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¿Te Amo O Te Odio?

¿Te Amo O Te Odio?

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Lisi A. A

Mauricio y Celine no tuvieron el mejor comienzo, así que les tocará a ellos vencer los obstáculos que el destino les ha puesto para determinar que final quieren para su matrimonio. intrigas, secretos, envidias y más

NovelToon tiene autorización de Lisi A. A para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 8: El primer gesto

Los días siguientes transcurrieron con una calma engañosa.

Una calma que parecía demasiado perfecta para ser real.

Mauricio pasaba la mayor parte del tiempo trabajando. Reuniones, llamadas, documentos y decisiones ocupaban casi todas sus horas.

Celina, por su parte, intentaba acostumbrarse a una vida que no había elegido.

La mansión era enorme.

Demasiado grande para una sola persona.

Y aunque los empleados eran amables, seguía sintiéndose una invitada en aquella casa.

Una invitada que podía ser expulsada en cualquier momento.

Aquella mañana decidió salir sola al jardín.

Necesitaba despejar la mente.

La conversación con Inés durante la cena seguía molestándola.

Conocía a su hermanastra.

Sabía reconocer cuándo algo se convertía en una obsesión.

Y estaba comenzando a sospechar que Mauricio se había convertido precisamente en eso.

—No puede ser tan inmadura... —murmuró.

Pero en el fondo sabía que sí podía.

Inés siempre había deseado lo que pertenecía a otros.

Desde juguetes cuando eran niñas.

Hasta amistades.

Incluso novios.

Y ahora parecía haber puesto los ojos sobre su esposo.

La palabra esposo todavía le resultaba extraña.

Casi absurda.

Mientras caminaba cerca de la fuente principal, escuchó voces.

Dos empleados conversaban cerca de un invernadero.

—La señora parece diferente.

—¿Diferente cómo?

—Amable.

—Bueno, después de ver a las visitas de la semana pasada cualquiera parece amable.

Los dos rieron.

Celina comprendió inmediatamente que hablaban de Inés.

Y por alguna razón aquello la hizo sonreír.

Al menos no era la única que lo pensaba.

Más tarde, mientras almorzaban en el comedor principal, Mauricio parecía especialmente distraído.

—¿Problemas en la empresa? —preguntó ella.

Él levantó la vista.

Sorprendido.

Era la primera vez que ella iniciaba una conversación durante una comida.

—Siempre hay problemas en la empresa.

—Eso no respondió la pregunta.

Mauricio soltó una pequeña risa.

—Sí. Hay problemas.

—¿Graves?

—Probablemente.

Celina asintió.

No insistió.

Pero aquella respuesta fue suficiente para que Mauricio la observara durante unos segundos.

Como si esperara que siguiera preguntando.

Como si no estuviera acostumbrado a que alguien respetara sus silencios.

Aquella misma tarde ocurrió algo inesperado.

Celina decidió visitar la biblioteca.

Era uno de sus lugares favoritos de la mansión.

Silenciosa.

Amplia.

Llena de libros antiguos.

Se encontraba revisando una estantería cuando escuchó una voz.

—No sabía que te gustaba leer.

Se giró.

Mauricio estaba apoyado contra el marco de la puerta.

—Hay muchas cosas que no sabes de mí.

—Eso es cierto.

Celina sostuvo un libro.

—¿Y a ti?

—¿Qué pasa conmigo?

—¿Te gusta leer?

—Antes sí.

—¿Antes?

Mauricio observó los estantes.

—Cuando era joven.

—Sigues siendo joven.

—Mi abuelo diría lo contrario.

Ella sonrió.

Y por primera vez Mauricio sintió algo extraño.

Porque aquella sonrisa era completamente distinta a las que ella mostraba por educación.

Era auténtica.

Y le gustó más de lo que debería.

Sin embargo, la tranquilidad duró poco.

A la mañana siguiente, una visita inesperada llegó a la mansión.

Inés.

Otra vez.

Cuando Elena anunció su llegada, Celina sintió que comenzaba a dolerle la cabeza.

—¿Qué quiere ahora?

