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Mi Primer Amor

Mi Primer Amor

Status: En proceso
Genre:Fanfic / Romance / Amor a primera vista
Popularitas:83
Nilai: 5
nombre de autor: Llona

Bajo una lluvia torrencial, la desafortunada Kim Suki tropieza con Jeon Jungkook, un elegante y reservado empresario. Para saldar la deuda médica que él pagó por ella, Suki acepta ser la niñera de su rebelde sobrino de ocho años, llenando de calidez y divertido caos la fría mansión. Entre bromas, miradas robadas y roces inesperados, el amor florece entre dos mundos opuestos. Superando prejuicios y barreras sociales, descubrirán juntos que la mala suerte, a veces, es solo el disfraz del destino perfecto.

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Capitulo 4

Las mañanas en la mansión Jeon solían caracterizarse por una hermosa combinación de caos y ternura, pero aquel miércoles la atmósfera cambió por completo. La visita programada del trabajador social del juzgado de familia de Seúl tenía a todos en pie de guerra, y el "Operativo Casa Perfecta" había comenzado a las seis de la mañana.

Suki, vestida con un elegante pero cómodo vestido maternal color crema, supervisaba por quinta vez que no hubiera ningún utensilio de cocina fuera de lugar. A su lado, el pequeño Byul vestía un diminuto traje azul marino con una corbata de moño amarillenta que el propio secretario Ho-jin le había ajustado con precisión quirúrgica.

—Recuerde la estrategia, joven Byul —instruyó Ho-jin, agachándose a la altura del niño con un tablero de notas—. Cuando el inspector pregunte por sus hábitos alimenticios, usted responderá que ama las verduras y que la señora Suki es la mejor cocinera del universo. Nada de mencionar los experimentos de helado con pepinillos a las tres de la mañana.

—¡Entendido, agente Ho-jin! —respondió Byul haciendo un saludo militar sumamente adorable—. ¡Las verduras son mis mejores amigas y mamá Suki es una súper reina!

Jungkook, vistiendo un traje gris impecable pero sin corbata para proyectar una imagen de "padre moderno, cercano y accesible", bajó las escaleras mientras se peinaba nerviosamente con los dedos.

—¿Cómo me veo? —preguntó, mirando a Suki con ansiedad—. ¿Parezco demasiado multimillonario corporativo? ¿Debería ponerme un suéter de lana para parecer más tierno? Ho-jin, ¿dónde está mi suéter de lana?

Suki dejó escapar una risita, caminó hacia él sobre el piso acolchado —que aún permanecía intacto en algunas zonas por orden estricta de Jungkook— y le arregló la solapa del saco.

—Estás perfecto, mi arquitecto neurótico —dijo ella, acariciándole la mejilla—. Respira. Solo vienen a comprobar lo que ya sabemos: que Byul es el niño más amado y feliz de toda Corea.

Pocos minutos después, el timbre de la residencia sonó. El inspector Park, un hombre maduro de anteojos y mirada severa pero amable, entró a la casa. La entrevista transcurrió de manera impecable y extrañamente divertida. Byul recitó su discurso sobre las verduras con tanto entusiasmo que casi parecía un anuncio publicitario, mientras mostraba orgulloso sus dibujos de la "Súper Familia Jeon", donde Jungkook tenía capa de héroe y Suki llevaba una sartén mágica.

—Debo admitir, señor Jeon, señora Suki, que en mis quince años de carrera rara vez he visto un hogar tan lleno de calidez y estabilidad —comentó el inspector Park, cerrando su carpeta con una sonrisa genuina—. El vínculo de Byul con ambos es innegable. Redactaré un informe sumamente favorable para el juez. La adopción definitiva es solo cuestión de unos pocos trámites administrativos.

Suki y Jungkook se miraron con los ojos brillantes de emoción. Jungkook apretó la mano de Suki debajo de la mesa, sintiendo un alivio inmenso en el pecho.

Sin embargo, el destino en los K-dramas nunca permite que la felicidad dure sin antes poner a prueba el corazón.

Justo cuando el inspector Park se ponía de pie para retirarse, el portón principal de la mansión se abrió sin previo aviso. Dos autos negros de lujo se estacionaron frente a la entrada. Segundos después, el eco de unos tacones altos resonó con fuerza contra el suelo de mármol del recibidor.

Una mujer de porte imponente, silueta perfecta y abrigo de diseñador color carmesí entró a la casa sin pedir permiso. Detrás de ella, dos abogados de traje oscuro cargaban voluminosos maletines de cuero.

Jungkook se tensó al instante. Su rostro perdió todo rastro de calidez, transformándose en una máscara de hielo que Suki nunca antes le había visto.

—Hae-won... —pronunció Jungkook con una voz helada que hizo bajar la temperatura de la sala.

Cha Hae-won se quitó las gafas de sol con un gesto pausado y elegante, recorriendo la casa con una mirada despectiva que se detuvo primeramente en Suki y luego en el pequeño Byul, quien instintivamente se escondió detrás de las faldas de Suki.

—Hola, Jungkook. Cuánto tiempo sin vernos —dijo Hae-won con una sonrisa ensayada y dulce, aunque sus ojos transmitían una fría ambición—. Veo que has redecorado... aunque el gusto de tu nueva esposa deja bastante que desear.

—Esta es una propiedad privada, señorita Cha. Si no se retira de inmediato, llamaré a la seguridad del complejo —intervino Ho-jin, dando un paso al frente con la mirada afilada.

