Un chico marcado por 10.000 voces zarpa en un mar maldito para escribir el final de todas las historias.
Nicolás solo quería ser libre. Pero cuando las historias de los muertos lo eligieron, tuvo que pelear contra piratas, monstruos hechos de arrepentimiento y su propio destino.
Ahora con "El Colmillo Carmesí" en la mano debe decidir: ¿salvar el mundo de historias o dejar que todo se queme?
Fantasía épica, aventura y piratas. Para lectores que aman un buen viaje en el mar.
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Capítulo 3: El Mar de los Susurros
El barco se llamaba "La Gaviota Muerta".
Nicolás se coló en él a las 3 de la mañana. Cuando todos dormían y solo el mar hacía ruido.
El Colmillo Carmesí le quemaba el pecho bajo la camisa.
"2/10", susurró tocando la portada. "Necesito 8 más."
"Hay una tripulación ahí abajo", dijo la voz ronca. "Escribe sus historias. O únete a ellos. O róbales el barco."
Nico sonrió por primera vez en años. Tenía la cicatriz tirante.
El barco era viejo. Madera podrida y velas remendadas. Pero flotaba. Y eso era suficiente.
"¿A dónde va?" preguntó.
"Al Mar de los Susurros", dijeron las voces. "Donde está Rojosangre."
Perfecto.
Nico bajó a la bodega. Olía a ron y a vómito. 5 hombres dormían en hamacas.
El primero roncaba. Gordo, con un parche.
Nico sacó el libro y la pluma.
"¿Quién eres?" susurró.
"Me llamo Tomas", dijo una voz cansada en su cabeza. "Fui pescador. Hasta que Rojosangre hundió mi bote y mató a mis hijos."
Nico apretó la mandíbula. Empezó a escribir.
"Capítulo 3: El Mar de los Susurros. Tomas tenía 3 hijos. El mayor se llamaba Luis..."
Mientras escribía, el dolor bajaba. Tomas dejó de roncar. En sueños, sonrió.
"Gracias", dijo la voz en su mente. Y se apagó.
9.998.
"Uno menos", murmuró Nico.
El segundo hombre se despertó. Flaco, joven, con miedo en los ojos.
"¿Quién eres tú?" susurró. "¿Eres de la tripulación de Rojosangre?"
Nico negó. Se puso de pie. El libro en la mano.
"No", dijo. "Soy peor. Soy el que va a matarlo."
El chico lo miró raro. "Estás loco."
"Probablemente", dijo Nico. "¿Cómo te llamas?"
"Marco."
"Bueno Marco. ¿Quieres vivir o morir?"
Marco tragó saliva. "Vivir."
"Entonces ayúdame a robar este barco."
Amaneció. Nico y Marco ya habían amarrado a los otros 3. No los mataron. Solo los dejaron en un bote salvavidas con agua y pan.
"¿Y ahora?" preguntó Marco. Tenía 17 años. La misma edad que Ana.
"Ahora navegamos", dijo Nico. Agarró el timón. "Al Mar de los Susurros."
Las primeras 3 horas fueron bien. El viento empujaba. El sol quemaba.
A la cuarta hora llegó la niebla.
Niebla blanca. Espesa. Que olía a tinta vieja y a libros quemados.
"Eso no es normal", dijo Marco.
"No", dijo Nico. El Colmillo le vibraba. "Es él."
Del medio de la niebla salió un barco. Negro. Con velas rojas como sangre seca.
En la proa, parado, un hombre. Alto. Capa negra. Y en la cara... una cicatriz en forma de colmillo.
Rojosangre.
"¡Barco robado!" rugió su voz. "¡Tripulación robada! ¿Quién se atreve?"
Nico dio un paso al frente. El libro en alto.
"Yo", gritó. "Nicolás del puerto Vallegris. Portador del Colmillo Carmesí."
Rojosangre se rió. Un sonido feo. Como vidrio rompiéndose.
"Otro bardo", escupió. "Siempre los mismos. Escribiendo, llorando, recordando. El mundo es mejor sin memoria, chico."
Levantó la mano. De sus dedos salió fuego negro.
"Quema", ordenó.
El fuego vino directo a "La Gaviota Muerta".
Nico no pensó. Abrió el libro.
"¡Tomas!" gritó.
La página brilló. Y de la nada, el aire se volvió agua. Un muro de agua se levantó frente al barco y apagó el fuego negro.
Marco gritó. "¿Qué mierda fue eso?"
"Magia de historias", dijo Nico. Le sangraba la nariz. "Cada historia que escribo me da un poder."
Rojosangre frunció el ceño. "Interesante. Entonces te voy a matar rápido. Antes de que escribas más."
Sacó una espada. Negra también. Y saltó.
Cayó en la cubierta de Nico.
Marco salió corriendo. "¡No puedo pelear!"
"¡Entonces escribe!" le gritó Nico.
Rojosangre atacó. Rápido. La espada pasó a un centímetro de la cara de Nico. Le cortó un mechón.
Nico rodó. Cayó de espaldas. El libro se le abrió.
"¡Ana!" gritó.
Otra página brilló. Y de la niebla salió una figura. Transparente. Una chica de 17 años con un muñeco de trapo.
Ana.
Se puso frente a Nico y el ataque de Rojosangre rebotó.
El pirata se quedó helado. "¿Qué... qué eres?"
"Soy un recuerdo", dijo Ana con voz suave. "Y los recuerdos no mueren."
Desapareció.
Rojosangre rugió de rabia. "¡Bárbaros! ¡Me hacen recordar!"
Volvió a atacar. Esta vez Nico no pudo esquivar. La espada le rozó el brazo. Sangre.
Nico cayó de rodillas. El libro se le cayó.
Rojosangre lo pateó. "Se acabó, bardo."
Levantó la espada para rematar.
"3/10", susurró Nico.
El Colmillo Carmesí explotó en luz roja.
La espada de Rojosangre se detuvo a 1 cm de su cuello. Como chocando contra una pared invisible.
"¿Qué...?" dijo el pirata.
Nico se puso de pie. Sangrando, pero de pie.
"Escribí 2 historias", dijo. "Y me diste esto."
Tocó su cicatriz. Ahora brillaba rojo.
"El primer poder del Colmillo: Escudo de Recuerdos."
Una barrera roja lo rodeó.
Rojosangre atacó 3 veces. Nada.
El pirata retrocedió. "Esto no se queda así, chico. Te voy a encontrar. Y voy a quemar todos los libros del mundo."
"Inténtalo", dijo Nico. "Tengo 8 historias más que escribir."
Rojosangre escupió al mar y saltó de vuelta a su barco. La niebla se lo tragó.
Silencio.
Marco salió temblando. "¿Sigu... sigues vivo?"
Nico asintió. Se limpió la sangre. Le dolía todo. Pero la cabeza... la cabeza le dolía menos.
9.997 voces.
Abrió el libro. En la portada decía:
"2/10 Historias escritas. 8 para desbloquear el segundo poder."
Nico miró el horizonte. La niebla se iba.
"Capitán", dijo Marco. "¿A dónde vamos ahora?"
Nico sonrió. Le dolía la cicatriz.
"A escribir", dijo. "A la siguiente isla. A la siguiente historia."
"¿Y después?"
"Después", dijo Nico agarrando el timón, "vamos a quemar al que quema libros."
El Mar de los Susurros se calmó. Como si el mar mismo estuviera escuchando.
Y escribiendo.