A sus 36 años, Alessandro De Luca es el heredero del imperio de moda más importante de Italia. Dueño de una prestigiosa agencia de modelos con sedes en Milán y Colombia, vive rodeado de lujo, poder y mujeres. Es un hombre frío, arrogante y mujeriego. Ninguna mujer ha logrado conquistar su corazón.
Desde niño, su padre decidió su futuro. Lo comprometió con Bianca Conti, una reconocida modelo italiana e hija de su mejor amigo y socio de la empresa. Para Alessandro, Bianca nunca ha sido el amor de su vida, solo la mujer perfecta para mantener la imagen de la familia ante la alta sociedad.
Antes de entregarle el control absoluto del imperio familiar, su padre le impone una última condición:
—Si quieres convertirte en el único dueño del Grupo De Luca, tendrás que casarte con Bianca. De lo contrario, jamás recibirás la presidencia ni la totalidad de la herencia.
Lo que Alessandro desconoce es que Bianca nunca ha permanecido a su lado por amor. La fortuna de su familia ha desaparecido y están
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Capítulo 8: Un encuentro imposible de olvidar
Salí de aquella oficina todavía más ofuscada que cuando había entrado. Era increíble que existieran hombres tan arrogantes y creídos. Bajé por el ascensor con el ceño fruncido, intentando olvidar aquella desagradable conversación con Alessandro De Luca.
—Qué hombre tan insufrible... —murmuré para mí mientras salía del edificio.
Tomé un taxi y regresé al apartamento que compartía con Juliana.
Apenas abrí la puerta, ella levantó la vista desde el sofá.
—¡Hola, nena! ¿Cómo te fue?
Solté el bolso sobre una silla y suspiré profundamente.
—Juli... ahí vamos.
Ella frunció el ceño.
—¿Cómo así? Esa cara no me gusta. ¿Pasó algo en el trabajo?
Me dejé caer a su lado.
—Siéntate, porque esto es largo.
Juliana acomodó las piernas sobre el sofá y me observó con atención.
—Ahora sí, cuéntame.
Le relaté todo desde el principio: el choque de la mañana, la discusión en la entrada, la reunión con Marco y, finalmente, la visita obligatoria al despacho del dueño de la empresa.
—¿Puedes creer que ese hombre era Alessandro De Luca? —dije indignada—. Y todavía me tocó ir a pedirle disculpas.
Juliana abrió los ojos sorprendida.
—¿Qué?
—Sí. Y el muy sinvergüenza intentó intimidarme. Se acercó demasiado, sosteniéndome la mirada como si quisiera hacerme sentir menos.
—¿Y tú qué hiciste?
Sonreí con orgullo.
—Lo miré exactamente igual. No bajé la cabeza ni un segundo. Le dije lo que pensaba y no me dejé intimidar.
Juliana comenzó a reír.
—No puedo creerlo. Eres la primera modelo nueva que se enfrenta a Alessandro de esa manera.
—Pues alguien tenía que hacerlo.
Ella negó con la cabeza divertida.
—¿No intentó coquetearte?
—No lo sé. Solo sé que quería demostrar que él mandaba. Pero conmigo no le funcionó.
Juliana soltó una carcajada.
—Ten cuidado. Ese hombre es un coqueto profesional. Le sonríe a toda mujer bonita que se cruza en su camino.
Rodé los ojos.
—Pues conmigo perdió el tiempo.
—No puedes negar que está guapísimo.
La miré sin darle importancia.
—La verdad ni siquiera me fijé en eso. Lo único que vi fue a un millonario arrogante que cree que todo el mundo debe rendirle pleitesía solo porque tiene dinero.
Juliana volvió a reír.
—Ya veremos cuánto te dura ese discurso.
Le lancé un cojín y ambas terminamos riendo.
Después de almorzar nos cambiamos de ropa y regresamos a la agencia. Juliana tenía una sesión fotográfica programada, mientras que yo continuaría con las capacitaciones para conocer el funcionamiento de la empresa y los protocolos de trabajo.
Después de que Valentina salió de mi oficina, decidí regresar a mi penthouse para descansar un par de horas antes de volver a la agencia. La mañana había sido bastante movida y necesitaba despejar la mente.
Regresé alrededor de las tres de la tarde. Apenas entré a mi oficina, Marco apareció.
—¿Qué más, amigo? Cuéntame, ¿cómo te fue con Valentina?
Me acomodé en la silla mientras dejaba las llaves sobre el escritorio.
—Bien. Vino a disculparse y todo quedó aclarado.
Marco sonrió con satisfacción.
—Me alegra escucharlo.
Lo miré unos segundos antes de hablar.
—Marco, hazme un favor. Tráeme la hoja de vida y el portafolio de Valentina.
Él arqueó una ceja.
—¿Solo el de ella?
Sonreí con naturalidad.
—No. Tráeme también el de las últimas modelos que contrataron. Quiero revisar cómo van las nuevas incorporaciones.
—Perfecto, ahora mismo.
Hablamos unos minutos sobre algunas campañas publicitarias y los próximos eventos de la agencia. Poco después regresó con varios expedientes y los dejó sobre mi escritorio.
Cuando se marchó, tomé el de Valentina casi por instinto.
Comencé a leer con atención.
Tenía veintidós años, tal como Marco me había comentado.
Era de Medellín, Colombia.
Sonreí al leer el lugar donde había nacido.
—Con razón tiene ese acento tan particular... —murmuré para mí.
Seguí leyendo.
Vivía con sus padres en Medellín, había participado en varias campañas publicitarias locales, estudiaba inglés y también trabajaba creando contenido para sus redes sociales.
