NovelToon NovelToon
El Pecado De Hades

El Pecado De Hades

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Traiciones y engaños / Hades
Popularitas:339
Nilai: 5
nombre de autor: Luna de Tinta

Hades, el dios del inframundo, jamás imaginó que podría enamorarse de una mortal. Pero cuando sus ojos se encontraron con los de ella, todo cambió. A escondidas de los dioses, se casaron y esperaron juntos la llegada de su hijo.

Sin embargo, su amor despertó el temor de los dioses, quienes creyeron que aquella unión amenazaba el equilibrio del mundo. Engañaron a Hades para alejarlo y, mientras él estaba ausente, le arrebataron a su esposa y a su hijo antes de que pudiera conocerlo.

Consumido por el dolor y la sed de venganza, Hades juró hacer pagar a los responsables. Pero Perséfone, cegada por los celos, lanzó una maldición sobre los amantes: estarían destinados a encontrarse en cada nueva vida, solo para perderse una y otra vez.

NovelToon tiene autorización de Luna de Tinta para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El hogar al que siempre regresaba

La mañana llegó lentamente a la ciudad.

Los primeros rayos del sol iluminaron las fachadas de piedra, mientras los vendedores abrían sus puestos y las voces de los comerciantes comenzaban a llenar las calles. El aroma del pan recién horneado se mezclaba con el de las hierbas que algunas mujeres ofrecían en pequeñas canastas.

Alison caminaba de regreso a casa con el pensamiento muy lejos de los puestos que atravesaba.

No había dormido bien.

Las palabras del hombre de sus sueños continuaban persiguiéndola.

No confíes en el silencio.

Y después, aquella advertencia que todavía le provocaba un escalofrío.

Te han encontrado.

¿Quiénes la habían encontrado? ¿Por qué? ¿Y qué tenía que ver Hades con todo aquello?

Se detuvo junto a un puesto de frutas y cerró los ojos un instante.

—Deja de pensar en eso —murmuró para sí misma—. No puedes pasarte la vida buscando respuestas en sueños extraños.

—¿Hablando sola, Alison?

Ella abrió los ojos.

Una mujer que acomodaba unas telas sobre una mesa la observaba con una sonrisa divertida.

—No hablaba sola —respondió Alison, enderezándose—. Estaba teniendo una conversación muy importante conmigo misma.

—Espero que hayas ganado la discusión.

—Todavía no. Mi contrincante es bastante testaruda.

La mujer soltó una carcajada y Alison siguió su camino, sintiéndose un poco más ligera.

Era precisamente eso lo que necesitaba: recordar que su vida no podía reducirse a preguntas sin respuesta. Todavía tenía cosas que hacer, lugares que visitar y personas con quienes compartir sus días.

Y, aunque le costara admitirlo, también tenía a un hombre que parecía haberse instalado en sus pensamientos sin pedirle permiso.

Hades.

Solo pensar en él le provocó una sonrisa.

Una sonrisa que desapareció cuando recordó que ni siquiera estaba segura de conocerlo realmente.

 

Al llegar a su calle, Alison reconoció la pequeña vivienda de fachada clara al final del tramo estrecho. Subió los escalones de la entrada y empujó la puerta.

El interior olía a pan y a hierbas frescas.

—¿Alison? —llamó una voz desde dentro—. ¿Eres tú?

—No, soy una comerciante que viene a venderte una cabra —contestó ella mientras entraba—. ¿Te interesa?

La respuesta fue un suspiro acompañado de una risa.

—Algún día vas a contestar como una persona normal.

—Ese día será una tragedia para todos.

Alison dejó sus cosas a un lado y se acercó a quien la había llamado. Durante unos instantes, la conversación giró en torno a asuntos sencillos: los precios del mercado, los alimentos que hacían falta y las tareas que todavía quedaban pendientes.

Era una normalidad que Alison no siempre apreciaba como debía.

Allí no necesitaba fingir que tenía todas las respuestas. No tenía que medir cada palabra como hacía cuando estaba con Hades, temiendo que una pregunta inocente terminara abriendo otra puerta hacia sus secretos.

En casa podía ser simplemente Alison.

