Candelaria Echeverría nunca imaginó que un embarazo que no logra explicar, una familia que le da la espalda y un hombre al que apenas comprende terminarían convirtiendo su vida en un escándalo.
León Salvatierra sabe lo que es estar en la cima y perderlo todo. Lo que no esperaba era terminar casado con una mujer que preferiría verlo arder antes que compartir su apellido.
Ella quiere el divorcio. Él asegura que nunca tuvo una verdadera oportunidad de ser su marido.
Pero el juez tiene otros planes: un año más de matrimonio bajo condiciones que no admiten escapatoria. Una sola habitación, una sola cama y una convivencia real antes de decidir su futuro.
Doce meses para descubrir si están condenados a odiarse o si su matrimonio esconde algo que ninguno se atreve a admitir.
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SIN RESPUESTAS
...CANDELARIA ECHEVERRÍA...
Decidí ir al apartamento de Valeria para calmarme antes de volver a casa de mis padres. No lograba siquiera fingir que estaba bien y no podía responder preguntas de cortesía.
Fuimos a su cuarto. Tal vez porque ella creyó que podría desmayarme y quería prevenir que lo hiciera.
No sé cuánto tiempo permanecí sentada en aquella habitación, mirando un punto fijo de la pared mientras intentaba asimilar la noticia que acababa de recibir. Valeria me había ofrecido su casa para que pudiera pensar con tranquilidad, pero ni siquiera sabía por dónde empezar.
Estaba embarazada.
Yo, que apenas tenía tiempo para dormir, que contaba cada moneda antes de gastarla y que llevaba tres años evitando cualquier situación que pudiera complicarme la vida, estaba esperando un bebé.
Y lo peor era que no tenía la menor idea de cómo había sucedido.
Valeria cerró la puerta de su habitación y se sentó a mi lado. Llevaba varios minutos observándome sin decir nada, seguramente esperando que dejara de parecer una estatua y empezara a hablar.
--Cande, necesito preguntarte algo
Giré la cabeza hacia ella.
--¿Qué pasa?
Mi amiga respiró profundamente antes de formular la pregunta que, al parecer, llevaba un rato rondándole la cabeza.
--¿Por qué no me dijiste que estuviste con alguien?
La miré sin comprender.
--¿Qué?
--Que por qué no me contaste que estuviste con alguien. Eres mi mejor amiga, Candelaria. Me cuentas absolutamente todo y ahora resulta que estás embarazada. ¿Cómo se supone que debo entenderlo?
Me incorporé de golpe.
--¡Pero si no estuve con nadie!
Valeria parpadeó, sorprendida por mi reacción.
--¿Cómo que no estuviste con nadie?
--¡Eso mismo! No estuve con nadie
Mi voz sonó más desesperada de lo que pretendía. Me llevé las manos a la cabeza y empecé a caminar por la habitación, intentando encontrar una explicación que no existía.
--Cande, estás embarazada. La doctora confirmó el resultado. No estamos hablando de una sospecha ni de un retraso menstrual de los que sueles tener normalmente debido al estrés
--¡Ya lo sé! ¡Estuve allí contigo!
Me detuve frente a ella, sintiendo que las lágrimas comenzaban a acumularse en mis ojos.
--Pero no he estado con ningún hombre en tres años, Vale. ¡En tres años!
Mi amiga guardó silencio.
No necesitaba explicarle a qué me refería. Ella conocía mi vida mejor que nadie. Sabía que mi única experiencia sexual había ocurrido cuando tenía dieciocho años, que después de aquello no había vuelto a estar con nadie y que tampoco había tenido una relación sentimental en ese tiempo.
Había pasado tres años concentrada en la universidad, trabajando para pagar mis gastos y tratando de sobrevivir a la convivencia con mis padres. No había tenido tiempo para enamorarme, ni ganas de involucrarme con alguien que pudiera convertirse en otra preocupación.
