NovelToon NovelToon
La Esposa Del Ceo Ciego

La Esposa Del Ceo Ciego

Status: Terminada
Genre:Enfermizo / Amor-odio / Romance / Completas
Popularitas:71.9k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Lobelia

Francisco Valois, un magnate que perdió la vista y su imperio tras un atentado, acepta un matrimonio de conveniencia con Andrea, quien promete ser sus ojos y devolverle el poder. Mientras Francisco la desprecia creyéndola una oportunista, Andrea oculta una verdad devastadora: padece una enfermedad terminal y ha planeado su muerte para donarle sus córneas y asegurar el futuro del hombre que ama en secreto.

NovelToon tiene autorización de Lobelia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 9

​La euforia de la victoria en la junta de accionistas se disipó con la misma rapidez con la que el sol se oculta tras los rascacielos. De regreso en la mansión, el silencio ya no era de complicidad, sino de una inquietud latente. Francisco, estimulado por el triunfo, se sentía más alerta que nunca. Sus sentidos, agudizados por la falta de vista, captaban cada matiz del aire: el olor a papel viejo de los archivos que Andrea aún llevaba impregnado, su respiración, que seguía siendo demasiado corta, y un nuevo aroma, sutil y químico, que no lograba identificar.

​Andrea se había retirado a la cocina para preparar un té, dejando su bolso sobre la mesa de entrada. Fue un descuido mínimo, un desliz de alguien cuyo cuerpo está empezando a rendirse ante el agotamiento. Francisco, que caminaba por el vestíbulo practicando su orientación sin bastón, pasó cerca de la mesa y, al intentar estabilizarse, rozó el bolso. Este cayó al suelo, volcando su contenido con un sonido seco sobre el mármol.

​—¿Andrea? —llamó él, pero ella no respondió; el sonido del agua hirviendo en la cocina amortiguaba su voz.

​Francisco se puso de rodillas, maldiciendo su vulnerabilidad. Empezó a tantear el suelo para recoger las pertenencias de ella: un monedero de cuero gastado, un juego de llaves, un labial... y entonces, sus dedos se cerraron sobre un objeto cilíndrico de plástico. Era un frasco pequeño. Al agitarlo, el sonido de las pastillas chocando contra las paredes del envase le resultó extraño. No eran muchas, tal vez tres o cuatro, pero pesaban en su mano como si fueran de plomo.

​Acercó el frasco a su nariz. No olía a nada, pero la textura de la etiqueta bajo sus yemas era rugosa, con letras impresas que no podía descifrar.

​—¡Francisco! —el grito de Andrea llegó cargado de un pánico que no pudo ocultar.

​Sintió sus pasos rápidos acercándose. Ella se arrodilló frente a él y, con una urgencia que rayaba en la violencia, le arrebató el frasco de la mano. Francisco sintió el roce de sus dedos; estaban más fríos que nunca, una frialdad que parecía emanar de sus propios huesos.

​—Se me cayó el bolso —dijo él, su voz tranquila, casi demasiado—. ¿Qué es eso que guardas con tanto celo, Andrea? Suena a medicación seria.

​Andrea guardó el frasco en el bolsillo de su traje con un movimiento espasmódico. Intentó estabilizar su voz, pero Francisco notó el leve temblor en su mandíbula.

—Son solo vitaminas, Francisco. Vitaminas de alta concentración. El médico me las recetó por la anemia. Ya sabes, el estrés de estos días, las noches sin dormir en el archivo... me han dejado un poco baja de defensas.

​—Vitaminas —repitió Francisco, saboreando la palabra como si fuera ceniza—. No sabía que las vitaminas causaran ese miedo en tus ojos cuando alguien las toca.

​—No es miedo, es privacidad —replicó ella, ayudándolo a levantarse—. No estoy acostumbrada a que nadie registre mis cosas.

​Ella lo guio hacia el sofá, pero Francisco sintió que el vínculo de confianza que habían forjado en la junta se agrietaba. Ella le mentía. Podía sentir el calor de la mentira irradiando de su cuerpo. Andrea no tomaba vitaminas; Andrea tomaba algo que la mantenía en pie a duras penas, algo que explicaba su pulso errático y su piel de porcelana a punto de quebrarse.

