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Entre Llamas Y Mareas: El Destino Del Avatar

Entre Llamas Y Mareas: El Destino Del Avatar

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Época / Romance
Popularitas:470
Nilai: 5
nombre de autor: Fachis Reyes

En el mundo de Avatar: La Leyenda de Aang, donde la paz parecía finalmente establecida, una amenaza resurge desde las sombras: el temido Loto Rojo. Mientras tanto, en la era moderna, una joven fanática revive por milésima vez la historia del Avatar en su tableta, completamente enamorada del príncipe Zuko. Lo que no imagina es que su destino cambiará para siempre cuando una misteriosa luz azul la transporta a ese mismo universo… pero no como espectadora, sino como una poderosa maestra agua.

Ahora, atrapada en Ciudad República, en un cuerpo que no es el suyo y con una nueva vida rodeada de secretos, descubre una conspiración que amenaza con destruir al Avatar Aang y romper el equilibrio del mundo. Al advertir al Equipo Avatar, se ve envuelta en una batalla peligrosa contra enemigos implacables, donde el honor, la lealtad y el amor serán puestos a prueba.

NovelToon tiene autorización de Fachis Reyes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Una mala impresión

La noche había caído sobre Ciudad República como un velo silencioso.

Sereya no podía dormir.

Estaba de pie junto a uno de los estanques del templo, donde el agua permanecía quieta, como un espejo que reflejaba la luna llena. La brisa nocturna movía suavemente su cabello blanco, y sus ojos azul claro observaban la superficie con concentración.

—Tengo que practicar… —murmuró.

Respiró hondo.

Extendió las manos.

El agua respondió.

Se alzó lentamente, formando una corriente fluida que giró alrededor de sus brazos con más precisión que antes. Sus movimientos eran más seguros, más naturales… pero aún imperfectos.

—Más suave… más control…

El agua giró.

Se expandió.

Y luego se dividió en varias hebras que danzaban en el aire, reflejando la luz de la luna.

Sereya sonrió levemente.

—Eso es…

Pero entonces…

Una de las corrientes se desvió.

Se rompió el flujo.

El agua cayó con un sonido seco.

—…y eso no bien.

Suspiró.

—Voy a necesitar más práctica.

—No está mal.

La voz la hizo girarse de golpe.

Su corazón dio un salto.

Ahí estaba.

Zuko.

De pie a unos metros, con los brazos cruzados y la mirada fija en ella. La luz de la luna resaltaba sus rasgos.

Sereya se quedó en silencio un segundo.

—¿Desde cuándo está ahí?

Zuko no respondió de inmediato.

—Lo suficiente.

Sereya frunció ligeramente el ceño.

Zuko dio un paso adelante.

—¿Quién es tu maestro?

Sereya parpadeó.

—Mi maestra es Katara. Pero... ¿me estaba espiando?

—No —respondió él con tono seco—. Solo pasaba.

Sereya alzó una ceja.

—Claro.

El silencio se tensó.

Sereya desvió la mirada un instante, intentando recuperar la calma.

“Ok… respira… no hagas nada raro…”

Pero su corazón no cooperaba.

—Entonces... Gracias por el cumplido de hace un momento—dijo finalmente.

Zuko la observó con atención.

—Eres buena —añadió—. Para alguien que dice estar aprendiendo.

Sereya cruzó los brazos ligeramente.

—Tal vez aprendo rápido.

Zuko entrecerró los ojos.

—O tal vez estás ocultando algo.

El comentario cayó como un golpe.

Sereya lo miró directamente.

—¿Que quiere decir?

Zuko no apartó la mirada.

—No confío en coincidencias.

Sereya sintió cómo algo dentro de ella se tensaba.

—¿Coincidencias?

—Apareces de la nada —continuó Zuko—. Sabes sobre una organización secreta que casi nadie conoce. Usas agua control con facilidad… y ahora estás aquí, en el templo.

Sereya apretó ligeramente los puños.

—Ya expliqué todo eso.

—No lo suficiente.

El viento sopló entre ellos.

Sereya dio un paso adelante.

—No soy tu enemiga.

