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Bésame Bonito

Bésame Bonito

Status: En proceso
Genre:Yaoi / Mafia / Romance
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Irwin Saudade

June escapa del prostíbulo al que fue vendido por tener rasgos femeninos, decidido a recuperar su libertad. En su camino conoce a Ángel, un hombre rico con el corazón hecho pedazos. Dos almas heridas, dos mundos distintos y un mismo anhelo: encontrar el amor. Juntos deberán enfrentarse a las sombras de su pasado y descubrir si, incluso después de tanto dolor, es posible volver a amar sin miedo.

NovelToon tiene autorización de Irwin Saudade para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

9

Ángel conducía de regreso a casa y yo no podía dejar de pensar en lo que su madre me había contado acerca de su historia de desamor. ¿Realmente se iba a casar con esa chica? ¿Por qué terminó con el corazón roto?

Ángel era ese tipo de chicos con los que podrías sentirte segura, inspiraba mucha confianza. Es verdad que es un hombre y dicen que todos los hombres son iguales. ¡He estado con muchos! Pero, pienso que las chicas que dicen eso de los hombres, lo dicen por qué seguramente no son capaces de buscar algo que valga la pena. ¿Qué cosas sé yo sobre el amor y cosas que valgan la pena? Creo que el amor es algo que no se ha cuidado últimamente, se ha desprestigiado y se ha convertido en una labia que las personas usan para engañar.

—¿Quieres ir a caminar? —Preguntó él.

Le preste atención.

—Mmmmm si claro. No tengo a donde ir, así que es una buena idea.

Asintió y sonrió. Su piel blanca parecía de porcelana con los rayos del atardecer. Detuvo el auto justo enfrente de un parque.

—Este es el parque del arte. Suele estar muy tranquilo a esta hora del día.

Había muchos árboles y pasto. Un lago artificial con gansos de verdad y lirios acuáticos. El viento era fresco y la puesta del sol comenzaba a aproximarse.

—Es bonito. ¡Que padre que hay un lago!

—Ojalá fuera natural.

—Pues para mí parece natural. La verdad es que nunca he estado en algún lago natural, no conozco algún río y el mar es algo que nunca me ha tocado.

Me miró de forma curiosa, cómo si el brillo de sus ojos fuera la guirnalda de su sonrisa. ¡Su bonita sonrisa con hoyuelo!

—Algún día iremos. ¡Te lo prometo!

Comenzamos a caminar. La tarde era bonita. Él me había pedido que bajará con mi regalo. Aún no lo había abierto. Nos sentamos debajo de un árbol, los gansos se estaban bañando en el agua. ¡Se veían muy coquetos!

—Creo que ahora sí. Ya puedes abrir tu regalo.

Asentí. Saque la caja de un bolsillo de mi pantalón. ¿Cómo que un bolsillo del pantalón? Pues sí. Metí la caja dentro del bolsillo y lo hice con mucha presión. Pues ahora era el momento de abrir esa caja.

—Antes de abrirlo, quiero decirte algo.

—Adelante. Te escucho.

—No era necesario que comprarás un celular para mí. Y no solo eso. Has hecho muchas cosas por mí en tan poco tiempo, que neta, estoy muy sorprendida.

—No estés sorprendida.

Negué ligeramente.

—Quizá estas cosas sean insignificantes para ti, pero para mí no y por eso es que estoy en deuda contigo. Me la pasé súper bien con tu familia, tu mamá es increíble. ¡Gracias por intentar ocultar la realidad!

Asintió. Se quedó mirando unos segundos hacía él frente, en dirección del pasto.

—¿Qué te ha dicho mi madre? —Preguntó con curiosidad—. Sabes, ella no suele invitar a nadie a su estudio. Seguro que le caíste bien.

¡Orales! Yo le había caído bien a la señora Aurora.

—Pues platicamos de varias cosas. Me invitó un poco de vino y decidí contarle la verdad.

Sus ojos se abrieron de golpe.

—¿La verdad? ¿Le contaste como nos conocimos?

Asentí.

Supongo que no tenía razón para sentirme avergonzada. Sí, debía olvidar el pasado, pero en parte, el resultado de lo que soy ahora tiene mucho que ver con la persona que fui en años atrás.

—Le conté la verdad sobre mí y del porque es que somos amigos. No me sorprende que tú seas muy bondadoso. Tu madre, es decir, tus padres te educaron bien y eso es algo bonito. ¡Eres una buena persona!

Parecía contentó al recibir un halago de mi parte.

—Creo que a veces no me siento como una buena persona. Pero agradezco mucho tu opinión.

Me animé a abrir la cajita.

La pantalla brillaba con la luz de la tarde y al sacarlo del empaque, me sentí muy emocionada. ¡Era de color lavanda! Me pidió que lo prendiera. Lo encendí y al instante, una manzanita mordida apareció en la pantalla. Me ayudó con la configuración y finalmente, termino anotando su número celular en mis contactos.

