SINOPSIS ~
Amaris ha aprendido que sobrevivir significa no llamar la atención, no confiar demasiado y sobre todo ocultar aquello que te hace diferente
Pero al acercarse a sus 18 años su vida comienza a cambiar secretos que nunca pidió conocer salen a la luz
Personas desconocidas entran en su camino y alguien que parece saber más de ella de lo que debería
Entré magia peligros y sentimientos que jamás esperaba encontrar Amaris tendría que descubrir en quien confiar
Por qué hay verdades capaces de cambiar una vida y hay destinos que fueron escritos mucho antes de que pudiéramos elegirlos
NovelToon tiene autorización de Julieth Moreno para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
EL FANTASMA DEL PASADO
La voz volvió a escucharse desde el exterior.
-Amaris.
Ella dejó de respirar por un instante.
Aquella voz había cambiado... Era más grave que la que recordaba, pero había algo en ella que permanecía exactamente igual.
Algo que Amaris habría reconocido incluso entre cientos de personas.
Se acercó lentamente a la puerta de la carreta y apretó las cadenas de sus muñecas.
-¿Arnold?.. -preguntó con un hilo de voz.
Durante unos segundos no obtuvo respuesta.
Entonces una risa suave llegó desde el otro lado.
-Vaya. Todavía recuerdas mi voz.
El corazón de Amaris comenzó a latir con fuerza.
No.
No podía ser él.
Había pasado demasiado tiempo.
Ella había llorado por él.
Había aceptado que estaba muerto.
Había aprendido a vivir con aquella pérdida.
La puerta se abrió de golpe y la luz de la luna iluminó el interior de la carreta.
Amaris levantó la cabeza.
Un joven estaba de pie frente a ella.
Era más alto de lo que recordaba. Su cabello estaba desordenado, la ropa estaba cubierta de polvo y tenía varias marcas de pelea.
Pero aquella sonrisa...
Amaris conocía esa sonrisa.
-No puede ser... -murmuró.
El joven se agachó frente a ella y examinó las cadenas.
-Sí que puede.
Amaris sintió que se le hacía un nudo en la garganta.
-Pensé que estabas muerto.
La expresión de Arnold cambió ligeramente. Por un momento dejó de sonreír y bajó la mirada hacia las cadenas.
-Yo también pensé que nunca volvería a encontrarte.
Amaris lo observó en silencio.
Había imaginado muchas veces cómo sería volver a verlo.
Nunca había imaginado que ocurriría mientras estaba encadenada en una carreta.
Arnold sacó una pequeña herramienta de su bolsillo y comenzó a trabajar sobre la cerradura.
Amaris miró sus manos.
-¿Qué estás haciendo?
Él ni siquiera levantó la mirada.
-Lo mismo que hacía antes.
-¿Robando?
Arnold sonrió de lado mientras giraba la herramienta.
-Esta vez estoy robando tu libertad.
Amaris soltó una pequeña risa.
-Sigues siendo igual de dramático.
Arnold levantó una ceja y volvió a intentar abrir la cerradura.
-Y tú sigues siendo insoportable.
-Eso lo aprendí de ti.
-Entonces fue culpa mía.
La cerradura finalmente cedió.
Las cadenas de las muñecas de Amaris cayeron sobre el suelo de madera.
Ella se frotó las marcas que el metal había dejado en su piel.
Arnold se puso de pie y miró hacia la parte delantera de la carreta.
-Tenemos que salir antes de que regresen.
Amaris se levantó lentamente, todavía intentando asimilar que él estaba allí.
-¿Quiénes eran esos hombres?
Arnold la miró por encima del hombro.
-Los mismos que estaban a punto de venderte.
-Eso ya lo sé.
-Entonces estamos de acuerdo.
Amaris frunció el ceño.
-No has cambiado nada.
Arnold sonrió.
-Tú tampoco.
Un grito llegó desde fuera.
-¡Busquen por el bosque!
Arnold dejó de sonreír.
Amaris también se quedó quieta.
Los dos se miraron durante un segundo.