Abrí su portafolio.
Debía reconocer que era una mujer muy fotogénica. Su belleza era completamente natural, algo que cada vez era más difícil encontrar dentro de la industria. No había exageraciones ni cirugías; únicamente disciplina, ejercicio y un gran cuidado personal.
En cada fotografía transmitía seguridad. Su mirada era firme, expresiva y llena de personalidad.
Sin darme cuenta terminé buscándola en sus redes sociales.
Le di seguir.
Había muchos videos bailando. Era evidente que disfrutaba hacerlo.
Negué con una ligera sonrisa antes de dejar el celular sobre el escritorio.
En ese momento Marco volvió a entrar.
—Ven. Quiero mostrarte unas campañas que estamos realizando con algunas de las modelos antiguas.
—Vamos.
Recorrimos varios estudios donde se realizaban las sesiones fotográficas.
Como era habitual, apenas las modelos me vieron comenzaron a saludarme con cariño.
—¡Hola, señor Alessandro!
—Buenas tardes.
—Qué gusto verlo.
Respondí cada saludo con educación. Algunas ya las había visto durante la mañana y otras apenas coincidían conmigo.
Entre ellas estaba Juliana, una de las modelos con mayor trayectoria dentro de la agencia. Era una mujer muy atractiva, pero jamás había intentado coquetear con ella. Sabía perfectamente que Marco llevaba mucho tiempo interesado en ella, aunque nunca había reunido el valor suficiente para confesárselo por miedo a perder su amistad.
—Hola, Juliana. ¿Cómo estás?
Ella sonrió cordialmente.
—Muy bien, señor Alessandro. ¿Y usted?
—Muy bien, gracias.
Continuamos observando la sesión fotográfica.
Por un momento mi mirada se desvió hacia el salón donde estaban impartiendo la inducción a las nuevas modelos.
Allí estaba Valentina.
Permanecía completamente concentrada en la capacitación, sin prestar la menor atención a todo el revuelo que causaba mi presencia.
Curioso... parecía ser la única mujer de toda la agencia que no intentaba impresionarme.
Una leve sonrisa apareció en mi rostro antes de continuar recorriendo las instalaciones junto a Marco.
Mientras tanto, yo continuaba en la capacitación.
De pronto escuché varias voces y risas en el pasillo.
Levanté la vista apenas un instante.
Era el señor Alessandro De Luca rodeado de varias modelos que parecían competir por llamar su atención.
Rodé los ojos con discreción.
—Qué espectáculo... —pensé.
Volví a concentrarme en la explicación del instructor sin volver a mirar hacia afuera.
Las horas pasaron rápidamente.
A las seis de la tarde terminó la jornada.
Al salir me encontré con Juliana.
—¿Lista para irnos?
—Más que lista.
Salimos de la agencia conversando sobre todo lo que habíamos aprendido durante el día.
Al llegar al apartamento cenamos, nos bañamos y cada una se fue a descansar a su habitación.
Ya acostada en mi cama, tomé el celular por última vez antes de dormir.
Una notificación llamó mi atención.
Nuevo seguidor.
Abrí la aplicación y me sorprendí al ver el nombre.
Alessandro De Luca.
Fruncí el ceño.
—¿Y este señor tan raro?
Por curiosidad entré a su perfil.
Después lo busqué en internet.
En pocos segundos aparecieron decenas de artículos hablando sobre él.
Encontré su biografía, su edad, entrevistas, fotografías familiares y varias noticias relacionadas con el Grupo De Luca.
También descubrí que estaba comprometido.
En casi todos los eventos aparecía acompañado de una mujer alta, elegante y muy hermosa.
Seguramente era su prometida.
Entré a su perfil y confirmé que se trataba de la misma mujer.
Se veían felices.
No entendía por qué aquella información despertó una extraña sensación en mi pecho.
Intentando quitarle importancia, seguí navegando.
Entonces aparecieron varias páginas de entretenimiento.
Había fotografías de Alessandro con distintas mujeres: cenando, bailando, abrazándolas e incluso algunos rumores de romances.
—Vaya... todo un mujeriego.
Negué con la cabeza.
—Pobre prometida.
Apagué el celular.
No quería seguir perdiendo el tiempo pensando en ese hombre.
Cerré los ojos y poco a poco me quedé dormida.
Después de llegar a mi penthouse, ducharme y cenar, me recosté en la cama.
Sin saber exactamente por qué, abrí nuevamente las redes sociales y entré al perfil de Valentina.
Observé algunos de sus videos.
Bailaba realmente bien.
Tenía una coordinación admirable y una energía que transmitía a través de la pantalla.
Sonreí para mí mismo.
—Tiene talento...
Sacudí la cabeza.
—¿Qué demonios me pasa? Apenas la conozco.
Cerré inmediatamente la aplicación.
Entonces vi varias llamadas perdidas y mensajes de Bianca.
Amor, no me has vuelto a llamar. ¿Por qué no respondes?
Te extraño. Quiero verte pronto. Por favor, llámame.
Alessandro, ¿qué pasó? ¿Ya te olvidaste de mí?
Suspiré con cansancio.
—Qué mujer tan insistente...
Finalmente decidí responder.
Hola, Bianca. Perdón por no contestarte antes. He estado muy ocupado con el trabajo. Espero que puedas entenderlo. Además, la diferencia de horario tampoco ayuda mucho. Hablamos pronto.
Dejé el teléfono sobre la mesa de noche, apagué la luz y, con la mente llena de pensamientos que no lograba comprender, terminé quedándome dormido.