Ella era una científica que renace en un nuevo mundo. Ahora tiene magia y puede dedicarse a cumplir sus sueños.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Megara 2
Durante los días siguientes, Megara decidió hacer algo muy importante.
Intentaría actuar como si nada hubiera pasado.
No podía comenzar a comportarse de manera extraña de un día para otro.
No podía decirle a todo el mundo que había muerto en otra vida, que había visto su futuro y que ahora tenía la intención de cambiarlo.
[Probablemente me encerrarían en una habitación].
Así que decidió guardar sus recuerdos para ella.
Continuó asistiendo a sus clases en el templo.
Continuó levantándose temprano.
Continuó estudiando.
Continuó practicando magia.
Y, sobre todo...
Intentó comportarse como la Megara que todos conocían.
Sin embargo, había un pequeño problema.
No era tan fácil como había pensado.
Una mañana, durante una de sus clases, la maga Roun la observó mientras practicaba un hechizo básico.
Megara levantó las manos.
Concentró el mana.
Pronunció correctamente las palabras del hechizo.
Una pequeña esfera de luz apareció frente a ella.
Perfecta.
Estable.
Sin ninguna fluctuación.
La maga Roun la observó durante unos segundos.
—Muy bien.
Megara sonrió.
—Gracias, maestra.
Roun la miró fijamente.
—Estás diferente.
Megara se quedó quieta.
[¡¿Tan rápido?!]
—¿Diferente?
—Sí.
La maga Roun cruzó los brazos.
—Antes dudabas mucho antes de realizar un hechizo.
Megara sintió que una gota de sudor imaginaria recorría su frente.
[Claro que dudaba. Yo tampoco sabía que podía morir y volver a nacer].
Roun continuó.
—Ahora pareces mucho más segura.
Megara sonrió tranquilamente.
—Quizás estoy creciendo.
La maga Roun la observó durante unos segundos.
Megara mantuvo la sonrisa.
[Tranquila. No sospeches nada].
Finalmente, Roun sonrió.
—Puede ser.
Megara soltó discretamente el aire que había estado reteniendo.
—Mientras continúes esforzándote, no hay nada de qué preocuparse.
—Sí, maestra.
Roun continuó con la clase.
Megara volvió a concentrarse.
Pero por dentro...
[¡Eso estuvo demasiado cerca!].
Afortunadamente, nadie volvió a preguntarle nada.
Y así continuó su vida en el templo.
Las clases de magia eran interesantes.
Las clases de teoría eran sencillas.
Los ejercicios prácticos le resultaban cada vez más fáciles.
Pero había una clase que llamaba especialmente su atención.
Pociones.
Antes de su segunda vida, Megara había tenido poca paciencia con aquella materia.
Había que memorizar demasiadas cosas.
Ingredientes.
Temperaturas.
Cantidades.
Tiempos de cocción.
Métodos de extracción.
Reacciones.
Era agotador.
Sin embargo...
Ahora era diferente.
Megara entró al aula de pociones y observó los ingredientes sobre las mesas.
Hierbas.
Cristales.
Polvos.
Raíces.
Pétalos.
Pequeños frascos con líquidos de diferentes colores.
Sus ojos comenzaron a brillar.
[Espera].
Se acercó a una mesa.
Tomó un ingrediente.
Lo observó.
Lo olió.
Lo examinó con cuidado.
[Esto se parece muchísimo a un catalizador].
Tomó otro.
[Esto podría funcionar como estabilizador].
Después otro.
[Esto probablemente aumente la velocidad de reacción].
Megara abrió mucho los ojos.
[¡Esto es química!].
Por supuesto, no era exactamente química.
Era magia.
Pero las reglas no eran tan diferentes como había imaginado.
Las sustancias reaccionaban.
Los ingredientes podían combinarse.
Las cantidades importaban.
La temperatura importaba.
El orden en que se agregaban los componentes importaba.
Y el mana...
El mana podía alterar las reacciones.
[¡Esto es maravilloso!].
De pronto, su antigua carrera universitaria dejó de parecerle inútil.
Todo aquello que había aprendido durante años seguía dentro de su cabeza.
Las fórmulas.
Las proporciones.
Las reacciones químicas.
