NovelToon NovelToon
Gemelos genios y un CEO implacable

Gemelos genios y un CEO implacable

Status: Terminada
Genre:CEO / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:708
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Una noche que no debía ocurrir. Un secreto que dura siete años. Y dos niños dispuestos a cambiarlo todo.

Ariana lo había perdido casi todo: el cariño de su padre, su lugar en casa, su sueño de estudiar. Lo único que le quedaba era su tenacidad. Hasta que una trampa cruel la arroja a los brazos de Edgar Alcázar, el presidente del imperio empresarial más poderoso del país, un hombre tan atractivo como glacial. Al amanecer, ella huye con un secreto que jamás imaginó llevar.

Siete años después, Ariana ha rehecho su vida lejos de todo, convertida en madre de unos gemelos que no son niños comunes: Rayan y Zayan son dos pequeños genios capaces de hackear cualquier sistema... y de trazar el plan maestro para encontrar al padre que nunca conocieron.

Cuando el destino vuelve a cruzar sus caminos, Edgar no piensa dejarla ir por segunda vez. Pero entre ellos se interponen viejas heridas, un comisario que la protegió en silencio durante años y una familia dispuesta a todo con tal de arrebatarle la herencia al heredero.

¿Podrá el amor sobrevivir a siete años de mentiras y a los secretos que aún no han salido a la luz?

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21

El aguacero arreciaba cada vez más afuera del local. Edgar permanecía inmóvil, como una estatua, tras la puerta de vidrio mojada por los latigazos de la lluvia. A través del cristal, que empezaba a empañarse, alcanzaba a ver la silueta borrosa de Ariana, que apoyaba la espalda con fuerza contra la puerta mientras apretaba contra el pecho la canasta de ropa.

Larisa, desconcertada, miraba extrañada a Ariana, temblando de miedo. Cuando dio un paso para acercarse a ella, Rayan la llamó desde un rincón de la habitación.

—Larisa, ¡ven! —la llamó Rayan, medio en susurro.

Larisa se dio vuelta y se acercó a Rayan y a Zayan, que ya estaban sentados, tranquilos, en una silla de madera junto a la mesa de planchar.

—¿Saben quién es el hombre de afuera, el que se está mojando bajo la lluvia? —preguntó Larisa, extrañada, sin dejar de lanzar de vez en cuando miradas de recelo hacia la puerta de vidrio.

—Ese hombre de afuera... ¡es nuestro papá! —soltó Rayan, sin inmutarse.

Larisa se sobresaltó; sintió el pecho oprimido por el miedo y la sorpresa.

—¿Qué? ¿Ese hombre tan apuesto y elegante que está ahí afuera... es el padre biológico de ustedes? —preguntó Larisa, incrédula, con los ojos abiertos de par en par.

Los gemelos asintieron con firmeza, al unísono.

—Por eso mismo, Larisa... papá quiere aclararle a mami lo que pasó hace siete años —añadió Zayan, explicando la situación.

Mientras tanto, afuera del local, la lluvia envolvía el cuerpo de Edgar, ya calado hasta los huesos. Pero el frío de la noche no logró frenar al empresario. Golpeó el vidrio de la puerta con suavidad, lleno de ternura.

—Ariana, por favor... ¡dame una sola oportunidad de explicártelo todo! —la llamó Edgar con una voz ronca y quebrada.

—¡Vete! ¡No necesito tus explicaciones! ¡No vuelvas a meterte en nuestra vida! —lo echó Ariana desde detrás de la puerta, con las lágrimas cada vez más abundantes rodándole por las mejillas.

Edgar respiró hondo. El hombre era consciente de que le quedaba muy poco tiempo: pasado mañana tenía que volver a la ciudad por la pila de trabajo en la oficina, que ya no podía seguir desatendiendo después de casi una semana pasando la noche en San Isidro con tal de acercarse a sus dos hijos. Este era un momento crucial para desenredar la madeja del pasado.

—Ya lo sé todo, Ariana... Rayan y Zayan son mis hijos, ¿verdad? —dijo Edgar, alzando la voz para atravesar el fragor de la lluvia—. ¡Lo de aquella noche te dejó embarazada... y diste a luz a mi propia sangre!

El corazón de Ariana dio un vuelco.

Aquellas palabras le golpearon la conciencia como un vendaval. Los brazos se le aflojaron de golpe, y la canasta de ropa que sostenía se le escapó y cayó, desparramando su contenido por el piso. Ariana enmudeció; se llevó la mano al pecho, que de pronto sentía oprimido y dolorido.

¿De dónde sacó que yo estaba embarazada en aquel entonces?, gritó Ariana por dentro, con un pánico descomunal aferrándole el alma. No... ¡No voy a dejar que ese hombre me arrebate a mis dos hijos! ¡Jamás voy a permitir que eso pase!

Al ver que el conflicto que tenían delante no daba señales de aplacarse, los gemelos decidieron al fin tomar cartas en el asunto. No podían seguir viendo a sus dos padres enfrentados por culpa de un malentendido.

Rayan se acercó a su madre y tomó con fuerza los dedos temblorosos de Ariana.

—Mami... ¡por favor, dale a papá la oportunidad de explicarlo todo! —dijo Rayan con voz suave pero firme.

Ariana se estremeció de pies a cabeza. Abrió los ojos, clavándolos en su hijo mayor.

