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La Esposa Del Lobo De Plata

La Esposa Del Lobo De Plata

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo
Popularitas:5.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Sebastián Volk es el hombre más temido de la alta sociedad. Tras una máscara de plata esconde un secreto monstruoso: es el último heredero de una estirpe de licántropos. Cuando la familia del Sol debe entregar una hija en matrimonio, Mía huye del compromiso y Luna ocupa su lugar. Despreciada por su madrastra, Luna ve en Sebastián la oportunidad perfecta para vengarse. Pero el lobo esperaba una esposa sumisa y encontró a una mujer que no teme desafiarlo. Entre deseo, traiciones y secretos sangrientos, ambos descubrirán que el matrimonio puede ser una prisión… o el comienzo de una guerra.

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Capítulo 9: Pulso firme

​El refugio de la mansión estaba envuelto en un silencio denso.

​Fuera, la tormenta azotaba los cristales blindados con ráfagas de viento helado; dentro, el aire olía a hierro, a pólvora quemada y al rastro inconfundible de sangre fresca.

​Sebastián estaba sentado en el borde de un viejo sofá de cuero en el despacho subterráneo. Su esmoquin estaba rasgado en el hombro y la manga derecha había sido arrancada por completo.

El torso ancho y musculoso del alfa mostraba profundos y largos desgarros provocados por las garras de los atacantes, heridas abiertas que supuraban un líquido oscuro y denso.

​La máscara de plata seguía cubriendo la mitad de su rostro, pero la mandíbula se le tensaba con cada respiración contenida, reflejando el esfuerzo sobrehumano que hacía para contener la fiebre de su transformación.

​Luna apareció frente a él con paso firme. No mostraba ni un ápice de asco, ni de vacilación.

​Traía en las manos un maletín de primeros auxilios de alta gama, una botella de alcohol isopropílico de noventa y nueve grados y rollos de gasa esterilizada.

​—Quítate la camisa —ordenó Luna con voz clara y gélida, abriendo el estuche metálico con un chasquido seco.

​Sebastián levantó la vista. Su único ojo visible, un gris tormentoso cargado de una frustración latente, se clavó en el rostro de ella.

​—No necesito niñeras, Luna —bramó él, con su voz áspera y profunda retumbando en las paredes de piedra—. Mis heridas sanarán solas. Mi cuerpo metaboliza el daño más rápido que el de cualquier humano.

​—Tus heridas están sangrando sobre mi alfombra y el veneno de plata en las garras de esos malditos está ralentizando tu regeneración —replicó Luna, sin bajar la mirada ni un milímetro

—. No estoy jugando a la enfermera piadosa. Estoy asegurándome de que mi esposo no muera desangrado antes de que terminemos de destruir a nuestros enemigos. Quítate la camisa. Ahora.

​Sebastián soltó una exhalación pesada, un bufido similar al de una bestia acorralada, pero obedeció. Con un movimiento brusco, terminó de rasgar la tela de la camisa y la arrojó al suelo.

​La proximidad física en el estrecho espacio del despacho se volvió asfixiante de inmediato.

​Luna se inclinó hacia él, empapando una gasa con el alcohol antiséptico. Al acercar la mano para limpiar el primer desgarro en el hombro derecho de Sebastián, el cuerpo del hombre se contrajo sutilmente por el ardor químico.

​—Duele —susurró él, con una ironía áspera.

​—Aguántate —respondió Luna, manteniendo el pulso completamente firme a pesar de que sentía el calor intenso que irradiaba la piel de Sebastián como si fuera una estufa encendida.

​A medida que limpiaba la sangre y desinfectaba los bordes de la carne desgarrada, el silencio entre ambos se cargó de una electricidad densa.

​Los latidos de Sebastián, audibles para el oído agudo de Luna, retumbaban con un ritmo acelerado y pesado que delataba una tensión muy alejada de la frialdad médica.

El propio pulso de Luna comenzó a desritmarse; notaba cómo sus manos, aunque firmes en la tarea, temblaban por dentro ante la cercanía de ese cuerpo imponente y salvaje.

​Está demasiado cerca, pensó Luna, sintiendo el aroma a pino silvestre, sudor y ozono inundarle los pulmones. Su cuerpo es una caldera a punto de estallar.

​Sebastián la observaba fijamente desde abajo, con la mirada clavada en la concentración de los ojos oscuros de Luna. Notaba el temblor imperceptible en las yemas de sus dedos cuando ella pasaba la gasa limpia sobre su pecho.

​—No tienes miedo —dijo Sebastián en un murmullo bajo, rompiendo el silencio—. Cualquiera de las mujeres que estuvieron antes en esta casa habría huido despavorida al verme la sangre o al escuchar los disparos en el bosque.

