Bienvenidos a La Prometida del Enemigo. 🖤
Dos familias enfrentadas. Un matrimonio arreglado. Un secreto oculto durante años.
Lo que comienza como una unión por obligación se convertirá en una historia de amor, traición, poder y venganza. Nada es lo que parece, y cada capítulo revelará una nueva verdad.
¿Están listos para descubrir quién es realmente la prometida del enemigo?
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Capítulo 21 – La puerta que se cierra
El estruendo de la enorme puerta de piedra hizo temblar toda la sala.
Polvo y pequeños fragmentos de roca comenzaron a caer del techo.
—¡La puerta! —gritó uno de los guardias.
Dos hombres corrieron para intentar detener el mecanismo.
Fue inútil.
La puerta continuó descendiendo lentamente.
Adrián reaccionó de inmediato.
—¡Todos atrás!
Tomó a Valeria de la mano y la apartó del centro de la sala.
Esteban Montenegro observaba la escena con una tranquilidad desesperante.
—Les advertí que no debían llegar hasta acá.
Víctor dio un paso al frente.
—¿Por qué hacés todo esto?
Esteban sonrió con amargura.
—Porque ustedes destruyeron más vidas de las que imaginan.
—¡Eso es mentira! —respondió Alessandro.
—¿Mentira?
Esteban clavó sus ojos en Víctor.
—Deciles... deciles quién tomó la decisión aquella noche.
El patriarca guardó silencio.
Valeria notó cómo sus manos comenzaban a temblar.
Era la primera vez que veía a Víctor verdaderamente vulnerable.
Adrián levantó el Libro del Origen del suelo.
Lo sostuvo con firmeza.
—Se terminó.
No vas a impedir que sepamos la verdad.
Esteban dio un paso hacia él.
—¿Estás seguro?
—Completamente.
—Entonces abrilo.
Adrián miró a Valeria.
Ella asintió lentamente.
Los dos abrieron el libro sobre una antigua mesa de piedra.
Las primeras páginas hablaban del origen de las familias Moretti y Rivieri.
Había árboles genealógicos, acuerdos comerciales y fotografías muy antiguas.
Todo demostraba que durante generaciones habían vivido como aliados.
Valeria pasó otra página.
Encontró una carta cuidadosamente doblada.
En el sobre solo había una inscripción.
"Para quien encuentre el libro antes de que sea demasiado tarde."
Gabriel la reconoció de inmediato.
—Esa es la letra de Esperanza.
Valeria abrió el sobre.
Comenzó a leer en voz alta.
—"Si llegaste hasta aquí, significa que el plan para proteger a Valeria funcionó... al menos por un tiempo."
Todos permanecieron en absoluto silencio.
—"No busquen culpables entre los Moretti ni entre los Rivieri. El verdadero enemigo siempre caminó entre nosotros fingiendo ser un aliado."
Esteban cerró los ojos por un instante.
Como si aquellas palabras lo hubieran golpeado.
De pronto, uno de los guardias levantó la voz.
—¡Señor Adrián!
En la pared del fondo acababa de abrirse otra pequeña compuerta.
Dentro había un mecanismo compuesto por varios engranajes y un enorme reloj.
Las agujas comenzaban a moverse lentamente.
8:15...
8:16...
Valeria sintió un escalofrío.
—Va a llegar a las 8:17...
Gabriel observó el reloj con preocupación.
—No puede hacerlo.
—¿Por qué? —preguntó Valeria.
—Porque si ese mecanismo se activa...
La sala cambiará por completo.
Adrián levantó la linterna.
—¿Qué significa eso?
Gabriel respiró profundamente.
—Que esta habitación fue construida para proteger sus secretos.
Y cuando el reloj marca las 8:17...
Se pone en marcha un mecanismo que nadie logró detener en más de veinte años.
Las agujas avanzaron un segundo más.
8:16... y cincuenta segundos.
Todos quedaron inmóviles.
Solo se escuchaba el incesante tic... tac... tic... tac...
Y Valeria comprendió que, por primera vez, no solo estaban corriendo detrás de la verdad...
También estaban corriendo contra el tiempo.
Tic... tac... tic... tac...
El sonido del reloj se volvió cada vez más intenso.
Nadie hablaba.
Todos observaban las agujas acercarse lentamente a las 8:17.
Gabriel dio un paso hacia el mecanismo.
—¡Tenemos que detenerlo!
Uno de los guardias intentó sujetar las agujas con la mano.
Fue inútil.