Zuko no se movió.

—Eso aún no lo sé.

La indignación subió como una ola.

—Claro que no lo sabe —respondió ella—. Porque decidió que era sospechosa desde el momento en que me vio.

Zuko frunció el ceño.

—Estoy siendo precavido.

—No —replicó Sereya con firmeza—. Está siendo muy prejuicioso.

El aire se volvió más tenso.

—Arriesgué mi vida para advertirles —continuó ella—. Me persiguieron, intentaron capturarme… y aun así vine aquí.

Zuko la observó en silencio.

Sereya respiró hondo, intentando controlar su enojo.

—No tengo alguna razón para hacerles daño.

Zuko inclinó ligeramente la cabeza.

—Eso es exactamente lo que diría alguien que sí la tiene.

Eso fue suficiente.

—¿Sabe qué? —Sereya dio un paso atrás—. No diré más.

Se giró.

—Si va a seguir pensando así, entonces no hay nada que hablar.

Comenzó a caminar.

Pero no llegó lejos.

Un sonido cortó el aire.

Un silbido.

Rápido.

Preciso.

Sereya se detuvo.

Zuko también.

Ambos giraron al mismo tiempo.

Una figura apareció en las sombras.

Vestida de negro.

Y luego otra.

Y otra.

El ambiente cambió en un instante.

—…no puede ser —murmuró Sereya.

Zuko adoptó una postura de combate.

—Bloqueadores de chi.

Las figuras avanzaron.

Silenciosas.

Coordinadas.

—¿Son los mismos de antes? —preguntó Zuko sin apartar la mirada.

—Sí —respondió Sereya—. Son ellos.

Uno de los atacantes se lanzó hacia adelante.

Zuko reaccionó primero.

Una llama surgió de su puño, iluminando la noche mientras contraatacaba con precisión.

El impacto hizo retroceder al enemigo.

Sereya extendió las manos.

El agua del estanque respondió.

Se alzó en una corriente que giró alrededor de ella.

—¡No los dejes acercarse! —dijo Zuko.

—¡No pensaba hacerlo!

Otro atacante se abalanzó hacia ella.

Sereya giró.

El agua golpeó con fuerza, desviándolo.

Pero otro ya estaba detrás.

—¡Sereya!

Zuko lanzó una llamarada, obligándolo a retroceder.

Sereya respiraba con dificultad.

—Esto no estaba en el plan…

—¿Qué plan?

—¡El de no morir hoy!

Zuko casi sonrió.

El combate continuó.

Rápido.

Intenso.

Los bloqueadores eran ágiles, peligrosos. Sus movimientos buscaban un solo objetivo: cerrar la distancia.

—No dejes que te toquen —advirtió Zuko.

—¡Sí!

Sereya movió el agua con rapidez, creando una barrera improvisada.

Pero uno logró atravesarla.

Su mano se acercó demasiado.

Zuko reaccionó de inmediato.

Se interpuso.

Golpeó.

Lo derribó.

Pero otro aprovechó.

—¡Cuidado!

El atacante intentó alcanzar a Zuko por la espalda.

Sereya actuó por instinto.

El agua se transformó.

Se solidificó.

Una lanza de hielo salió disparada.

Impactó al enemigo, desviando su ataque.

Zuko se giró, sorprendido.

—…

Sereya también lo estaba.

—…ok… eso fue nuevo.

Pero no había tiempo.

Más figuras aparecieron.

—Son demasiados —dijo Zuko.

Sereya respiró hondo.

—No podemos dejar que entren al templo.

Zuko asintió.

—Entonces hagamos que se queden aquí.

Las llamas y el agua iluminaron la noche.

El sonido del combate rompió el silencio del templo.

Y en algún lugar…

Otros comenzaban a despertar.

Sereya sintió su pulso en cada latido.

El miedo estaba ahí.

Pero también la determinación.

Miró a Zuko de reojo.

Él seguía firme.

Luchando.

—No confía en mí… —pensó—. Pero aun así pelea a mi lado.

Zuko, sin mirarla, habló.

—No bajes la guardia.

Sereya sonrió levemente.

—No lo haré.

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