-Tenemos que irnos -susurró ella.
Arnold asintió y le hizo una seña para que bajara.
-Vamos, mocosa. Hay que correr.
Amaris bajó de la carreta y miró hacia él.
-Si puedes hacerlo, viejo.
Arnold abrió los ojos con incredulidad.
-¿Viejo?
Amaris comenzó a caminar hacia los árboles, conteniendo una sonrisa.
-Tienes diecinueve años.
Arnold la siguió mientras negaba con la cabeza.
-Eso no es ser viejo.
-Para mí sí.
-Solo te llevo tres años.
Amaris se encogió de hombros.
-Tres años son muchos cuando ya estás en tu tercera edad.
Arnold soltó una carcajada.
-Definitivamente te dejé escapar de demasiados problemas cuando eras pequeña.
Ella se giró mientras caminaba hacia atrás.
-Y aun así siempre terminabas metiéndome en más.
-¡Yo te sacaba de ellos!
-Después de meterme.
Arnold abrió la boca para responder, pero un ruido entre los árboles lo hizo detenerse.
Su expresión cambió inmediatamente.
Amaris dejó de sonreír.
-¿Qué ocurre?
Arnold levantó una mano para pedirle silencio.
Desde lejos podían escucharse ramas quebrándose.
Los estaban siguiendo.
Él miró alrededor y señaló una zona más oscura entre los árboles.
-Por allí.
Amaris corrió detrás de él.
Los dos se internaron en el bosque mientras las voces de los hombres se acercaban.
-¡Se fueron hacia el bosque!
Arnold tomó la mano de Amaris y tiró de ella hacia un pequeño desnivel oculto entre las raíces.
Ambos se agacharon.
Amaris contuvo la respiración.
Los pasos pasaron cerca.
Uno de los hombres se detuvo.
-¿Escuchaste algo?
Arnold permaneció completamente inmóvil.
Amaris sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
Después de unos segundos, los pasos comenzaron a alejarse.
Ninguno habló hasta que el sonido desapareció por completo.
Arnold soltó lentamente el aire.
-Eso estuvo cerca.
Amaris se sentó contra el tronco de un árbol y lo miró.
Ahora que estaban a salvo, la pregunta volvió a su cabeza.
La misma que había intentado ignorar desde que escuchó su voz.
-Arnold.
Él se quedó en silencio.
-¿Cómo sobreviviste?
Arnold bajó la mirada.
La sonrisa desapareció de su rostro.
-Es una historia larga.
Amaris cruzó los brazos.
-Tenemos toda la noche.
Él soltó una pequeña risa, pero no respondió.
Amaris lo observó con atención.
Había algo que no quería contarle.
Y eso era algo que Arnold nunca había hecho antes.
-Te creí muerto -dijo ella finalmente.
Arnold levantó la mirada.
-Lo sé.
-Te lloré durante años.
La expresión de Arnold se volvió más seria.
-Lo siento.
Amaris apartó el rostro.
No quería que él viera lo mucho que aquellas palabras le dolían.
Arnold guardó silencio durante unos segundos antes de ponerse de pie.
-Tenemos que seguir.
Amaris se levantó también.
-¿A dónde?
Arnold miró hacia la oscuridad del bosque.
-A un lugar donde nadie pueda encontrarnos.
Ella dio un paso hacia él.
-¿Y después?
Arnold tardó en responder.
Finalmente volvió la mirada hacia ella.
-Después te contaré por qué te estaba buscando.
Amaris se quedó inmóvil.
-¿Me estabas buscando?
Arnold asintió.
-Sí.
-¿Por qué?
Él comenzó a caminar.
- Todavía no es el momento
Amaris lo siguió, pero aquella respuesta no hizo más que aumentar sus dudas.
Después de tantos años, Arnold había regresado.
La había encontrado justo cuando estaba a punto de ser vendida como esclava.
Y ahora decía que llevaba tiempo buscándola.
Amaris no sabía qué estaba ocultando.
Pero estaba segura de algo.
El regreso de Arnold no era una considencia
...
...
...~ ARNOLD ~...