SIN SPOILER
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EL ROSARIO
La mañana llegó fría y gris.
La Mansión Torres despertaba lentamente mientras los guardias cambiaban turnos y los empleados comenzaban a moverse por los enormes pasillos.
Pero Alessandro llevaba despierto desde antes del amanecer.
No había dormido más.
¿Cómo hacerlo?
Después de verla.
Después de recordar todo otra vez.
El mafioso permanecía de pie frente al ventanal de su despacho con la mirada perdida en el cielo nublado.
Y entonces…
lo recordó.
El rosario.
Sus ojos se abrieron apenas.
Aquel viejo rosario azul y dorado que Adaline le había regalado cuando eran jóvenes.
El mismo que él enterró con sus propias manos después de perderla.
Antes de entrar a aquella iglesia…
antes de casarse con Bella.
Alessandro sintió algo apretarse dentro de su pecho.
Había pasado tanto tiempo que creyó haber olvidado dónde lo escondió.
Pero no.
Jamás lo olvidó realmente.
Solo fingió hacerlo.
Tomó lentamente el saco negro de su silla y salió del despacho sin decir una palabra.
Los hombres de seguridad se enderezaron al verlo caminar por la mansión.
—Jefe.
Alessandro ni siquiera respondió.
Su mente estaba demasiado lejos.
Muy lejos.
Minutos después, un automóvil negro avanzaba por una carretera vacía bajo el cielo gris.
Alessandro iba solo.
Sin guardaespaldas.
Sin escoltas.
Algo extremadamente raro.
El paisaje comenzó a cambiar lentamente hasta convertirse en caminos antiguos rodeados de árboles.
Y finalmente…
la vio.
La pequeña iglesia.
Seguía ahí.
Vieja.
Silenciosa.
Como un recuerdo que el tiempo se negó a destruir.
Alessandro bajó del automóvil lentamente.
El aire frío golpeó su rostro.
Y por un instante…
volvió a sentirse como aquel chico de dieciocho años que se escapaba solo para verla.
El mafioso observó la iglesia en silencio.
Recordando las veces que Adaline sonreía al verlo entrar.
Las velas.
Las flores.
Su voz suave.
Todo seguía vivo en su memoria.
Demasiado vivo.
Alessandro caminó lentamente hacia la parte trasera de la iglesia.
El lugar estaba cubierto por hierba y tierra húmeda.
Nadie había ido ahí en años.
Pero él recordaba perfectamente el sitio.
Porque aquella noche…
después de verla morir…
vino directamente aquí.
Con las manos llenas de s@ngr3.
Roto.
Y enterró el rosario.
Como si enterrándolo pudiera sepultar también sus sentimientos.
Se detuvo finalmente frente a un viejo árbol.
El mismo árbol junto al que Adaline solía rezar algunas tardes.
Alessandro bajó lentamente la mirada.
Y por primera vez en muchísimo tiempo…
sus manos temblaron apenas.
Tomó una pala vieja que descansaba cerca de una pared abandonada y comenzó a cavar.
La tierra estaba húmeda.
Pesada.
Pero Alessandro siguió.
Cada golpe removía recuerdos que dolían demasiado.
La voz de Adaline.
Sus pequeñas risas.
La forma en que tomaba su mano.
Y luego…
el disparo.
El mafioso cerró los ojos apenas un segundo.
Pero continuó cavando.
Hasta que finalmente…
la pala golpeó algo.
Alessandro se quedó inmóvil.
Su respiración se volvió más lenta.
Se arrodilló sobre la tierra húmeda y apartó cuidadosamente el barro con las manos.
Y entonces lo vio.
El rosario.
Intacto.
Perfectamente conservado a pesar de los años.
Las cuentas azules brillaban suavemente bajo la tenue luz del cielo nublado.
La pequeña cruz dorada seguía igual.
Como si el tiempo jamás hubiera pasado sobre ella.
Alessandro lo tomó lentamente.
Y en cuanto el rosario descansó entre sus manos…
algo dentro de él se rompió otra vez.
Porque recordó exactamente el día en que Adaline se lo entregó.
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—Quiero que lo tengas tú.
La joven Adaline sonreía tímidamente mientras colocaba el rosario en las manos del joven Alessandro.
Él la miró confundido.
—¿Por qué me darías algo tan importante?
Ella bajó ligeramente la mirada.
Sonrojada.
—Porque quiero protegerte aunque no esté contigo.
Alessandro soltó una pequeña risa suave.
—¿Crees que esto puede proteger a alguien como yo?
Adaline levantó la mirada hacia él.
Y sonrió de esa forma dulce que siempre destruía todas sus defensas.
—Sí.
Luego tomó suavemente sus manos.
—Porque incluso las personas perdidas merecen ser salvadas.
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El recuerdo desapareció lentamente.
Y Alessandro volvió al presente.
Solo.
Arrodillado frente a la tierra húmeda mientras sostenía el rosario contra su pecho.
Sus ojos comenzaron a arder nuevamente.
Veinte años.
Veinte años intentando convertirse en un monstruo incapaz de sentir.
Y aun así…
ella seguía destruyéndolo con simples recuerdos.
El mafioso apretó el rosario con fuerza.
Como si tuviera miedo de perderlo otra vez.
Entonces levantó lentamente la mirada hacia la iglesia.
Y por primera vez en muchísimo tiempo…
Alessandro Torres rezó.
No por poder.
No por dinero.
Ni por perdón.
Solo hizo una oración silenciosa:
Que Adaline pudiera recordar algún día cuánto la amó
(algo asi era el rosario)
que va a pasar en el cielo
que pasará con ese embarazo ?