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MARIONETA: LAZOS DE SANGRE Y OBSESIÓN

MARIONETA: LAZOS DE SANGRE Y OBSESIÓN

Status: Terminada
Genre:CEO / Arrogante / Dominación / Completas
Popularitas:535
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa





Han transcurrido tres años desde aquella noche en que Antonia recuperó su libertad y Aarón comprendió que el amor no se encadena, sino que se respeta. Tres años en los que cada uno ha reconstruido su vida sobre las cenizas del pasado: Antonia brilla como actriz consagrada, dueña de su escenario y de su destino; Aarón ha redimido sus errores, saneado su imperio y se ha convertido en un hombre íntegro, serio y reservado, guiado por la lealtad y la palabra dada; Vicent ha construido junto a él una nueva etapa, firme y honesto; e Irina dirige con dedicación su fundación, transformando su experiencia en refugio para quienes lo necesitan.

La paz parece definitiva… hasta que las sombras regresan con un rostro aún más cruel.

El nuevo titiritero, Julian Van Thal, un hombre influyente, frío y sin escrúpulos, heredero de un imperio aún más vasto que el que alguna vez tuvo.

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Capitulo 8

El sol caía suave sobre los jardines de la fundación cuando Vicent llegó. Irina lo esperaba en un banco bajo la sombra de un árbol, con una taza de té entre las manos, y al verlo acercarse con el ceño ligeramente fruncido, supo de inmediato que no venía solo a saludar. Se levantó y fue a su encuentro, con esa calma que a él le daba tanta seguridad.

—Vicent —lo llamó suavemente—, algo te preocupa. ¿Es Aarón? ¿Antonia?

Él asintió, deteniéndose justo frente a ella, y tomó sus manos entre las suyas con delicadeza pero firmeza, como si necesitara sentir que ella estaba ahí, real y a salvo.

—Es Antonia —le dijo con voz seria—. Alguien la está rondando. Un hombre poderoso, peligroso… Julian Van Thal. Pregunta por ella, la observa, no se aparta. Y Aarón y yo tememos que tenga intenciones oscuras, las mismas que alguna vez tuvo él. Por eso vine. No solo para avisarte, sino para pedirte algo: si en algún momento ella necesita irse, un lugar donde esconderse, alguien en quien confiar… ¿podrías ser esa persona?

Irina lo miró sin dudar un instante, apretando sus manos con fuerza.

—Por supuesto que sí. Antonia merece toda la protección del mundo. Tiene aquí su casa, su cama, su refugio… lo que necesite, cuando lo necesite. Y yo estaré con ella, sin importar qué. Nadie va a hacerle daño mientras yo pueda evitarlo.

—Sabía que podía contar contigo —suspiró él, y en ese suspiro se le fue parte de la tensión—. Sabía que tú comprenderías. Eres valiente, Irina. Más de lo que crees.

—No soy valiente —respondió ella bajando la mirada un momento, para luego volver a encontrarse con sus ojos—. Solo sé lo que se siente cuando alguien te quiere encerrar. Sé lo que se siente tener miedo de ser tú misma. Y no quiero que nadie pase por eso… y mucho menos ella, que ha luchado tanto para ser libre.

Vicent la miró entonces, de verdad la miró, y sintió que el corazón se le desbordaba de una manera dulce y aterradora a la vez. Su voz se volvió más suave, más íntima:

—Desde que te vi aquí, entregada a los demás, tan fuerte y tan bondadosa… no he podido dejar de pensar en ti. En lo especial que eres. En lo afortunado que sería quien tuviera tu corazón. Y me he dado cuenta de algo que ya no puedo callar: lo que siento por ti va mucho más allá de la admiración. Me importas, Irina. Me importas profundamente.

El aire se quedó suspendido entre ellos. Irina sintió cómo el rostro se le encendía y el corazón le latía con fuerza, como si quisiera salírsele del pecho. Bajó la vista y luego la levantó, con los ojos brillantes y una sonrisa tímida pero sincera.

—Vicent… —susurró—. Tú no sabes cuántas veces me he dicho a mí misma que no debería pensar en ti. Que debía tener cuidado, que no era el momento… pero es imposible. Porque cada vez que llegas, el día se me vuelve más bonito. Cada vez que me hablas, siento que puedo confiar. Y yo… yo también he pensado en ti más de lo que debería. Mucho más.

Una sonrisa hermosa y aliviada iluminó el rostro de él. Lentamente, como si temiera asustarla, Vicent la atrajo hacia sí y la abrazó con ternura, rodeándola con cuidado y respeto, como si fuera algo precioso que debía cuidar. Ella apoyó la cabeza en su pecho y cerró los ojos, sintiéndose a salvo, querida, valorada exactamente como era.

—Entonces no pensemos más en lo que debemos o no debemos —le dijo él suavemente al oído—. Dejemos que esto crezca despacio, sin prisa, sin condiciones. Solo nosotros dos. Con honestidad.

—Solo nosotros dos —repitió ella, abrazándolo con más confianza—. Y despacio, como debe ser.

Se quedaron así, abrazados bajo la sombra del árbol, con el mundo girando a su alrededor y sin importarles el peligro que se acercaba. Porque acababan de descubrir algo más fuerte que cualquier miedo: el comienzo de un amor construido sobre la amistad, el respeto y la verdad. Y en ese abrazo, ambos comprendieron que ya no estaban solos.

Irina se separó apenas lo suficiente para mirarlo a los ojos, con las manos aún apoyadas en su pecho.

—Tenía miedo —confesó bajito—. Miedo a equivocarme de nuevo. A entregarme y que me rompan. Pero contigo… siento que no tendré que protegerme de ti.

Vicent le acarició suavemente la mejilla con el dorso de los dedos, con una ternura infinita.

—Jamás te haré daño, Irina. Y si alguna vez te sientes herida, será porque yo me lastimé a mí mismo antes que permitir que te pase algo a ti. Te quiero libre y completa. No mía. Nuestra.

—Nuestra —repitió ella con una sonrisa que le llegó al alma—. Me gusta cómo suena eso.

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