—Últimamente llegas con la cabeza en otra parte —comentó la voz después de un rato—. Te hago una pregunta y parece que tienes que regresar desde algún lugar lejano para escucharme.

Alison se quedó quieta.

—¿Tan evidente es?

—Más de lo que crees.

Ella bajó la mirada hacia sus manos.

—He estado pensando en algunas cosas.

—¿Cosas o personas?

Alison levantó la cabeza de inmediato.

—¿Por qué todo el mundo cree que, si una mujer se queda pensativa, necesariamente hay un hombre detrás?

—Porque acabas de sonreír antes de responder.

—Eso no demuestra nada.

—Por supuesto que no.

La respuesta llegó acompañada de una expresión tan inocente que Alison entrecerró los ojos.

—No me gusta cuando la gente me mira así.

—¿Así cómo?

—Como si supiera algo que yo todavía no sé.

Por un instante, la sonrisa de Alison se desvaneció.

La frase le había recordado demasiado a Hades.

Él también la miraba de aquella manera, como si estuviera tratando de reconocer algo en ella. Como si cada conversación les acercara a una verdad que ninguno podía nombrar.

—¿Ese hombre te trata bien? —preguntó la voz, ahora con más seriedad.

Alison tardó un momento en contestar.

—Sí. Al menos, eso creo.

—¿Crees?

—Es complicado.

—Las personas pueden ser complicadas. Eso no significa que debas permitirles confundirte.

Alison sintió una punzada de culpa. No porque Hades la hubiera tratado mal, sino porque había empezado a defenderlo incluso antes de que alguien lo acusara de algo.

—No me ha hecho daño —dijo.

—Me alegra escucharlo. Pero recuerda algo, Alison: puedes querer a alguien y aun así tener derecho a hacer preguntas.

Aquellas palabras se quedaron con ella.

Podía querer a Hades sin renunciar a sí misma.

Podía sentir curiosidad por sus secretos sin aceptar vivir eternamente a oscuras.

Y podía enamorarse sin convertirlo en el centro de todo lo que era.

Alison respiró profundamente.

—Lo sé.

—Espero que sí.

La conversación continuó, esta vez sobre asuntos más ligeros. Alison ayudó con las tareas pendientes y se permitió disfrutar de la tranquilidad de aquella mañana.

Sin embargo, mientras acomodaba unas cosas, tomó una decisión.

La próxima vez que estuviera con Hades, no le exigiría que le contara todos sus secretos de golpe.

Pero tampoco fingiría que sus silencios no le importaban.

Necesitaba conocer al hombre que estaba empezando a amar.

No a la sombra que parecía acompañarlo.

 

Hades llevaba un buen rato esperando en las cercanías de la fuente cuando finalmente la vio aparecer.

Alison caminaba con paso decidido, aunque tenía la mirada distraída. Él la reconoció antes de que ella lo descubriera y, por un instante, sintió aquella extraña calma que solo encontraba cuando estaba cerca de ella.

Era desconcertante.

Había atravesado siglos sin necesitar la presencia de nadie para sentirse completo. Había aprendido a soportar el silencio, la soledad y las obligaciones que otros consideraban insoportables.

Sin embargo, ahora bastaba con verla acercarse para que una parte de él dejara de buscar razones para marcharse.

—Llegas tarde —dijo Alison al detenerse frente a él.

Hades alzó una ceja.

—Todavía no te he saludado y ya estás buscando una discusión.

—No es una discusión. Es una observación.

—Una observación bastante acusadora.

—Puedo hacerla más acusadora si lo deseas.

Él soltó una risa breve.

Alison se quedó mirándolo, sorprendida.

—¿Qué? —preguntó Hades.

—Nada.

—Estás sonriendo.

—No demuestres tanta vanidad. Simplemente me sorprende descubrir que sabes reírte.

—Empiezo a pensar que disfrutas insultándome.

—Solo cuando te lo mereces.

Hades negó con la cabeza, pero su sonrisa permaneció un instante más.

Caminaron juntos hasta un lugar tranquilo, apartado del movimiento de los comerciantes. Desde allí podían ver la fuente y escuchar el murmullo del agua sin tener que levantar la voz.

Alison se sentó sobre un banco de piedra.

—Hoy he hablado de ti.

