Luciana Montreal siempre obtuvo lo que quiso.
Incluso a David Balbuena… el único hombre que alguna vez se le resistió.
Pero el deseo no siempre trae victoria.
Entre noches que la consumieron y una verdad que lo cambió todo, Luciana entendió que hay algo más peligroso que no tener a alguien… tenerlo y descubrir quién es en realidad.
Años después, convertida en una mujer poderosa e inalcanzable, ha construido un mundo donde nadie puede tocarla...
Hasta que el pasado regresa... y no viene solo: Un hombre que aún puede hacerla arder. Otro que ya decidió que será suya.
Entre el fuego que la desarma y el control que amenaza con atraparla, Luciana deberá enfrentar la única decisión que nunca pudo dominar: seguir lo que la consume… o no volver a perderse jamás.
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SERÁ MÍA
NARRADOR
Al día siguiente, David salió de la habitación sin siquiera despedirse. Luciana todavía dormía cuando lo hizo.
Él fue a una reunión importante. El destino escogido como luna de miel no era más que con un fin laboral que de concretarse tal como esperaba le otorgaría ganancias millonarias.
Luciana despertó, la cama a su lado estaba fría. Se puso de pie y pensó en lo que haría para no aburrirse. Miró una notificación en su teléfono. Su padre le había transferido dinero por si llegase a necesitarlo.
El día antes de casarse, su padre le había dicho que él se ocuparía de sus gastos personales, aunque ella le había dicho que no era necesario. Cuando ella le había comentado que seguramente David le daría una tarjeta de crédito, su padre había puesto el grito en el cielo. Ese hombre no le agradaba ni lo haría jamás.
-Papá, será mi esposo- Ella le había comentado
-Lo sé, pero cuando te divorcies de él... porque sé que lo harás no quiero que él pueda decir que le costó una fortuna que seas su esposa- Ella lo pensó. No había considerado por completo esa opción
-Tengo dinero, papá- Había insistido
-Eres mi única hija- Expresó decidido a cumplir su palabra
Luciana miró la habitación, desganada. No quería ir de compras. No le veía sentido hacerlo ese día. Tampoco deseaba estar encerrada en el lujoso cuarto. Por eso decidió ir a desayunar al restaurante del hotel con su laptop.
Podría leer allí, aprender más. Además, tenía que investigar algunas cosas en las cuales Lisandro había estado trabajando antes de su fallecimiento. Fue por eso, que nuevamente estuvo convencida de que había algo detrás de aquella precipitada decisión. Algo oscuro, secreto, privado. ¿Por qué él se suicidaría si estaba mirando que podía comprar para su proyecto?
Después de ducharse, vestirse y maquillarse, ella salió de la habitación. No le prestó atención a ninguna de las personas que la miraban. Estaba acostumbrada a eso.
Al llegar al restaurante, uno de los meseros se acercó a ella.
-Señora Balbuena, es un placer contar con su presencia...- Ella interrumpió decidida a corregirlo
-Señora Montreal, Balbuena es mi esposo- Ella tenía su propio apellido y estaba orgullosa de él. No dejaría de usarlo por mucho amor que sintiera por David
-Discúlpeme, por favor...- Ella hizo un ademán para interrumpirlo nuevamente. No entendía por qué tenía que disculparse así si no había cometido ninguna falta grave
-¿Qué me recomienda para desayunar? ¿Tienen alguna especialidad?- Preguntó. El camarero más relajado le dijo las mejores opciones y ella escogió una
Mientras ella esperaba en su mesa, abrió su laptop. Comenzó sus averiguaciones y rápidamente entendió por qué su primo había seleccionado algunas de ellas. Lisandro sabía mucho de finanzas, economía en diferentes rubros... los lugares que habían captado su atención estaban en crisis y no tardarían en cerrar sus puertas.
Alguien observaba a Luciana. Un hombre poderoso seguía sus movimientos, observaba sus facciones, cada gesto por mínimo que fuera. La belleza de esa mujer llamó poderosamente su atención, pero también el carácter que parecía esconder.
-¿Quién es esa mujer?- Le preguntó a su más fiel empleado
-Es la señora Luciana Montreal. Acaba de casarse con David Balbuena y está aquí de luna de miel- El hombre hizo un asentimiento
-Interesante. Muy interesante- Dijo
Ese hombre sabía quién era David y también su reputación. No tenía relación con él y nunca la había tenido tampoco, pero en ese preciso momento lo consideró un idiota por descuidar a su preciosa esposa.
También algo creció en su interior. "Luciana... algún día serás mía". Lo sentenció. Lo cumpliría. Siempre conseguía sus metas.
(....)
Luciana terminó su desayuno, pagó con su propio dinero y se puso de pie para ir a su habitación. Había mirado la hora y sabía que probablemente Amy estaría despierta.
Quería llamarla para contarle como era su vida como esposa de David.
En ese momento sus movimientos fueron observados. Ni siquiera era consciente de que David podría perderla porque alguien más estaría dispuesto a ofrecerle mucho más que aquellos que en el pasado habían jurado amarla.
Pero, a diferencia de esos hombres jóvenes e impacientes... este adinerado desconocido tenía algo más grande que su incalculable fortuna... paciencia.
Él esperaría por ella. El tiempo que fuera suficiente para acercarse. No le importaba esperar años. Usaría ese tiempo para conocerla mejor y saber cuánto más pudiera sobre ella. Luego el destino diría que papel querría ocupar en la vida de Luciana.
Cuando la recién casada entró a su habitación llamó a Amy. Su mejor amiga la atendió tras el primer tono. Impaciente. Quería saber si ella se había desencantado de su esposo.
-Entonces estás en París sin hacer nada porque tu esposo está supuestamente trabajando- Quiso sembrar una duda. No lo creía capaz de ser fiel
-No le conviene engañarme. Está trabajando. Tal vez cuando regrese quiera que hagamos algo, no lo sé
-¿Qué va a querer hacer? Tener sexo y dormir. ¿Estás dispuesta a permitir que él te use de esta manera?
-Tú no sabes... estar con él es... ni siquiera puedo describirlo. Pero es sensacional- Luciana suspiró encantada por lo que él en la intimidad le hacía sentir
-Lo entiendo. Ha practicado con toda la ciudad- Dijo con disgusto- Si fuera malo en la cama sería un enorme fracaso debido a su reputación de mujeriego
Luciana suspiró. Eso lo sabía muy bien.
-No me importa con cuantas mujeres estuvo, si son dos docenas o miles. Quiero ser la última, ¿Puedes entender eso y apoyarme?- Cuestionó
-Sabes que te regalaré pañuelos y champaña para tu divorcio- Luciana volvió a suspirar- Sigo creyendo que cometiste el peor error de tu vida. Si soy yo quien se equivocó te prometo que haré compras en el centro comercial estando de rodillas así deba subir a la escalera mecánica. Así de segura estoy
Luciana se rió al imaginar la escena.
-Amiga, tendré listo el botiquín de primeros auxilios. Vas a necesitarlo- Comentó animada, creyendo que sería la vencedora
-El tiempo decidirá. Las dos no podemos ganar- Amy concluyó decidida a no presionar más a Luciana. Sabía que ella tenía toda la razón. Hubiese apostado hasta su cabello de lo segura que estaba, pero si su amiga necesitaba tiempo para abrir los ojos, ella se lo daría y llegado el momento la consolaría