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La Hija Del Don

La Hija Del Don

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Mafia
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

Atenea Moretti siempre ha sido la joya más protegida de la familia Moretti. Su heterocromía la hace imposible de olvidar, y para su padre, uno de los hombres más poderosos de la mafia, ella es lo único que queda de la mujer que amó. Ocho años después de la muerte de su madre, una nueva familia entra en sus vidas. Una madrastra, dos hermanastros que cambiarán su mundo para siempre. Mientras Atenea intenta adaptarse a su nueva realidad, descubre que la muerte de su madre no fue un accidente. Entre secretos, traiciones y luchas de poder, deberá encontrar la verdad antes de que esta la destruya. Porque en la mafia, la sangre es poder. Y algunos secretos están dispuestos a matar para permanecer enterrados.

NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

No soy un premio

La mañana comenzó mal.

Muy mal.

Atenea lo supo en cuanto vio los vehículos estacionados frente a la mansión.

Autos lujosos.

Guardias.

Hombres de traje.

Una visita importante.

Y en el mundo de los Moretti, eso casi siempre significaba problemas.

—¿Quién vino? —preguntó mientras se sentaba a desayunar.

Bianca levantó la vista de su café.

—Los Lombardi.

Atenea cerró los ojos.

—No.

—Sí.

—Dime que no.

—Su hijo.

Atenea dejó caer la cabeza sobre la mesa.

—Quiero desaparecer.

Dos horas después confirmó sus sospechas.

Desde el segundo piso observó cómo un joven elegante caminaba junto a su padre por los jardines.

Sonreía demasiado.

Y la señalaba demasiado.

—Definitivamente quiere casarse contigo.

La voz de Matteo apareció detrás de ella.

Atenea ni siquiera se sobresaltó.

Ya se estaba acostumbrando.

—¿Por qué siempre apareces de la nada?

—Porque soy talentoso.

—Eres molesto.

—También.

Matteo miró hacia abajo.

—No parece tan feo.

—No es el punto.

—¿Es arrogante?

—No lo sé.

—¿Es desagradable?

—No lo sé.

—Entonces…

Atenea se giró.

—El problema es que ni siquiera importa quién sea.

Matteo se quedó callado.

—Nunca preguntan qué quiero.

La sonrisa de él desapareció.

—Ah.

Y entonces entendió.

No se trataba de aquel hombre.

Ni del anterior.

Ni del siguiente.

Era el hecho de que todos llegaban con la misma intención.

Conseguir una alianza.

Una ventaja.

Un apellido.

Como si Atenea fuera una negociación.

Aquella tarde la tensión explotó.

Porque Alessandro llamó a Atenea a su despacho.

Y el joven Lombardi estaba allí.

Sentado.

Esperando.

Atenea ya sabía lo que ocurriría.

—Atenea.

—Papá.

—El señor Lombardi quería saludarte.

Ella sonrió por educación.

Nada más.

Intercambiaron algunas palabras.

Conversación vacía.

Aburrida.

Forzada.

Y cuando finalmente salió del despacho sintió que le faltaba el aire.

Estaba cansada.

Cansada de sonreír.

Cansada de fingir.

Cansada de ser observada como si fuera un trofeo.

Esa noche encontró a Alessandro solo en la biblioteca.

Leyendo documentos.

Como siempre.

—¿Papá?

Él levantó la vista.

Y sonrió.

—Princesa.

Normalmente aquel apodo la hacía sonreír.

Esa noche no.

—Necesito hablar contigo.

Alessandro dejó los papeles a un lado inmediatamente.

—¿Qué sucede?

—Estoy cansada.

El hombre frunció el ceño.

—¿De qué?

—De esto.

—¿Esto?

—Las visitas.

Las propuestas.

Los candidatos.

Todo.

El silencio cayó sobre la habitación.

—Atenea…

—No soy una alianza.

—Nunca dije que lo fueras.

—Pero todos los demás sí.

Las palabras salieron más fuertes de lo que esperaba.

—Todos vienen por lo mismo.

Por los Moretti.

Por el poder.

Por el apellido.

Nunca por mí.

Alessandro observó a su hija durante varios segundos.

—Por eso los rechazo.

—¿Y si algún día quiero decidir yo?

Aquello lo hizo quedarse inmóvil.

—¿Qué?

—¿Y si algún día me enamoro?

¿Y si quiero elegir?

¿Y si quiero vivir como una persona normal?

La expresión de Alessandro cambió.

Dolor.

Preocupación.

Miedo.

Todo junto.

—Tú no entiendes.

—Entonces explícame.

El hombre se puso de pie.

—Este mundo es peligroso.

—Lo sé.

—No, no lo sabes.

Porque yo hago todo lo posible para que no tengas que verlo.

Atenea sintió cómo la frustración aumentaba.

—Ese es el problema.

—¿Qué?

—Nunca me dejas verlo.

Nunca me dejas decidir.

Nunca me dejas salir.

Nunca me dejas ser adulta.

Las palabras quedaron suspendidas entre ambos.

Alessandro parecía herido.

Realmente herido.

Y eso hizo que Atenea se sintiera culpable.

Pero no se retractó.

Porque era verdad.

Fuera de la biblioteca, alguien escuchó parte de la discusión.

Adrián.

No era su intención.

Simplemente pasaba por el pasillo.

Y cuando oyó las voces se detuvo.

—Nunca me dejas ser adulta.

La voz de Atenea sonó quebrada.

Adrián bajó la mirada.

Porque comprendía algo que quizás Alessandro no veía.

La protección también podía convertirse en una jaula.

Aquella noche nadie durmió especialmente bien.

Atenea lloró en silencio.

Alessandro permaneció horas mirando una vieja fotografía de su difunta esposa.

Y Adrián observó las luces del jardín desde su ventana.

Pensando en la joven de ojos azul y dorado.

La muchacha que vivía rodeada de lujos.

Y que, sin embargo, parecía más atrapada que cualquier otra persona que hubiera conocido.

1
Jenny Masis
cuando estará completa la novela 😭
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