Zoe y Antoni nacieron con cucharas de plata en la boca. Rodeados de opulencia y acostumbrados a la adulación, ambos han forjado una coraza de orgullo y narcisismo que los hace inmunes a la empatía. Sus mundos son un escenario de apariencias, donde cada sonrisa es calculada y cada palabra un arma.
Él, Antoni, un tiburón de los negocios, acostumbra a tener todo lo que desea, y el control es su droga más preciada. Su arrogancia es su bandera, y su éxito, su mayor orgullo. Ella, Zoe, una belleza fría y distante, se deleita en la manipulación y la competencia. Su ego es un monstruo que necesita ser alimentado constantemente con admiración y poder.
Sus caminos se cruzan en una fiesta exclusiva, donde la atracción inicial se mezcla con el desafío. Comienza entonces un juego de ajedrez mental y emocional, donde el objetivo no es ganar un amor, sino conquistar un ego.
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malos entendidos?
—No estoy haciendo ningún berrinche, Antoni —dije en un tono tan bajo que el solo pudo escuchar—. Pero quita tu pierna de encima antes de que te clave este tenedor en el muslo.
— Me encantaría visitar playa bonita al parecer hoy por la noche habrá un espectáculo de luciérnagas.— dijo Nathalia bajando su celular y mirándonos.
—Deberian de descansar mañana tenemos mucho trabajo.— dijo Antoni mirando su celular.
—Por favor, Antoni, no seas tan aburrido —protestó Nathalia, dando un sorbo a su limonada—. Zoe y yo nos merecemos un respiro. Además, el espectáculo de luciérnagas solo ocurre un par de veces al año en esa zona. Decidido: hoy por la noche salimos a la playa.
—Me vendrá de maravilla salir a distraerme. Hay cosas... y personas... de las que definitivamente necesito un descanso.— dije separándome de él.
En ese momento la comida llegó.
La mesera colocó los tres platos sobre la mesa con una rapidez ensayada, dejando caer una última mirada sugerente hacia Antoni antes de retirarse. El olor a la carne a las brasas y a las especias inundó el aire
—Si van a salir de noche a una playa desconocida, no van a ir solas —soltó Antoni en un tono plano, cortando el filete con una precisión impecable—. La zona no es segura a esas horas para dos mujeres solas, y no le voy a explicar a Armando que su hija se perdió buscando luciérnagas.
—Sé cuidarme perfectamente sola, Antoni. No necesito ni tu permiso ni tu protección de niñera —intervine de inmediato, clavando el tenedor en mi plato con fuerza contenida y sosteniéndole la mirada fría—. Si tienes compromisos nocturnos. eres libre de quedarte en el hotel. Nathalia y yo estaremos bien.
—Vaya, la preocupación paternal te sale excelente, Antoni —bromeó Nat para aligerar el ambiente, aunque sus ojos brillaban con picardía—. Pero de verdad, tranquilo. Solo vamos a ver el espectáculo un par de horas y regresamos.
— En verdad me da igual lo que hagan solamente no quiero a armando y a mi madre molestando si es que algo les pasa, Pero tienen razón ustedes saben lo que hacen, solo las veo a las dos mañana a las siete de la mañana aquí.— dijo Antoni y se levantó de la mesa dejando su comida y tomando sus cosas para irse al hotel.
—Vaya... eso sí que no me lo esperaba —murmuró Nathalia, soltando un respiro hondo y mirando la silla vacía donde Antoni acababa de estar—. Pasó de dictador sobreprotector a estatua de hielo en dos segundos.
—Es un tonto arrogante —siseé en voz baja, dejando caer el tenedor sobre el plato con un ruido seco—. Le encanta hacerse el importante, pero en cuanto ve que no puede controlar la situación, simplemente huye. Que se vaya , me da absolutamente igual.
—Zoe... —Nat me miró fijamente, apoyando los codos sobre la mesa y entornando los ojos con una sonrisa de lado bastante sospechosa—. Si ustedes no se odiaran podría jurar que entre ustedes existe tensión sexual.
— Para nada el es un teto egocéntrico y para terminar de arruinar mi vida se convertirá en mi hermano en un par de semanas.— dije Suspirando.
—Técnicamente hermanastro —corrigió Nat con una mueca divertida, tomando un pedazo de pan de la canasta.
— Por favor no digas tonterías, jamás podremos llevarnos bien, es claro que el y su mamá se están aprovechando de mi papá y la prueba es esta construcción que estará a nombre de Leonor.— dije molesta.
—Ahí está el verdadero problema, ¿verdad? —dijo Nat, cambiando de golpe el tono juguetón a uno mucho más comprensivo. Dejó el pan de vuelta en la canasta y me miró con preocupación real—. Sabía que la boda de tu papá te tenía tensa, Zoe, pero no imaginé que los contratos de este proyecto fueran por esa línea.
—No es paranoia, Nat, son los hechos —respondí en voz baja, sintiendo cómo se me apretaba el pecho de la pura impotencia mientras jugaba con el tenedor sobre el plato frío—. Antoni actúa como si fuera el dueño absoluto de todo porque sabe perfectamente la influencia que su madre tiene sobre papá. Leonor se vendió como la compañera dulce y abnegada, pero se está quedando con la mejor parte de la constructora. Y él... él solo viene a supervisar que cada metro cuadrado juegue a su favor.
—¿Y tú crees que él lo sabe? ¿Lo de las escrituras a nombre de Leonor?
—preguntó Nat, inclinándose un poco más hacia la mesa.
—¡Por supuesto que lo sabe! —dije, sintiendo un nudo de coraje quemándome la garganta—. Él es quien maneja las finanzas de su madre. Toda esa fachada de hombre intachable, rígido y enfocado en el trabajo es solo para cubrir que nos están despojando poco a poco. Por eso me exaspera tanto su presencia, Nat. No solo me desquicia con su arrogancia y la forma en que parece querer dominar cada espacio que pisa... sino que me da rabia saber que mientras mi papá lo ve como al hijo brillante que nunca tuvo, Antoni y su madre solo están haciendo cuentas y apenas lo descubrí ayer revisando los papeles.
Nathalia guardó silencio un momento, mirando hacia la bahía mientras el sol terminaba de ocultarse, dejando un rastro de tonos carmesí sobre el mar.
—Si eso es verdad, Zoe, entonces tienes que mantener la cabeza más fría que nunca —advirtió Nat con voz seria—. No puedes dejar que te saque de quicio en cada inspección. Si te ve alterada o pierde el control contigo, le estás dando exactamente la ventaja que necesita.
—Lo sé —murmuré, pasándome una mano por el cuello mientras soltaba un largo suspiro— Solo quiero que todo termine rápido y comiencen a construir así el y yo ya no nos veremos más y en cuanto llegue mi mamá regresaré a casa y no quiero saber tampoco de Mateo y Valeria que siguen llamando sin control.
—¿Mateo y Valeria otra vez? —preguntó Nat, arqueando las cejas con absoluta indignación—. Esos dos no tienen vergüenza. Deberías bloquearlos de una buena vez, Zoe. No necesitas que ese par de cínicos te sigan amargando la vida.
Terminamos de cenar rápido. Pagué la cuenta antes de que Antoni enviara a alguien a liquidarla y nos fuimos directo al hotel para cambiarnos antes de ir a Playa Bonita.
por UE la tal amiguita esa ni me fio