Después de una noche entera terminando el arreglo de un traje de exhibición, Julia se fue a la cama por la madrugada. Su cabeza apenas había tocado la almohada cuando su alarma sonó, y se dió cuenta de que no estaba en su habitación, ¡y alguien se había llevado el traje que tanto se había esforzado en reparar!
Un momento... ¿Quién, en nombre de su santo internet, era esa persona en el espejo?
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8.
Había terminado el desayuno con molestia.
Su hermano encontró una especie de satisfacción morbosa al mirarla, en el momento que se dio cuenta de que a Julia eso le molestaba. Estaban solo ellos dos a esa hora en el comedor. La madre solía desayunar afuera con sus amigas y la hermana menor no se levantaba hasta más tarde. No había nadie más para frenar el comportamiento excéntrico del otro joven.
La miró cada vez que usaba sus cubiertos o bebía de su jugo, pero cuando ella levantaba la cabeza él apartaba su vista y se hacía el desentendido.
Insoportable, pensaba.
Nunca había tenido hermanos, así que no sabía cómo llevarse bien con uno. Conocía las dinámicas familiares de algunas personas con las que había coincidido antes, pero las emociones que sentía en ese momento eran desconocidas e intolerables.
Cuando terminó de destrozar una rebanada de pan, que luego se la comió con lástima, su hermano se levantó. Se acercó a su lugar y le dio un par de golpecitos con los nudillos a la mesa para llamar su atención.
—Ya que estás lista, andando. Te espero en el coche —dijo, y salió del comedor hacia el garaje.
Esto hizo que un signo de interrogación gigante apareciera en la cabeza de Julia. No sabía que tenía que ir a algún lado con su hermano, ni siquiera estaba enterada de a dónde se suponía que tenía que ir.
Independientemente de sus dudas, dejó su plato y salió corriendo hacia su habitación para asearse rápido y, de paso, ponerse un calzado decente. Al final eligió unas plataformas planas de color beige, y las combinó con una bonita cartera del mismo color. Agarró su identificación, su billetera, ambos celulares y un par de cosas más que consideró importantes y se le cruzaron por el camino. Metió todo en su bolsa y bajó la escalera de dos en dos.
Salió por la puerta principal y vio que su hermano había sacado un discreto coche gris; estacionado frente a la casa, miraba a través de la ventanilla del acompañante en su dirección.
—¿Acaso fuiste a diseñar un bolso o por qué tardaste tanto? —fue lo primero que dijo el hombre cuando Julia se acercó y abrió la puerta del acompañante. —Alto, te vas para atrás. —Le puso su maletín encima del asiento.
—Genial, chófer gratis. —Julia consideró que seguir aguantando al tipo ya era una prueba de paciencia que no tenía ganas de seguir tomando. Apenas su hermano escuchó lo que dijo, le echó seguro a todas las puertas desde la consola.
—Vuelve aquí, mocosa. —Parecía que hablaba mientras apretaba los dientes. Ella lo consideró una victoria y se subió cuando le abrieron la puerta manualmente desde adentro, quitando el maletín del asiento para ponerlo frente a sus piernas en el suelo del auto. Se puso el cinturón de seguridad y entonces el coche arrancó.
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Después de una hora conduciendo, se hizo evidente hacia dónde iban.
La carretera estaba flanqueada de campos verdes, vacíos de personas o animales. A lo lejos, en cambio, se veía un edificio de poca altura, pero que abarcaba muchos metros cuadrados.
Detrás del edificio, había largos caminos pavimentados y entrelazados entre sí. Los aviones aterrizaban sobre ellos y esperaban pasajeros, conectados a las cabinas de abordaje.
Era obvio que estaban en el aeropuerto para buscar a alguien, ya que ninguno de los dos traía equipaje. Estacionaron en el aparcamiento del edificio y el joven le hizo señas a Julia para que lo siguiera. Se quedó muy cerca de él, con una espinita de miedo de que el otro la dejara ahí y luego no supiera cómo volver.
Al final, los dos terminaron sentados en la zona de embarque y desembarque. Su hermano miraba de vez en cuando su celular, luego hacia las pantallas que mostraba la información de los vuelos. Mientras tanto, Julia ya se había puesto al día con la información básica de la miniserie que vio anoche; estaba buscando contenido hecho por los fans y escuchaba una de las listas de reproducción de la original.
—¿Javier? ¿Julia? —Debajo de los auriculares, apenas escuchó su nombre, pero sintió perfectamente cuando su hermano se levantó rápidamente del asiento a su lado.
—Padre, ha vuelto. —Javier parecía un perro que volvió a ver a su dueño después de mucho tiempo.
El hombre mayor agarró los hombros de su hijo, dándole palmaditas y sonriendo feliz.
Julia guardó sus cosas en su bolso y se quedó atrás de Javier. Una vez que el hombre joven tomó la maleta de la mano de su padre, el mayor se enfrentó a su hija y la atrajo a sus brazos. —Mi princesa, cuánto tiempo sin verte. Tu viejo padre te extrañó mucho.
Julia se puso un poco rígida, antes de corresponder al abrazo incómodamente. —También lo extrañé, padre.
En realidad, para Julia, era la primera vez que veía al hombre en persona. Antes lo había visto en las fotos de la casa, y más tarde en Internet, cuando buscó deliberadamente su nombre para saber si había algo de información sobre ella.
Se separaron un momento después. Su padre la miró de arriba a abajo, sonrió y le dio un cumplido: —Estás muy hermosa, mi princesa.
Julia se agarró al brazo del hombre mayor cuando dejaron el lugar, con Javier a la cabeza, llevando las maletas y guiando el camino hacia el coche.
El viaje de vuelta fue un poco más productivo. Su padre y su hermano iban charlando de trabajo en los asientos delanteros, mientras prestaba atención discretamente, fingiendo que tenía puesto los auriculares. No había mucha sustancia, hablaban sobre algunos proyectos o de personas que no tenía ni idea de quiénes eran.
Lo más destacable de lo que se enteró tenía que ver con su abuela materna, y que estaba instando a su madre a celebrar pronto la fiesta de compromiso de Julia. Su padre protestó descontento, diciendo que era muy pronto, que solo recientemente habían hablado de los términos y los jóvenes apenas se conocían. De vez en cuando, Javier miraba por el espejo retrovisor a Julia, sin nunca conectar las miradas, por lo que uno podía asumir que simplemente no escuchaba nada a su alrededor. Eso le hizo poner una sonrisa maliciosa.
—Papá, deberíamos casarla pronto, no vaya a ser que Andrew termine de conocerla y salga corriendo asustado. Mi pobre hermana se quedará soltera para siempre- auch.
Esta vez, Julia dejó volar sus restricciones. Le dio ese golpe largamente anhelado en la cabeza, ese que Javier parecía pedir a gritos desde hace tiempo.