Luna lo perdió todo: su fortuna, su hogar y, sobre todo, a la familia que amaba. Y todo por obsesionarse con el hombre equivocado. Cuando ya no le quedaba nada, cerró los ojos convencida de que era el final...
Pero despertó tres años en el pasado.
Su familia vive. Su casa sigue en pie. Y esta vez Luna conoce cada golpe que le tiene reservado el destino. Con los recuerdos de una vida que no piensa repetir, se propone una sola cosa: cambiarlo todo. Alejarse del heredero frío y cruel que arruinó su existencia, proteger a los suyos y, por fin, vivir para ella misma.
El problema es que el destino no se deja corregir tan fácil. Julián, el hombre que juró olvidar, ya no la mira como antes. Un pretendiente inesperado le ofrece la ternura que nunca tuvo. Y en las sombras, viejos rencores y secretos de familia empiezan a moverse... porque no es la única que sabe lo que aún no ha pasado.
Entre fiestas de alta sociedad, imperios familiares, traiciones que cortan el aliento y un amor que se niega a morir, Luna descubrirá que una segunda oportunidad no se recibe: se pelea.
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Acusar sin pruebas
Karina jamás imaginó que sufriría un acoso como este. Tenía el cuerpo empapado y apestoso.
—¡ARGGGHHH!
La puerta del baño se abrió de un golpe seco. Karina giró la cabeza y vio llegar a Julián, atónito ante el estado en que se encontraba.
—Julián... —dijo entre sollozos.
El hombre se acercó a ella a toda prisa. Arturo, que venía detrás de Julián, se tapó la nariz de inmediato porque, de verdad, esa mujer se veía sucia y olía fatal.
—¿Quién? ¿Quién te hizo esto, Karina? —preguntó Julián con la voz algo temblorosa. Había fallado en protegerla.
¿Cómo era posible que no supiera que Karina estaba sufriendo acoso en la universidad?
—Luna... —murmuró Karina antes de perder el conocimiento y desplomarse contra el pecho del hombre.
A Julián se le heló la sangre. Se quedó mudo. ¿Por qué Karina menciona el nombre de Luna? ¿Será que esa mujer está detrás de todo esto?
Apretó los puños. No creía que esa mujer siguiera siendo tan cruel. Pensó que Luna había cambiado.
—Arturo, por favor lleva a Karina a la enfermería. —Se puso de pie de un salto y salió a toda prisa rumbo al edificio de Artes.
Andaba con paso apurado. Tenía que darle una lección a Luna.
Su mirada buscaba, filosa, a la persona que perseguía. Allá adelante vio a Luna bromeando con sus amigos.
Se acercó a ella rápidamente.
La sujetó de golpe. Julián le jaló bruscamente el brazo, y ella soltó un chillido.
—¡Ah!
Luna miró al hombre que de la nada la había agarrado del brazo.
—¿Qué te pasa? —preguntó tratando de soltarse.
Julián había llegado de improviso y la había jalado con brusquedad. ¿Ese hombre tenía algún problema con ella?
—¿Qué le hiciste a Karina? —preguntó Julián con la mandíbula ya tensa.
Luna se quedó callada porque no entendía a qué se refería.
—¡¿QUÉ LE HICISTE A KARINA, LUNA?!
Ella se sobresaltó cuando el hombre le gritó en la cara.
—¿Qué te pasa? No sé cuál es tu problema, ni de qué me hablas. ¿Karina? Yo no tengo nada que ver con tu novia. —Luna se explayó, pero Julián no creyó su respuesta.
—¡NO TE HAGAS LA TONTA, LUNA! ¡¿QUÉ LE HICISTE A KARINA?! —siguió gritando frente a ella.
Linda y los demás amigos de Luna estaban listos para defenderla, pero ella les hizo una seña para que se quedaran quietos.
Luna reunió todas sus fuerzas para zafar el brazo de la mano de Julián.
En cuanto lo logró, alzó la mano y le cruzó la cara de una bofetada.
¡Plaf!
La cara de Julián giró hacia la izquierda. Le ardía la mejilla.
—¡DEJA DE VINCULARME CON KARINA! NO SÉ QUÉ LE PASÓ. ¡ESTOY HARTA! —gritó Luna con los ojos vidriosos; jamás imaginó que ese hombre le gritaría en un lugar público como este.
En toda su vida nunca le habían gritado así.
—SI NO FUISTE TÚ, ¿QUIÉN ENCERRÓ Y EMPAPÓ A KARINA EN EL BAÑO?
A Luna se le hizo un nudo en el pecho.
