Tras un accidente automovilístico que lo deja en una silla de ruedas, Carlos Eduardo enfrenta las consecuencias de su arrogancia y crueldad. El accidente, en realidad, fue provocado por su prometida, Sarah, quien teme ser abandonada. Para asegurarse de que él reciba los cuidados necesarios, su familia contrata a una joven sencilla del interior, acostumbrada a la vida en el campo. Obligada a convivir con Carlos Eduardo, ella debe lidiar con su carácter duro y sus actitudes ásperas. ¿Lograrán su bondad y sencillez ablandar el corazón de un hombre que parece incapaz de sentir compasión?
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Capítulo 23
Sulivan, podemos hablar, Cadu.
Cadu, creo que hablamos lo suficiente ayer
Sulivan-cadu, ayer casi me das con un jarrón en la cara, tenemos que hablar.
edu me mira y yo niego con la cabeza bajo la atenta mirada de Vanessa. El señor Sulivan se levanta de la mesita y entra en el despacho.
Cadu me espera en el dormitorio
Betina-ta bueno
Edu va detrás de su padre, y tengo la sensación de que todo se desmorona, esta casa no es la misma que cuando llegué, me levanto y Vanesa me aprieta el brazo haciéndome sentar de nuevo
Vanessa, la pueblerina, ¿de verdad cree que va a ser la dueña de todo?
Apuesto a que pierdo
Se ríe y me aprieta aún más el brazo, clavándome las uñas en la piel.
Vanessa, vas a volver al agujero del que saliste, puede que hayas aprendido a hablar mejor, a vestir mejor, pero sigues siendo la pobre chica del campo, una ladrona.
Tiro de mis brazos, haciendo que su uña me corte la piel, y me pongo de pie.
Betina-Yo nunca robé nada, Vanessa, me tendiste una trampa, y lo sé todo, vi el video
Vanessa se aleja, aparentemente nerviosa, y yo voy a la cocina, entro y Berta me mira con la mano en el brazo
Berta era
Betina, nada, sólo me lastimé.
Berta - esas son uñas, ella lo hizo, ¿no?
betina- Berta no dice nada, edu tiene la cabeza llena de vapor, y...
Vanessa entra
Vanessa-berta, necesito que vayas al mercado, aquí está la lista, voy a hacer una fiesta, no quiero que falte nada
Berta-sí, señora, ¿vendrá conmigo?
Vanessa no me deja contestar
Vanessa - ella es la niñera de Alejadinho, quiero decir, mi querido hijastro, te envié a ir
Vanessa se va y Berta me mira, luego va a la puerta de la cocina para ver si la arpía ya se ha ido
Berta-no se lo ocultes a Carlos Eduardo, sé que os gustáis
Betina, te has dado cuenta
Berta-sí, hija mía, ese chico no ha sido el mismo desde que llegó aquí, está luchando por los dos, hay cosas escondidas en esta casa, he tenido cuidado, estas paredes están agrietadas, pronto se vendrán abajo
Se me puso la carne de gallina cuando Berta habló así, cogió la lista y sus bolsas del mercado y se fue, y yo me limpié las marcas de las uñas.
Seguridad - señora
Me miro con el guardia de seguridad detrás de mí
Betina - que susto Sr Geremias
Geremias - No quería asustarte, esta caja acaba de llegar, Berta me pidió que la pusiera aquí
Betina-está bueno, dámelo
Cojo la caja, y el guardia de seguridad se va, la pongo encima de la mesa, y abro la caja, eran cajas nuevas de té del señor Sulivan, solo que el envoltorio era muy diferente a los demás, pero aun así lo pongo en el lugar donde Berta siempre lo guarda, y llevo la caja al cubo de basura de fuera, y subo las escaleras.
Betina-edu.....edu
Edu aún no había subido, así que ordené la habitación y pronto entró, estaba ultimando la cama cuando lo sentí detrás de mí y abrazándome.
