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Soy Madre Del Hijo Mafioso Por Accidente

Soy Madre Del Hijo Mafioso Por Accidente

Status: En proceso
Genre:Mafia / Matrimonio arreglado / Posesivo
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

**Soy Madre del Hijo Mafioso por Accidente**

Solo quería ayudar a una niña perdida en el centro comercial, pero terminé siendo adoptada por ella… ¡y aceptada por su padre mafioso!

Ahora vivo en una mansión, tengo guardaespaldas siguiéndome y una pequeña que insiste en llamarme mamá.

¿Y su padre? Un hombre despiadado que parece dispuesto a concederle todos sus caprichos, incluso quedarse conmigo.

¡Yo no soy un perro para que me adopten! ¡Y mucho menos la esposa de un mafioso!

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 5

—Escúchame bien. No eres bienvenida en mi casa, así que te pido que te largues —espetó Carmen, señalándome con un dedo.

Parpadeé.

¿Su casa?

Miré a mi alrededor, buscando alguna placa con su nombre que me hubiera pasado por alto.

No, seguía en la mansión de Adrián Volkov, el hombre que me había secuestrado y que, aparentemente, también había decidido convertirme en la madre de su hija.

Aquella mujer debía de ser otra de sus complicaciones.

Y yo ya tenía suficientes.

—Disculpa, pero yo tampoco estoy especialmente feliz de estar aquí —respondí—. Si sabes cómo salir sin que me persigan seis hombres armados, te agradecería que me enseñaras el camino.

Carmen abrió los ojos, indignada.

—¡¿Cómo te atreves a hablarme así?!

Antes de que pudiera contestar, una pequeña figura pasó corriendo junto a mí.

—¡NO LE HABLES ASÍ A MI MAMI!

¡PUM!

Sofía le dio una patada en la pierna.

Carmen soltó un grito y retrocedió, llevándose las manos al pie.

Yo me quedé inmóvil.

Los guardias también.

Durante un segundo, nadie pareció comprender lo que acababa de suceder.

Después, Sofía se plantó delante de mí con los puños apretados y el rostro encendido.

—¡Mi mami no se irá jamás!

La pequeña respiraba agitadamente. Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras miraba a Carmen, que todavía se masajeaba la pierna.

—¡Vieja mala!

Y entonces rompió a llorar.

¡Dios mío!

Quería regañarla por haber pateado a una persona, pero también quería felicitarla por su puntería.

No. No podía pensar así.

Era una niña.

Una niña que acababa de defenderme porque estaba convencida de que yo era su madre.

Me agaché inmediatamente y la levanté en brazos.

—Tranquila, cariño. Ya está. No llores.

Sofía escondió la cara en mi cuello y se aferró a mi ropa.

—No quiero que te vayas, mami...

Aquellas palabras me apretaron el corazón.

Por un instante olvidé mi propio miedo.

La abracé con cuidado y le acaricié la espalda.

—Estoy aquí, pequeña. Respira despacito.

No podía prometerle que me quedaría. No podía prometerle nada mientras su padre siguiera decidiendo por mí.

Pero tampoco iba a permitir que creyera que había hecho algo malo por quererme cerca.

—Y no vuelvas a patear a nadie, ¿de acuerdo? —añadí suavemente—. Aunque te haga enojar.

Sofía asintió contra mi hombro.

—Pero ella te habló feo...

—Lo sé, cariño. Aun así, podemos defendernos sin dar patadas.

—¿Y si es una vieja mala?

Apreté los labios.

¡NO TE RÍAS!

¡NO TE RÍAS DELANTE DE LA NIÑA!

—Entonces... podemos explicarle que no debe hablar así.

—¿Y si no escucha?

—Buscamos a un adulto.

Sofía levantó la cabeza y me miró con sus ojos húmedos.

—¿Como a papá?

Ahí estaba el problema.

—Exactamente como a tu papá.

—¡PAPI!

Me sobresalté.

La pequeña se soltó de mis brazos y salió corriendo en cuanto vio a Adrián aparecer en el jardín.