Hades dejó de sonreír.

—¿De mí?

—No pongas esa cara. No te he acusado de ningún crimen.

—Todavía.

Ella soltó una carcajada.

—Le he dicho a alguien que te conozco.

La expresión de Hades cambió ligeramente.

No era una declaración extraordinaria. Cualquier persona habría podido decir lo mismo después de varios encuentros.

Pero él sabía que Alison no hablaba a la ligera cuando se trataba de aquello que consideraba importante.

—¿Y qué dijiste exactamente? —preguntó.

—Que eres extraño, reservado, demasiado serio y que tienes una habilidad impresionante para contestar una pregunta sin responderla.

—Una descripción injustamente precisa.

—También dije que me tratas bien.

La broma desapareció de los labios de Hades.

—¿Y eso es algo bueno?

Alison lo observó con atención.

—Debería serlo.

—No estoy acostumbrado a que alguien hable de mí como si hubiera algo bueno que contar.

La confesión salió antes de que pudiera detenerla.

Alison no respondió de inmediato. En vez de llenar el silencio con una pregunta, se limitó a mirarlo.

—Entonces quizá deberías acostumbrarte —dijo finalmente—. No eres tan terrible como te esfuerzas por parecer.

Hades desvió los ojos hacia la fuente.

Durante una fracción de segundo, la ternura de aquellas palabras le resultó más difícil de soportar que cualquier reproche.

—No sabes todo lo que hay en mí, Alison.

—Es cierto.

Él volvió a mirarla, quizá esperando que insistiera.

Pero ella continuó:

—Y tú tampoco sabes todo lo que hay en mí. Por eso estamos aquí, ¿no? Para conocernos.

Hades guardó silencio.

Había pasado demasiado tiempo protegiéndose detrás de medias verdades. Se había convencido de que mantenerla lejos de sus problemas era una forma de cuidarla.

Pero Alison no le estaba pidiendo que le entregara todas las respuestas.

Le estaba pidiendo que le permitiera acercarse.

Y aquella diferencia empezaba a cambiarlo.

—¿Puedo preguntarte algo? —dijo él.

—Depende.

—¿Siempre tienes que poner condiciones?

—Siempre que alguien empieza una conversación con esa frase.

Hades ignoró la provocación.

—¿Qué esperas de mí?

Alison dejó de sonreír.

La pregunta era sencilla, pero merecía una respuesta sincera.

—No espero que seas perfecto. Ni siquiera espero que me cuentes todo lo que te ha ocurrido antes de conocerme. Todos tenemos cosas que preferimos guardar para nosotros.

Hizo una pausa.

—Pero si vas a acercarte a mí, necesito que seas honesto cuando algo pueda afectarme. No quiero descubrir un día que he estado confiando en alguien que decidió por mí qué verdades podía soportar.

Hades sintió que aquellas palabras alcanzaban un lugar que llevaba mucho tiempo intentando mantener cerrado.

No podía prometerle que no habría secretos.

Tampoco podía revelarle la verdad sin poner en peligro todo lo que acababa de comenzar.

Pero podía hacer algo.

—No quiero que seas una desconocida en mi vida —dijo despacio—. Y no quiero que tengas que arrepentirte de haberme conocido.

Alison sostuvo su mirada.

—Entonces no me des motivos para hacerlo.

—Haré lo posible.

—No. —Ella negó suavemente con la cabeza—. No quiero que hagas lo posible por evitar que me arrepienta. Quiero que hagas lo posible por no perder lo que estamos construyendo.

Hades sintió que algo se apretaba dentro de su pecho.

Lo que estamos construyendo.

Nunca había pensado en sus encuentros de aquella manera.

Había comenzado buscándola por curiosidad. Después, porque sus conversaciones le ofrecían una distracción inesperada. Más tarde, porque sus días parecían incompletos cuando no la veía.

Ahora Alison hablaba de construir algo juntos, y él descubría que deseaba exactamente lo mismo.

No quería seguir contando los momentos que pasaban juntos como si fueran excepciones a su verdadera vida.

Quería que ella formara parte de esa vida.

Y eso era mucho más peligroso que una atracción pasajera.

—Hay algo que quiero hacer contigo —dijo.