—Rayan... tú... ¿tú ya lo sabías todo? ¿Acaso ya te habías encontrado con ese hombre antes? —preguntó Ariana con un tono exigente.

Rayan asintió despacio, sin titubear. Dejó fluir la verdad y le explicó toda la cadena de acontecimientos, incluido el momento en que le pidió a Kiko que mintiera con lo del partido de fútbol de aquel día, para poder colarse en la villa y encontrarse con Edgar Alcázar.

Ariana se quedó atónita, sin salir de su asombro. La mente se le llenó de enormes signos de interrogación. ¿Cómo habían hecho sus dos hijos, todavía tan pequeños, para dar con el paradero de su padre? Si durante siete años ella, Ramiro, Renata y hasta nana Meche habían guardado un silencio absoluto para ocultar la identidad de su padre biológico...

Mientras tanto, Zayan seguía mirando hacia afuera, a través de la puerta de vidrio. Del otro lado alcanzaba a ver la silueta de Edgar, que empezaba a tiritar sin control en medio del aguacero y de la niebla espesa que cubría cada vez más la ladera de San Isidro.

Sin poder soportar el estado de su padre, Zayan tomó una decisión temeraria. Sin perder tiempo, el niño corrió a abrir la bisagra de la puerta lateral del local. Zayan asomó medio cuerpo hacia afuera.

—¡Papá! ¡Entra por acá! —gritó Zayan, indicándole el camino.

Edgar, al oír el llamado de su hijo, se apuró a dar zancadas y se coló dentro del local por aquella puerta lateral.

En cuanto la figura imponente entró, con la ropa calada hasta los huesos por la lluvia, a Larisa se le ocurrió tomar una toalla seca de la pila de la lavandería. Se acercó a Zayan y se la entregó.

—Zayan, rápido, dale esta toalla a tu papá. Pobre, mira cómo tiembla, empapado de pies a cabeza —susurró Larisa, compadecida.

Ariana, que se dio vuelta, se sobresaltó de muerte al encontrar a Edgar ya de pie dentro de su local.

—¿Quién lo dejó entrar? —exclamó Ariana, alarmada.

Zayan, que acababa de poner la toalla en manos de Edgar, se giró enseguida hacia su madre.

—Fui yo, mami, yo invité a papá a pasar. Pobre papá si se quedaba afuera. ¿No ves lo espesa que está la niebla?

Las palabras tan directas de Zayan dejaron a Ariana muda, sin poder replicar. El instinto de madre y la lógica no podían contradecir lo que pasaba allá afuera.

Mientras tanto, Edgar, que se secaba el cabello con la toalla, dejó asomar una sonrisa tenue. De sus ojos brotaba el brillo de una añoranza profunda cuando miraba a Ariana.

Bien hecho, hijos míos... ¡De verdad puedo contar con ustedes!, se regocijó Edgar en su interior, lleno de orgullo.

Ariana respiró hondo, tratando de sofocar la confusión y la tormenta de emociones que se desataba en su pecho. Al ver el rostro de sus dos hijos, que tanto anhelaban la presencia de su padre, la dura coraza de Ariana empezó a ceder poco a poco, aunque solo hasta el punto de darle un espacio para hablar.

Sin decir una sola palabra, Ariana se arrodilló en el piso y se apuró a recoger la ropa de la lavandería que se había desparramado de la canasta.

Al verlo, Edgar, ágil, se arrodilló también junto a Ariana. Con los dedos todavía algo fríos por el chaparrón, la ayudó a acomodar prenda por prenda y volvió a meterlas en la canasta.

Entre el ir y venir de sus dedos, Edgar se atrevió a mirar de cerca, fijamente, el rostro de Ariana. Una sonrisa sincera se dibujó en sus labios, una sonrisa cargada de alivio y de una añoranza desbordante. La mujer que durante siete años había ocupado cada rincón de su mente, la mujer cuya imagen contemplaba a diario sobre su escritorio, estaba ahora, de verdad, justo frente a él.

Pero Ariana seguía siendo la Ariana de ahora. Ya no era aquella mujer ingenua que se dejaba doblegar con facilidad. Su actitud era fría, rígida, como si se parapetara tras un muro imposible de tocar. Mantenía la vista clavada en la ropa que tenía entre las manos, esquivando con disimulo cualquier contacto visual con Edgar. Cada vez que los dedos de Edgar rozaban sin querer los suyos al tomar la misma prenda, Ariana retiraba rápido la mano.

—Gracias. Yo me encargo del resto —dijo Ariana con un tono plano y distante, sin voltear siquiera.

Edgar detuvo sus movimientos y soltó, despacio, un largo suspiro. Una punzada leve de dolor le atravesó el pecho al ver el muro altísimo que Ariana había levantado entre ellos. Pero era plenamente consciente de que las heridas, el miedo y el sufrimiento que Ariana había cargado durante siete años no eran cosa que se borrara en una sola noche.

Lo entiendo, Ariana... Tienes todo el derecho de estar enojada y ser fría conmigo, se dijo Edgar con firmeza, contemplando la espalda erguida de aquella mujer. Pero no voy a rendirme. Voy a luchar con todas mis fuerzas para convencerte, para sanar tus heridas y para ganarme tu corazón... aunque sé que este camino jamás será fácil.

Continuará...

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play