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La Pasajera Del Asiento Trasero

La Pasajera Del Asiento Trasero

Status: En proceso
Genre:Terror / Amor prohibido / Venganza
Popularitas:186
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Esther

Victoria Adame García regresa del más allá para cobrar venganza. Polo Hernández no comprende que está pasando, pero siente una presencia extraña dentro de su coche.

NovelToon tiene autorización de Maria Esther para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

¿Te pasa algo, Séfora?

Buen día, Polo, ¿cómo se siente hoy?

Polo se veía bastante desmejorado, las ojeras se le habían hecho más evidentes.

Mal, mi esposa no me deja de torturar.

Polo, su esposa está muerta. No puede hacerle nada.

Ella viene a verme todos los días, no me deja en paz.

Pues espero que con la visita de hoy logre calmarse.

Pase, señorita.

Polo logró calmarse cuando vio a Noelia.

Hola, guapo, dijo ella como si hubiera ensayado horas enteras.

Noelia, ¿cómo supiste que estoy aquí?, preguntó Polo, al parecer se encontraba mejor.

Bueno, los dejo solos, al rato regreso, dijo el doctor y salió.

Pronto se dio cuenta de que algo raro flotaba en el ambiente. Un olor muy fuerte. Algo así como... ¿azufre?

Volteó a todos lados, pero no sabía de dónde provenía ese olor tan desagradable.

"Qué raro, viene del cuarto de Polo", pensó.

Aunque Noelia usaba perfume, predominaba el otro. Polo se dio cuenta, pero como no estaba en sus cinco sentidos no se inmutó.

Un pajarito me dijo que estabas aquí. ¿Pues qué te pasó?, preguntó ella como si no tuviera importancia.

No sé, siento que mi esposa me persigue.

¿Tu esposa muerta?

Shh, no hables fuerte, no vaya a salir por ahí, dijo Polo, temeroso.

No te preocupes, yo te cuido. Nadie podrá hacerte daño.

Pero Polo no estaba tranquilo, la sensación de que Victoria estaba ahí no se le quitaba. Noelia se la recordaba mucho, era como si alguien la obligara a comportarse como ella.

¿Qué te pasa, por qué me miras así?

Tú... tú eres ella, ¿por qué me persigues?

Del otro lado del cuarto, el doctor vigilaba toda la escena. "Qué extraña mujer", se dijo.

"No parece normal, actúa como si fuera un títere". "Polo le tiene miedo, la mira como si fuera un fantasma".

En el cuarto...

¿De qué hablas?, yo solo vine a visitarte para que no te sintieras solo en este lugar.

Mejor vete, ya no quiero nada contigo, tú eres Victoria, con otro cuerpo, pero tienes toda su esencia.

Cálmate, yo solo quiero cuidarte, te amo, jamás te haría daño.

¡No!, ¡tú eres ella!, vete, no vuelvas a venir. ¡Auxilio!

Noelia no hacía nada, solo veía a Polo desquiciado.

El doctor alcanzó a ver una sonrisa malévola en su rostro, antes de entrar en el cuarto.

¿Qué pasa?, preguntó.

Nada, ya me voy. Noelia se fue sin mirar atrás.

El hombre estaba completamente desquiciado.

El doctor Fernández le habló a una enfermera para que le inyectara un sedante. Al poco rato, Polo dormía tranquilamente.

"Esa mujer es la causante de que Polo se encuentre así". ¿Qué habrá pasado para que a este hombre le afecte tanto su presencia?; esa pregunta quedará en el viento.

Varios días después, Noelia y Séfora estaban limpiando la florería. Catalina se presentó ahí sin que ella misma supiera por qué lo hizo. Fue como si una fuerza extraña la impulsara hasta ese lugar.

Al verla, la cara de Noelia se transformó en una mueca. Para nada le gustaba la visita de ella.

¿Qué vienes hacer aquí?, le dijo Noelia sin el menor reparo.

Séfora no comprendía su actitud, pero se mantuvo quieta.

No sé cómo llegué aquí, no conozco este lugar, Catalina se veía algo desorientada.

¿Esperas que te crea?, ¿A qué has venido?, insistió Noelia.

Catalina se llevó involuntariamente la mano a la nariz, ¿a qué huele?, preguntó.

A rosas, ¿pues a qué debe oler?, dijo Noelia, perdiendo la paciencia.

Catalina sintió como una descarga eléctrica.

Mejor me voy, "este lugar apesta", dijo apenas en un susurro.

¿Apesta?, dijo Noelia.

Catalina sintió frío, y salió "como alma que lleva el diablo", hablando metafóricamente.

Pero cuando subió a su auto, en lugar de calmarse sintió más miedo. En el asiento trasero vio a Victoria con esa sonrisa tan falsa como un billete de $30. El lugar donde debieron estar sus ojos había dos cuencas oscuras, estaba segura de que era ella porque no podría ser otra, según Catalina.

¡Aaahhh!, gritó. ¿Qué quieres?, dijo apenas en un susurro.

La cosa no dijo nada solo la "veía", con esos agujeros enormes en la cara.

De pronto, sin proponérselo, pisó el acelerador y el auto salió desbocado hacia el infinito.

Estrellándose más adelante, en un frondoso árbol de tronco muy grueso y aguantador.

Así la encontró un transeúnte solitario. Catalina murió al instante.

En el auto solo se encontraba ella, pero había un extraño olor a azufre.

La policía no entendía qué había pasado para que Catalina se hubiera estrellado. Uno de ellos sacó una botella vacía del asiento de atrás.

Aquí está la respuesta, estaba borracha y perdió el control, dijo el policía así sin más. "Caso cerrado".

Lo raro es que cuando le hicieron la autopsia, no había ni rastro de alcohol.

De todos modos, la policía cerró el caso. No se culpó a nadie. Solo se archivó como "un extraño caso de muerte".

Así las cosas, la salud de Polo empeoraba. Cada día estaba peor, Victoria lo "visitaba" casi a diario.

Sus nervios estaban a punto de estallar.

Habían pasado dos meses desde la muerte de Catalina y tres de lo de Noelia.

El alma de Saúl visitó a Noelia.

Solo te quedan tres meses, y aún no veo claro. Ibas a vengarte de Polo no de Catalina.

Ella va incluida, era la amante, por la que él me asesinó.

Séfora estaba en la trastienda y oyó a Noelia hablar "sola".

No hizo ruido, pero se quedó escuchando toda la conversación.

Como veas, pero no se te olvide que con cualquier resultado tu alma será mía.

Ya lo sé, pero pronto esto acabará, y Polo pagará por haberme sido infiel, y por asesinarme.

Séfora se tapó la boca, asustada. Sin hacer el menor ruido se apartó del lugar. Cinco minutos después iba hacia la tienda, caminando normal.

Ya terminé de limpiar y acomodar todo.

Aunque estaba tranquila, tenía un remolino en su interior.

¿Te pasa algo, Séfora?, ¿por qué te noto nerviosa?

N...no, estoy bien, es que vi una cucaracha adentro, pero ya resolví eso.

¿Estás segura?, ¿no hay nada más?

Sí, estoy segura, dijo Séfora tratando de no delatarse. Y ahora, me voy, creo que ya es tarde.

Está bien, nos vemos mañana.

Bye, dijo ella, y salió rápidamente.

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