Miró al hombre con una decepción enorme. Desde siempre, hasta hoy, Julián seguía echándole la culpa por lo que le pasaba a Karina.
—¿Así que crees que fue cosa mía? —se señaló Luna a sí misma. Sin darse cuenta, las lágrimas empezaron a caerle.
Julián se sobresaltó al verla llorar. Habría querido estrechar aquel cuerpo pequeño. Pero...
Un hombre se plantó de pronto delante de Luna.
—Antes de acusar a alguien, mejor averigua la verdad, amigo. Desde la mañana Luna no se ha movido de aquí porque no habíamos terminado el trabajo; ni siquiera hemos descansado, así que es imposible que Luna le haya hecho algo a tu novia, ¿cómo dijiste que se llama... Kurama?
—Karina, tonto —lo cortó Linda, dándole un fuerte codazo a Sebastián en el brazo.
Linda ya había jalado a Luna y la abrazaba, sintiendo cómo temblaba entre sus brazos.
Seguramente estaba asustada después de que Julián le gritara así de feo.
Ahora era Julián el sorprendido. Sus ojos se posaron en Luna, que se veía muy asustada; incluso lloraba por su culpa. ¿Habría cometido un error?
¡¿Todavía lo preguntas?!
Luna se secó las lágrimas de prisa. Volvió a acercarse a Julián, que seguía plantado, inmóvil, frente a la puerta.
—Escúchame bien, Julián. Te pido perdón si antes te hice muchas cosas y también por la bofetada de recién; se me fue la mano. Dile a Karina que la disculpe si algo le hice. Te prometo que no volveré a buscar problemas ni a acercarme a ustedes. Me voy a alejar lo más posible de los dos. Y quiero decirte que no sé nada de lo que le pasó hoy a Karina. Mira. —Luna le mostró las dos manos llenas de pintura.
—Ni siquiera he salido del salón hasta ahora, así que mejor averigua la verdad antes de culpar a alguien que ni sabe nada. —Luna retrocedió, apartándose de Julián.
Le dolía el pecho. De verdad le dolía.
Julián quería pedirle perdón. Pero ya era demasiada la vergüenza.
—Perdón, ¿puedes salir? Tenemos que terminar nuestra pintura antes de las tres —lo echó Sebastián enseguida, porque la presencia de ese hombre los tenía bastante fastidiados.
Julián se marchó, aunque el paso se le hacía pesado; sentía que tenía que resolver este asunto con Luna.
—Julián. —Karina se sintió tranquila cuando el hombre entró a la enfermería del campus.
Arturo bufó, molesto, al verlo llegar apenas.
—¿Dónde te metiste? Te tardaste un montón —refunfuñó, porque le había tocado ocuparse de Karina él solo.
Julián se sentó en la silla junto a Arturo; tenía los ojos cansados, y la cara ni se diga.
Todo era un desastre.
—¿Y quién te hizo eso? —preguntó Julián, mirando fijamente el rostro pálido de Karina.
Ella bajó la cabeza.
—Fue culpa mía, Julián. Le llamé la atención a tus admiradoras, se enojaron y me arrastraron al baño.
A Julián se le hizo un vacío en el estómago.
Oír a Karina lo dejó intranquilo. ¿Acababa de acusar a Luna sin ninguna prueba?
Por Dios. Qué tonto eres, Julián.
—¿Y entonces por qué mencionaste el nombre de Luna? —preguntó él, impaciente. Según recordaba, antes de perder el conocimiento Karina había dicho el nombre de Luna, y por eso pensó que todo había sido cosa de ella.
—Tus admiradoras me dijeron que yo solo era una muerta de hambre y que no me comparaba con Luna. —A Karina le fastidiaba muchísimo que la compararan con Luna.
Arturo asintió. Estaba de acuerdo con las admiradoras de Julián: mirara por donde lo mirara, Luna estaba muy por encima de Karina. Pero, hasta donde él sabía, Julián no tenía ninguna relación con Karina; solo la estaba cuidando.
Julián se jaló el cabello, frustrado. Por Dios, ¿qué acababa de hacer?
Seguro que después de esto Luna se alejaría todavía más de él.
—¿Qué te pasa? —preguntó Arturo, intrigado. Julián se veía con la cabeza en otra parte.
—Creo que cometí un error. —La cara del hombre se veía desolada.
Luna decidió irse caminando. Ojalá se topara con un taxi por el camino. Esperar a su hermano tardaba demasiado y ella no tenía paciencia; llamar a su papá tampoco era buena opción.
Y en cuanto a la oferta de Julián...
Recordar lo que ese hombre había hecho hacía un rato le arruinó el ánimo al instante.
De pronto, un frenazo.
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