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Esposa Despreciada

Esposa Despreciada

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Síndrome de Estocolmo
Popularitas:6.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Miry - C

La vida de Elif se vio trágica cuando el hombre más poderoso del pueblo la obligó a contraer matrimonio. Pero resultaba que era un hombre que cuatriplicaba en edad, por lo que en la consumación, murió de un infarto, quedando ella como heredera de toda esa fortuna.
Elif creyó que todo terminaba ahí, no obstante, aparecieron los familiares de aquel hombre, y la obligaron a contraer matrimonio con el nieto de su difunto esposo, un joven de 23 años, que la odiaba y despreciaba con cada segundo de su vida, por haberse quedado con todo lo que les pertenecía.

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8

Lo que él no sabía era que ella estaba perdida en los pensamientos, pensando en dónde la llevaría y qué le haría.

—¿No vas a ingresar? —preguntó con los dientes apretados—. ¿O quieres que te cargue como una novia?

Eso sí que no haría. Solo de imaginar tocar a la mujer que fue de su abuelo, las tripas se le retorcían.

—¿Dónde… dónde vamos?

Burak rodó los ojos. Le era imposible controlar su paciencia, ya que carecía de ella.

—A nuestra casa. ¿Dónde más podríamos ir?

Elif ingresó. Tras ingresar, la puerta fue azotada. Burak rodeó el coche y, una vez dentro, salió. Tomó la primera avenida para dirigirse a la casa de su abuelo.

Elif centró la mirada en el exterior, observando el hermoso paisaje que iba quedando atrás. En pocos minutos ya se encontraban ingresando a una enorme mansión, donde el cerco tenía más de cinco metros de altura. Elif suspiró frustrada. Pensó que escapar de ese lugar le sería imposible.

—¡Bienvenido, joven! ¡Señora!

Los empleados que cuidaban la mansión Demir ya habían sido informados con anterioridad de que la señora de Demir llegaría pronto.

—Las habitaciones están listas.

Cuando Elif escuchó “las habitaciones”, suspiró aliviada.

—Por aquí, señora.

Escuchar que le dijeran “señora” a los dieciocho años le hacía sentir extraña.

—Es aquí.

Aquella mujer colocó las bolsas sobre la cama, se giró hacia Elif y, con mucha amabilidad, dijo:

—Estoy aquí para servirle, señora. Cualquier cosa que necesite, no dude en llamarme por el intercomunicador o buscarme en la cocina, o si no en la casa de las empleadas, que se encuentra en la parte trasera de la mansión.

Elif le sonrió con timidez.

—No me digas señora —suspiró y miró alrededor—. ¿La puerta es segura?

Temía que Burak volviera a beber e intentara ingresar a su habitación, tal cual lo hizo en el hotel.

—Sí, es muy segura —la empleada se le acercó y le tomó las manos—. Cuenta con nosotros. No está sola.

Elif pensó: ¿qué podían hacer los empleados si Burak la trataba mal? Ellos solo eran empleados. Si intervenían, podrían ser despedidos.

—¡Muchas gracias!

Una vez que quedó sola, Elif llamó al abogado. Este respondió de inmediato.

—Estás en la casa de Nayón —más que una pregunta, fue una respuesta para una Elif que no sabía dónde se encontraba—. Es un lugar seguro. Confía en cada empleado que se encuentra ahí, porque todos están de tu lado.

—¿Por qué?

—Porque eres… la viuda de Demir, y todos ellos le tenían aprecio a Ahmet. Al ser tú su heredera, la lealtad está contigo.

Elif se quedó en silencio.

—Mañana pasaré por ahí. Debemos hablar de muchas cosas.

Tras decir eso, cortaron la llamada.

Por la noche, Burak salió. Se dirigió a un bar cercano, se sentó frente a la barra y solicitó una copa de tequila. Había tomado unas cuantas copas cuando, de pronto, aquel perfume invadió sus fosas nasales. Lentamente giró el rostro y se encontró con ella, con su Leyla.

—No debes seguir tomando, Burak…

Intentó tocarlo; sin embargo, él le apartó las manos.

—No me toques —si algo tenía Burak era que era muy asquiento—. Estás sucia —dijo al momento en que levantó la copa—. Nunca más volverás a tocarme.

Se levantó y salió de aquel lugar dejando el corazón de Leyla hecho trizas.

Si bien era cierto que la amaba, no podía perdonar. Burak Demir era un hombre que no perdonaba. Para él, los traidores no tenían perdón. Subió al coche y se dirigió a casa. Ahí continuó bebiendo hasta que se quedó dormido. Apenas la alarma sonó se levantó, corrió a darse un baño, sacó el mal olor a alcohol y se arregló para ir a la universidad.

