Leandro está en campaña de buscar un esposo para su madre y un buen padre para él. ¿Este pequeño niño de tan solo 10 años podrá encontrar al hombre perfecto? O en su travesía descubrirá secretos escondidos de traiciones y engaños pasados que sufrió su madre.
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Quiebre.
Apenas y logramos escapar de esa turbia enfurecida que nos apaleó sin misericordia en medio de la calle. Como era de esperarse, Roxana corrió a su cuarto y se encerró en él sin dar la cara. Por otro lado, Nadia quien se había mantenido en silencio todo el tiempo por fin rompió a llorar desesperadamente, con una angustia desgarradora en su corazón.
- Hermano… lo que Briella dijo es verdad… ¿Tú y Roxana desde entonces… en su propia casa…?
- ¡NO! Yo jamás le falté el respeto a Briella, y mucho menos a nuestro hogar. Todo esto es un gran malentendido —intenté defenderme pero muy dentro sabía que aquello era una mentira.
Porque sí le falté el respeto a mi esposa le mentí, no la escuché… y nunca vi cuán profundamente estaba sufriendo por mi culpa.
- ¡No más, Octavio! Es verdad. Rodo tiene la misma edad que cuando Roxana llegó aquí. Desde entonces ustedes dos… Y yo… yo ayudé a que esto pasara —la vi sujetarse con fuerza a la mesa para no caer de rodillas— ¡Fui cómplice de su infidelidad!
Corrí a su lado intentando consolarla, pero Nadia no dejaba de golpearme con sus manos temblorosas, llena de decepción hacia mí y hacia sí misma. Mi hermana es buena, ingenua… cree que en todos hay algo que rescatar. Es noble, de buen corazón. Si la dejo así, nunca dejará de culparse por algo que no hizo.
- Nadia… la verdad es que yo no soy el padre biológico de Rodo —confesé por fin, desvelando mi mayor secreto, el que guardé en mi corazón durante once largos años.
- ¿Qué acabas de decir? ¿Cómo que no eres su padre? _ sus ojos grande sobre mi.
- La verdad es que Roxana llegó aquí embarazada. Me suplicó que no revelara su secreto, que tomara al niño como mío para que no cargara con esa cruz… y yo acepté. Pero no sabía nada de esto, de que ella, con tal de asegurarse que adoptara a su hijo, alejaría a Briella con mentiras.
- ¡Pero es Roxi! La conocemos de toda la vida… ella no sería capaz de hacernos esto, ¿verdad?
Me dejé caer a su lado, la mente en éxtasis analizando cada detalle.
- Creo que en realidad nunca la conocimos, hermana. ¿Por qué estaban juntas esta tarde ustedes dos?
- Me dijo que fuera al salón para verme bonita para mañana… luego fuimos de compras.
- ¿Tú pagaste todo, ¿no es así?
- Dijo que me lo devolvería cuando llegara su nueva tarjeta… porque la anterior venció y no se dio cuenta.
Una mentira tras otra. Parecía que nunca se acabarían. Pero ahora no tengo dudas, Roxana mintió al decir que Briella se fue con otro hombre. Además están las acusaciones de Briella… ¿Acaso fue capaz de llegar tan lejos como de quitarle sus pertenencias de esa forma? Ja, ja… y yo soy igual de culpable. Ella me escuchó aquella noche confesar que no había logrado olvidarla, pero en mi corazón ya amaba a mi esposa. Solo que en ese momento, al ver a Roxana nuevamente, todo fue confusión. Pero yo de verdad amo a Briella.
- ¿Qué piensas hacer ahora, hermano? Cuando mamá se entere, estará furiosa. Ella ama a Rodo… yo también. Pero todo esto… es demasiado. Briella siempre fue tan buena, y ahora me siento terrible con ella por haber impuesto a Roxana sin considerar cómo se sentía al tener otra mujer en su casa.
Nos abrazamos por largo rato, intentando encontrar la quinta pata al gato. Pero la verdad es que todos la hicimos sufrir, ignoramos cuánto llevaba sufriendo. Y ahora ya no puedo culparla por haberme dejado de esa manera.
- Vete a casa. Mañana es un día importante para ti, y yo tengo que hablar con Roxana.
- ¿Estarás bien?
- No lo sé… pero tenemos que arreglar cuentas. No le digas nada a mamá todavía, por favor.
- No lo haré. _ nos abrazamos por última vez sintiendo todo el peso de la culpa por nuestras propias faltas.
La acompañé hasta su taxi, y mientras lo veía alejarse a toda prisa, mi cabeza no dejaba de dar vueltas. Subí los pasos con firmeza hasta llegar a su habitación.