Alison lo miró con sospecha.

—Esa frase puede significar muchas cosas.

—Quiero que me acompañes al mercado mañana.

Ella parpadeó.

—¿Al mercado?

—Me han informado de que es un lugar frecuentado por personas que necesitan comprar alimentos y otros objetos.

Alison lo miró durante un segundo antes de echarse a reír.

—¡No puedo creerlo! ¿Estás intentando invitarme a pasar el día contigo?

—Estoy intentando hacerlo sin que conviertas la invitación en un interrogatorio.

—Entonces vas a tener que esforzarte más.

—Alison.

—Hades.

Él suspiró, aunque sus ojos lo traicionaban.

—Quiero pasar el día contigo. Sin hablar de sueños extraños, símbolos antiguos ni cosas que no comprendemos. Quiero conocerte mejor.

La sonrisa de Alison se volvió más suave.

—Eso ha sido mucho mejor.

—¿Aceptas?

—Sí.

La respuesta llegó sin vacilación.

Y Hades, que había esperado tantas veces una sentencia, una amenaza o una exigencia, descubrió que una palabra tan pequeña podía hacerle sentir una felicidad absurda.

Alison extendió la mano hacia él.

—Pero tengo una condición.

—Por supuesto que la tienes.

—Mañana no vas a decidir por mí qué puestos puedo visitar ni qué cosas debo comprar.

Hades tomó su mano.

—Trataré de sobrevivir a esa experiencia.

—Me alegra. Porque pienso hacerte cargar con todas mis compras.

—Empiezo a arrepentirme de esta invitación.

—Ya es demasiado tarde.

Sus dedos se entrelazaron.

No hubo visiones, voces desconocidas ni advertencias que interrumpieran aquel instante. Solo el agua de la fuente, el murmullo de la ciudad y dos personas que comenzaban a descubrir cuánto podían significar la una para la otra.

Hades no sabía que aquel día sencillo terminaría convirtiéndose en uno de los recuerdos que más desearía conservar.

Por primera vez en mucho tiempo, no quiso pensar en lo que podía salir mal.

Quiso quedarse.

 

Muy lejos de la fuente, en un lugar donde la luz del día nunca llegaba de la misma manera, una mujer contemplaba el reflejo de un estanque.

Perséfone había aprendido a reconocer los cambios más pequeños en su esposo.

Una ausencia prolongada. Una respuesta evasiva. Una mirada que se perdía en pensamientos ajenos.

Y, últimamente, una sonrisa.

No era una sonrisa dirigida a ella.

Eso era lo que más le molestaba.

—¿Has averiguado algo? —preguntó sin apartar los ojos del agua.

La figura que esperaba a unos pasos inclinó la cabeza.

—La mortal continúa investigando el símbolo.

Perséfone apretó los dedos contra la superficie de piedra.

—Lo sé. Quiero saber qué encontraron.

—Los registros estaban incompletos. No parece que hayan descubierto toda la historia.

—¿Y sus encuentros?

—Continúan viéndose.

El agua tembló bajo la mano de la diosa.

—¿Él la ha llevado a algún lugar que no conozcamos?

—No lo sabemos.

Perséfone guardó silencio.

La incertidumbre comenzaba a irritarla más que cualquier respuesta.

Había esperado que aquella mortal fuera una distracción pasajera. Una curiosidad que Hades abandonaría cuando recordara sus obligaciones y regresara a la vida que ambos compartían.

Pero él no se alejaba.

Al contrario, parecía encontrar nuevas razones para acercarse a ella.

—Quiero que sigan vigilándolos —ordenó—. Sin intervenir.

La figura vaciló.

—¿Y si descubren algo más?

Perséfone levantó la mirada. Sus ojos ya no reflejaban inquietud, sino una determinación fría.

—Entonces quiero saberlo antes que ellos.

La figura se retiró.

A solas, Perséfone volvió a contemplar el estanque.

La imagen de Hades apareció por un instante en el agua, sentado junto a Alison, sosteniendo su mano.

La diosa cerró los dedos.

El reflejo desapareció.

—¿Qué tiene ella que yo no pueda darte? —susurró.

Nadie respondió.