En cuanto a Elif, se quedó en esa enorme casa. Estaba recorriendo los jardines cuando vio el coche del abogado llegar. Fue a su encuentro y, una vez dentro, se sentaron en la sala de estar.

—Debes firmar esto —colocó un documento sobre la mesa.

Elif le miró sin entender.

—Te lo resumo —tomó la hoja en la mano—. Este documento evitará que los Demir se queden con todo. Ellos volverán a insistir en que les firmes un poder para así hacer uso de tu dinero. Cuando te lo vuelvan a pedir, se los firmas. Pero este documento evitará que se llenen las manos y te despojen de todo. Ni en tres años lograrán transferir todo el dinero a otra cuenta y dejarte completamente arruinada.

—¿Quieren hacer eso?

—Por supuesto. Ellos quieren despojarte de todo, y como no pudieron realizarlo con la impugnación del testamento, planificaron la boda. Ahora que estás casada con Burak, creen que con un poder es suficiente para que él pueda acceder a todos los bienes y así desviar el dinero a otras cuentas.

—Pero yo… yo no quiero pelear por un dinero que no es mío.

—¡Es tuyo! —afirmó—. No es dinero de los Demir. Nunca lo fue.

—Pero el señor Ahmet era su abuelo, por ende es dinero de Burak y del señor Cem con Selin.

—No es dinero de ellos. Ni siquiera era dinero de Ahmet —suspiró y extendió el papel a Elif—. Fírmalo ahora.

Ella dudó.

—Ya debes hacerte a la idea de que eres la dueña de un conglomerado, que todos los empleados que laboran en tus empresas y haciendas son tuyos. Tienes tanto poder para aplastar a todo el que quiera pisotearte.

—¿No era dinero de don Ahmet?

—En algún momento te lo explicaré. Por ahora solo debes prepararte para cuando tengas que dirigir la empresa.

—Pero yo no sé nada de empresas. ¿Cómo voy a manejarlas?

—Por eso vas a estudiar. Ya estuve trabajando en eso. Mañana mismo empiezas a estudiar la universidad. Queda a veinte minutos de aquí. Te conseguiré un chofer, alguien que te lleve y te traiga, al menos hasta que aprendas a manejar.

—Señor, pero yo… no tengo licencia, menos coche.

—Eso es lo de menos. Sacarás la licencia y luego te comprarás uno —se levantó. Elif ya había firmado—. Tienes mucho que aprender. Y yo te ayudaré a convertirte en toda una empresaria —dijo antes de marcharse.

Al momento en que abrió la puerta, Burak ingresaba.

—¿Qué hace en mi casa? —miró sobre el hombro del abogado y fulminó a Elif con la mirada.

—¿Tu casa o la de tu esposa?

Burak apretó los dientes.

Sin decir más, el abogado se marchó. Elif quiso escapar a su habitación, pero Burak la tomó del brazo y la acercó a él para dejarla enfrente.

—¿Te revuelcas con ese vejete?

Esa pregunta golpeó el corazón de Elif. Aunque no tenían un matrimonio real, ella sería incapaz de meterse con alguien más.

—Parece que te gustan los ancianos, ¿verdad?

Burak se llenó de asco, la soltó y sacó un pañuelo para limpiarse las manos.

—¡Qué se puede esperar de una mujer así!

Dicho eso, pasó al estudio y ahí se encerró.

1
Ana Elena Jiménez
ojalá las cosas mejoren aunque sea un poquito ahora que está su hermano
Ana Elena Jiménez
excelente trama
Ana Elena Jiménez
ay Dios que susto pensé que se lanzaría
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
😢😢😢😢
Ana Elena Jiménez
bueno ni modo con Burak se vive en un sube y baja de emociones
Ana Elena Jiménez
😮😮😮😮
Ana Elena Jiménez
😮😮😮🫣🫣🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
😮😮😮😮🫪🫪🫪
Ana Elena Jiménez
no un momento ,eso fue culpa de los, que iban hacer tú suegros por su ambición
Ana Elena Jiménez
😮😮🫪🫪
Ana Elena Jiménez
👏👏👏👏👏👏
Ana Elena Jiménez
Dios con esta historia se sufre de una y mil maneras 🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
ya sabía yo que tenía otra enemiga mas
Ana Elena Jiménez
🫣🫣🤭🤭
Ana Elena Jiménez
santa maracha será que está embarazada
Ana Elena Jiménez
😢😢😢😢
Ana Elena Jiménez
eso es obra del miserable dizque papá tuyo
Ana Elena Jiménez
viejo demente 😡😡
Ana Elena Jiménez
🙄🙄🫣🫣
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