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LA IMPOSTORA DE SU PROPIA VIDA

LA IMPOSTORA DE SU PROPIA VIDA

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:3.3k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Dos hermanas gemelas, idénticas en apariencia pero completamente distintas por dentro. La favorita de todos, hermosa y vanidosa, se casó con un hombre millonario y tuvo tres hijos, pero no ama a nadie: maltrata a sus pequeños, engaña a su esposo y solo se queda por su dinero. La otra, siempre ignorada y menospreciada, es dulce, tímida y muy inteligente, y nunca tuvo un lugar propio en el mundo. Hasta que un día la hermana caprichosa decide huir y le ordena que tome su lugar: que viva su vida, que finja ser ella, que soporte lo que ella ya no quiere. Y así comienza la historia de una chica que se convierte en impostora de su propia sangre, descubriendo que la vida que le dieron era mucho más valiosa de lo que nadie jamás supo ver.

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CAPÍTULO 6 EL PRECIO DE SER QUIEN NO ERES

El reloj marcaba las cinco de la mañana cuando Elisa abrió los ojos de golpe. El sudor le empapaba la camisa y el corazón le latía con fuerza. Durante unos segundos no reconoció la habitación, luego recordó todo: la amenaza de Valeria, las risas de los niños la tarde anterior, la promesa de protegerlos sin importar qué.

Se levantó en silencio y caminó hasta el pasillo. Las puertas de los niños estaban entreabiertas. Lucas dormía abrazado a su oso, con una media puesta. Sofía tenía cinco muñecas alineadas junto a ella. Mateo, el mayor, dormía sentado con un libro en el regazo. Elisa se acercó, le acomodó las sábanas y le acarició el pelo.

—No voy a dejar que nadie les haga daño —susurró.

Bajó a la cocina. La casa olía a lavanda y madera pulida. Se sirvió agua y miró por la ventana: el jardín estaba oscuro y solitario. Juró ver una sombra entre los arbustos, pero al fijarse bien no había nada. Solo el viento moviendo las hojas.

Decidió preparar el desayuno. Mientras mezclaba la masa para panqueques, pensó en lo extraño de todo: tenía una casa enorme, dinero, una familia… y se sentía más sola que nunca, atrapada en una mentira.

Los niños empezaron a bajar. Lucas fue el primero, frotándose los ojos.

—¿Hueles a panqueques? —preguntó sorprendido.

—Con canela y miel —sonrió ella, abriéndole los brazos.

Sofía bajó después, con trenzas un poco torcidas que ella misma se había hecho.

—¿Tú los hiciste? Mamá nunca cocina —dijo la niña con los ojos brillantes.

—Hoy tenía ganas —respondió Elisa—. Después te arreglo las trenzas, ¿sí?

Mateo fue el último. Se sentó lejos de ella, serio y reservado. Elisa sabía que él era el que más sufría, el que menos confiaba. No lo presionó.

El timbre sonó de golpe. Elisa dio un salto. ¿Sería Valeria?

—Es la abuela Carmen —dijo Mateo—. Siempre viene los martes sin avisar.

Era la madre de Leonardo. Una mujer dura y perspicaz que siempre había detestado a Valeria. Si alguien notaría que algo andaba mal, sería ella. Elisa respiró hondo, se acomodó la ropa y abrió la puerta intentando parecer fría y distante, como su hermana.

—Buenos días, Valeria —dijo la anciana, observándola de arriba abajo—. Pensé que abriría la empleada.

—Hoy estoy aquí —respondió Elisa con voz neutra—. Pase, los niños desayunan.

Doña Carmen entró, pero no quitó la vista de ella.

—Te ves distinta —murmuró—. Menos amargada.

—Dormí bien, nada más.

La anciana no insistió. En cuanto los niños la vieron, corrieron a abrazarla. Ella los rodeó con sus brazos, llamándolos por su nombre con una ternura que nunca usaba con Valeria. Elisa comprendió entonces por qué su hermana la odiaba tanto: doña Carmen veía a los niños de verdad.

Pasaron la mañana tranquilos. Doña Carmen cosía un botón mientras Elisa jugaba con los pequeños. Por primera vez, Elisa no tuvo que fingir: reía con ellos, disfrutaba el momento, se sentía parte de algo. La anciana la observaba en silencio, asintiendo levemente.

Cuando los niños mayores se fueron a jugar, Mateo se quedó solo en la cocina, lavando su vaso. Elisa se acercó a él.

—¿Te pasa algo en el colegio? —preguntó suavemente.

El niño dudó, pero luego cerró el grifo y se giró con los ojos rojos.

—Unos niños me esperan a la salida. Me quitan el almuerzo, se burlan de mí. Se lo dije a mamá y me dijo que no fuera cobarde, que no tenía tiempo para esas cosas. Desde entonces no le conté a nadie.