Él avanzaba hacia nosotros con el rostro endurecido. Detrás de él venían dos hombres, que se apartaron inmediatamente para dejarlo pasar.

—¿Qué es todo este escándalo? —preguntó con voz fría.

Sofía se lanzó a sus brazos.

—¡Papi! ¡La tía Carmen está echando a mami! ¡Waaa!

Adrián la sostuvo contra su pecho.

—¿Qué?

—¡No quiere que mami se quede! ¡Vieja mala!

Me llevé una mano a la boca.

No podía evitarlo.

La expresión de Carmen era sencillamente maravillosa.

La mujer que había llegado al jardín creyéndose dueña de la situación ahora parecía debatirse entre estrangular a alguien y exigir una ambulancia para su orgullo herido.

Y yo...

Yo estaba a punto de perder la batalla contra mi propia risa.

Bajé la cabeza y fingí acomodarme la ropa.

No funcionó.

Se me escapó un pequeño sonido.

Adrián giró lentamente hacia mí.

Nuestros ojos se encontraron.

Dejé de reír inmediatamente.

Su mirada descendió hacia Sofía, que seguía abrazada a él, y luego se dirigió a Carmen.

—Explícate.

Carmen se irguió, recuperando parte de su compostura.

—¡Adrián, esta mujer no tiene nada que hacer aquí! ¡No sé de dónde la has sacado, pero no voy a permitir que...!

—¿Que no vas a permitir qué? —la interrumpió.

Su tono había cambiado.

Ya no parecía el padre que acababa de recibir a su hija en brazos.

Era el hombre del que todos los guardias de aquella mansión parecían tener miedo.

Carmen vaciló.

—Solo le he dicho que se marchara.

Adrián la miró fijamente.

—¿Te atreves a echar a mi mujer de mi casa?

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

¿Su qué?

Giré la cabeza hacia él.

—¿ESPERA, QUÉ SOY YO?

Adrián ni siquiera me miró.

—Ella será mi esposa, así que no vuelvas a pasar por encima de ella.

Abrí la boca.

La cerré.

Volví a abrirla.

—¡NO SOY TU MU...!

Una mano me cubrió la boca desde atrás.

Mis ojos se abrieron desmesuradamente.

¡¿PERO QUÉ DEMONIOS?!

Intenté apartar la mano y giré la cabeza para fulminar al guardia que me sujetaba.

El hombre mantuvo la vista al frente, como si no estuviera participando en uno de los actos más descarados que había presenciado en mi vida.

—Orden del señor —murmuró.

¡ORDEN DEL SEÑOR!

¡MALDITO SEA EL SEÑOR Y TODA SU FAMILIA!

Adrián continuó mirando a Carmen.

—Lárgate antes de que tenga que echarte de mi casa a patadas.

Carmen se quedó blanca.

—¿Me estás echando por esta mujer?

—Te estoy echando porque has venido a mi casa a gritarle a una invitada y has hecho llorar a mi hija.

Invitada.

Casi me atraganté con mi propia indignación.

¿Invitada?

¡Las invitadas podían marcharse cuando quisieran!

¡Yo tenía que negociar mi libertad con un hombre armado!

Carmen miró a Sofía, que se aferraba al cuello de su padre.

—Adrián, no puedes hablarme así. Nos conocemos desde hace años.

—Y eso debería haberte enseñado a no poner a prueba mi paciencia.

El silencio cayó sobre el jardín.

Carmen apretó los labios. Su mirada se desplazó hacia mí y, por un instante, vi una furia tan intensa que tuve la certeza de que no había terminado de escucharla.

Después se dio la vuelta.

—Esto no se quedará así.

Y se marchó a toda prisa hacia la mansión, cojeando ligeramente.

Esperé hasta que desapareció detrás de las puertas.

El guardia finalmente retiró la mano de mi boca.

Inspiré profundamente.

Y exploté.

—¡¿TU MUJER?!

Adrián me miró.

—Baja la voz.

