Renace en una época antigua, decidida a cambiar su destino, no será una villana en esta vida.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Ataque 2
El tiempo dejó de tener sentido.
Los minutos se estiraban, pesados, interminables.
Afuera, el caos no se detenía.
Más caballos.
Más gritos.
Más acero chocando con violencia.
El carruaje temblaba de vez en cuando, como si el mundo entero estuviera colisionando a su alrededor.
Rachel no se movía.
No podía.
Solo respiraba… rápido… intentando no perder el control.
[¿Cuánto tiempo ha pasado…?]
No lo sabía. Pero para ella… habían sido horas. eternas.. aunque solo habian pasado minutos..
Y entonces.. todo se detuvo.
El silencio cayó de golpe.
Brusco.
Irreal.
Rachel no se movió.
Ni siquiera respiró por un segundo.
[¿…terminó?]
Su corazón seguía golpeando con fuerza.
El miedo no desapareció.
Solo… cambió.
Se volvió expectante.
Inquieto. Un sonido.. Pasos cercanos.
Demasiado cercanos.
Rachel giró apenas la cabeza hacia la puerta del carruaje.
Y entonces.. La puerta se abrió.
Rachel se tensó completamente.
La luz del exterior entró de golpe… y con ella… una figura. Un hombre. Alto.
Con un uniforme de estilo militar, limpio pero marcado por el combate reciente. En su pecho, un emblema en tonos verde y dorado que Rachel no reconocía.
Su cabello era rubio, corto. Ordenado. Sus ojos… eran claros. Grises o quizas Azules
Rachel no alcanzó a definirlo.
Porque lo único que notó fue su expresión.
Seria.
Con el ceño levemente fruncido.
Observándola.
En silencio.
Rachel no pensó.
No analizó.
No dudó.
[No sé quién es.]
Y eso fue suficiente.
Tomó su abanico con fuerza.
Y.. ¡PAF!
Lo golpeó.
Directo.
Sin aviso.
—¡ALÉJESE!
Otro golpe.
—¡NO SE ACERQUE!
El hombre se quedó completamente quieto, sorprendido.
Rachel no se detuvo.
—¡FUERA! —insistió, golpeándolo otra vez, aunque claramente el abanico no era un arma efectiva.
Pero eso no importaba.
Era lo único que tenía.
—¡NO ME TOQUE!
Su voz temblaba.
Pero era firme.
Desesperada.
El hombre alzó una mano, más por reflejo que por defensa.
—…Lady..
¡PAF!
Otro golpe.
Rachel retrocedió todo lo que pudo dentro del carruaje, sosteniendo el abanico como si fuera una espada.
Sus ojos estaban abiertos, alertas, con una mezcla de miedo y determinación.
—¡Dije que se alejara!
El hombre la miró unos segundos más.
Y entonces… algo cambió en su expresión.
No enojo.
No molestia.
Algo más cercano a… sorpresa contenida.
Casi incredulidad.
Como si no esperara eso.
En absoluto.
Pero Rachel no lo sabía.
No le importaba.
Porque para ella… todavía no estaba claro.
[¿Aliado…? ¿Enemigo?]
Y hasta no saberlo… iba a pelear. aunque fuera… con un abanico.
El abanico volvió a levantarse.. lista para otro golpe.. cuando una voz familiar irrumpió desde afuera, urgente pero aliviada..
—¡Lady Rachel! ¡Estamos a salvo!
El tiempo pareció detenerse.
El abanico quedó suspendido en el aire.
Rachel parpadeó.
—¿…qué?
—¡Los bandidos han sido derrotados, mi lady! ¡Está todo bajo control!
El silencio regresó… pero esta vez no era tenso.
Era real.
Rachel bajó lentamente el abanico.
Sus manos aún temblaban un poco.
Miró al hombre frente a ella.
Luego hacia la puerta abierta.
Luego… de nuevo a él.
[¿…estamos a salvo?]
El pensamiento terminó de asentarse.
Y con él… la vergüenza llegó de golpe.
—Oh.
Una pausa. Incómoda.
Rachel bajó completamente el abanico, apretándolo entre sus dedos como si quisiera esconderlo.
El hombre seguía allí. De pie. Mirándola.
No con enojo. No con molestia. Sino con una mezcla extraña de sorpresa… e intriga.
Como si no supiera muy bien qué acababa de pasar. Rachel sintió cómo el calor subía a su rostro.
—Yo…
Soltó una pequeña risa nerviosa.
—Esto es… un poco incómodo.
El hombre no respondió.
Solo la observaba.
Rachel se llevó una mano al pecho, intentando recomponerse.
—Lo siento.
Inclinó ligeramente la cabeza.
—De verdad lo siento.
Otra pequeña risa, suave, nerviosa.
—No sabía si usted era… bueno… enemigo, bandido, secuestrador o algo peor.
Hizo una pausa.
Y añadió, con honestidad casi inocente..
—Así que… reaccioné.
El abanico en su mano parecía ahora ridículamente inofensivo.
Rachel lo miró un segundo… y luego lo bajó del todo.
—Claramente no fue mi mejor estrategia.
Otra risa breve.
Más controlada esta vez.
Intentando recuperar la compostura.
—Pero funcionó… en mi mente.
El hombre la seguía mirando.
En silencio.
Sus ojos claros analizándola con atención.
Y cuanto más la observaba… más evidente era que no estaba molesto.
Si acaso… estaba sorprendido.
Quizás incluso… entretenido.
Rachel carraspeó suavemente.
Intentando volver a su papel.
A su elegancia.
A su dignidad.
—Gracias por… ayudarnos.
Lo dijo con sinceridad.
Esta vez sin nervios.
Solo con gratitud.
Pero el leve rubor en sus mejillas no desapareció.
Porque, en el fondo… ella sabía perfectamente lo que acababa de hacer.
Había atacado a su salvador… con un abanico.
Y eso… definitivamente no era algo que hubiera ensayado en el carruaje.