Y, sin embargo, allí estaba, embarazada.
--Espera... --Valeria frunció el ceño-- ¿Me estás diciendo que desde aquella vez no has vuelto a acostarte con nadie?
--¡Exactamente!
--¿Con nadie?
--¿Cuántas veces quieres que te lo repita?
Mi amiga se quedó mirándome, intentando encontrar alguna señal de que estuviera bromeando. Pero no había nada gracioso en aquella situación. Estaba asustada, confundida y a punto de perder la poca tranquilidad que me quedaba.
--Cande, yo sé que no has tenido novio, pero pensé que quizá...
--No hay ningún quizá. La única vez que estuve con un hombre fue cuando tenía dieciocho años. Y de eso han pasado tres años. ¿Cómo demonios voy a estar embarazada ahora?
La pregunta quedó suspendida entre nosotras.
Valeria bajó la mirada y se frotó las manos, pensativa. Por primera vez desde que habíamos salido de la clínica, parecía no tener ninguna respuesta preparada.
--¿Recuerdas todo lo que pasó aquella noche?-- preguntó después de unos segundos
La miré, desconcertada.
--¿A qué viene esa pregunta?
--A que no entiendo cómo puedes estar embarazada si no has vuelto a estar con nadie. Estoy intentando encontrar una explicación, Cande
Me dejé caer sobre la cama.
Aquella noche...
No me gustaba pensar en ella. Había demasiadas cosas que prefería olvidar, demasiados detalles que se habían quedado atrapados en una especie de niebla. Recordaba la fiesta, la música, las luces y haber bebido más de lo que acostumbraba. Después, mis recuerdos se volvían confusos.
Durante mucho tiempo había atribuido aquellas lagunas al alcohol y al cansancio. Nunca había tenido motivos para pensar que aquella noche pudiera estar relacionada con algo que sucedería tres años después.
--No recuerdo todo con claridad-- admití
Valeria se acercó a mí.
--¿Qué quieres decir?
--Que hay partes de esa noche que no consigo recordar. Pero eso no significa que haya estado con alguien después. No he vuelto a hacerlo, Vale. Te lo juro
--No estoy diciendo que me mientas
Me tomó de la mano y apretó mis dedos.
--Solo quiero ayudarte a entender qué está pasando
Bajé la cabeza. Una lágrima terminó deslizándose por mi mejilla y la limpié rápidamente, aunque ya no tenía sentido fingir que estaba bien.
--Tengo miedo
Fue lo único que conseguí decir.
Valeria me abrazó y, por primera vez en todo el día, dejé de intentar mantenerme entera. Lloré contra su hombro, pensando en mis padres, en la universidad, en el trabajo y en ese bebé que crecía dentro de mí sin que yo supiera cómo había llegado allí.
No sabía quién era su padre. No sabía cómo iba a explicárselo a mi familia ni qué haría cuando mi embarazo comenzara a notarse.
Ni siquiera sabía si sería capaz de cuidar de otra persona cuando apenas conseguía cuidar de mí misma.
Cuando finalmente me aparté, Valeria me secó las lágrimas con el pulgar.
--Vamos a averiguar qué sucede. Mañana podemos volver a la clínica y preguntar todo lo que necesitemos. No tienes que resolverlo esta noche
Asentí, aunque mi mente seguía atrapada en la misma pregunta.
¿Cómo podía estar embarazada si no había estado con nadie en tres años?
No tenía una respuesta.
Y lo que más me aterraba era que, por mucho que intentara recordar, aquella noche de mis dieciocho años seguía siendo un rompecabezas al que le faltaban demasiadas piezas y que ahora... tenía una noche más que explicar y que esa sería la más importante.
ya sabe la verdad y sigue de necia
y todavía tiene el descaro de culpar a León
espero que ahora que sabe por lo menos una disculpa a un León ya dejó claro que entiende su actitud de ella