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La Puerta Del Quebranto

La Puerta Del Quebranto

Status: En proceso
Genre:Demonios / Terror / Casos sin resolver
Popularitas:142
Nilai: 5
nombre de autor: Gil Carcamo

Sinopsis

Hay dolores que sanan con el tiempo.

Y hay otros que abren puertas.

En el Japón actual, una serie de desapariciones y muertes inexplicables tiene un inquietante punto en común: todas las víctimas atravesaban un profundo sufrimiento antes de que el horror comenzara.

Cuando una joven, devastada por una ruptura amorosa, empieza a experimentar sucesos imposibles, el investigador Gabriel Salazar descubre que una antigua entidad demoníaca intenta apoderarse de su cuerpo. Pero salvarla no será suficiente. Detrás de esa posesión se oculta un plan mucho más oscuro, capaz de cambiar para siempre el mundo de los vivos.

Porque los demonios no derriban puertas...

Esperan a que alguien las abra.

NovelToon tiene autorización de Gil Carcamo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 1

El expediente 1908

La lluvia caía sobre Tokio con la monotonía de un reloj. Desde el ventanal de su pequeño despacho, en el distrito de Kanda, Gabriel Salazar observaba cómo las luces de los letreros de neón se deformaban sobre el pavimento mojado.

Las tres de la madrugada siempre eran iguales.

El teléfono no sonaba.

Las calles comenzaban a vaciarse.

Y el silencio parecía esconder algo detrás de cada edificio.

Gabriel sostenía una taza de café que ya estaba frío mientras revisaba unas fotografías antiguas. En ellas aparecían habitaciones destruidas, paredes cubiertas de símbolos y rostros congelados por un miedo imposible de explicar.

Durante ocho años había investigado sucesos que la policía archivaba como accidentes, suicidios o desapariciones. Casos que nunca aparecían en las noticias. Casos donde la lógica dejaba de existir.

Nunca había aceptado llamarse exorcista.

Prefería un término más sencillo.

Investigador.

Porque antes de enfrentarse a cualquier entidad, primero buscaba entenderla.

Sobre su escritorio descansaban decenas de carpetas perfectamente ordenadas. Cada una llevaba un número, una fecha y una ciudad distinta de Japón.

Todas tenían algo en común.

Ninguna había terminado bien.

Un leve golpe en la puerta rompió el silencio.

Tres golpes.

Lentos.

Precisos.

Gabriel levantó la vista hacia el reloj.

3:21 a. m.

Nadie lo visitaba a esa hora.

Mucho menos sin avisar.

Se acercó con cautela y abrió apenas unos centímetros.

No había nadie.

Solo una caja de cartón empapada por la lluvia.

Miró a ambos lados del pasillo.

Vacío.

Tomó la caja y la llevó hasta el escritorio.

No tenía remitente.

No tenía sellos.

Solo una etiqueta escrita a mano con tinta negra.

"Para Gabriel Salazar. Solo usted comprenderá."

Su expresión cambió.

Al abrirla encontró una carpeta gruesa protegida por una bolsa transparente.

En la portada podía leerse:

EXPEDIENTE 1908

Tokio, Japón

Clasificación: Restringido

Debajo había una nota escrita con la misma caligrafía.

"Si este documento llegó a sus manos, significa que todos los que intentaron ocultarlo han fracasado."

Gabriel respiró hondo.

No sabía quién la había enviado.

Pero conocía ese tipo de advertencias.

Nunca terminaban bien.

Abrió la carpeta.

La primera hoja contenía únicamente una fotografía.

Era el interior de un apartamento.

Todo parecía normal... excepto por una frase escrita sobre el vidrio de una ventana.

"El dolor abre la puerta."

Sintió un escalofrío.

No por la frase.

Sino porque la reconocía.

Había encontrado esas mismas palabras cuatro años atrás, grabadas con las uñas sobre la pared de una casa abandonada en Kioto.

Y dos años después, escritas con carbón en el sótano de un templo en Nagano.

Siempre aparecían después de una posesión.

Nunca antes.

Continuó leyendo.

Las siguientes páginas eran copias de informes policiales, declaraciones de testigos y fotografías tomadas durante la inspección del apartamento 1908.

Todo coincidía con el relato oficial.

Excepto un detalle.

Faltaban páginas.

Alguien había arrancado parte del expediente.

Justo aquellas donde debía explicarse qué ocurrió durante los treinta y ocho segundos perdidos de la cámara corporal de uno de los agentes.

Gabriel cerró lentamente la carpeta.

Alguien no solo quería que investigara ese caso.

Quería que descubriera aquello que otros habían decidido borrar.

En ese instante, su teléfono vibró sobre el escritorio.

No aparecía ningún número.

Solo una llamada entrante sin identificación.

Después de unos segundos respondió.

—¿Sí?

Al otro lado no se escuchó una voz.

Solo una respiración lenta.

Profunda.

Como si quien llamaba estuviera demasiado cerca del auricular.

Entonces una voz grave, áspera y completamente serena pronunció una sola frase en un japonés perfecto:

—Ya encontraste la puerta. Ahora encuentra a la mujer... antes de que ella nos encuentre a nosotros.

La llamada terminó.

Gabriel permaneció inmóvil, con el teléfono aún en la mano.

En ese mismo instante, una gota de agua cayó desde el techo sobre el expediente.

No era agua.

Era sangre.

Levantó lentamente la mirada.

El techo estaba completamente limpio.

No había ninguna mancha.

No había ninguna fuga.

Solo una segunda gota que cayó exactamente sobre las palabras:

"El dolor abre la puerta."

Y por primera vez en muchos años, Gabriel sintió que el caso que acababa de llegar a su despacho no era uno más.

Era el comienzo de algo que llevaba mucho tiempo esperándolo.

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