NovelToon NovelToon
Enamorada De Mi Suegro

Enamorada De Mi Suegro

Status: Terminada
Genre:Casada Con Mi Ex's Familiar / Padre soltero / Romance / Completas
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Jisieli

Ayzel descubre que su novio le es infiel después de tres años de relación. Ella quiere destruirlo y para eso utilizará a su suegro, un CEO muy famoso y millonario.

Lo que Ayzel no sabe es que su suegro, desde hace mucho la desea y no le importaría que ella lo use mientras se quede a su lado.

¿Podrán Ayzel llegar a enamorarse perdidamente de su suegro o solo seguirá con el plan original?



Espero que les guste. ¡Síganme para más!

NovelToon tiene autorización de Jisieli para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8: La contraofensiva

La mañana llegó cargada de tensión. Ayzel apenas había dormido, dando vueltas en la cama mientras Alexander descansaba a su lado, su respiración profunda y rítmica. Pero ella no podía calmarse. La imagen de Laura, con su sonrisa venenosa, se repetía en su mente una y otra vez. El plazo de 48 horas era una bomba de tiempo.

Cuando Alexander despertó, la encontró sentada en el borde de la cama, mirando por la ventana.

—¿No has dormido nada? —preguntó él, sentándose a su lado y pasándole un brazo por los hombros.

—No podía. La amenaza de Laura… no puedo quitármela de la cabeza.

—Vamos a solucionarlo. —Su voz era firme, segura—. Tengo un amigo en la policía federal, el comisario Klaus Richter. Es de toda confianza. Lo llamaré para que investigue la procedencia de esa foto.

—¿Y si no pueden hacer nada? ¿Si Laura la publica antes?

—Entonces la enfrentaremos. Pero no va a llegar a eso. —La besó en la sien—. Confía en mí.

Ayzel asintió, aunque la inquietud seguía latiendo en su pecho. Se levantaron, desayunaron rápido, y Alexander hizo la llamada. El comisario Richter prometió enviar a un equipo de ciberdelincuencia para rastrear el origen de la imagen. También recomendó no pagar el chantaje, ya que eso solo alentaría a Laura a pedir más.

—No pienso pagarle ni un centavo —dijo Alexander, colgando el teléfono—. Pero necesitamos ganar tiempo. Dile que estás reuniendo el dinero, que necesitas unos días más.

—¿Y si no muerde el anzuelo?

—Lo hará. Es una oportunista. Quiere el dinero fácil. Si cree que está a punto de obtenerlo, esperará.

Ayzel tomó su teléfono y escribió un mensaje a Laura, tal como Alexander le había indicado. "Estoy reuniendo el dinero. Necesito una semana. No publiques nada."

La respuesta llegó minutos después. "Tienes cinco días. Ni uno más."

Ayzel exhaló, aliviada por el margen de tiempo, pero consciente de que la presión seguía ahí.

---

Esa tarde, el comisario Richter llegó a la mansión. Era un hombre de unos cincuenta años, canoso, de mirada seria pero no severa. Vestía de civil, pero su porte delataba su formación militar.

—Señor Woodgreen, señorita Hudson —saludó, estrechando sus manos—. He revisado el caso. La foto fue tomada con un dispositivo oculto en la lámpara de la mesilla de noche. Eso significa que alguien entró en la habitación para instalarlo.

—¿Cómo es posible? —preguntó Ayzel, alarmada—. La casa tiene seguridad. Cámaras, alarmas.

—La alarma no estaba activada esa noche —reveló Alexander, con el rostro sombrío—. Cuando llegamos, yo la desconecté para no despertar a los vecinos. Pensé que era seguro.

—Alguien aprovechó ese descuido —dijo Richter—. Las cámaras de seguridad muestran a una mujer rubia accediendo a la propiedad a las tres de la madrugada. No forzó la entrada; tenía una llave.

Ayzel sintió un escalofrío. Laura había obtenido una llave de la mansión. ¿Cómo? ¿De Axel? ¿O había alguien más involucrado?

—¿Podemos identificar a la mujer? —preguntó Alexander.

—Las imágenes son borrosas, pero estamos trabajando en mejorar la resolución. También estamos rastreando la compra de la cámara. Si la pagó con tarjeta, tendremos su nombre.

—¿Y qué hacemos mientras tanto? —preguntó Ayzel.

—Mantener el perfil bajo. No confrontarla directamente. Dejen que ella crea que va a ganar. Nosotros la vigilaremos.

Richter se despidió, prometiendo mantenerlos informados. Cuando se fue, Ayzel se dejó caer en el sofá, agotada.

—Esto es una locura —murmuró—. No pensé que Laura fuera tan peligrosa.

—Yo tampoco. —Alexander se sentó a su lado, tomándole la mano—. Pero no voy a permitir que te haga daño. Te lo prometo.

