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Resucitado Por Venganza

Resucitado Por Venganza

Status: En proceso
Genre:Romance / Reencuentro / Venganza
Popularitas:185
Nilai: 5
nombre de autor: Galeano

Devastada y embarazada, Isabella crio sola a su hijo durante diez años. Pero Alexander no murió: la mafia rusa exhumó su cuerpo y su verdadero padre lo trajo de vuelta a la vida para convertirlo en el heredero de un imperio criminal.
Ahora, Alexander regresa por el amor de su vida sin saber que un niño lleva su nombre, ni que el verdadero villano es el padre de Isabella, quien está dispuesto a matarlo por segunda vez para proteger sus secretos.

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Capitulo 21

La luz dorada de la mañana se filtraba suavemente a través de las cortinas del apartamento de Isabella, iluminando las motas de polvo que flotaban en el aire. En el salón, el silencio era denso, casi palpable, cargado con el peso de una revelación que amenazaba con cambiar la vida de Isabella para siempre. Alexander permanecía de pie junto a la ventana, vestida con un traje oscuro impecable, con la mirada fija en el horizonte de la ciudad antes de girarse hacia la mujer que amaba.

Isabella estaba sentada en el borde del sofá, con las manos entrelazadas con tanta fuerza que sus nudillos lucían blancos. Sus ojos avellana, hinchados por las emociones de las últimas horas, buscaban desesperadamente una explicación en el rostro de Alexander.

—Isabella, hay algo que debo decirte, algo que no puede esperar más —comenzó Alexander, con una voz grave y pausada que resonó en la pulcra estancia—. Durante diez años creíste, como todos en esta ciudad, que los hombres que irrumpieron en nuestra boda eran cobradores de deudas que venían tras los negocios fallidos de tu padre. Que fue una trágica casualidad del destino que una bala me alcanzara a mí en el altar.

Isabella frunció el ceño, sintiendo un sudor frío recorrerle la nuca.

—¿De qué estás hablando, Alexander? Mi padre cayó en la ruina por malas inversiones... los hombres de la catedral eran mercenarios pagados por prestamistas del bajo mundo. Eso fue lo que dijo la policía, lo que todos confirmaron.

—Fue la mentira que él construyó para salvar su propia piel —interrumpió Alexander, dando un paso firme hacia ella—. No fue un accidente. Los sicarios no iban por una deuda de juego ni por un ajuste de cuentas fortuito. Iban por mí. La orden de disparar en el altar no vino de una banda rival. Vino directamente de tu padre.

Isabella se congeló sobre el sofá. La respiración se le atascó en la garganta y sintió cómo el color abandonaba su rostro de golpe. Agitó la cabeza con brusquedad, negándose a procesar las palabras que acababan de golpear sus oídos.

—No... no, eso es imposible —balbuceó ella, poniéndose de pie de un salto, retrocediendo un par de pasos—. Mi padre es un hombre duro, pero te quería... te aceptó en nuestra familia. Él sufrió mi luto, estuvo a mi lado cuando nació Alex. ¡No puedes decir algo tan horrendo sobre él!

—Pocos días antes de nuestra boda, descubrí la verdad sobre sus empresas —explicó Alexander con una frialdad dolorosa en la voz—. En mi trabajo como arquitecto y revisor de los proyectos de la familia, tropecé con una doble contabilidad. Al tirar del hilo, descubrí una red masiva de fraude financiero, falsificación de documentos y tráfico de influencias vinculado al crimen organizado. Tu padre no estaba en bancarrota por mala suerte; estaba utilizando las cuentas de la empresa para lavar dinero de contratistas ilegales.

Isabella llevó ambas manos a su boca, ahogando un sollozo de puro horror mientras los recuerdos de su infancia y juventud comenzaban a agrietarse.