Edu, ¿qué tenías en el brazo?
Betina - La Sra. Vanessa me apretó el brazo
Edu se enfada y se aleja de mí
Betina-no, no lo hará
She-dog no puede hacerte eso
Betina-edu, por favor, no quiero traerte más problemas, sé que aquí pasa algo.
Edu se sienta en la cama y se pone la mano en la cabeza
Cadu-senta
Me siento y me coge de la mano
Cadu-mi padre engañó a mi madre con Vanessa
Betina-que, caramba, edu
Cadu-betina, muchas cosas van a cambiar en esta casa, así que quiero que te quedes aquí en el dormitorio, tengo que salir, Thomas viene a recogerme, necesito saber una sola información
Betina - se trata de Vanessa
Cadu-sí, y también sobre mi madre, prométeme que te quedarás aquí, no salgas de esta habitación.
Betina-ta bom, te amo, edu, toma cuidado
Edu-Yo también te quiero
Edu me sujeta la cara y sella nuestros labios
cadu-loves me
Novios tipo Betina
Sonríe
Cadu-sí, como novio y novia
suena su telefono y edu me besa,y se va sin esperar a que le conteste,se sienta en la silla para guardar las apariencias,y simplemente se va,yo miro desde la ventana como se va con Thomas
Entré en el armario para ordenar algunas cosas y organizar nuestro cuarto de baño. Cuando alguien entró en la habitación, salí para ver quién era, Vanessa estaba mirándolo todo.
Betina- Sra. Vanessa.
Vanessa- Berta ha recogido un paquete para mí en otra ciudad, quiero que vayas a la cocina, tu jefe necesita té y no sé cómo prepararlo.
Acompañé a Vanessa y ella se quedó en la puerta. Cogí la caja de té nuevo que había llegado y ella se fue. Dejo hervir el agua y luego coloco el té en infusión; el color era bien oscuro, parecía muy fuerte.
Tomé una taza y la llené; estaba bien caliente, igual que lo hace Berta. Busqué en los armarios donde había una bandeja y pronto la encontré. Puse el té y busqué unas galletas para él.
Coloqué todo en un plato separado y fui caminando hacia la oficina. Llamé a la puerta y fui liberada para entrar.
Betina—Hola, señor Sulivan, le hice un té y también traje unas galletas.
Sulivan—Ah, qué bien, adivinaste, necesito relajarme.
Dejo el té frente a él y el señor Sulivan tomó un buen sorbo.
Sulivan—Fuerte.
Betina—Disculpe, es que llegaron los nuevos hoy.
Sulivan—Debe ser la cosecha, pero está rico, Betina.
Cuando iba a salir, él me pide que me siente.
Sulivan—Su padre preguntó cómo estabas.
Betina—No quiero hablar de él.
Me levanto en cuanto él termina el té, recojo la bandeja y la llevo a la cocina. Regreso para ir al cuarto cuando oigo un ruido muy fuerte.
Corrí hacia la oficina y el señor Sulivan estaba sin aliento, intentando abrir la camisa o soltarse la corbata que lo ahogaba; se estaba poniendo sin color.
Betina—Señor.
Él cae al suelo, gruñendo algo, su boca comienza a espumar. Me arrodillé en el suelo tratando de ayudar y empiezo a gritar por ayuda.
Betina—¡Despierta, señor Sulivan!… ¡socorro!
La puerta se abre de golpe por Vanessa y los guardias de la mansión. Vanessa comienza a llorar; los guardias intentan ayudar al señor Sulivan haciendo masaje en el pecho. Yo estaba en pánico, y Vanessa llora al teléfono pidiendo una ambulancia y luego llama a la policía avisando que su esposo estaba muerto.
¿Cómo así, muerto? No, él no podía estar muerto, estaba bien, lo vi bien hace poco. De repente, la casa se llenó de sirenas y ruido; había policías, paramédicos y médicos. La sala entera fue aislada y nos sacaron afuera.