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PRÉSTAME TÚ NOMBRE

PRÉSTAME TÚ NOMBRE

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Traiciones y engaños / Romance
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Lily Benitez

Elena sin memoria acepta fingir ser la novia de Nahuel que tiene un matrimonio arreglado y no quiere casarse con esa a la que eligió su familia, quien le promete averiguar sobre su identidad.

NovelToon tiene autorización de Lily Benitez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

8- La condena de Mirarla

🔵NAHUEL

Salí de esa habitación como si me persiguieran los demonios. Y me perseguían. Tenían su cara. Tenían su olor.

Cerré la puerta de un golpe y me apoyé en la madera, jadeando como si hubiera corrido diez kilómetros. Pero no había corrido. Había huido. De ella. De mí. De la boca de Elena en la mía.

Dios.

Todavía sentía el gusto. Dulce, tibio, con un dejo a desesperación que era mío, no de ella. Sus labios carnosos, tan suaves que parecían mentira, me habían partido al medio. Le había prometido que no la tocaría. Que esto era un contrato. Que era un trato. Y en dos segundos me convertí en el mismo hijo de puta que decía odiar.

Me pasé la mano por la boca, furioso. Tenía su pintalabios en los dedos. Rosa pálido. Inocente. Una mentira más. Nada en ella era inocente después de lo que acababa de pasar contra esa pared.

Caminé por el pasillo como un animal enjaulado. El vestido blanco, hecho jirones en el hombro por mi culpa. La piel dorada asomando por el encaje roto. Esa piel... No me la sacaba de la cabeza. No era blanca como la de Silvina, ni bronceada de cama solar. Era dorada. Como si el sol hubiera vivido en ella antes de que Ramiro la encerrara en esa cabaña de mierda. Y esos ojos... Color miel líquida. No marrones. Miel. Cambiaban con la luz. Cuando tenía miedo se ponían oscuros. Cuando me gritó "no me arrepiento", brillaron como oro derretido.

Y el pelo. Castaño, con esas ondas grandes que le caían hasta la cintura cuando Mónica se lo soltó. No era teñido. Era suyo. Real. Todo en ella era jodidamente real, y eso era lo que me estaba matando.

Me metí en el estudio de mi ala y me serví un whisky. El tercero de la noche. O el cuarto. No me importaba. Necesitaba quemar el recuerdo de su boca. Necesitaba quemar la imagen de sus piernas rodeándome la cintura por instinto. Necesitaba quemar la puta promesa que le hice a Daniel.

La voy a ayudar a recuperar su identidad.

Eso me carcomía la conciencia como ácido. Porque mientras la besaba, mientras le arrancaba ese gemido chiquito de la garganta, no pensé en su identidad. Pensé en la mía. En marcarla como mía delante de mi abuelo, de la prensa, de ese hijo de puta de Ramiro. La usé. Igual que todos.

Y lo peor: ¿y si tiene a alguien?

El pensamiento me cayó como un balde de hielo. Una chica así... con esa cara, ese cuerpo, esa boca... es imposible que estuviera sola. Seguro tenía novio. Un tipo que la está buscando, que se está volviendo loco, que no sabe que ella está viva, encerrada en mi casa, fingiendo ser mi prometida. Un tipo que tiene derecho a odiarme cuando se entere.

Me tomé el whisky de un trago. El vidrio del vaso crujió en mi mano.

Tenía que alejarme. Tenía que meterla en el cuarto de huéspedes, ponerle un guardia en la puerta y no volver a mirarla hasta que los investigadores me dieran un nombre, una dirección, un maldito pasado al que devolverla. Era lo correcto. Era lo decente.

Entonces, ¿por qué mierda mis pies me llevaron de vuelta al pasillo? ¿Por qué mierda estaba parado frente a su puerta, con el corazón en la garganta, como un adolescente?

Abrí la boca para decirle que se cambiara de cuarto. Que era lo mejor. Que lo sentía.

La puerta se abrió antes de que tocara.

Y ahí estaba.