- Abre la puerta —ordené sin siquiera golpear.
- ¡LÁRGATE! NO QUIERO VERTE —me respondió del otro lado con total descaro, como si todo fuera mi culpa.
- Te recuerdo que esta es mi casa, Roxana —fue lo único que dije, manteniendo la voz neutra, aunque mi sangre hervía por dentro.
No tardó en aparecer ante mí, como una fiera embravecida dispuesta a destrozarme por la osadía de decir esas palabras.
- ¡BIEN! AHORA MISMO ME VOY. Quédate en tu solitaria casa.
La tomé del brazo de inmediato, tapándole la boca para que no gritara, y la arrastré hasta mi despacho. Las paredes eran insonorizadas, así Rodo no escucharía nada. La arrojé sobre el sillón y cerré la puerta con llave.
- ¿Qué haces, Octavio? —sus ojos estaban atrapados por el pánico.
- La noche en que me entregaste esos documentos, dijiste que eran de un departamento que habías visto… que querías que te sirviera de fiador porque entendías que Briella ya no estaba feliz con tu presencia, porque no querías abusar más de su buena disposición. Pero en realidad eran papeles de divorcio. ¿Por qué lo hiciste?
- No sé de qué me estás hablando —la vi darme la espalda, y una furia incontenible se apoderó de mí en ese instante.
La tomé del cuello, obligándola a mirarme a los ojos nuevamente.
- ¿De verdad no sabes? ¿Quieres que investigue todo el asunto por mi cuenta?
- Me… me estás asustando… me lastimas. _ jadeo con los ojos llenos de lágrimas.
- El joyero de Briella estaba casi vacío cuando se fue. Pero conociéndola, ella jamás los habría tomado. No después de escuchar todas las mentiras que le dijiste. ¿Y qué hay del hombre con el que supuestamente escapó?
- Yo… yo…
- ¡MENTIRAS! Todas eran mentiras de una mujer asquerosa que lo único que buscaba era alguien que se hiciera cargo de ella y de su hijo.
No lo pude soportar más. Aparte su cara con desagrado, pero lejos de escuchar llantos, súplicas o escusas baratas, escuché una risa fría… calculadora.
- Ja, ja, ja, ja… ¿De verdad todo es mentira, Octavio? Estabas tan feliz con mi regreso que ni por un instante te importó cómo se sentiría ella. Yo los escuchaba discutir, y jamás te importó que entre lágrimas Briella te pidiera echarme. Al contrario, le decías una y otra vez que no podías hacerlo… porque yo era alguien muy importante para ti.
- ¡CÁLLATE! —grité desesperado, sintiendo cada palabra como un puñal en el corazón.
- Querías la verdad, pues aquí la tienes. Nunca te importó ella en realidad. No eras capaz de ver cómo sus ojos dejaban de brillar, cómo buscaba cualquier pretexto para no estar cerca de ti… y aunque ahora no lo admitas, estabas tan ciego por mi regreso que dejaste de verla a ella. Yo hice lo que tú no te atreviste a hacer, dejar de darle alas a su imaginación de que los dos se amaban. Porque en tus propias palabras… nunca me olvidaste.
Tomé la botella de whisky y la estrellé contra la pared. El cristal explotó en mil pedazos, igual que mi mundo. Pero lejos de callarse, Roxana continuó.
- Lo del divorcio fue idea suya. La misma Briella preparó todo y me dijo: “Si logras que lo firme, entonces me voy”. Dicho y hecho, a ti no te importó firmar, y a ella no le importó irse sin más. Ninguno de los dos se amaba en realidad… eso no es mi culpa, querido.
La tomé del brazo y la lancé lejos de mí, cerrando la puerta de un portazo antes de perder la razón y cometer una locura mayor.
Me arrastré hasta el escritorio, sacando otra botella. Era verdad. Yo nunca vi nada. Yo nunca hice nada. Incluso cuando ella se fue, aunque me doliera y las dudas me mataran, no hice nada para buscarla y saber la verdad. Me conformé con una familia que no era mía… y dejé ir a la única persona que alguna vez me amó realmente.
Una tras otra, las copas iban quedando vacías, al igual que mi corazón. ¿Qué había hecho? Arruiné todo por una ilusión… por una mujer que nunca más me atreví a tocar. Una que solo veía en mí a quien la mantuviera… una que de seguro ya tiene a otro hombre a su lado.
Me quedé toda la noche bebiendo hasta no poder más. Por la mañana, me arrastré a la cocina en busca de agua… cuando vi salir a Roxana muy temprano, moviéndose con una sutileza extremadamente sospechosa.