El reloj siguió avanzando.
8:16... 55 segundos.
Adrián entregó el Libro del Origen a Valeria.
—Pase lo que pase, no lo sueltes.
Ella lo abrazó contra su pecho.
—¿Y vos?
Él sonrió apenas.
—Voy a asegurarme de que salgamos de acá.
Era la primera vez que Valeria veía a Adrián dejar de pensar como el heredero de los Moretti y actuar simplemente como un hombre dispuesto a protegerla.
Esteban Montenegro permanecía inmóvil.
No intentaba escapar.
No intentaba atacar.
Solo observaba el reloj.
—¿No vas a hacer nada? —preguntó Víctor.
Esteban respondió sin apartar la vista del mecanismo.
—Ya es demasiado tarde.
—¿Qué significa eso?
—Que dentro de unos segundos van a descubrir por qué este lugar fue construido.
Las agujas avanzaron.
8:16... 58 segundos.
El suelo comenzó a vibrar.
Pequeñas grietas aparecieron entre las baldosas de piedra.
Del techo cayó una fina lluvia de polvo.
Valeria sintió que el libro temblaba entre sus manos.
8:17.
Un fuerte sonido metálico recorrió toda la sala.
Los relojes de las paredes comenzaron a funcionar al mismo tiempo.
¡Dong...!
¡Dong...!
¡Dong...!
Las campanadas resonaban como si toda la mansión despertara.
Entonces ocurrió algo inesperado.
La gran puerta de bronce se abrió por sí sola.
Detrás de ella no había otra habitación.
Había un enorme salón subterráneo.
Las paredes estaban cubiertas por cientos de estanterías repletas de documentos, cajas y retratos.
En el centro descansaba una mesa redonda de mármol.
Sobre ella había dos escudos.
El de los Moretti.
Y el de los Rivieri.
Unidos.
Valeria avanzó lentamente.
—Este lugar...
Gabriel sonrió con tristeza.
—La Sala del Acuerdo.
Aquí las dos familias resolvían sus diferencias antes de que existiera el odio.
Víctor permanecía completamente inmóvil.
Las lágrimas comenzaron a llenar sus ojos.
—Mi abuelo me habló de esta sala...
Pero jamás pensé que realmente existiera.
Valeria apoyó cuidadosamente el Libro del Origen sobre la mesa.
En cuanto el cuero tocó el mármol, un pequeño compartimiento oculto se abrió.
Dentro había un sobre lacrado con cera dorada.
En el frente podía leerse:
"Abrir solo cuando las dos familias vuelvan a estar unidas."
Todos quedaron en silencio.
Adrián observó a su padre.
Después miró a Gabriel.
Finalmente posó sus ojos sobre Valeria.
—Tal vez...
Ese momento todavía no llegó.
Valeria asintió.
—No podemos abrirlo hasta saber toda la verdad.
Víctor sonrió por primera vez en mucho tiempo.
—Tomaste la decisión correcta.
Cuando parecía que todo comenzaba a calmarse, uno de los guardias revisó el otro extremo del salón.
—¡Señor!
Todos corrieron hacia él.
Había encontrado una enorme pared cubierta por retratos antiguos.
La mayoría representaba a miembros de las dos familias.
Pero uno de ellos estaba cubierto por una tela negra.
Valeria sintió un extraño impulso.
Se acercó.
Sujetó la tela.
Y la retiró lentamente.
El cuadro mostraba a un hombre y una mujer sosteniendo en brazos a una bebé.
El hombre era el mismo que aparecía junto a Esperanza en las fotografías.
La mujer era Esperanza.
Y la niña...
Llevaba la misma pulsera con el nombre Valeria.
En la parte inferior del retrato había una placa de bronce.
Valeria se inclinó para leerla.
Su respiración se detuvo.
La inscripción decía:
"Esperanza Rivieri, Alejandro Rivieri y su hija, Valeria Rivieri."
El silencio fue absoluto.
Nadie se atrevió a decir una palabra.
Por primera vez...
Valeria conocía el apellido con el que había nacido.
Y comprendió que no solo era la hija perdida de la familia rival...
Era la última heredera legítima de los Rivieri.
Pero antes de que pudiera asimilar aquella verdad, se escuchó un nuevo disparo.
La bala impactó contra el retrato, rompiendo el cristal en mil pedazos.
Desde la entrada de la Sala del Acuerdo, una voz llena de furia gritó:
—¡Esa verdad jamás debía salir a la luz!