Se había cambiado. Ya no tenía el vestido roto. Tenía puesta mi remera negra, la misma de anoche, que le quedaba enorme y le llegaba a mitad del muslo. El pelo castaño le caía mojado sobre los hombros, en ondas más marcadas por el agua. Sin maquillaje, la cicatriz de la sien se le notaba, rosa y furiosa. Y los ojos... Los ojos color miel me miraron sin miedo. Cansados, rotos, pero sin miedo.

Y la piel. Dios. La piel dorada de las piernas desnudas, de los brazos, del cuello. Brillaaba bajo la luz del pasillo.

Nos quedamos mirando fijamente. El mundo se redujo al espacio entre su puerta y mi cuerpo.

Ella no dijo nada. Yo tampoco pude. Porque tenerla así, real, sin la armadura de la "prometida perfecta", sin el maquillaje de Mónica, era mil veces peor. Era mil veces más hermosa. Era Elena, no la invención de mi abuelo. Y Elena me estaba matando.

—Nahuel.

Susurró al fin. Mi nombre en su boca, ronco, sin el "señor" adelante, me desarmó.

Di un paso al frente. Ella no retrocedió. Otro paso. El olor a mi jabón en su pelo me pegó como una piña. Era mi jabón. En su piel. Mía.

—Deberías estar en el cuarto de huéspedes.

Mi voz sonó rasposa, rota. Ni yo me la creí.

—Lo sé —dijo. No se movió—. Pero no tengo llave. Y Héctor no contesta.

Mentira. Los dos sabíamos que era mentira. Podía dormir en cualquier lado. Podía pedirme que me fuera. Pero estaba ahí, en el marco, con mis remeras, descalza, mirándome como si yo fuera la única cosa sólida en su mundo en ruinas.

—Elena... —empecé, y no supe cómo seguir. ¿*Tenés novio*? ¿*Te gusto o es el trauma*? ¿*Por qué mierda no puedo dejar de pensar en tu boca*?

Ella bajó la mirada un segundo. A mi boca. Y la subió de golpe, como si la hubieran pescado robando.

Se le puso la cara roja. No de vergüenza. De algo más. De algo que me hizo dar el último paso, hasta que la punta de mis zapatos tocó sus pies descalzos.

—Tus labios —solté, y soné como un imbécil—. No me los saco de la cabeza. Son... joder, Elena. Son dulces. Suaves. Tibios.

Ella respiró hondo. Vi cómo el pulso le saltaba en el cuello. Un punto que me moría por morder.

—No tendrías que decir eso —susurró, pero no se movió—. Me prometiste...

—Te prometí no tocarte —la interrumpí. Levanté una mano, despacio, dándole tiempo a que se apartara. No lo hizo. Le rocé el mechón de pelo castaño que le caía sobre la cara. Las ondas grandes se enredaron en mis dedos. Era suave. Real—. No te prometí no desearte. No te prometí no volverme loco cada vez que respirás cerca mío.

Cerró los ojos. Un temblor le recorrió el cuerpo.

—Tengo miedo —admitió, y la voz se le rompió—. Tengo miedo de que si me acuerdo... si tengo a alguien... a un novio, a un esposo... —abrió los ojos, y la miel estaba llena de tormenta—. Tengo miedo de que no me importe. De que te elija igual. Y eso me hace una mierda de persona.

El puñetazo de alivio me dejó sin aire. No era solo yo. Ella también se estaba condenando.

Le apoyé la frente contra la suya. El mismo gesto de la biblioteca. Pero ahora no había nadie mirando. No había farsa. Solo nosotros, y la verdad que nos quemaba.

—Entonces somos dos mierdas de persona —le susurré contra la boca, sin besarla. Todavía no—. Porque yo debería estar buscándote un pasado. Y lo único que quiero es robarte el futuro.

Sus manos, que estaban cerradas en puños a los costados, subieron lento. Se apoyaron en mi pecho. No me empujó. Se agarró de mi camisa como si fuera lo único que la sostenía.

—No sé quién soy —dijo, y una lágrima le cayó. La atrapé con el pulgar antes de que llegara al mentón—. Pero sé que cuando dijiste "mía" en la biblioteca... por un segundo, quise serlo. De verdad.

Cerré los ojos. Dios. Me estaba matando.