—¡¿QUE BAJE LA VOZ?! ¡ACABAS DE ANUNCIAR DELANTE DE TODA TU SEGURIDAD QUE VOY A CASARME CONTIGO!

Sofía levantó la cabeza desde los brazos de su padre.

—¿Mami se va a casar con papi?

—¡NO!

—Sí —respondió Adrián al mismo tiempo.

Me volví hacia él, horrorizada.

—¡¿QUIERES DEJAR DE DECIDIR MI VIDA?!

—No.

La respuesta fue tan inmediata que me quedé sin palabras.

Él acomodó a Sofía contra su pecho y me sostuvo la mirada.

—Mi hija te quiere. No permitiré que nadie la haga llorar por tu presencia.

—¡Pues empieza por dejar de secuestrarme!

Su mandíbula se tensó.

—Hablaremos de eso después.

—¡NO HAY NADA QUE HABLAR! ¡ME VAS A DEJAR IR!

Sofía comenzó a retorcerse en sus brazos.

—¡Papi, quiero que mami se quede!

Adrián bajó la mirada hacia ella.

La dureza de su rostro se suavizó apenas.

—Se quedará, princesa.

Sentí que iba a desmayarme.

No de amor.

De pura desesperación.

—Voy a necesitar un médico —murmuré—. O un abogado. O un exorcista. No sé cuál de los tres puede ayudarme primero.

Sofía soltó una risita.

Adrián, en cambio, se acercó a mí.

—Acompáñala a su habitación. Ha tenido un día difícil.

Lo miré con incredulidad.

—¿Yo? ¿Por qué yo?

—Porque quiere estar contigo.

—¡Pues también quiere un unicornio! ¡No me ves comprándole uno!

Él arqueó una ceja.

—Si eso la hace feliz, lo tendrá.

Me quedé mirándolo.

No.

No iba a discutir con ese hombre.

Discutir con Adrián Volkov era como discutir con una pared que tenía acceso a armas, dinero y una policía posiblemente corrupta.

Me volví hacia Sofía y le tendí los brazos.

La pequeña corrió a abrazarme.

—Ven, cariño —murmuré, levantándola—. Vamos a jugar un rato.

—¡Sí, mami!

Me alejé con ella, decidida a no mirar atrás.

Pero antes de entrar en la mansión, escuché la voz de Adrián.

—Y otra cosa.

Me detuve lentamente.

—¿Qué?

—No vuelvas a permitir que nadie te falte al respeto en mi casa.

Lo miré por encima del hombro.

—Entonces empieza por enseñarte a ti mismo a respetarme.

Por primera vez, no respondió de inmediato.

Aproveché su silencio para entrar.

Y mientras Sofía me contaba emocionada qué muñeca quería enseñarme, tomé una decisión.

Podía tolerar que la niña me llamara mamá.

Podía jugar con ella, cuidarla y tratar de hacerle más llevadera aquella situación.

Pero no iba a casarme con Adrián Volkov.

Ni por millones.

Ni por amenazas.

Ni porque una niña adorable hubiera decidido que éramos una familia.

**Si aquel mafioso quería una esposa, tendría que aprender primero que yo no era una propiedad que pudiera reclamar.**

1
bruja de la imaginación 👿😇
🤣🤣🤣no puedo estoy es una familia de locos q manera de reírme q va
bruja de la imaginación 👿😇
buajaja 🤣 directo al corazón
bruja de la imaginación 👿😇
🤣ay q manera de reírme 🤣
Maria Mongelos
Está muy linda💕
alicia g
buenos capítulos, entretenida, felicitaciones
Bunny 🐇: Gracias ❤️
total 1 replies
Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
Alison Mendoza Sotelo
Y yo leyendo

Espero más capítulos
Alison Mendoza Sotelo
Me gusta
Lo malo que está en emoción
Maria Mongelos
Interesante y entretenida 💕
Bunny 🐇: me alegra que te guste ❤️
total 1 replies
✨✨Esmeralda Guzman✨✨
jajajaja no PS así ni como salir de esta
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