—Fui a su oficina la noche anterior a la boda —continuó Alexander, recordando la escena con nitidez imperecedera—. Le confronté en privado. Le dije que no podía permitir que pusiera en riesgo tu futuro ni el nombre de nuestra familia, que debía entregarse a las autoridades o yo mismo llevaría los documentos a los fiscales tras regresar de nuestra luna de miel. Él lloró, me suplicó, juró que lo solucionaría... Pero mientras me abrazaba y me decía que yo era como un hijo para él, ya estaba organizando el ataque con los sicarios para silenciarme antes de que dijera una sola palabra.

—¡Es un monstruo! —gimió Isabella, dejándose caer de rodillas sobre la alfombra, rota en mil pedazos ante la magnitud de la traición—. ¡El hombre que me consoló en el entierro, el hombre que abrazó a mi hijo recién nacido... fue el que te mandó a matar!

Alexander se agachó de inmediato a su lado, envolviéndola entre sus brazos, permitiendo que ella descargara toda la rabia, la vergüenza y el dolor acumulados contra su pecho.

—Por eso tuve que regresar como Sasha Rostova —murmuró Alexander, besándole la coronilla con ternura—. Por eso destruí su imperio financiero antes de dar la cara. Tenía que asegurarme de que no pudiera volver a tocarte ni a ti ni a nuestro hijo. Mañana mismo las autoridades federales recibirán las copias originales de los documentos que guardé antes del atentado. Se acabó, Isabella. Tu padre pagará por cada lágrima que derramaste.

Pasaron varios minutos en los que solo el llanto ahogado de Isabella rompía el silencio de la sala. Gradualmente, la tormenta emocional en su interior dio paso a una determinación férrea. Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano, respiró hondo y miró a Alexander a los ojos. El hombre que tenía enfrente había cruzado el infierno para protegerla, pero había una prioridad absoluta que por encima de cualquier venganza debía ser salvaguardada: el bienestar emocional de su pequeño Alex.

—Alex no puede enterarse de todo esto de golpe —dijo Isabella, con una firmeza maternal que hizo que Alexander asintiera en el acto—. Él ha crecido creyendo que su padre es un ángel en el cielo y que su abuelo es un hombre protector. Si le soltamos la verdad sobre la mafia, la resurrección y la traición de su abuelo de una sola vez, podríamos destrozar su cordura. Es solo un niño de diez años, Alexander.

—Lo sé, mi amor. Haré lo que tú digas. Tu palabra es mi ley en esto.

—Quiero que lo conozcas —declaró Isabella, tomando las manos de Alexander entre las suyas—. Quiero que compartas tiempo con él, que escuches su risa y que veas cómo ha crecido. Pero por ahora... entrarás en su vida como "Sasha", un amigo muy cercano y socio de la familia que acaba de llegar del extranjero. Dejaremos que construyan un vínculo real, que te tome cariño como persona antes de revelarle que eres el padre que tanto ha soñado conocer.

Un destello de infinita gratitud e ilusión iluminó los ojos de Alexander. Aunque su corazón ansiaba gritarle al pequeño que era su padre y sostenerlo entre sus brazos como su verdadero progenitor, comprendía perfectamente la sabiduría detrás de las palabras de Isabella.

—Seré su amigo, seré el señor Sasha, seré lo que necesites que sea con tal de estar a su lado —prometió Alexander con la voz quebrada por la emoción—. Me ganaré su corazón paso a paso, sin prisa, protegiéndolo de las sombras hasta que llegue el momento adecuado.

—Él ya te aprecia por lo del parque —sonrió Isabella con una leve mueca de nostalgia—. Mañana vendrás a cenar a casa. La verdad sobre mi padre caerá sobre él en los tribunales, pero la verdad sobre nuestro amor reconstruirá nuestro hogar desde la paz.

Alexander se inclinó y selló la promesa con un beso suave y profundo en los labios de Isabella. En medio de las ruinas de la traición familiar y del horror del pasado, una nueva luz comenzaba a abrirse paso: la oportunidad de volver a ser una familia, construyendo desde cero la confianza del pequeño Alex en un camino sin mentiras ni violencia.

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