Sinopsis
Emilia Velázquez, una joven universitaria apasionada por las novelas románticas, descubre que le quedan pocos meses de vida y acepta la oferta de una misteriosa hechicera para reencarnar en el mundo de su novela favorita, ocupando el cuerpo de Ester, la villana destinada a la desgracia. Mientras lucha por adaptarse a un reino lleno de conspiraciones, magia, dragones ancestrales y peligros ocultos, intentará cambiar un destino que no le pertenece. Sin embargo, todo se complica cuando un extraño encuentro con el príncipe dragón Derek provoca un intercambio de cuerpos que amenaza con alterar el equilibrio de ambos mundos para siempre.
NovelToon tiene autorización de Maria del Rosario González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 13: El guardián de las sombras
El silencio volvió a cubrir las llanuras prohibidas.
Emilia y Derek permanecieron inmóviles observando el lugar donde aquella misteriosa figura había desaparecido.
El viento agitaba la hierba.
La luna iluminaba las antiguas piedras.
Pero la tranquilidad había desaparecido.
Derek fue el primero en hablar.
—Ese hombre conocía el hechizo.
Emilia asintió lentamente.
—Y sabía que intercambiamos nuestros cuerpos.
El joven apretó los puños.
Aunque ahora aquellos puños pertenecían al cuerpo de Ester.
—Eso significa que estamos en peligro.
Emilia observó el cuerpo de Derek, que ahora era suyo.
A pesar de la situación, él se había colocado delante de ella para protegerla.
Aquello le hizo sonreír ligeramente.
Derek notó su expresión.
—¿Por qué sonríes?
—Porque incluso atrapado en otro cuerpo intentas cuidar a los demás.
El joven desvió la mirada.
—Es una costumbre.
—Es una bonita costumbre.
Durante unos segundos ninguno habló.
Era extraño.
Muy extraño.
Pero poco a poco ambos comenzaban a confiar el uno en el otro.
Las antiguas piedras seguían brillando débilmente.
Emilia se acercó con cuidado.
En la superficie de una de ellas había símbolos grabados.
Pasó la mano sobre las inscripciones.
Y una pequeña sombra apareció entre sus dedos.
Derek dio un paso adelante.
—Ten cuidado.
—Creo que estas piedras reaccionan a la oscuridad.
Las letras comenzaron a iluminarse.
Una voz antigua resonó alrededor de ellos.
—El vínculo ha sido sellado.
Los dos se sobresaltaron.
—¿Quién habla?
Preguntó Derek.
No hubo respuesta.
Solo aparecieron nuevas palabras sobre la roca.
"Hasta que dos corazones comprendan su verdad, las almas permanecerán unidas."
Emilia leyó varias veces aquella frase.
—¿Qué significa eso?
Derek frunció el ceño.
—No me gusta.
—A mí tampoco.
El joven golpeó la piedra con el puño.
Pero el símbolo siguió brillando.
—Entonces debemos romper el hechizo.
Dijo con decisión.
Emilia bajó la mirada.
—¿Y si no podemos?
Derek la observó.
Sus ojos violetas, ahora en el cuerpo masculino, transmitían firmeza.
—Encontraremos una forma.
Aquellas palabras hicieron que Emilia sintiera una extraña tranquilidad.
Muy lejos de allí.
En el Reino Dragón.
Eddy caminaba por la sala del trono.
Su expresión era seria.
Morgana lo observaba desde su asiento.
—Derek aún no regresa.
Dijo ella.
—Seguro sigue entrenando.
Respondió Eddy.
—Ha pasado demasiado tiempo.
El rey guardó silencio.
Aunque no quisiera admitirlo, también comenzaba a preocuparse.
En ese momento un soldado entró apresuradamente.
—Majestad.
—Habla.
—Los guardianes detectaron una poderosa energía oscura cerca de la frontera.
Eddy frunció el ceño.
—¿Una invasión?
—No lo sabemos.
Morgana sintió una extraña inquietud.
Se llevó una mano al pecho.
—Derek...
Susurró.
Mientras tanto, en el Ducado de Adolfo.
Los sirvientes corrían de un lado a otro.
La noche avanzaba.
Pero lady Ester no aparecía.
Emma caminaba nerviosa por el salón.
—¿Aún no la encuentran?
Preguntó.
Un guardia inclinó la cabeza.
—No, mi señora.
Adolfo golpeó la mesa.
—¡Inútiles!
Los empleados bajaron la mirada.
—Busquen en los jardines.
En los bosques.
En las llanuras.
Quiero encontrar a mi hija.
Nadie se atrevió a responder.
Todos salieron rápidamente.
Sin embargo, oculto entre las sombras de un corredor, el hombre de la capa oscura observaba en silencio.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Todo marcha según lo previsto.
Murmuró.
De regreso en las llanuras.
Emilia sintió un fuerte mareo.
Cayó de rodillas.
Derek corrió hacia ella.
—¿Qué sucede?
Ella respiraba con dificultad.
—No lo sé.
Mi pecho...
Derek la sostuvo.
En ese momento una imagen apareció en la mente de Emilia.
Vio el hospital.
A su madre llorando.
A David sosteniendo una carta.
A Vivian abrazándolo.
Las lágrimas comenzaron a caer.
—Mi familia...
Derek la observó confundido.
—¿Qué ocurre?
—Puedo verlos.
Su voz tembló.
—Están sufriendo.
El joven permaneció en silencio.
No sabía qué decir.
Nunca había perdido a alguien.
Pero conocía la soledad.
Y podía comprender aquel dolor.
Se sentó junto a ella.
—Cuéntame sobre ellos.
Emilia levantó la mirada.
Y comenzó a hablar.
Le contó cómo su padre le regaló su novela favorita.
Cómo su madre siempre la protegía.
Cómo Vivian lograba hacerla reír incluso en los peores momentos.
Derek escuchó cada palabra.
Sin interrumpirla.
Cuando terminó, él también habló.
—Yo nunca pude hablar así con mi padre.
Emilia lo miró.
—Pero amas a tu familia.
—Sí.
—Entonces todavía tienes tiempo.
Derek bajó la cabeza.
—No estoy seguro.
Emilia colocó una mano sobre su hombro.
—Yo daría cualquier cosa por tener un día más con los míos.
El joven sintió que aquellas palabras llegaban directamente a su corazón.
La madrugada comenzaba a acercarse.
Debían regresar.
Si permanecían más tiempo allí, todos notarían sus desapariciones.
—¿Qué haremos?
Preguntó Derek.
Emilia miró las antiguas piedras.
Luego observó el cielo.
—Primero debemos mantener el secreto.
—¿Quieres decir que fingiremos ser el otro?
Ella asintió.
—Tú tendrás que actuar como Ester.
Derek abrió mucho los ojos.
—Eso es imposible.
—Y yo tendré que ser Derek.
—Eso también es imposible.
Los dos se miraron.
Y, por primera vez desde que se conocieron, comenzaron a reír.
Una risa sincera.
Una risa nerviosa.
Una risa que les recordó que aún seguían vivos.
Sin embargo, desde lo alto de una colina cercana, dos ojos rojos los observaban nuevamente.
La misteriosa figura llevaba una antigua máscara negra.
Y en su mano sostenía un extraño bastón.
—Rían mientras puedan.
Susurró.
—Porque pronto descubrirán que este intercambio fue solo el comienzo.
Una sombra gigantesca apareció detrás de él.
Con forma de dragón.
Y la noche volvió a cubrir las llanuras prohibidas.