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La Esposa De Mí Jefe

La Esposa De Mí Jefe

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Traiciones y engaños / Mafia
Popularitas:866
Nilai: 5
nombre de autor: Dannyperezok

Él tenía una sola misión: protegerla.
Ella tenía una sola regla: no enamorarse de él.

Victoria Bennett tiene el matrimonio que cualquier mujer envidiaría.

Un esposo millonario. Una mansión de ensueño. Una vida rodeada de lujos.

Pero detrás de las puertas cerradas, su matrimonio es una pesadilla.

Su esposo, Alexander Blackwood, es un hombre poderoso, controlador y posesivo que se ha encargado de destruir poco a poco la seguridad y la autoestima de Victoria. Para el mundo son una pareja perfecta. Para ella, él es la razón por la que cada noche tiene miedo de volver a casa.

Hasta que Alexander contrata a Fernando Ferrara, un exmilitar convertido en guardaespaldas, para proteger a su esposa.

Fernando sabe perfectamente cuáles son sus límites.

Victoria es su jefa.

La esposa de su jefe.

Una mujer prohibida.

Pero también es la mujer que intenta esconder sus lágrimas cuando cree que nadie la está mirando.

Él comienza protegiéndola de peligros externos...

NovelToon tiene autorización de Dannyperezok para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 22: Tres sujetos

Fernando

No podía apartar los ojos de la pantalla.

Tres niños.

Tres rostros.

Dos de ellos los reconocía.

Adrián.

Yo.

Pero el tercero...

Era idéntico a mí.

No parecido.

No semejante.

Idéntico.

—¿Quién es? —pregunté.

Nadie respondió.

Miré nuevamente la fotografía.

Los tres niños estaban de pie frente a una pared blanca.

Yo llevaba una camisa azul.

Adrián, una roja.

El tercero, una negra.

Debajo de cada fotografía aparecía un código.

SUJETO 01 — ADRIÁN FERRARA.

SUJETO 02 — FERNANDO FERRARA.

Y finalmente:

SUJETO 03 — DESAPARECIDO.

—¿Qué significa esto?

Adrián se acercó a la pantalla.

—Que nuestro padre nunca tuvo dos hijos.

Señaló la fotografía.

—Tuvo tres.

Victoria parecía incapaz de procesarlo.

—¿Y el tercero?

Adrián negó lentamente.

—No sabemos dónde está.

—¿Desde cuándo?

—Desde que éramos niños.

Fernando sintió que el pecho se le cerraba.

—¿Por qué nadie me dijo nada?

—Porque tú eras el único que debía olvidarlo.

—¿Por qué?

Adrián lo miró directamente.

—Porque eras el único que podía encontrarlo.

Sentí un escalofrío.

—No entiendo.

—Lo entenderás.

***

Victoria

El hombre esposado seguía frente a nosotros.

No podía dejar de mirarlo.

Tenía el rostro de Nicholas.

Su voz.

Sus gestos.

Incluso aquella pequeña cicatriz que mi hermano tenía en el mentón.

—Si no eres Nicholas... ¿quién eres?

El hombre sonrió.

—La pregunta correcta es: ¿qué recuerdas de Nicholas?

Me quedé callada.

—Todo.

—No.

Negó.

—Recuerdas lo que te dejaron recordar.

Sentí un nudo en la garganta.

—No juegues conmigo.

—Nunca jugaría contigo, Victoria.

—Entonces dime quién eres.

El hombre se acercó.

Las esposas tintinearon.

—Alguien que estuvo contigo la noche del accidente.

Mi corazón se detuvo.

—No...

—Sí.

Fernando levantó el arma.

—Aléjate de ella.

El hombre lo miró.

Y sonrió.

—Siempre haces lo mismo.

Fernando frunció el ceño.

—¿Qué?

—La proteges.

—Es mi trabajo.

—No.

El hombre negó.

—Es lo que te enseñaron a hacer.

Fernando apretó el arma.