—No lo sé, señora.

—Yo sí.

La voz de Mauricio apareció detrás de ellas.

—Problemas.

Elena tuvo que contener una sonrisa.

Esta vez Inés no llegó sola.

Traía varias bolsas elegantes.

Regalos.

—Pensé que la casa necesitaba un poco de alegría.

Celina arqueó una ceja.

—¿Y por eso trajiste media tienda?

—Qué exagerada eres.

Inés dejó las bolsas sobre una mesa.

Luego miró a Mauricio.

—Vi algo que me recordó a ti.

Y sacó una botella de vino carísimo.

Mauricio la observó.

—No debiste molestarte.

—No fue ninguna molestia.

Celina sintió que la paciencia comenzaba a agotarse.

Pero decidió mantenerse en silencio.

El verdadero problema llegó una hora después.

Cuando Inés fingió tropezar en las escaleras.

Todo ocurrió muy rápido.

Un grito.

Un movimiento brusco.

Y de repente ella estaba cayendo.

Instintivamente Mauricio reaccionó.

La sostuvo antes de que golpeara los escalones.

—¿Estás bien?

—Creo que sí...

Inés se aferró a él más de lo necesario.

Mucho más.

Y fue entonces cuando ocurrió algo que nadie esperaba.

—Suéltalo.

La voz de Celina resonó con firmeza.

Inés levantó la vista.

Sorprendida.

—¿Qué?

—Escuchaste perfectamente.

Por primera vez en años, Celina no retrocedió.

No bajó la cabeza.

No evitó el conflicto.

—Ya basta.

El silencio se extendió por el vestíbulo.

Los empleados fingieron no mirar.

Pero todos estaban atentos.

—No sé de qué hablas —dijo Inés.

—Claro que lo sabes.

Los ojos de ambas se encontraron.

Y durante unos segundos pareció que regresaban a todas las peleas acumuladas de la infancia.

Años de resentimientos.

Comparaciones.

Humillaciones.

Inés sonrió.

—Qué sensible te has vuelto.

—Y tú qué desesperada.

Aquella frase impactó directamente donde debía.

La sonrisa de Inés desapareció.

Por primera vez desde que se conocían, Celina había ganado un enfrentamiento.

Y ambas lo sabían.

Inés se marchó menos de veinte minutos después.

Furiosa.

Humillada.

Y más decidida que nunca.

Esa noche, Celina estaba sentada sola en una terraza cuando escuchó pasos acercarse.

Mauricio.

—No sabía que podías ser tan peligrosa.

Ella levantó una ceja.

—¿Peligrosa?

—Lo de hoy fue impresionante.

Celina soltó una risa.

—Solo me cansé.

—Ya era hora.

—¿Tan evidente era?

—Mucho.

Por un instante ambos permanecieron en silencio.

Luego Mauricio hizo algo inesperado.

Extendió la mano.

En ella había una pequeña caja.

—¿Qué es esto?

—Ábrela.

Celina lo hizo.

Dentro había un delicado separador de libros de plata.

Hermoso.

Elegante.

Y claramente antiguo.

—¿Por qué me das esto?

Mauricio se encogió de hombros.

—Lo encontré en la biblioteca.

—Eso no explica nada.

—Pensé que te gustaría.

Celina se quedó inmóvil.

Nadie le había regalado algo solo porque sí.

Nunca.

Y aquel gesto sencillo logró emocionarla más de lo que esperaba.

—Gracias.

Sus voces apenas fueron un susurro.

Pero algo cambió en ese momento.

Algo pequeño.

Casi imperceptible.

Como una grieta en el muro que ambos habían construido desde el primer día.

Y ninguno de los dos lo notó.

Pero desde una ventana del segundo piso, alguien sí lo vio.

Inés.

Que había regresado sin ser anunciada para recoger algo que supuestamente había olvidado.

Y al observar aquella escena, comprendió una verdad que la llenó de rabia.

Mauricio comenzaba a mirar a Celina de una forma diferente.

Y si no actuaba pronto...

Lo perdería para siempre.

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