—Oh, Ho-jin, siempre tan eficiente y aburrido —se burló ella, haciendo una seña a su abogado principal, quien dio un paso adelante y le entregó un sobre sellado al inspector Park y otro a Jungkook—. No vengo como una simple visitante, Jungkook. Vengo en calidad de demandante.

Suki frunció el ceño, poniéndose al lado de Jungkook y abrazando protectoramente a Byul por los hombros.

—¿Demandante de qué? —preguntó Suki con firmeza, manteniendo la frente en alto a pesar del tono intimidante de la mujer.

—De la custodia de mi sobrino, por supuesto —respondió Hae-won, cruzándose de brazos—. Como prima segunda de la difunta madre de Byul, soy su pariente consanguínea más cercana por la vía materna. Y he presentado una medida cautelar ante el Juzgado de Familia de Seúl para congelar inmediatamente el proceso de adopción.

El inspector Park abrió la carpeta que le habían entregado, revisando los documentos con el ceño fruncido.

—Señor Jeon... esto es una impugnación formal de patria potestad. Se alega que el entorno actual del menor es inestable debido a la reciente y precipitada boda, el embarazo de la señora Suki y un posible conflicto de intereses con el fideicomiso millonario de la familia materna.

—¡Eso es absurdo! —exclamó Jungkook, dando un paso al frente con los puños apretados—. Tú nunca te preocupaste por mi hermano ni por su esposa, Hae-won. ¡Jamás visitaste a Byul cuando nació! ¿Y ahora pretendes aparecer como la tía abnegada? ¡Todos sabemos que solo te importa el fondo monetario que mi hermano dejó a nombre del niño!

Hae-won no se inmutó. Mantuvo su sonrisa impecable, aunque una chispa de rabia cruzó sus ojos.

—Lo que pienses de mí no importa ante la ley, Jungkook. La ley prioriza la sangre y la estabilidad. ¿Una esposa sin alcurnia ni educación corporativa que maneja un pequeño catering de barrio? —Hae-won miró a Suki de arriba abajo con evidente desprecio—. El tribunal dudará mucho de si esta mujer está capacitada para criar al heredero de dos grandes fortunas, especialmente ahora que viene un hijo biológico en camino que claramente desplazará la atención hacia el pequeño Byul.

Suki sintió una puntada en el estómago, no por miedo, sino por la indignación absoluta de que alguien atreviera a dudar de su amor por Byul.

Dando un paso al frente, con la dignidad intacta y la mirada firme que la caracterizaba, Suki encaró a la elegante mujer.

—Escúcheme bien, señorita Cha —dijo Suki con voz clara, tranquila pero cargada de una fuerza abrumadora—. Usted podrá tener abogados caros y trajes de marca, pero no sabe nada sobre esta familia. Byul no es una suma de dinero en un banco ni un trofeo para sus juegos de poder. Es mi hijo. Lo cuido cuando tiene fiebre, me río con sus ocurrencias y lo amo con cada fibra de mi ser. Ningún papel firmado por sus abogados va a cambiar el hecho de que en esta casa él es amado y protegido.

Byul, escuchando las palabras de Suki, se armó de valor, salió de detrás de ella y levantó su pequeño puño, mirando a Hae-won con el ceño fruncido de manera adorable.

—¡Mamá Suki es mi mamá de verdad! —gritó el niño con valentía—. ¡Y tú eres una bruja fea de cuento de hadas! ¡Vete de mi casa!

Hae-won borró la sonrisa de su rostro por un segundo, visiblemente molesta por la reacción del niño, pero rápidamente recuperó la compostura.

—Ya veremos qué dice el juez en la audiencia del próximo mes, pequeño —dijo Hae-won, poniéndose de nuevo las gafas de sol—. Jungkook, Suki... prepárense. Esto apenas comienza.

Con un movimiento dramático de su abrigo carmesí, Hae-won y sus abogados se dieron la vuelta y abandonaron la mansión, dejando un silencio denso a su paso.

El inspector Park suspiró con pesadez, guardando los documentos en su maletín.

—Señor Jeon, debido a esta demanda, el proceso de adopción queda suspendido temporalmente hasta la vista oral. Les sugiero que preparen la mejor defensa posible.

Una vez que el inspector se retiró, la sala quedó en calma. Jungkook se dejó caer en el sofá, cubriéndose el rostro con las manos. La culpa y la rabia lo consumían por dentro; sentía que los fantasmas de su pasado volvían para amenazar la felicidad que tanto le había costado construir.

Suki se acercó a él y se sentó a su lado, tomando sus manos y apartándolas suavemente de su rostro. Byul se subió al sofá y se acurrucó entre los dos, abrazando la cintura de Jungkook.

—No voy a dejar que nos lo quiten, Suki... te lo juro por mi vida —susurró Jungkook con la voz entrecortada por las lágrimas.

—Sé que no lo harás, porque no estás solo en esto —dijo Suki con una sonrisa tibia, besándole la mejilla a su esposo y luego la frente a Byul—. Somos un equipo, ¿recuerdas? Un arquitecto terco, un superhermano mayor, un bebé en camino y una cocinera que no se rinde jamás. Que esa bruja de rojo traiga a todos los abogados de Seúl si quiere. Nosotros tenemos algo que ella nunca entenderá: nos tenemos el uno al otro.

Jungkook miró a su esposa y a su hijo, sintiendo cómo el miedo en su corazón se transformaba en una determinación inquebrantable. Los abrazó a ambos con fuerza, besando el cabello de Suki mientras Byul reía entre sus brazos. La sombra del pasado había llegado, pero la luz de su familia estaba lista para luchar.

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