—¿Quién te enseñó?

El hombre no respondió.

Adrián sí.

—Gabriel.

Fernando lo miró.

—Nuestro padre.

Adrián asintió.

—Te entrenó para proteger a una persona específica.

Fernando miró a Victoria.

Ella también lo miró.

—¿A mí?

Adrián respondió:

—Sí.

El silencio fue ensordecedor..

***

Fernando

—¿Me entrenaron para proteger a Victoria antes de conocerla?

Adrián asintió.

—Desde que ella tenía diez años.

Victoria retrocedió.

—Eso es imposible.

—No.

Adrián la miró.

—Tu padre sabía que algún día intentarían llegar hasta ti.

—¿Por qué?

—Porque eras la heredera.

—Eso no explica nada.

Adrián respiró profundamente.

—Tu padre no construyó su fortuna solamente con empresas.

Victoria palideció.

—¿Qué estás diciendo?

—Tu familia administraba una red de información.

—¿Qué clase de información?

—Nombres.

—¿De quién?

—De personas que no podían permitirse ser descubiertas.

Victoria negó con la cabeza.

—Mi padre era empresario.

—Eso es lo que te hicieron creer.

Alexander intervino.

—Tu padre intentó salir.

Victoria se volvió hacia él.

—¿Salir de qué?

—Del Círculo.

—¿Y tú?

Alexander bajó la mirada.

—Yo intenté ayudarlo.

Victoria soltó una risa amarga.

—¿Ayudarlo?

—Sí.

—¿Como me ayudaste a mí?

Alexander no respondió.

Victoria se acercó.

—Me golpeaste.

—Lo sé.

—Me encerraste.

—Lo sé.

—Me hiciste creer que no tenía otra opción.

Alexander tragó saliva.

—Lo sé.

—Entonces no vuelvas a decir que intentabas protegerme.

Alexander cerró los ojos.

—No puedo justificar lo que hice.

Por primera vez, no hubo arrogancia en su voz.

Solo culpa.

***

Fernando

El hombre esposado comenzó a reír.

—Qué conmovedor.

Lo miré.

—¿Quién eres?

—Ya te lo dije.

—No.

Me acerqué.

—Quiero tu nombre.

El hombre levantó la mirada.

—Daniel.

Mi corazón se detuvo.

—¿Daniel Cross?

Sonrió.

—Ahora sí recuerdas.

Victoria se quedó inmóvil.

—Pero Daniel estaba muerto.

—Eso era conveniente.

—¿Trabajas para el Círculo?

Daniel negó.

—Trabajé para ellos.

—¿Y ahora?

—Ahora intento destruirlos.

—¿Por qué?

Daniel miró a Victoria.

—Porque ellos destruyeron a tu familia.

Después me miró.

—Y porque destruyeron la mía.

—¿Qué pasó con tu familia?

Su expresión cambió.

—Mi padre descubrió el Proyecto Ferrara.

Adrián cerró los ojos.

—Daniel...

—No.

Daniel levantó la voz.

—Ya es hora de que sepan la verdad.

Se volvió hacia Victoria.

—Tu madre no fue la única persona que desapareció.

Victoria frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—Tu hermano Nicholas no desapareció hace cuatro años.

El aire pareció desaparecer.

—¿Entonces?

Daniel respondió:

—Desapareció mucho antes.

—¿Cuándo?

—La noche del accidente.

Victoria negó.

—Eso es mentira.

—No.

Daniel la miró.

—El hombre que tú conociste durante los últimos cuatro años no era Nicholas.

Victoria se quedó paralizada.

—¿Qué?

Daniel señaló al supuesto Nicholas.

—Era él.

Fernando miró al hombre esposado.

—¿Quién es?

Daniel respondió:

—El Sujeto 03.

El hombre sonrió.

—Por fin.

Victoria retrocedió.

—Entonces... ¿dónde está mi hermano?

Nadie respondió.

