Ella reencarna en un nuevo mundo y está decidida a cambiar el futuro de un duque.. que además, le encanta.
*Todas las novelas son independientes*
**Esta novela pertenece a un mundo mágico**
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Socios 2
Catarina había olvidado una cuestión importante.
Una cuestión que, por desgracia, resultó mucho más peligrosa que las páginas de cualquier documento comercial.
Mary Rossi no era una mujer que ignorara lo que ocurría a su alrededor.
Podía fingir estar enferma.
Podía permanecer en la residencia principal.
Podía utilizar su supuesta fragilidad para conseguir que los demás sintieran lástima por ella.
Pero eso no significaba que hubiera dejado de prestar atención a su esposo.
Y, cuando comenzaron a llegar noticias sobre las reuniones entre Enzo y Catarina Parisi, la duquesa se interesó de inmediato.
Al principio, los comentarios parecían inofensivos.
Una joven noble estaba colaborando con su marido en algunos asuntos comerciales.
Después alguien mencionó que Catarina había visitado la residencia secundaria varias veces.
Más tarde, un conocido comentó que ambos habían conversado durante una celebración familiar.
Nada de aquello constituía una prueba de conducta inapropiada.
Pero Mary no necesitaba pruebas para sentirse amenazada.
Le bastaba con saber que otra mujer estaba teniendo acceso a su esposo.
Una mujer hermosa.
Una mujer soltera.
Una mujer que pertenecía a una familia rica y respetada.
Y una mujer que, por alguna razón, había comenzado a aparecer con demasiada frecuencia en la vida de Enzo.
Mary dejó la carta sobre su escritorio.
Sus dedos se cerraron lentamente alrededor del papel.
—Lady Catarina Parisi...
Pronunció el nombre con una sonrisa delicada.
Una sonrisa que no alcanzó sus ojos.
—Qué interesante.
La invitación llegó a la residencia de los Parisi unos días después.
Era una carta formal, escrita en un papel de excelente calidad y adornada con el sello de la familia Rossi.
Catarina reconoció el apellido antes de terminar de leer la primera línea.
Mary Rossi la invitaba a visitarla en la residencia principal del ducado.
La joven permaneció inmóvil durante varios segundos.
Después volvió a leer la carta.
Una vez.
Dos veces.
Tres veces.
Finalmente, dejó el papel sobre el escritorio.
—Oh.
Su doncella, que organizaba unas prendas cerca del armario, levantó la cabeza.
—¿Ocurre algo, señorita?
Catarina sonrió lentamente.
—Creo que acaba de comenzar la parte interesante de mi nueva vida.
Porque conocía aquella sonrisa.
La había visto en sus visiones.
Recordaba la expresión de Mary frente al espejo, el frasco oculto y aquella tranquilidad espantosa con la que había preparado la medicina de su esposo.
Mary quería ser duquesa.
Y Catarina estaba convencida de que no permitiría que nadie amenazara su posición.
La invitación podía ser una simple formalidad.
Podía ser un intento de conocer a una mujer que estaba trabajando con su esposo.
O podía ser algo mucho más peligroso.
Catarina no pensaba presentarse sin una estrategia.
Durante la siguiente reunión comercial, Catarina encontró a Enzo revisando unos documentos.
El duque levantó la cabeza cuando ella entró.
—Lady Catarina. Buenos días.
—Buenos días, Su Excelencia.
Catarina dejó su carpeta sobre el escritorio.
Después sacó la invitación de Mary.
Enzo la reconoció inmediatamente.
Su expresión cambió.
—Veo que mi esposa le ha escrito.
—Así es.
El duque tomó aire lentamente.
—Lamento que haya recibido esa invitación. No era necesario que la involucrara en asuntos personales.
Catarina lo observó.
—¿Considera que no debería asistir?
—No es necesario. Hablaré con Mary para explicarle que nuestras reuniones son de carácter comercial. Que somos socios. No quiero que se sienta obligada a acudir a la residencia principal por mi causa.
Catarina bajó la mirada hacia la carta.
[¿Que no vaya?].
La idea era tentadora.
Podía rechazar la invitación con una excusa educada.
Podía mantenerse alejada de Mary.
Podía continuar con sus reuniones comerciales y buscar otra forma de descubrir qué estaba ocurriendo.
Pero ¿y si aquella era una oportunidad?
Una oportunidad de observar a la duquesa de cerca.
De escucharla hablar.
De comprobar si su comportamiento coincidía con lo que había visto en aquellas visiones.
Y, sobre todo, de conseguir que Enzo estuviera presente si Mary intentaba revelar algo que no quería que nadie escuchara.
Catarina levantó la cabeza.
—Su Excelencia, quisiera pedirle un favor.
Enzo pareció sorprendido.
—¿Un favor?
—Sí. Pero necesito explicárselo con discreción.
La joven se levantó y se acercó un poco al escritorio.
No invadió su espacio, pero bajó la voz para que nadie que pasara por el corredor pudiera escucharla.
Enzo se quedó inmóvil.
Catarina estaba lo suficientemente cerca como para que él percibiera el delicado aroma de su perfume.
Era una fragancia suave, con notas florales.
El duque apartó brevemente la mirada hacia los documentos.
[Concéntrate, Enzo].
Catarina, ajena a su desconcierto, continuó..
—Quisiera que usted estuviera presente durante la conversación que tendré con la duquesa, sin que ella lo vea.
Enzo volvió a mirarla.
—¿Qué?
—Me gustaría que escuchara lo que ella tenga que decirme.
El duque frunció el ceño.
—No comprendo por qué sería necesario.
Catarina mantuvo la voz baja.
