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El Trono De Sangre Y Espinas

El Trono De Sangre Y Espinas

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía
Popularitas:740
Nilai: 5
nombre de autor: Lelixi

¡Que escuchen los hombres, que escuchen los reyes y que escuchen los cielos! ¡Si la moralidad del mundo exige que renuncie a ti, destruiré el mundo! ¡Y si el cielo mismo intenta separarnos, le declararé la guerra a los mismos dioses! ¡Mi único reino es tu corazón, Elysian!

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LAS CICATRICES QUE SOLO EL AMOR PODÍA TOCAR

Las noches de Kaelen no siempre eran tranquilas.

Una madrugada despertó sobresaltado. Por un instante no vio el dosel de la cama. Vio piedra, hierro, antorchas. Sintió otra vez las cadenas y escuchó la voz de Malakor.

—Eres un monstruo.

Kaelen respiró con dificultad.

Elysian despertó.

—Kaelen.

El rey no respondió.

—Mírame.

Los ojos de Kaelen seguían perdidos.

—Estás aquí.

—No puedo respirar.

—Sí puedes.

Elysian tomó su rostro entre las manos.

—Escúchame. Estás en nuestra habitación. Hay lluvia afuera. La puerta está cerrada. Lyra está en el ala este. Tus guardias están en el corredor.

Kaelen respiró.

—Y yo estoy aquí.

Otra respiración.

—Contigo.

Kaelen abrió los ojos.

—¿Me ves?

—Sí.

—¿Qué ves?

Elysian acarició su mejilla.

—Al hombre que amo.

Kaelen bajó la mirada.

—No quiero que me veas débil.

—Nunca te he visto débil.

—Entonces no me has visto.

—Te vi cuando no podías caminar. Te vi llorar cuando pensabas que Lyra estaba muerta. Te vi temblar cuando recibiste la primera flor que enviaste al templo.

Kaelen lo miró.

—¿Cómo sabes eso?

—Rhaed me lo contó.

—Lo mataré.

Elysian soltó una carcajada.

—No vas a matar a tu general por eso.

—Lo pensaré.

Elysian volvió a acariciarlo.

—No quiero que seas invencible conmigo. No necesito un hombre invencible. Necesito a Kaelen.

Besó una cicatriz de su hombro.

—Al que sobrevivió.

Otra.

—Al que tuvo miedo.

Otra.

—Al que volvió.

Kaelen llevó su mano a los labios.

—Tú eres la única persona ante la que no me importa ser todas esas cosas.

Durante las semanas siguientes, Kaelen comenzó a contarle historias de la guerra. No las gloriosas: las noches de hambre, los hombres que perdió, el invierno en que creyó morir, la primera vez que tuvo que matar para salvar a sus soldados y la noche en que pensó abandonar la guerra.

Elysian escuchaba sin interrumpir.

Y cada vez que Kaelen llegaba a una parte que le dolía demasiado, Elysian tomaba su mano.

Nunca intentó borrar el pasado.

Solo se negó a dejar que Kaelen lo enfrentara solo.

. . . . . . . . . . . . . . . . .

La verdadera prueba llegó durante una recepción diplomática.

Un príncipe extranjero, ignorando deliberadamente el protocolo de Valdorian, hizo un comentario sobre Elysian.

—Es curioso que un hombre de origen tan humilde tenga tanta influencia sobre Su Majestad.

Elysian mantuvo la calma.

—Mi influencia consiste en recordarle que también es humano.

Algunos nobles rieron.

—Entonces quizá debería recordar cuál es su lugar —respondió el príncipe.

Kaelen dejó la copa.

El salón quedó en silencio.

—Su lugar —dijo lentamente— está donde yo decida que está.

—Majestad, no pretendía ofender.

—Lo hizo.

La sombra del rey se extendió por el suelo.

—En mi reino, el honor de Elysian es parte del honor de la corona. Y quien lo insulta, me insulta a mí.

El príncipe inclinó la cabeza.

—Pido disculpas.

Kaelen no se sentó.

— No es a mi de quien debes disculparte

El príncipe miró a Elysian y apretó lo puños con frustración

—Perdóneme.

Elysian asintió.

—Acepto sus disculpas.

Solo entonces Kaelen volvió a sentarse.

Después de la recepción caminaron por los jardines.

—Estabas furioso.

—Sí.

—Mucho?

—Sí.

—¿Por mí?

Kaelen lo miró.

—Siempre por ti.

Elysian tomó su brazo.

—No quiero que el miedo que provocas sea lo único que proteja mi honor.

Kaelen se detuvo.

—Entonces dime qué quieres.

—Que cuando estés conmigo, la gente vea también el amor que hay detrás de tu ferocidad.

Kaelen tomó su mano.

—¿Así?

—Así.

—Parece poco.

—Para un rey que conquistó un reino, quizá. Para dos hombres que sobrevivieron diez años separados, es suficiente.

Caminaron así por los jardines, sin esconderse, sin corona entre ambos. Solo dos personas enamoradas.

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