—Elena —la besé. No en la boca. En la cicatriz de la sien. Suave. Un juramento—. Vamos a averiguar quién sos. Te lo prometo. Y si hay alguien... si hay un tipo esperándote... —tragué vidrio— te llevo yo mismo. Aunque me mate.

Me miró. Y en esos ojos color miel vi la misma guerra que tenía yo adentro.

—¿Y si no hay nadie? —preguntó, en un hilo de voz—. ¿Y si cuando recuerde, lo único que quiera sea... esto?

Esto. Nosotros. La locura.

No contesté. Porque la respuesta me aterraba más que la pregunta.

En vez de eso, hice lo único decente que podía hacer. Me aparté. Tres pasos. Un océano.

—Andá a dormir —mi voz salió rota—. Cerrá con llave. Hoy no confío en mí.

Ella asintió. No discutió. Pero antes de cerrar la puerta, dijo lo último:

—Yo tampoco confío en mí, Nahuel. Y soñé con el manzano. Tenía frutos. Y no estaba sola. Estabas vos.

Cerró la puerta. El clic de la llave fue un disparo.

Me quedé en el pasillo, con el gusto a ella todavía en la boca y el corazón martillándome contra las costillas.

Tenía frutos. Y no estaba sola. Estabas vos.

Esas palabras se repetian en mi mente.

Me quede ahí parado, esperando no sé. Golpee el aire y me gire para irme, mis pasos eran lentos, como si esperara que esa puerta se abriera y me pidiera que me quedara. Pero no pasó.

El contrato estaba quemado. La decencia también. Y yo, Nahuel Ibarra, el hijo de puta que no creía en nada, acababa de encontrar algo por lo que valía la pena arder.

Fuera quien fuera Elena antes, ahora era mía. Y que viniera el pasado a intentar quitármela, no la dejaria ir, ya la sentía mia, y no la perderia.

1
Cynthia Estefanía Galarza
que Elena se acuerde de quien las choco y iba manejando era octavio y no Nahuel. porfa 🙏🥺🙏🥺🙏🥺🙏🥺
Maya
Tantp que mencionan la edad
Maya
Ese chico es un cobarde y pendejo
Cynthia Estefanía Galarza
espero que en la casa a Elena le den algo de lo que es alergica y sepa que es su hija, y que Nahuel y Elena se casen en secreto. porfa 🙏🥺🙏🥺🙏🥺🙏🥺
Claudia Patricia Cruz Saa
No entiendo sí no es su hija entonces quien es
Maria Carmen Rodriguez Mensia
!!! OHHHHH ,QUE BUENA HISTORIA ...GRACIAS ESCRITORA ...🌹
Maria Carmen Rodriguez Mensia
.!!De impacto!! buena buenísima!!...
Maria Carmen Rodriguez Mensia
!! Me encanta ,buenísima ,no la dejaré de leer hasta terminarla ...🌹👏👏
Cynthia Estefanía Galarza
que Elena recuerde quien es. porfa 🙏🥺🙏🥺🙏🥺🙏🥺
Cynthia Estefanía Galarza
que le pida ayuda al doctor Daniel y a Nahuel que le diga que ellos no son su familia y la ayude a escapar. 🙏🥺🙏🥺🙏🥺🙏🥺
Fran Sánchez
Cómo ese tipo ,dio con ellos tan pronto 😅
Maya
Tenían que poner imágenes de su nuevo look
Cynthia Estefanía Galarza
que Elena le pida a Nahuel que la acompañe. porfa 🙏🥺🙏🥺🙏🥺🙏🥺
mariela
El viejo como que es un hueso duro de roer y cree que todo se tiene que hacer a su voluntad pero esta vez como que se va a equivocar porque Nahuel y "Elena" no se lo permitirán quiero leer ese enfrentamiento.
mariela
Son bellos los protagonistas quien es realmente ella para secuestrarla tenerla encerrada, drogada y borracha del sistema de desaparecidos porque quien ese hombre que lo hizo y quien le pago 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
mariela
Que paso realmente con Elena quien era el degenerado que la tenia encerrada 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Como la secuestro y desde cuando lo hizo 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Veremos que pasa si la ayuda Nahuel ella se decidirá aceptar la propuesta
🤔🤔🤔❓❓❓❓
Elizabeth Sánchez Herrera
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