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Mi hijo es del tío de mi ex

Mi hijo es del tío de mi ex

Status: En proceso
Genre:Romance / Venganza / Madre soltera / Embarazo no planeado / Hijo/a genio / Mujer despreciada / Amante arrepentido
Popularitas:102
Nilai: 5
nombre de autor: Camila Robles

n plena boda, la mejor amiga de Lucía Herrera expone sus fotos íntimas. Su prometido la llama zorra, la golpea y le arranca el vestido de novia… para casarse con la traidora.
Cinco años después, Lucía regresa con sus mellizos, Mateo y Sofía, sin saber quién es su padre. Hasta que se cruza con Adrián Valdés, un poderoso CEO que parece la versión adulta de Mateo.
—Quiero a mis hijos conmigo.
—No voy a separarme de ellos.
Mateo se planta frente a él. Sofía se aferra a la mano de su madre.
—¡No se meta con mi mami, imbécil! ¡Primero tendrá que vérselas conmigo!
Pero el padre de los mellizos también es el tío de su ex. Y para no perder a sus hijos, Lucía acepta casarse con él por contrato.
Esta vez, vuelve a la familia Valdés por la puerta grande.
El hombre que la echó de su propia boda tendrá que llamarla tía.

NovelToon tiene autorización de Camila Robles para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5

Capítulo 5. El aroma de su piel

Adrián entró en la oficina de la dirección general. Iván lo seguía.

—Señor Valdés, ya tengo la información que me pidió sobre aquella mujer.

Adrián acababa de sentarse. Al oírlo, fijó la mirada en su asistente.

—Habla.

Iván sacó un informe.

—Se llama Lucía Herrera. Hace cinco años se fue de Puerto Claro a Estados Unidos para continuar sus estudios. El año pasado ganó un premio internacional de diseño de interiores. Y, qué coincidencia… acaba de ser contratada como diseñadora en nuestra empresa.

Adrián guardó silencio, con los labios apretados.

Así que ahora él era su jefe.

Ella había abandonado Puerto Claro cinco años atrás…

Recordó aquella noche. Acababa de volver del extranjero para ponerse al frente de los negocios de los Valdés. Durante la cena de bienvenida le habían servido una copa adulterada con una droga. Después, se había acostado con una mujer para calmar el deseo que le provocaba la droga.

Sin embargo, cuando despertó a la mañana siguiente, ella ya había desaparecido. Solo encontró una mancha de sangre en las sábanas y una pulsera de mujer que había quedado en la cama.

No le había visto bien la cara. Pero recordaba su aroma.

Las siguientes palabras de Iván interrumpieron sus pensamientos.

—Hay otra coincidencia. Es la exnovia de su sobrino.

Adrián frunció el ceño.

—¿De Nicolás?

—Exactamente. Según dicen, hace cinco años estaban por casarse, pero ella lo engañó y la boda se canceló. Supongo que se fue a Estados Unidos porque le dio vergüenza quedarse en Puerto Claro.

Iván chasqueó la lengua.

Adrián recordó vagamente que su sobrino había celebrado una boda cinco años atrás. Sin embargo, en aquella ocasión, su cuñada no había invitado a ningún otro miembro de los Valdés.

—Señor Valdés, ¿y si pidió trabajo aquí para acercarse a su sobrino?

El rostro de Adrián se ensombreció.

—Entonces se equivocó de lugar.

Tras completar su incorporación en Recursos Humanos, Lucía fue al departamento de Diseño. Apenas había conocido a su superior y a sus nuevos compañeros cuando, justo antes de sentarse en su puesto, llegó una secretaria de la dirección general.

El señor Valdés quería verla.

Lucía vaciló. ¿El señor Valdés? ¿El hombre del aeropuerto?

Antes de llegar no había tenido tiempo de averiguar quién dirigía la compañía. Solo sabía que era la empresa más importante de Puerto Claro.

Asintió y siguió a la secretaria.

Tocó la puerta de la oficina. Desde dentro llegó una voz grave:

—Adelante.

Por alguna razón, se puso nerviosa. Solo pensar en aquel hombre bastaba para que se sintiera intimidada, sin saber por qué.

Respiró hondo antes de abrir.

Él estaba detrás de un escritorio enorme, revisando unos documentos con la cabeza inclinada. Sus facciones parecían esculpidas. Concentrado en el trabajo, tenía un atractivo difícil de ignorar.

—Señor Valdés, ¿quería verme?

Él alzó los ojos hacia ella.

—Siéntate —dijo con indiferencia.

Lucía sintió que la observaba con una mirada penetrante, como si la estuviera evaluando. Se sentó y sonrió, intentando mostrarse tranquila y segura.

—¿Lucía Herrera?

Él pronunció su nombre despacio.

—Sí, soy yo.

Solo entonces advirtió que tenía su currículum en la mano.

—¿Por qué solicitaste un puesto en Altamar?

La pregunta la tomó por sorpresa. ¿No era eso lo que debía preguntar quien la había entrevistado? ¿Acaso ahora el director general iba a entrevistarla en persona?

—Busco una empresa donde pueda desarrollarme profesionalmente, y Altamar puede ofrecerme esa oportunidad.

Era una respuesta formal, pero impecable.

El hombre sentado frente a ella siguió estudiándola sin apresurarse a hablar.

Al cabo de un momento, la miró directamente a los ojos.

—¿No viniste por algún motivo personal?

Lucía frunció el ceño.

—¿Tiene una idea equivocada de mí? ¿O es por lo que pasó en el aeropuerto…?

El teléfono interno la interrumpió.

Adrián atendió. Lucía no supo qué le dijo la secretaria, pero él la miró y su expresión cambió por un instante.

—Que pase.

Colgó.

Lucía dudaba si retomar la conversación cuando la puerta se abrió. La persona que entraba habló enseguida:

—Tío, ya están ordenadas todas las fotos que me pediste.

Lucía se quedó rígida al reconocer la voz.

¡Nicolás!

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