca para insultarlo, Enzo, y te juro por la memoria de mi padre que mañana a primera hora destruyo cada una de tus malditas acciones en la bolsa —sentenció Alessia, con una voz gélida que hizo que el hombre diera un paso atrás, pálido—. Y a ti, madre, te sugiero que recuerdes quién maneja los hilos de esta familia ahora. No soy un peón de tus malditos negocios, y mucho menos me voy a prestar a tus ridículas fantasías de matrimonio. Si vuelven a faltarle el respeto al hombre que me acompaña, vacío este salón en cinco minutos.
Alessandro, que observaba la escena de cerca junto a Leo, no tardó en intervenir, colocándose al lado de Alessia con una sonrisa letal.
—Será mejor que escuchen a Alessia —añadió Alessandro, clavando la vista en Enzo—. Todos sabemos que cuando ella promete arrastrar a alguien al fango, lo cumple. No jueguen con fuego si no quieren terminar en la quiebra antes de la medianoche.
La humillación, combinada con el espectáculo público y el hecho de ver a Alessandro defendiéndolo también, hizo que Matteo se sintiera sumamente incómodo y fuera de lugar. Sentía que solo era una carga y un estorbo en ese mundo de tiburones. Aprovechando que la atención de todos estaba centrada en la fuerte discusión entre Alessia, su madre y Enzo, Matteo se alejó sigilosamente de ellos.
Caminó a paso rápido, esquivando a los invitados, hasta que encontró una gran puerta de cristal que daba a un balcón solitario, iluminado solo por la luz de la luna. Se apoyó en el barandal de mármol, respirando el aire fresco de la noche, intentando calmar el nudo en su garganta y los celos que aún le provocaba ver la complicidad entre Alessia y Alessandro.
Mientras miraba el jardín en silencio, el sonido de unos tacones interrumpió sus pensamientos.
—Vaya... no esperaba encontrarte aquí solito, genio —dijo una voz coqueta a sus espaldas.
Matteo se giró lentamente y se acomodó los lentes. Era Valeria, que se acercaba a él con una sonrisa ladina y una copa en la mano, mirándolo con una mezcla de curiosidad y picardía.