Ya llegue con una nueva historia, bueno lean la y comenten
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8 la sangre de un príncipe
—¡Cedric!
La voz de Selene resonó por los pasillos mientras corría sin detenerse.
Su vestido se desgarró al rozar las esquinas.
No le importó.
Astaroth corría a su lado con una velocidad sobrehumana.
Los guardias apenas alcanzaban a ver una sombra negra pasar frente a ellos.
Cuando llegaron al patio principal...
El combate ya había comenzado.
Más de treinta soldados luchaban contra hombres vestidos con túnicas negras.
Los cuerpos cubrían el suelo de mármol.
La sangre teñía las escalinatas del palacio.
—¡Protejan al príncipe! —gritaba un capitán.
En el centro de la batalla, Cedric peleaba como un auténtico héroe.
Su espada plateada cortaba el aire con una elegancia impecable.
Cada movimiento derribaba a un enemigo.
—¡No retrocedan!
Los soldados recuperaron el ánimo al escucharlo.
Pero entonces...
Un anciano consejero apareció corriendo.
—¡Alteza! ¡Cuidado!
Cedric giró por instinto.
Demasiado tarde.
El anciano sacó una daga oculta entre sus ropas.
La clavó directamente en el costado del príncipe.
—¡Muere!
Los ojos de Selene se abrieron con horror.
—¡¡CEDRIC!!
El tiempo pareció detenerse.
El consejero sonrió con una expresión de absoluta locura.
—La guerra... comienza hoy...
Antes de que pudiera volver a atacar...
Una sombra apareció detrás de él.
Astaroth.
Su mano rodeó el cuello del traidor.
—Te equivocaste de víctima.
Con un solo movimiento lo lanzó contra una columna de piedra.
El impacto fue tan brutal que la columna se resquebrajó.
El traidor cayó al suelo sin vida.
No hubo interrogatorio.
No hubo misericordia.
Astaroth jamás perdonaba a quien atacaba por la espalda.
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Selene cayó de rodillas junto a su hermano.
La sangre no dejaba de brotar.
—¡Médicos!
Cedric respiraba con dificultad.
Aun así...
Sonrió.
—No llores...
Ella negó con la cabeza.
—No hables.
—Siempre... das órdenes...
Incluso herido seguía intentando tranquilizarla.
Los médicos llegaron corriendo.
Uno de ellos examinó la herida.
Su rostro perdió el color.
—La daga tenía veneno.
El emperador Solar llegó apenas unos segundos después.
Al ver a su hijo tendido en el suelo...
Su mundo se vino abajo.
—¡Sálvenlo!
Los médicos llevaron a Cedric al interior del palacio.
Selene quiso seguirlos.
Pero sus piernas dejaron de responder.
Astaroth la sostuvo antes de que cayera.
Por primera vez...
Ella no lo apartó.
Ni siquiera intentó hacerlo.
Solo observó la sangre que había quedado en sus manos.
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Horas más tarde...
La puerta de la enfermería permanecía cerrada.
Nadie podía entrar.
Los emperadores esperaban en silencio.
Los generales caminaban de un lado a otro.
Selene seguía sentada frente a la puerta.
No había pronunciado una sola palabra.
Astaroth se sentó a su lado.
Durante varios minutos tampoco habló.
Luego rompió el silencio.
—Vivirá.
Ella respondió sin levantar la vista.
—No puedes saberlo.
—Lo sé.
—¿Cómo?
Él sonrió apenas.
—Porque todavía tiene algo pendiente.
Selene lo miró confundida.
—¿Qué cosa?
—Entregarte el día de nuestra boda.
Ella lo observó durante unos segundos.
Y, contra toda lógica...
Una pequeña risa escapó de sus labios.
Muy suave.
Muy breve.
Pero real.
Astaroth la miró satisfecho.
—Esa sonrisa vale cada golpe que me das.
Ella volvió a ponerse seria.
—No te acostumbres.
—Jamás.
Pero ya sé que existe.
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En ese momento...
Las puertas de la enfermería se abrieron.
Todos se levantaron de inmediato.
El médico principal salió con el uniforme cubierto de sangre.
—¿Mi hijo? —preguntó el emperador.
El anciano hizo una reverencia.
—El príncipe Cedric está fuera de peligro.
Un enorme suspiro de alivio recorrió el salón.
Pero el médico continuó.
—Sin embargo...
La daga estaba impregnada con un veneno muy antiguo.
Hemos logrado salvarle la vida...
Pero necesitará semanas para recuperarse.
Y aún desconocemos si ese veneno dejará secuelas.
El ambiente volvió a tensarse.
Astaroth frunció ligeramente el ceño.
Conocía ese tipo de venenos.
No eran fáciles de conseguir.
Solo unas pocas familias del Imperio Demoníaco tenían acceso a ellos.
Eso significaba algo terrible.
El enemigo...
No era únicamente del Imperio Solar.
Había alguien del Imperio Demoníaco colaborando con la conspiración.
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Esa misma noche...
En una sala secreta iluminada por antorchas, el hombre del anillo negro observaba un tablero de ajedrez.
Con una sonrisa tranquila, tomó una pieza blanca con forma de rey.
—Cedric sobrevivió...
La dejó nuevamente en su lugar.
Luego levantó una pieza negra con forma de demonio.
—Tal como esperaba.
Uno de sus subordinados frunció el ceño.
—¿Esperaba que falláramos?
El hombre sonrió.
—No.
Esperaba que Astaroth descubriera que hay traidores entre los demonios.
La desconfianza...
Es el veneno más poderoso.
No mata de inmediato.
Pero destruye cualquier alianza desde dentro.
Movió una última pieza.
La reina blanca.
Y la dejó completamente rodeada.
—Ahora...
Comienza la siguiente fase.
Hacer que la princesa dude del hombre que empieza a conquistar su corazón.
muchas gracias, bendiciones...