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LA VENGANZA ES UN ARTE

LA VENGANZA ES UN ARTE

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mafia / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:8.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Una joven heredera de un imperio financiero y de la mafia, que ocultó su verdadera identidad por amor, sufre la pérdida de su bebé y el desprecio absoluto de su esposo y su suegra tras un atentado cruel. Renacida de las cenizas, regresa para ejecutar una venganza implacable, mientras se ve atrapada en un matrimonio concertado con un titán de los negocios tan arrogante y dominante como ella, uniendo dos mundos donde el poder se paga con sangre y orgullo.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

PROTOCOLO, PORTADAS Y SARCASMO

La mañana en el piso ejecutivo del Conglomerado San Román transcurría con la precisión de un reloj suizo. Verónica ocupaba su despacho como Copresidenta, un espacio amplio de cristales ahumados y diseño minimalista que dominaba toda la vista financiera de la capital. Revisaba los informes de reestructuración bancaria cuando la puerta se abrió sin previo aviso.

No era su secretaria, sino Isaías. Entró con la arrogancia natural que lo caracterizaba, vistiendo un traje gris oscuro de sastrería italiana y una corbata perfectamente ajustada. Traía en la mano un documento oficial con el sello del corporativo.

—Veo que te has instalado rápido —comenzó Isaías, deteniéndose frente al escritorio de caoba y cruzando los brazos con una media sonrisa desafiante.

—Este lugar necesita orden, no visitas innecesarias, San Román —respondió Verónica sin levantar la vista de los documentos, pasando una página con absoluta tranquilidad.

Isaías dejó caer el documento oficial sobre el escritorio, justo frente a ella.

—Es un memorándum interno que acabo de emitir a todo el personal del conglomerado, desde la gerencia general hasta el último empleado de mantenimiento —dijo él con voz firme, disfrutando de su propia ocurrencia—. A partir de hoy, queda estrictamente prohibido que se refieran a ti como "señorita Comellas" o "directora". En cada pasillo, en cada reunión y en cada documento oficial, deberás ser nombrada y tratada única y exclusivamente como la señora San Román.

Verónica detuvo el movimiento de su bolígrafo. Levantó la vista lentamente y fijó sus ojos oscuros en los de su esposo. Un destello de pura exasperación cruzó su rostro antes de transformarse en una sonrisa fría e incisiva.

—¿De verdad era necesario emitir un comunicado corporativo para calmar tus inseguridades de macho alfa, Isaías? —replicó Verónica con un tono de voz tan cargado de sarcasmo que hizo que la sonrisa de Isaías vacilara por un segundo—. ¿Qué sigue? ¿Vas a obligar a todo el edificio a hacer una reverencia cada vez que cruce el vestíbulo para recordarme de quién soy esposa? Qué derroche de prepotencia.

Isaías se inclinó sobre el escritorio, acercando su rostro al de ella, con la mirada ardiendo de una intensidad peligrosa.

—No son inseguridades, Verónica. Es protocolo y orden —siseó él en un tono bajo y grave—. Eres mi esposa ante la ley, ante los socios y ante los registros mercantiles. Más vale que te vayas acostumbrando a llevar mi apellido con el respeto que exige, porque no toleraré que nadie en este mundo olvide a quién perteneces.

—A nadie pertenezco, San Román —le devolvió ella con una frialdad absoluta, poniéndose de pie para quedar a su misma altura, desafiándolo sin parpadear—. Te firmé un contrato de negocios y de fachada, no un título de propiedad. Así que guárdate tus comunicados imperiales para cuando estés a solas con tu ego.

Isaías la observó durante unos segundos eternos, dividido entre la furia que su carácter indomable le provocaba y la fascinación irrefrenable que sentía cada vez que ella le plantaba cara. Sin decir una sola palabra más, dio media vuelta y salió de la oficina, dejando un rastro de tensión electrizante en el ambiente.

Sin embargo, el verdadero juego de provocaciones apenas iba a comenzar.

A mitad de la tarde, mientras Verónica supervisaba una transferencia bancaria internacional desde su terminal ejecutiva, su teléfono celular vibró sobre el escritorio con una notificación urgente de los portales de farándula digital.

Desbloqueó la pantalla y abrió el artículo principal de la revista de espectáculos más leída del país. El titular decía: ¡EXCLUSIVA! EL MAGNATE ISAÍAS SAN ROMÁN CAPTADO EN UNA CITA PRIVADA A PLENA LUZ DEL DÍA.

El artículo iba acompañado de una fotografía de alta definición tomada desde una terraza exclusiva en el distrito financiero. En la imagen, Isaías aparecía sentado en una mesa privada de un restaurante de alta cocina, inclinado ligeramente hacia adelante mientras una mujer despampanante, de melena rubia y vestido de diseñador, le sonreía de forma coqueta al otro lado de la mesa, rozando disimuladamente su mano con la de él.