Elisa sintió rabia y dolor al mismo tiempo. Se agachó a su altura y le tomó las manos.

—Escúchame bien: mañana voy contigo al colegio. Hablo con la directora, con los profesores, con quien sea. Nadie te va a volver a molestar. Yo te defiendo. Siempre.

Mateo la miró incrédulo, entonces la abrazó con fuerza, llorando todo lo que había callado durante meses. Elisa lo sostuvo, y no notaron que doña Carmen los observaba desde la puerta, con los ojos húmedos.

Por la tarde, tomaron té en el porche. El sol caía sobre el jardín y el aire olía a jazmín. La anciana dejó su taza y la miró directo a los ojos.

—No eres ella, ¿verdad? —dijo en voz baja—. Valeria nunca habría abrazado a nuestro hijo llorando. Nunca habría cocinado con una sonrisa. ¿Quién eres?

Elisa sabía que no podía mentirle.

—Soy Elisa. Su hermana gemela. Ella me obligó a cambiar de lugar, dijo que si no lo hacía le haría daño a nuestra madre enferma. No tuve elección. Solo quiero que los niños estén bien.

Doña Carmen le apretó el brazo con firmeza.

—Esa mujer es capaz de todo. Siempre lo supe. Gracias por estar aquí, Elisa. Tu secreto está a salvo conmigo. Y si Valeria regresa, tendrá que enfrentarme a mí primero.

Elisa suspiró aliviada. Por primera vez no estaba sola.

Leonardo llegó a las ocho. Entró cansado, pero se detuvo sorprendido: la casa estaba llena de risas y olía a comida casera. Vio a su madre riendo con los niños, a Elisa junto a la estufa, sonriendo como él nunca había visto a nadie sonreír. Se acercó a ella despacio.

—Llegaste —dijo ella, secándose las manos en el delantal—. Guardo el mejor pedazo de carne para ti.

Él le tocó la mejilla con suavidad.

—Te ves increíble —susurró—. Hace años que no te veo así. Me encanta esta versión de ti.

Elisa bajó la mirada, sonrojada. Por un instante olvidó la mentira, olvidó que ese hombre no era suyo. Y ese pensamiento la asustó más que cualquier amenaza.

Más tarde, ya en silencio, el teléfono de Valeria vibró en la mesita. Elisa lo tomó con manos temblorosas. Era una foto: la entrada del colegio, tomada desde la calle. Y entre los árboles, medio escondida, estaba Valeria con gafas oscuras y una sonrisa fría. El mensaje decía:

*Vas al colegio mañana, ¿verdad? Qué valiente. Crees que la vieja te protege? Estoy más cerca de lo que crees. Cada paso que des fuera de lo que te permito, los niños lo pagan por ti. Nada es tuyo. Recuérdalo.*

El teléfono cayó sobre la cama. Valeria lo sabía todo. Los vigilaba. Pero entonces recordó el abrazo de Mateo, la risa de los pequeños, la mano de doña Carmen en su brazo. El miedo se transformó en determinación.

Sacó un cuaderno y escribió:

*Valeria está aquí. Me vigila. Tiene miedo de que la gente prefiera mi forma de ser. Mañana voy al colegio con Mateo. Y luego descubriré qué esconde. Puede amenazarme, pero no tocará a esos niños. No mientras yo respire. Esta vez no gana ella.*

Cerró el cuaderno y apagó la luz. Mañana sería difícil, pero no daría un paso atrás. No más.

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Graciela Calcaterra
Esto cada vez tiene menos sentido,no era que lo había dejado en el aula de la escuela? Y ahora resulta que está en la casa.Coherencia por favor,esto es una burla!
Graciela Calcaterra
Esto cada vez tiene menos sentido,no era que lo había dejado en el aula de la escuela? Y ahora resulta que está en la casa.Coherencia por favor,esto es una burla!
Graciela Calcaterra
Ahora se llama Eduardo no Leonardo,muy confusas está novela, repetís texto,confusa
nezhan: ¡Hola Graciela! Disculpa la confusión 🙏 Tienes toda la razón, cometí errores con el nombre y repeticiones de texto. Ya los corregí de inmediato. Muchas gracias por avisarme, de verdad lo valoro mucho. ¡Gracias por leer!
total 1 replies
Graciela Calcaterra
Tiene 23 años y un hijo de 8 años,lo tuvo a los 15 , entonces que se casó a los 14 años 🤔?
nezhan: ¡Hola! 😊 Muchas gracias por leer y por fijarte en ese detalle. Te lo explico: ella tiene 23 años y su hijo 8, lo que significa que lo tuvo a los 15 años, no que se casara a los 14. Esa confusión se debe a que al leerlo rápido puede parecer que digo que se casó a esa edad, pero en realidad se casó poco después de cumplir los 15, ya que en esa época y en ese entorno era costumbre hacerlo así al quedar embarazada. ¡Gracias por tu pregunta!
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