​—Las mujeres que estuvieron antes eran presas buscando un protector —respondió Luna sin dejar de trabajar, aplicando una capa de pomada cicatrizante sobre la herida más profunda

—. Yo no vine a ser salvada, Sebastián. Vine a cazar a los mismos monstruos que tú.

​Sebastián esbozó una sonrisa torcida, una mueca que estiraba la piel bajo su máscara de plata.

​—Una loba vestida de cordero inteligente —murmuró él, levantando la mano derecha para detener el movimiento de la muñeca de Luna.

​Su palma era enorme, áspera y ardiente. Al rodear la muñeca de Luna, el contacto envió una descarga eléctrica directa a su columna vertebral.

Luna se detuvo en seco, conteniendo la respiración mientras levantaba la vista para encontrarse con su mirada.

​—Termina de vendarme —ordenó Sebastián, con la voz convertida en un ronroneo grave y posesivo, sin soltar su mano—, o voy a olvidarme de las heridas y de la guerra por completo.

​Luna tragó saliva con lentitud, manteniendo el tipo con una máscara de indiferencia que costaba mantener cada segundo.

​—No pongas a prueba mi paciencia, Sebastián —respondió ella, zafando con suavidad pero firmeza su muñeca del agarre de él—. Levanta el brazo izquierdo. Tengo que revisar el vendaje antiguo.

​Sebastián obedeció con una lentitud deliberada, manteniendo los ojos fijos en ella mientras alzaba el brazo.

​Luna estiró las manos para comenzar a retirar las vendas de lino ensangrentadas que él llevaba en el antebrazo izquierdo desde la emboscada. Empezó a desenrollar la tela con cuidado, cortando los nudos con unas pequeñas tijeras quirúrgicas.

​A mitad del proceso, sus dedos rozaron el borde inferior del dobladillo interior de la manga de la camisa de Sebastián, donde la tela estaba doblada y cosida con un hilo de alta resistencia.

​Notó un relieve duro y metálico oculto en la costura.

​Luna detuvo el movimiento de inmediato. Sus dedos se deslizaron con sigilo por el interior del doble dobladillo, explorando el contorno del objeto escondido.

​Era pequeño, alargado y frío al tacto.

​Con un movimiento rápido, rasgó los últimos hilos de la costura y extrajo el objeto de su escondite secreto.

​Sobre la palma de su mano descansaba una llave de hierro antiguo, pesada, con un cabezal grabado con un escudo nobiliario que no pertenecía a la familia Volk.

​Luna levantó la vista lentamente, encontrándose con que Sebastián la observaba con una expresión indescifrable, donde el peligro y la aceptación chocaban en el único ojo gris que quedaba al descubierto.

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Carolina A²V
no entiendo como la cabeza hueca de mía pudo embocar a Luna❓️🤔
Carolina A²V
pero es que siempre haz sido una apestosa no veo porque la culpas 🤔🤨😠
Carolina A²V
remarparia 😡
Carolina A²V
😳 a la máquina 😧😱
Carolina A²V
😳 que paso❓️🤔 te emboscaron❓️😠 pero cómo❓️🤔🤨
Carolina A²V
🤨😧😠😠😠
Carolina A²V
ustedes sólo obedezcan 🤔
Carolina A²V
duró contra ellos Luna
Carolina A²V
😳 que se preparen esos chuchumecos traidores y falsos
Carolina A²V
se volvieron locos
Carolina A²V
😳 santas medidas batman 😱 ahora que haremos
Carolina A²V
que paso Victoria se te fue la valentía que trajiste❓️🤔
Carolina A²V
dónde se supone está la dichosa orden por desde que llegaron no han mostrado nada
Jesus Castro Montero
Por que Victoria quiere todo lo que tiene Luna ahora sabe que Luna no es nada sumisa ni tonta por que no acabar de una vez con esa escoria que lo único que hace es dar más problemas
Jesus Castro Montero
Luna eres buen terca y que poco te conoce Sebastián jamás te quedarás quieta y hoy más que nunca verá que cometió el error de no consultarte bueno ek se lo busco
Carolina A²V
😂😂😂 demuestralo porque las palabras de una loca cómo tu hija no son de peso 🤨🤔
Carolina A²V
un comentario que hago leo los cargos y me pregunto que hace victoria en ese lugar❓️🤔 porque no la puedo relacionar con nada de lo que sucede 🤔
Carolina A²V
esos funcionarios están buscando narcotraficantes o que❓️🤨🤔
Jesus Castro Montero
Luna no te cree Sebastián ahora tienes que remar mucho para que Luna te pueda perdonar🥰❤️😂🤣💘😈
Carolina A²V
que te dije ella no es de las que se sientan a esperar que pasen las cosas
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