La importancia de controlar las variables.
La observación.
La experimentación.
El método.
Todo podía utilizarlo ahora.
Megara tomó una pequeña balanza.
Pesó cuidadosamente un ingrediente.
Después otro.
Y otro.
—Megara.
Ella levantó la cabeza.
Era Circe.
Una de sus amigas más cercanas.
—¿Qué haces?
—Una poción.
Circe miró los ingredientes.
Después miró a Megara.
—Ya lo sé.
Megara parpadeó.
—Entonces...
—Lo que quiero decir es que estás demasiado concentrada.
Megara sonrió.
—Me interesa.
Circe levantó una ceja.
—Eso sí que es nuevo.
—¿Por qué?
—Porque antes odiabas esta clase.
Megara se quedó en silencio.
[Es verdad].
Circe se acercó.
—Recuerdo perfectamente cómo te quejabas cada vez que teníamos pociones.
—¿Yo?
—Sí.
Circe comenzó a imitarla.
—"¿Por qué tenemos que aprendernos tantas cantidades?"
Megara abrió los ojos.
—¡Yo no hablaba así!
—Sí hablabas así.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
Megara intentó contener la risa.
Circe finalmente sonrió.
—Pero ahora parece ser tu clase favorita.
Megara miró nuevamente el caldero.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Las personas cambian.
Circe inclinó la cabeza.
—¿Las personas cambian?
—Claro.
Megara comenzó a revolver lentamente la mezcla.
—A veces simplemente necesitan una razón.
Circe la observó con curiosidad.
—Eso sonó profundo.
Megara se quedó pensando.
[¿Sonó profundo?]
—Solo estoy diciendo la verdad.
Circe sonrió.
—Bueno, sea cual sea tu razón, me alegra que ahora te guste.
Megara volvió a mirar la poción.
El líquido comenzó a cambiar de color.
Ella ajustó la temperatura.
Añadió una pequeña cantidad de polvo.
Esperó exactamente unos segundos.
Después agregó el siguiente ingrediente.
La reacción fue inmediata.
Una luz azul apareció sobre el caldero.
Megara abrió los ojos.
[¡Funcionó!].
Se inclinó hacia adelante.
[La reacción es estable].
Agregó una pequeña cantidad de mana.
La luz se intensificó.
[¡Y el mana funciona como una fuente de energía!].
Su mente comenzó a trabajar a una velocidad increíble.
[Entonces, si controlo la cantidad de mana...]
Tomó rápidamente un cuaderno.
Comenzó a escribir.
Circe la observó.
—¿Qué estás haciendo?
—Anotando.
—¿Para qué?
—Para repetirlo después.
—¿Quieres hacer otra?
Megara levantó la mirada.
Sus ojos brillaban de emoción.
—Quiero hacer cien.
Circe quedó en silencio.
—¿Cien?
—Quizás mil.
—Megara...
—Tengo que comprobar si los resultados son reproducibles.
Circe la miró confundida.
—¿Repro... qué?
Megara se quedó inmóvil.
[¡Ups!].
—Quiero decir...
Pensó rápidamente.
—Quiero comprobar si funciona siempre.
—Ah.
Circe asintió.
Megara volvió a sonreír.
[Perfecto].
Y continuó escribiendo.
Por primera vez desde que había despertado en aquella nueva vida, sintió que todo tenía sentido.
Su pasado no había desaparecido.
Su antigua vida como química no había sido un desperdicio.
Todo lo que había aprendido podía acompañarla.
Ahora podía combinar dos mundos.
La ciencia que había estudiado durante años...
Y la magia que acababa de heredar.
Megara miró el caldero.
La poción brillaba suavemente.
[Quizás esta segunda vida no sea tan mala].
Sonrió.
[Quizás incluso pueda hacer algo increíble].
Luego miró los ingredientes restantes.
Y su sonrisa se hizo todavía más grande.
[Algo científicamente increíble].
Sin saberlo, acababa de comenzar un camino que convertiría a Lady Megara en una de las magas más talentosas de Sunderland.
Y todo había comenzado porque una antigua química...
Había descubierto que las pociones eran, básicamente...
Química con magia.
😂😂😂
Ya caíste con Thomas 💖💖