Hasta que una voz salió del dispositivo que Fernando había extraído de su muñeca.

Una grabación comenzó a reproducirse automáticamente.

La voz era de Nicholas.

—Si escuchas esto, significa que finalmente descubriste la verdad.

Victoria se llevó una mano a la boca.

—Nicholas...

La grabación continuó.

—No confíes en el hombre que lleva mi rostro.

Fernando miró al prisionero.

Después escuchó:

—Y tampoco confíes en el hombre que lleva mi nombre.

Miré a Adrián.

Él palideció.

La grabación terminó.

***

Victoria

No sabía qué pensar.

No sabía qué sentir.

Mi madre estaba viva.

Alexander había mentido durante años.

Fernando podía tener una identidad que desconocía.

Adrián aseguraba ser su hermano.

Y el hombre frente a nosotros parecía ser Nicholas...

pero no lo era.

Entonces Daniel se acercó a mí.

—Victoria.

Lo miré.

—¿Dónde está mi hermano?

Daniel bajó la voz.

—Lo último que sé es que está intentando llegar hasta ti.

—¿Dónde?

—En la ciudad.

—¿Dónde?

Daniel dudó.

—En el hospital Saint Mary's.

Sentí un golpe en el pecho.

—¿Está herido?

—No.

—Entonces ¿por qué está allí?

Daniel me miró fijamente.

—Porque alguien está a punto de matarlo.

Fernando reaccionó inmediatamente.

—Nos vamos.

Adrián negó.

—Es una trampa.

—Puede ser.

—Entonces no vayas.

Fernando lo miró.

—Es mi hermano.

Adrián respondió:

—Precisamente por eso.

Fernando apretó los dientes.

—¿Qué sugieres?

Adrián señaló el dispositivo de su mano.

—Que primero descubramos qué contiene.

Fernando lo observó.

—¿Cómo?

Adrián sonrió.

—Conectándolo a un ordenador.

—No tenemos ordenador.

Daniel soltó una carcajada.

—Sí tenemos.

Todos lo miramos.

Daniel señaló el fondo del túnel.

—Aquí abajo hay una sala de control.

Caminamos detrás de él.

La puerta metálica se abrió.

Dentro había monitores.

Servidores.

Archivos.

Fotografías.

Cientos.

Daniel encendió una pantalla.

—Aquí comenzó el Proyecto Ferrara.

La pantalla mostró una carpeta.

SUJETOS 01–02–03.

Fernando se acercó.

—Ábrela.

Daniel lo hizo.

Aparecieron los expedientes.

Adrián.

Fernando.

Y el tercero.

Fernando sintió que la sangre se le congelaba.

El nombre del Sujeto 03 apareció en la pantalla.

SAMUEL BENNETT.

Victoria dejó escapar un grito.

—¡No!

Fernando retrocedió.

—Eso no puede ser.

Daniel lo miró.

—Ahora entiendes por qué te dieron el nombre Fernando Ferrara.

Fernando negó.

—No.

Daniel abrió otro documento.

Era un informe médico.

MEMORIA ALTERADA.

IDENTIDAD IMPLANTADA.

OBJETIVO: INFILTRACIÓN.

Y debajo, una última línea:

SUJETO 03 NO DESAPARECIÓ.

Fernando dejó de respirar.

—¿Dónde está?

Daniel miró la pantalla.

Su expresión cambió.

—Está más cerca de lo que imaginas.

La puerta de la sala se cerró de golpe.

Todos se giraron.

Y una nueva fotografía apareció en el monitor principal.

Era una imagen reciente.

Tomada esa misma noche.

En ella aparecía un hombre frente al hospital Saint Mary's.

Fernando lo reconoció inmediatamente.

Era él.

Pero la fotografía estaba tomada desde atrás.

Y junto a él había alguien más.

Victoria se acercó.

—¿Quién es?

Fernando sintió un escalofrío.

Porque el hombre que aparecía a su lado...

era idéntico a él.

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