Verónica miró la fotografía con detención. No sintió celos; el corazón no se le encogió por romanticismos absurdos. Lo que sintió fue una fría y afilada diversión combinada con una picardía calculadora. El gran Isaías San Román, el hombre que exigía fidelidad absoluta y castigos implacables en el contrato matrimonial, andaba pavoneándose por los restaurantes más caros de la ciudad con otra mujer a pocas horas de haberle exigido que la llamaran "señora San Román".

—Vaya, vaya... con que el lobo sale a pasear cuando la loba no mira —murmuró Verónica para sí misma, apagando la pantalla del teléfono con una sonrisa helada.

La noche cayó sobre la mansión San Román. El comedor principal estaba iluminado por la luz tenue de un candelabro moderno. Sobre la mesa de mármol negro reposaba una cena de tres tiempos preparada por el chef privado, aunque ninguno de los dos había tocado los platos.

Isaías entró al comedor despojándose del saco y aflojándose la corbata con aire cansado. Al ver a Verónica sentada en el extremo opuesto de la mesa, vistiendo un elegante conjunto de seda negra que contrastaba con la palidez altiva de su rostro, sintió una extraña tensión en el aire. Ella lo miraba fijamente, bebiendo un sorbo de vino tinto con absoluta parsimonia.

—Llegas tarde para cumplir con el protocolo de la "señora San Román", querido —comenzó Verónica con una voz suave, casi cantarina, mientras dejaba la copa sobre la mesa con un leve tintineo.

Isaías tomó asiento frente a ella, frunciendo ligeramente el ceño ante el tono de su voz.

—Tuve una reunión de última hora con los inversionistas de la constructora —respondió él con sequedad, sirviéndose agua—. Los negocios no se manejan solos.

—¿Negocios? —preguntó Verónica, arqueando una ceja con exquisita ironía—. Qué término tan curioso para definir una romántica cita a mediodía en la terraza del Bistro Central.

Isaías se detuvo con el vaso a medio camino de sus labios. La miró fijamente, evaluando el terreno.

—¿De qué estás hablando? —inquirió con su habitual tono imperturbable, aunque sus ojos oscuros se estrecharon.

Verónica deslizó su teléfono celular por la superficie de la mesa de mármol hasta dejarlo justo frente a él. La pantalla mostraba en primer plano la fotografía de la revista de farándula: Isaías y la mujer rubia compartiendo la mesa, con las manos sospechosamente cerca.

—Me refiero a que, si vas a saltarte tus propias reglas de fidelidad absoluta y honor al apellido que tanto exiges, al menos deberías elegir un restaurante menos visible para los paparazzis, Isaías —soltó Verónica con una sonrisa burlona y letal—. O tal vez la rubia de la mesa exigía ver la luz del sol antes de firmar sus propios acuerdos corporativos.

El rostro de Isaías se endureció de inmediato. La mandíbula se le tensó y un destello de genuina molestia cruzó su mirada, no por haber sido descubierto —pues la mujer en la foto era simplemente una socia internacional de bienes raíces con la que había tenido un almuerzo estrictamente de negocios tergiversado por la prensa—, sino porque su esposa lo estaba mirando con esa condescendencia divertida, como si se tratara de un niño travieso.

—No es lo que parece, Verónica —empezó a decir Isaías con voz grave, inclinándose hacia adelante en un intento por recuperar el control de la situación.

Pero Verónica levantó una mano, interrumpiéndolo con un desdén absoluto mientras se ponía de pie con elegancia.

—Guárdate las excusas para la prensa del corazón, San Román —dijo ella, caminando hacia la salida del comedor con pasos firmes y seguros—. A mí no me importa lo que hagas fuera de estas cuatro paredes, siempre y cuando no afectes mis intereses legales. Pero si vas a jugar a dos puntas, asegúrate de que la próxima vez la mujer tenga mejor gusto para vestir... y tú mejor discreción para que no me aburras con escándalos tan mediocres.

Isaías se quedó sentado en la penumbra del comedor, mirando el teléfono sobre la mesa. Por primera vez en su vida, un hombre acostumbrado a dominarlo todo sentía que el control se le escapaba de las manos, no por debilidad, sino porque la mujer con la que se había casado era un auténtico huracán al que no pensaba domar tan fácilmente.

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Patricia
me encanta esta novela, no sé porque no tiene likes, talvez la subió hace poco pero bien entretenida la novela
Patricia
bendito karma estos tres la están pagando duro, pero algo malo han de hacer
Patricia
me encanta imaginar a Isaías estético, pero me da pesar por los empleados maltratados por el ogro
Patricia
hola querida escritora, está novela está muy interesante, me tiene totalmente enganchada
Naibelys Perez: ❤️🥰me alegro mucho que le gusten mis novelas. 👏
total 1 replies
Miriam Piedrabuena
Me gustó
Becky Navarro
esto ya aburrio
Becky Navarro
ya me aburrio parecen niños caprichosos son mafiosos autora ceos se pasan ni un decomiso ni enfrentamientos secuestros el otro chillón del el ex
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