—¿Y si no podemos detenerla? ¿Y si la foto sale a la luz?

—Entonces la enfrentaremos. Juntos. —La miró fijamente—. No me avergüenzo de ti, Ayzel. Y no voy a esconderme.

Ella sintió una calidez en el pecho. A pesar de todo, Alexander estaba dispuesto a arriesgar su reputación por ella. Eso significaba algo. Significaba todo.

---

Tres días pasaron. La investigación avanzaba lentamente. Richter confirmó que la cámara había sido comprada en una tienda física, con dinero en efectivo, así que no había rastro digital. Pero las imágenes de la mujer rubia habían sido mejoradas, y aunque no mostraban el rostro con claridad, la complexión y el cabello coincidían con Laura.

El plazo se acercaba. Faltaban dos días.

Ayzel estaba nerviosa, irritable. Cualquier ruido la sobresaltaba. Alexander intentaba mantener la calma, pero ella notaba la tensión en sus hombros, en la forma en que se frotaba la barba cuando estaba preocupado.

La noche antes de la fecha límite, sonó el teléfono de Ayzel. Era un mensaje de Laura.

"Mañana a las 10 de la mañana, en el café de la estación central. Trae el dinero. Si no apareces, la foto se publica."

Ayzel se lo mostró a Alexander.

—Iré yo —dijo él, decidido.

—No. Es a mí a quien quiere ver.

—Es demasiado peligroso. Podría hacerte daño.

—Por eso mismo tengo que ir. Si no voy, sabrá que estamos tramando algo. Y publicará la foto.

Alexander dudó, pero finalmente asintió.

—Iré contigo. Me quedaré cerca, pero fuera de su vista. Si algo sale mal, intervendré.

—Está bien.

---

La mañana siguiente, Ayzel se preparó con cuidado. Vistió ropa cómoda pero elegante, y llevaba un bolso grande que simulaba contener el dinero. En realidad, solo llevaba un teléfono y una grabadora oculta que Richter le había proporcionado.

El café de la estación central estaba lleno de viajeros y turistas. Ayzel se sentó en una mesa apartada, como Laura le había indicado. Esperó diez minutos, quince, veinte. Cuando empezaba a pensar que Laura no aparecería, la vio entrar.

Llevaba gafas de sol y un pañuelo en la cabeza, claramente disfrazada. Se sentó frente a Ayzel sin saludar.

—¿Trajiste el dinero?

—Enséñame primero la foto original y la copia de seguridad.

Laura sonrió, ladeando la cabeza.

—Eres más lista de lo que pareces. —Sacó un teléfono y mostró la imagen en la pantalla—. Aquí está. Y tengo copias en tres lugares diferentes. Si intentas algo, se publicarán automáticamente.

Ayzel respiró hondo. Era el momento de jugar su carta.

—No tengo el dinero —dijo, con calma.

—¿Qué? —La sonrisa de Laura se desvaneció—. ¿Me estás tomando el pelo?

—No. Pero tengo algo mejor. —Sacó la grabadora y la puso sobre la mesa—. Esta conversación está siendo grabada. Y tengo pruebas de que has estado chantajeando a otras víctimas antes que a mí. Si la foto se publica, estas grabaciones irán directamente a la policía.

Laura palideció.

—Estás mintiendo. No tienes nada.

—¿Quieres comprobarlo? —Ayzel sonrió, imitando su actitud—. He investigado tu pasado, Laura. Las denuncias retiradas. Los hombres a los que extorsionaste. Tengo todo documentado.

El silencio se hizo pesado. Laura apretó los puños, los ojos echando chispas.

—Eres una zorra.

—Puede ser. Pero una zorra que va a ganar esta partida.

De repente, una mano firme se posó sobre el hombro de Laura. Era Alexander, acompañado de dos agentes de policía vestidos de civil.

—Señorita Vilches —dijo uno de los agentes, mostrando su placa—, queda detenida por chantaje y extorsión. Tiene derecho a guardar silencio...

Laura intentó protestar, forcejear, pero los agentes la esposaron rápidamente. Mientras se la llevaban, lanzó una última mirada venenosa a Ayzel.

—Esto no termina aquí —siseó—. Tengo aliados. Y ellos harán justicia.

Ayzel no respondió. Vio cómo se la llevaban, sintiendo una mezcla de alivio y preocupación. Las palabras de Laura resonaban en su cabeza: «Tengo aliados.»

¿Quiénes eran esos aliados? ¿Y qué más les esperaba?

Alexander la abrazó, fuerte, protegiéndola.

—Terminó —susurró.

Pero Ayzel sabía que no era cierto. La tormenta había pasado, pero la tempestad verdadera aún no había llegado.

...****************...

1
Jipsianay Garcia
gracias autora
Aura Prieto MPH
😈
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play