​Esa noche, Francisco no pudo dormir. Se quedó sentado en la cama, en la oscuridad total que ya no le asustaba tanto como el misterio que caminaba por los pasillos de su casa. En su mente, reconstruía cada detalle de Andrea: su forma de caminar, sus pausas para tomar aire, su negativa a comer alimentos pesados.

​Si ella era su socia, si ella era su "GPS del alma", ¿por qué ocultaba algo tan vital? La sospecha de traición había muerto, pero en su lugar había nacido una obsesión mucho más peligrosa: la necesidad de poseer la verdad absoluta sobre ella.

​A primera hora de la mañana, Francisco llamó a su estudio a Marcos, su asistente de seguridad y hombre de máxima confianza, el único que no se había vendido a los Valois.

​—Marcos, necesito que hagas algo por mí. Y necesito que Andrea no se entere —dijo Francisco, con la barbilla apoyada en sus manos entrelazadas.

​—Dígame, señor.

​—Ayer, mientras recogía sus cosas, logré identificar un patrón en la etiqueta de un frasco. Era un relieve pequeño, un logo circular en la parte superior derecha de la farmacia. Andrea dice que son vitaminas, pero quiero que rastrees las farmacias especializadas cerca del hospital central. Busca a alguien que haya retirado medicación para la arritmia severa o fallos degenerativos.

​—Señor, eso es información médica privada, es difícil de...

​—No me importa el costo, Marcos. Solo necesito saber qué está matando a la mujer que me devolvió la vida —la voz de Francisco se quebró por un instante, revelando una vulnerabilidad que lo asustó hasta a él mismo.

​Mientras Marcos iniciaba su investigación en la sombra, la tensión en la mansión se volvió sofocante. Francisco empezó a "cazar" los sonidos de Andrea. Escuchaba el click del frasco abriéndose tres veces al día. Notaba cómo, después de ingerir la pastilla, ella permanecía inmóvil durante diez minutos, esperando que el químico hiciera efecto.

​Un día, mientras ella le leía las noticias internacionales, Francisco la interrumpió abruptamente.

—¿Cómo se llaman, Andrea?

​Ella dejó de leer. El silencio se prolongó durante varios latidos.

—¿Qué cosa?

​—Las vitaminas. He pensado que quizá yo también debería tomarlas. Me siento... cansado.

​Andrea tragó saliva. Francisco escuchó el movimiento de su garganta.

—No creo que te convengan. Son específicas para mi tipo de sangre y mi deficiencia de hierro. El doctor Méndez es muy estricto con eso.

​Doctor Méndez.

​Francisco anotó el nombre en su memoria con la precisión de un grabador. No eran vitaminas. El tono de voz de ella al mencionar al doctor era el de alguien que habla con su verdugo o con su único salvador.

​La revelación parcial

​Al final de la semana, Marcos entró en el estudio de Francisco. Cerró la puerta con llave y se acercó al escritorio.

​—Señor, he encontrado algo. No pude entrar en los registros del hospital, pero seguí el rastro del mensajero de la farmacia "La Esperanza". Hacen entregas especiales en esta dirección tres veces por semana.

​—¿Y qué entregan? —preguntó Francisco, inclinándose hacia adelante, con el corazón martilleando contra sus costillas.

​—No es hierro, señor. Es Digoxina y un compuesto experimental de bloqueadores beta. Es una medicación de último recurso para pacientes con insuficiencia cardíaca congestiva o... —Marcos hizo una pausa, midiendo sus palabras— o para personas que esperan un trasplante que no llega.

​Francisco sintió como si el suelo desapareciera bajo sus pies. No era un amante, no era Sotomayor, no era una estafa. Era la muerte. Andrea estaba muriendo frente a sus ojos nublados y él, en su egoísmo, la había obligado a subir escaleras, a pasar noches en vela y a luchar sus batallas legales.

​En ese momento, Andrea entró en el estudio con una bandeja de té. Francisco olió el aroma del jazmín mezclado con ese matiz químico que ahora identificaba con claridad. Era el aroma de la resistencia.

​—Gracias, Marcos. Puedes retirarte —dijo Francisco con una voz que sonaba como si viniera de ultratumba.