Y aquel silencio, en lugar de tranquilizarla, hizo crecer una sospecha que todavía no se atrevía a convertir en certeza.

 

Aquella noche, Alison se preparó para dormir con una sensación extraña de tranquilidad.

Había pasado el día entre tareas sencillas, conversaciones familiares y la compañía de Hades. Por unas horas, había conseguido dejar a un lado las preguntas que tanto la inquietaban.

Antes de acostarse, recordó la invitación para el día siguiente.

Sonrió.

Quizá no necesitaba descubrirlo todo de inmediato. Quizá podía permitir que algunas respuestas llegaran a su tiempo.

Pero una cosa tenía clara: no dejaría de hacer preguntas cuando fueran necesarias.

Se acomodó y cerró los ojos.

Al principio, solo encontró oscuridad.

Después apareció un jardín.

Las flores blancas se extendían alrededor de una fuente de piedra. El cielo tenía aquel extraño tono violáceo que ya conocía, y el aire parecía contener una tristeza demasiado antigua para pertenecer a un sueño.

Alison miró a su alrededor.

—¿Hay alguien aquí?

Una figura permanecía al otro lado de la fuente.

El mismo hombre de ojos tristes.

Esta vez no parecía sorprendido de verla.

—Has vuelto —dijo él.

Alison avanzó un paso.

—¿Quién eres?

El hombre no respondió.

—Estoy cansada de hacerte preguntas sin obtener respuestas. Quiero saber por qué apareces en mis sueños y qué tienes que ver con Hades.

Al escuchar aquel nombre, la expresión del desconocido se endureció.

—¿Has hablado con él?

—Claro que he hablado con él. Es mi amigo.

La palabra salió de su boca con una facilidad que la sorprendió. ¿Amigo? ¿Era eso lo que Hades era para ella ahora?

El desconocido observó su rostro como si buscara algo en sus ojos.

—¿Eso crees que es?

Alison sintió que la paciencia se le agotaba.

—No voy a jugar a tus acertijos. Si sabes algo, dímelo.

El hombre bajó la mirada hacia la fuente.

—No es tan sencillo.

—Nunca lo es contigo.

Por primera vez, pareció a punto de sonreír. Pero la expresión desapareció antes de formarse por completo.

—Alison, escucha con atención. No permitas que el miedo te haga desconfiar de todo lo que sientes.

Ella frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

—Significa que debes aprender a distinguir entre un secreto que alguien guarda para protegerse y una mentira que podría destruirte.

Alison sintió un escalofrío.

—¿Estás hablando de Hades?

El jardín comenzó a oscurecerse.

El hombre dio un paso atrás.

—Todavía no estás preparada para comprenderlo.

—¡Deja de decirme lo que estoy preparada para comprender! —exclamó ella—. ¡Soy yo quien tiene que vivir con estas preguntas!

El desconocido la miró con una tristeza tan profunda que Alison sintió ganas de llorar sin saber por qué.

—Lo sé —susurró él—. Y lo lamento más de lo que imaginas.

Una corriente de aire recorrió el jardín. Los pétalos blancos comenzaron a desprenderse de las flores y a girar alrededor de la fuente.

—¡Espera! —gritó Alison cuando el hombre empezó a desaparecer—. ¡No te vayas!

Pero antes de que la oscuridad lo cubriera por completo, él pronunció unas últimas palabras.

—Mañana, cuando estés con él, observa lo que hace cuando crea que nadie lo está mirando.

Alison despertó de golpe.

Tenía el corazón acelerado y las manos aferradas a las mantas.

La habitación estaba en silencio.

Poco a poco, su respiración recuperó el ritmo normal. Miró hacia la entrada, como si esperara encontrar al desconocido allí, y después se llevó una mano al pecho.

No sabía quién era aquel hombre.

No sabía por qué parecía conocerla.

Pero sí sabía una cosa: el sueño había sido diferente.

Por primera vez, el desconocido no le había pedido que preguntara por el pasado.

Le había pedido que observara el presente.

Alison volvió a acostarse, aunque tardó mucho en cerrar los ojos.

A la mañana siguiente vería a Hades.

Y, por primera vez desde que lo conocía, no se limitaría a escuchar sus palabras.

También prestaría atención a sus silencios.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play