A veces el amor no es un cuento de hadas, sino una promesa de sangre y espinas que el tiempo no pudo marchitar.
NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 23
El silencio no era un vacío; era una presencia física, pesada y sofocante que se asentaba sobre el mantel de lino blanco como una neblina tóxica. En el salón *L'Elysée*, el tintineo de los cubiertos de plata contra la porcelana de Limoges sonaba como disparos lejanos. Nadie se atrevía a hablar. Los antiguos compañeros de clase, que minutos antes alardeaban de sus viajes a Courchevel o de sus inversiones en criptomonedas, ahora mantenían la vista baja, absortos en la sopa de fideos que JiNian les había obligado a comer.
Zhi Zhi sentía que el aire se agotaba en sus pulmones. A su derecha, la presencia de JiNian era como un incendio forestal: devastador y magnético. Podía oler la mezcla de su perfume costoso con el aroma terroso de la sopa, una combinación que le revolvía el estómago y el corazón. Sus dedos, entrelazados sobre su regazo debajo de la mesa, estaban tan apretados que sus nudillos estaban blancos.
—¿No te gusta la sopa, Zhao? —La voz de JiNian rompió el silencio, suave pero con un filo que cortaba el alma—. Recuerdo que solías decir que era lo mejor que habías probado en tu vida. ¿O es que tu paladar se ha vuelto demasiado... refinado para los sabores de la realidad?
Zhi Zhi levantó la vista, encontrándose con esos ojos de acero que parecían leer cada uno de sus miedos.
—El sabor no ha cambiado, JiNian —respondió ella, esforzándose por mantener su voz estable—. Lo que ha cambiado es el contexto. No puedes recrear el pasado simplemente sirviendo un plato de fideos en un restaurante de cinco estrellas. Las cosas... mueren cuando se las saca de su entorno.
—O se transforman —replicó él, arqueando una ceja—. Como yo. Como tú.
Lin Feng, que se sentía como un espectador en su propia vida, soltó una risa nerviosa y forzada, tratando de recuperar algo de control sobre la situación.
—Es una broma fascinante, JiNian. Realmente, un toque de "nostalgia irónica" para la cena. Pero supongo que después de este... aperitivo, vendrá algo más acorde a la reputación de *Iron Throne*, ¿verdad? Mi padre siempre dice que el tiempo es dinero, y hemos pasado mucho tiempo con este caldo.
JiNian giró la cabeza hacia Lin Feng con una lentitud calculada. La mirada que le dirigió era la de un entomólogo observando a un insecto particularmente molesto antes de clavarlo en un corcho.
—Tu padre tiene razón, Lin Feng. El tiempo es dinero. Por eso he comprado la deuda de su empresa de logística esta tarde a las 4:00 PM. Ahora mismo, técnicamente, estás comiendo gracias a mi generosidad. Así que, si fuera tú, disfrutaría cada gota de ese caldo "ordinario". Podría ser lo último que tu familia pueda permitirse en mucho tiempo si decides seguir interrumpiéndome.
El rostro de Lin Feng pasó del rojo al gris ceniza en un segundo. El impacto de las palabras de JiNian fue tal que varios invitados dejaron caer sus cucharas. El "Rey del Hierro" no solo había venido a cenar; había venido a ejecutar una sentencia de muerte financiera.
Vivienne, sentada un poco más lejos pero siempre atenta a la oportunidad de clavar sus garras, intervino con una sonrisa de suficiencia, aunque sus ojos brillaban con un miedo mal ocultado.
—Vaya, JiNian. Parece que el chico que arreglaba motos ha aprendido a usar las garras. Pero dime, ¿toda esa fortuna te ha servido para comprar un alma nueva o sigues siendo el mismo salvaje que se escondía en los callejones del Distrito Norte? Porque la ropa es de seda, pero el olor a... calle... es difícil de quitar.