​Cuando se quedaron solos, Francisco se levantó. Caminó hacia ella, no con la duda de un ciego, sino con la determinación de un hombre que acaba de ver la luz más dolorosa de su vida. Se detuvo a escasos centímetros de ella. Podía oler su perfume, podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo, ese calor que ahora sabía que era una llama que se extinguía.

​—¿Por qué no me lo dijiste? —preguntó él. No había rabia, solo una tristeza infinita que inundó la habitación.

​Andrea dejó la bandeja sobre la mesa con un ruido metálico. Sabía que la habían descubierto. No preguntó cómo. Simplemente suspiró, un sonido largo y cansado que pareció vaciar sus pulmones.

​—Porque si lo sabías, dejarías de verme como a tu socia y empezarías a verme como a una enferma —respondió ella, con una calma que le rompió el corazón a Francisco—. Y yo no vine aquí para que me cuidaras, Francisco. Vine aquí para que aprendieras a cuidarte solo antes de que yo ya no pueda hacerlo.

​Francisco extendió la mano y buscó el rostro de Andrea. Sus dedos rozaron sus labios, sus mejillas húmedas por una lágrima silenciosa, y finalmente se posaron sobre su pecho, justo encima de donde el corazón de ella libraba su batalla perdida.

​Sentía el latido. Débil, errático, pero increíblemente valiente.

​—No me importa el trasplante, no me importa la medicina —susurró Francisco, acercando su frente a la de ella—. No voy a dejar que te apagues. He pasado demasiado tiempo en la oscuridad como para perder la única luz que me importa.

​ Ellos dos abrazados en el centro del estudio, rodeados de secretos revelados y una verdad devastadora: el tiempo, el único enemigo al que Francisco no podía comprar ni humillar legalmente, se les estaba escapando entre los dedos como arena fina. La obsesión de Francisco ya no era el poder, sino cómo detener el reloj biológico de la mujer que le había enseñado que el alma tiene ojos que nunca quedan ciegos.

1
Ricardo Ramon Carrizo
excelente felicitaciones 👏 👏 👏
Elia María Ramírez Rodríguez
Bonita novela felicidades que sigan los éxitos .....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Al fin entendió Francisco cual era la intención de Andrea al querer darle sus ojos.....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Ya estan en casa cuando se entere ellos dos.....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Deben agradecer que los dos tienen otra oportunidad....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Qué bien qué pudo ir cobrar cuenta con ese par de desgraciado Beatríz y su esposo falta Elías.....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Hay que bueno que no tuvo que pasar una desgracia para que Francisco recupere la vista.....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Hay que bárbara autora ya estaba llorando pensando que si se avía muerto Andrea los milagros si existen.....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Francisco le dijo Andrea qué iban a caer uno por uno los que estaban impidiendo que ella logrará su deseó donar sus ojos a Francisco como es qué ahorita es una fuerte impresión saber que ella va a morir par donarle sus órgano.....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
En este capitulo me perdí creo que Francisco y Andrea estaban de acuerdo con donar y recibir ♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
No puede ser si va a morir Andrea.....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Francisco va con todo para quitar el estorbó de Beatriz su tía y de Elías ojalá que pueda lograr obtener el deseo de Andrea.....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Cómo hay personas tan tóxicas como Elías.... ♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Autora no sea mala que no se muera Andrea que llegue un corazón y su tipo sangre a tiempo para salvarla...

♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Cuánto sufrimiento para un ser inocente cuando es porque lo traen genéticamente no se puede hacer nada contra eso, cuando la medicina no puede.....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Que duro es lo que está pasando Andrea saber que su final está cerca demasiado cerca que va a pasar no autora que no se vaya a morir.....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Escritora la novela está bonita pero me pierdo en la narración.....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
No, no, no, que no se valla a morir que logren conseguir un corazón para ella....♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Ahora como se le puede ayudar va contra reloj ⌛ me gusta la novela no me gustaría que Adriana muera......♥️👀♥️
Elia María Ramírez Rodríguez
Cuando sabes que estás enferma de algo delicado como es el corazón, es una angustia insoportable ❤️‍🩹a veces es muy duro aceptar lo que estás pasando.....♥️👀♥️
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play