—No quiero sacar conclusiones precipitadas. Pero considero que, si su esposa desea hablar conmigo, sería conveniente que usted estuviera presente para escuchar la conversación directamente.
Enzo se recostó ligeramente en su silla.
—Lady Catarina, no creo que haya motivo para sospechar de las intenciones de mi esposa.
La joven sintió un pequeño pinchazo de frustración.
[¡Claro que lo dices! ¡No sabes que tu esposa está planeando matarte!]
Pero no podía decirle eso.
No todavía.
Así que respiró profundamente.
—Puede que tenga razón, Su Excelencia. Quizá no ocurra nada fuera de lo normal. Pero, si no hay nada que ocultar, no debería haber ningún inconveniente en que usted escuche la conversación, sin que ella lo vea.
Enzo guardó silencio.
Catarina juntó las manos.
—Por favor. Es lo único que le pido.
El duque la observó durante varios segundos.
No parecía estar convencido.
Tampoco parecía molesto.
Más bien, estaba intentando comprender por qué Catarina consideraba tan importante aquel encuentro.
—¿Hay algo que le preocupe especialmente?
Catarina sostuvo su mirada.
Durante un instante, estuvo a punto de decir la verdad.
Estuvo a punto de contarle que había visto a Mary envenenarlo.
Que conocía el destino que le esperaba.
Que había despertado en aquel mundo después de contemplar su muerte y la soledad de la mujer que lo había amado en secreto.
Pero se detuvo.
No tenía pruebas.
Y, si Enzo creía que había perdido la razón, podría cerrarle las puertas de su residencia.
No podía arriesgarlo todo por una revelación que probablemente nadie aceptaría.
—Solo quiero evitar malentendidos. Usted es mi socio comercial y yo pertenezco a una familia que se preocupa mucho por su reputación. Prefiero que las cosas sean claras desde el principio.
Era una respuesta razonable.
Y, en cierto sentido, era verdad.
Enzo la observó con atención.
Finalmente, suspiró.
—No me parece del todo correcto organizar una conversación de esa manera.
Catarina bajó ligeramente la cabeza.
—Lo comprendo.
Hubo un silencio.
Ella no insistió de inmediato.
No quería presionarlo.
Pero tampoco pensaba renunciar a aquella oportunidad sin intentarlo una vez más.
—Su Excelencia, por favor considérelo, si ve que hay algo que no corresponde puede alejarse.
Enzo la miró.
La propuesta era poco convencional.
Pero no absurda.
Si Mary había solicitado una reunión con Catarina, no parecía descabellado que él quisiera saber qué se hablaría en ella.
Sobre todo porque aquella invitación podía afectar sus relaciones comerciales.
Aun así, no le agradaba la idea de organizar una situación en la que su esposa pudiera sentirse vigilada.
—Tendré que pensar en la manera de hacerlo.. No quiero que esta situación se convierta en un conflicto innecesario.
Catarina sintió que la tensión abandonaba sus hombros.
—Muchas gracias, Su Excelencia.
Enzo levantó una mano.
—Todavía no he aceptado formalmente.
Ella sonrió.
—Lo sé. Pero le agradezco que lo considere.
El duque no pudo evitar devolverle una pequeña sonrisa.
—Le enviaré una respuesta cuando haya decidido cómo proceder. Si encuentro una manera apropiada de estar presente, sin ser visto, se lo haré saber junto con la invitación correspondiente.
Catarina inclinó la cabeza.
—Esperaré su respuesta.
Regresó a su asiento y guardó la carta.
La reunión continuó durante algunos minutos más, aunque su atención estaba dividida entre los documentos y la oportunidad que acababa de abrirse.
Porque, por primera vez, podría tener la posibilidad de observar a Mary sin depender de rumores ni de recuerdos incompletos.
Podría escucharla.
Podría estudiar sus reacciones.
Y quizá descubrir alguna pista que le permitiera demostrar lo que sabía.
Cuando terminó la reunión, Catarina se despidió con una sonrisa perfectamente educada.
—Hasta nuestra próxima reunión, Su Excelencia.
—Hasta entonces, lady Catarina.
Ella salió de la oficina.
Y, mientras caminaba por el corredor, su expresión cambió lentamente.
La sonrisa amable desapareció.
En su lugar apareció una mirada decidida.
[¡No voy a desperdiciar esta oportunidad!].
Apretó la carpeta contra su pecho.
[¡Mary Rossi, querida, espero que estés preparada!].
Sus ojos rojos brillaron con picardía.
[¡Porque esta vez no voy a limitarme a observarte desde la oscuridad!].
Catarina descendió las escaleras y se dirigió hacia el carruaje.
No sabía qué encontraría en aquella reunión.
No sabía si Mary cometería algún error.
Y tampoco sabía si conseguiría convencer a Enzo de que algo estaba profundamente mal en su matrimonio.
Pero había aprendido una cosa durante los últimos meses.
La paciencia podía ser tan importante como la inteligencia.
Y, cuando una mujer tenía una segunda vida, una fortuna familiar y una misión para impedir un asesinato, lo último que debía hacer era desperdiciar una oportunidad por miedo a incomodar a una duquesa.
Catarina sonrió mientras subía al carruaje.
—Muy bien, Mary.
Se acomodó los guantes.
—Veamos qué clase de mujer eres cuando no tienes un público al que convencer.
Y por primera vez desde que había comenzado a acercarse al duque Rossi, Catarina sintió que estaba a punto de entrar en el verdadero centro de aquella historia.
La próxima vez que viera a Mary, no sería una simple socia comercial.
Sería una mujer que conocía un secreto.
Y que estaba decidida a descubrir hasta dónde llegaría la duquesa para protegerlo.
Solo Catarina al natural