Zhi Zhi sintió una punzada de ira que la sorprendió. Antes de que JiNian pudiera responder, ella se giró hacia Vivienne.
—El "salvaje", como tú lo llamas, Vivienne, ha construido un imperio mientras tú pasabas los últimos siete años decidiendo qué color de sombra de ojos combinaba mejor con tu amargura. Si el olor a calle es lo que sientes, quizás sea porque finalmente alguien ha abierto las ventanas en este salón de aire reciclado.
El silencio que siguió fue aún más profundo. JiNian miró a Zhi Zhi, y por un instante, un destello de la antigua admiración cruzó sus facciones. Ella lo estaba defendiendo. A pesar de todo. A pesar de los siete años de abandono.
***
*Flashback: El sabor de la supervivencia.*
*Hacía un frío que calaba los huesos. JiNian y Zhi Zhi estaban sentados en la parte trasera de su vieja camioneta, compartiendo un solo cuenco de esa misma sopa. No tenían dinero para más. Él se había gastado sus últimos ahorros en un libro de economía que ella le había recomendado.*
*—Algún día te llevaré a cenar al lugar más caro de la ciudad —prometió JiNian, soplando los fideos para enfriarlos antes de ofrecérselos a ella—. Y no tendremos que compartir el plato.*
*Zhi Zhi sonrió, acurrucándose contra su hombro manchado de grasa. El motor de la camioneta todavía estaba caliente y el olor a gasolina se mezclaba con el de la comida.*
*—No me importa el lugar, JiNian —susurró ella—. Mientras sea contigo, esta sopa sabe a gloria. No necesito nada más que esto.*
*Él la miró con una seriedad que la asustó. —Yo sí. Necesito darte el mundo, Zhi Zhi. Porque si no puedo darte lo que mereces, no soy digno de tenerte.*
***
De vuelta en la mesa, el servicio retiró los cuencos de sopa y, siguiendo las órdenes de JiNian, comenzó a servir el plato principal: un filete de Wagyu cubierto en láminas de oro de 24 quilates. La extravagancia era tan obscena que resultaba insultante después de la sopa de fideos.
—El contraste de la vida —dijo JiNian, observando la carne dorada—. De la nada al todo. Del barro al oro. ¿No es eso lo que todos ustedes aman? La estética del éxito.
Zhi Zhi no pudo evitarlo. La amargura que había estado reprimiendo estalló.
—¿El todo? —preguntó ella, dejando su servilleta sobre la mesa—. ¿Crees que tener una empresa de inversión y comer oro es "el todo", JiNian? Te fuiste sin decir una palabra. Me dejaste rota. Me dejaste sola enfrentando a mi padre, enfrentando las preguntas de todos, enfrentando el vacío. ¿Y ahora vuelves para restregarnos tu fortuna en la cara? Eso no es éxito. Es venganza. Y la venganza es el sentimiento más pobre que existe.
JiNian dejó sus cubiertos con un golpe seco que hizo vibrar el cristal. Se inclinó hacia ella, ignorando por completo al resto de la mesa. Sus voces ahora eran un susurro violento, una tormenta privada entre dos personas que se habían amado demasiado.
—Me fui para que pudieras tener una vida, Zhi Zhi —siseó él, y por primera vez, la máscara de frialdad se agrietó, revelando el volcán de dolor que había debajo—. Tu padre me dio una opción: desaparecer y dejar que conservaras tu herencia y tu futuro, o quedarme y ver cómo te destruía a ti también. Me rompió las manos, Zhi Zhi. Literalmente. Me enviaron a un agujero donde no había luz. Y cada maldito día que pasé allí, lo hice pensando en que tú estabas a salvo. Que estabas volando alto.
Zhi Zhi sintió que el corazón se le detenía. —¿De qué estás hablando? Mi padre dijo... él dijo que te habías ido porque te pagó. Que aceptaste el dinero y te marchaste para empezar un negocio en otro lugar.