—¡Muchas gracias!

—No es nada.

—Bien. Pues creo que ahora tengo que explicarte sobre el empleo que encontré. Y bueno, antes de que te explique, necesito que me respondas algunas preguntas.

Dirigí toda mi atención hacía él. Me sentía tranquila.

—Está bien. Pregúntame.

—¿Alguna vez te has enamorado? Y ¿cómo me describirías en una sola palabra?

¡Vaya! Sus preguntas me sorprendieron. Sonreí. Bajé la mirada y comencé a pensar en que responder. Después de unos segundos, comencé a hablar. Su mirada estaba atenta a mi respuesta y al movimiento de mi boca.

—Sí, me he enamorado. Una vez. Bueno...

—¿Qué significa el "bueno"?

—Es que no sé si realmente pudiera llamarlo enamoramiento, porque pues nunca llegamos a ser más. Hablábamos. Nos contábamos cosas. Él cuidaba de mí. Puedo decir que los dos nos tenemos confianza —hice una pausa, me acordé de mi custodio—. Y sobre tu segunda pregunta. ¡Mmmmm! Empatía. Esa palabra usaría para definirte.

—¿De verdad?

—Sí. Yo creo que la empatía es algo que nos impulsa a actuar y al actuar hay más factores. Pero el factor principal es la empatía y siento que predomina en ti.

Parecía meditar en mis palabras. Estábamos recargados contra el tronco, nuestras manos tocaban el pasto y el atardecer era bonito.

—Gracias por pensar así de mí. Creo que no había pensado en esa definición. Me hiciste pensar en mis acciones.

—Es lo que yo he visto y sentido estos días contigo.

Sonrío ampliamente.

—¿Puedo preguntar algo?

—Claro.

—¿Qué pasó con él? Me refiero al chico del que me has hablado.

Estar en el parque me transmitía mucha paz.

—Su nombre es Román. Parece que tú y él tienen la misma edad. Él era mi custodio, mi vigilante. El padrote lo asignó a cuidarme y eso es lo que hacía.

—¿Cuidar de ti?

Asentí.

—Me traía de comer. Me llevaba al sanitario. Me traía la ropa que debía usar. Me esperaba en casi todo lo que yo hiciera. Y sí, hablábamos casi todo el tiempo.

—Suena a que se llevaban bien.

Sonreí, me sentía un poco nostálgica de repente.

—Había madrugadas en las que él me pedía estar a solas y no, no me pedía acostarse conmigo. Nunca me trató como prostituta, creó que, a pesar de estar en circunstancias negativas, siempre me veía como una persona y no cómo a un objeto. En esas noches cuando siempre andábamos drogados, platicábamos de nosotros, de nuestro pasado y los recuerdos. A veces simplemente le gustaba verme escribir, me recargaba contra el muro y apoyaba mi pluma contra un cuaderno que él me había conseguido. Con el paso del tiempo comenzamos a planear escapar de ahí juntos, pero al final, él no quiso llevar a cabo el plan. Supongo que el padrote lo tenía más vigilado que a mí. La noche que decidí escapar, Román me pidió estar juntos por la noche. No pudimos estar juntos. Le dije que me iría y prometió encontrarme. Le di una cadenita que él me había regalado, se la di como garantía.

Recordar a Román me hizo sentir bien. La verdad era que yo nunca compartía mis pensamientos y sentimientos con alguien que no fuese Román. ¡Pero está vez era Ángel quien me estaba escuchando!

—¿Crees que él sea capaz de encontrarte?

—¡No lo sé! A veces la vida no siempre es como queremos que sea. Puede que sí me encuentre. O puede que no. Aunque la neta, si tengo esperanza de volver a verlo.

Asintió. Se giró a mirarme detenidamente y sonrió.

—Ojalá y puedan volver a reunirse.

—A ver que nos depara el futuro.

—¡Me gustaría tener la misma esperanza que tú tienes!

En ese momento pude notar que aún había rastros de dolor en su corazón. Que era verdad que su corazón aún no se había unido de más fracturas del desamor y que el daño emocional que ella le causo, quizá fue más grande de lo que yo pudiera imaginar.

—Quiero pedirte algo.

—Dime.

—Es un trabajo muy importante para mí y te lo pido a ti por qué somos amigos y porque acabo de descubrir que te gusta escribir.

—Suena interesante.

—Quiero que escribas sobre lo que tu piensas, miras y sientes cuando estoy contigo. En parte sé qué piensas que yo soy una buena persona, pero ¿realmente lo soy? Se que eres la más indicada para este trabajo, desde el principio nunca te viste interesada en mi estatus o en mi dinero, es más, ni siquiera sabías quién era yo. Y aun sabiendo quien soy, eres sincera conmigo. ¡Creo que tú eres lo que estaba buscando!

1
Tere Jimenez
gracias increíble tu novela felicidades
Tere Jimenez
que hermoso capitulo
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