Arabella murió quemando el manicomio donde la tenían encerrada y despertó en el cuerpo de una damisela que intentó envenenarse para no casarse con el temible Duque de Eisen.
Ahora, entre un matrimonio explosivo, una guerra en puerta y su obsesión con el fuego, Arabella demostrará que con ella nadie juega... o terminará ardiendo.
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Capitulo:07
ARABELLA:
Marcus se retuerce bajo la suela de mi zapato soltando alaridos ahogados mientras intenta apagar a manotazos el humo que le sale del rostro.
La piel de su mejilla está roja y ampollada, pero la verdad es que fui bastante piadosa; apenas le di un leve roce para abrirle la boca.
—¡Habla de una vez!
Exijo presionando el tacón con más fuerza sobre su garganta hasta cortar casi por completo su flujo de aire.
—Mis dedos ya están buscando otra antorcha y te juro que la próxima irá directo a tus pantalones.
—¡A-Aguanta! ¡Detenerla mi señor, por favor!
Suplica Marcus con voz agónica, mirando desesperado a Kaelan.
Giro la cabeza de reojo para ver la reacción de mi esposo y Kaelan no se mueve.
Permanece de pie con la espada aún desenfundada y apoyada con elegancia contra el suelo de piedra.
En sus ojos ya no hay desconcierto, sino una oscura fascinación mientras me observa trabajar.
—Ella es la duquesa, capitán.
Dice Kaelan con una voz helada que me eriza la piel de placer.
— Y si la Señora Eisen decide que arderás, no voy a mover un solo dedo para salvarte. Habla antes de que pierda la poca paciencia que le queda.
Marcus suelta un sollozo miserable entendiendo que no hay salvación para él.
—¡El Vizconde Thorne!
Escupe el traidor entre tosidas.
—¡El Vizconde de la guardia sur es el contacto directo del príncipe! Él... Él tiene la lista con los nombres de los oficiales pagados y la orden de abrir los portones traseros cuando las tropas marcharán a la frontera.
—Vaya, qué rápido cantaste.
Sonrío de lado levantando al fin el pie de su pecho.
El capitán respira agitadamente, creyendo por un segundo que ha ganado su libertad, pero Kaelan da un paso al frente de forma implacable y sin una sola palabra de advertencia, el duque alza su espada y la atraviesa con precisión limpia a través del corazón de Marcus.
El traidor se convulsiona un segundo antes de quedar completamente inmóvil sobre el suelo de piedra.
La sangre se extiende en un charco oscuro, rozando la punta de mi tonto calzado. Observo la frialdad con la que Kaelan limpia la hoja de su acero antes de guardarla.
La adrenalina de la muerte, el olor a ceniza y la presencia imponente de mi esposo hacen que un calor repentino y violento se encienda en mi vientre.
No aguanto más.
Antes de que Kaelan pueda dar un paso hacia la salida de la armería abandonada, camino a paso firme, lo tomo con fuerza del cuello de la armadura y lo estampo contra una de las columnas de piedra.
El metal de su peto choca con fuerza contra la superficie resonando en el lugar.
Kaelan abre los ojos sorprendido por mi brusquedad, pero la sorpresa le dura poco al ver la mirada hambrienta que le dirijo.
—Arabella, hay un cadáver a dos metros y ya tenemos que marchar al frente de la guerra...
Comienza a decir con la respiración entrecortada.
—Silencio duque.
Lo interrumpo con voz autoritaria y sin darle tregua, tiro hacia abajo de las hebillas de cuero que sujetan su pechera de hierro.
Mis dedos trabajan con prisa y destreza salvaje hasta que logro liberar su torso mientras clavo mis uñas en su piel caliente y marcada por cicatrices de batalla, haciéndolo soltar un gruñido grave desde el fondo de su garganta.
Me levanto un poco el vestido rosa, dejando al descubierto mis piernas y me monto sobre él sin dudarlo un segundo, aprisionando su cadera con la mía y contra la pared de piedra.
—Te dije que eres mi juguete.
Le susurro al oído mordiéndole el cuello lo suficientemente fuerte como para marcarlo.
—Y ver cómo mataste a esa rata acaba de encenderme por completo. Ahora me vas a dar lo que quiero aquí mismo.
—Estás loca, mi señora... Completamente loca.
Murmura Kaelan, pero sus manos grandes y calientes ya se han aferrado con fuerza posesiva a mis caderas, respondiendo de inmediato al estímulo.
—Y a ti te encanta.
Le devuelvo la sonrisa con pura demencia.
Con un movimiento dominante, guío su cuerpo para unirnos sin rodeos.
El choque de placer es tan intenso y repentino que se me escapa un gemido agudo que retumba por las paredes del lugar
Marco un ritmo rápido, profundo y descontrolado, disfrutando la manera en que el imponente duque de guerra pierde la cordura debajo de mí enterrando sus dedos en mi carne mientras sigue cada una de mis embestidas con una ferocidad salvaje.
El polvo flota a nuestro alrededor, el peligro nos rodea y el olor a sangre sigue en el aire, pero en este rincón de piedra solo existimos yo y la resistencia de mi hombre.
Cuando ambos colapsamos en un gemido sofocado y tembloroso, me quedo abrazada a su pecho agitado, sintiendo los latidos desbocados de su corazón contra mi mejilla y con un solo pensamiento... Este hombre me encanta demasiado y es solo mío.
Le acaricio el cabello pelirrojo, dándole un beso posesivo en los labios aún húmedos.
—Buen chico.
Le sonrío acomodándome la ropa como si nada hubiera pasado.
—. Ahora sí querido esposo... Es hora de marchar al frente.
Le digo comenzando a caminar delante de él, pero siento como sus grandes manos toma mi brazo y me detiene.
—Ponte esto, no voy a permitir que mis hombres miren lo que no les pertenecen.
Señala una pequeñita parte de mi pecho abierto que de seguro en el movimiento se debió rasgar un poco el vestido.
—¿Celoso?
Alzo las cejas y este sonríe dejando ver un par de colmillos mientras sus ojos se vuelven de un rojo intenso por algunos segundos.
—¿Debería?
Es lo único que dice antes de comenzar a caminar dejándome atrás.
¿Qué fue eso? No recuerdo haber leído en el libro que Kaelan era de alguna especie...
los dos son igual de locos y calientes posesivos me encanta
🤣😍😍😍😍
Con eso confirma la lealtad de su esposa 😅