La Chica que Compró al Príncipe Esclavo
Elena Valmont solo quería entregar un paquete, cobrar unas monedas y volver a casa.
Pero una noche terminó en una subasta clandestina… y compró a un esclavo condenado a morir al amanecer.
Lo que no sabía era que aquel hombre herido, silencioso y cubierto de cadenas no era un esclavo cualquiera, sino Adrien Asteria, el heredero perdido del imperio más poderoso del continente.
Desde ese momento, Elena queda atrapada en una guerra por el trono, perseguida por asesinos, nobles traidores y secretos enterrados durante años.
Salvarlo fue un acto de compasión.
Amarlo podría costarle la vida.
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CAPÍTULO 14 La reliquia de las estrellas
La subasta privada de los comerciantes más influyentes de Elaris era completamente diferente a la que Elena había conocido días atrás.
No había esclavos encadenados ni nobles apostando por la vida de otras personas. En su lugar, enormes lámparas de cristal iluminaban un elegante salón decorado con cortinas carmesí y mesas de roble oscuro.
Allí se vendían pinturas antiguas, artefactos históricos, joyas familiares y reliquias provenientes de distintos reinos del continente.
Era el tipo de lugar al que Elena jamás había imaginado entrar.
—No hables demasiado —susurró el señor Armand—. Los nobles compran cosas extrañas por razones todavía más extrañas.
—¿Alguna recomendación?
—Sí. Si alguien pregunta cuánto vale algo, responde con seguridad aunque no tengas idea.
—Eso suena como una pésima estrategia.
—Precisamente por eso funciona con los nobles.
Lyra soltó una pequeña carcajada mientras observaba las enormes esculturas colocadas en el centro del salón.
—Creo que el jarrón que está allá cuesta más que nuestra casa.
—Nuestra casa, tus libros y probablemente nosotros también —respondió Elena.
Cuando finalmente llegó su turno, el organizador de la subasta abrió cuidadosamente la pequeña caja de madera que Elena había llevado consigo.
—¿Qué tenemos aquí?
El anciano tomó el medallón plateado y sus ojos se abrieron ligeramente.
—Interesante...
—¿Sucede algo? —preguntó Elena.
—¿Conoces el origen de este objeto?
—Perteneció a mi abuelo. Es todo lo que sé.
—Eso es imposible.
—¿Cómo dice?
El hombre acercó una pequeña lupa al medallón y comenzó a examinar los grabados con evidente sorpresa.
—Este diseño no pertenece a ningún reino moderno.
Varias personas comenzaron a acercarse al escuchar la conversación.
—¿Es valioso? —preguntó un comerciante.
—Mucho más de lo que imaginan.
El organizador observó nuevamente la pequeña piedra azul incrustada en el centro del medallón.
—Esta clase de artesanía desapareció hace más de veinte años.
—¿Veinte años? —preguntó Elena sorprendida.
—Sí. Los únicos artesanos capaces de fabricar joyas como esta trabajaban exclusivamente para una familia muy particular.
—¿Cuál familia?
El anciano dudó durante algunos segundos antes de responder.
—La familia imperial del antiguo Imperio de Asteria.
Todo el salón quedó en silencio.
Elena sintió que su corazón se detenía durante unos segundos.
—¿Está seguro?
—Completamente.
El hombre giró cuidadosamente el medallón y señaló uno de los símbolos grabados en la parte posterior.
—Miren esto.
Era una estrella de ocho puntas rodeada por delicadas líneas ornamentales.
La misma estrella que había visto en el antiguo libro del príncipe perdido.
La misma que le había parecido extrañamente familiar.
—¿Qué significa ese símbolo? —preguntó Elena intentando ocultar su nerviosismo.
—Es conocido como el Símbolo de las Estrellas Eternas. Según los historiadores, solo era entregado a personas que prestaban servicios extraordinarios a la familia imperial.
—¿Entonces mi abuelo trabajó para ellos?
—Eso parece.
El señor Armand observó el medallón con evidente sorpresa.
—Tu padre jamás me habló de esto.
—A mí tampoco.
Uno de los nobles presentes levantó inmediatamente la mano.
—Ofrezco treinta monedas de plata.
—¡Cincuenta!
—¡Ochenta!
—¡Cien monedas!
La subasta improvisada comenzó en cuestión de segundos.
Los comerciantes parecían haberse vuelto completamente locos.
—¿CIEN MONEDAS? —susurró Lyra—. ¡ELENA, TU ABUELO ERA MUCHO MÁS INTERESANTE DE LO QUE IMAGINABA!
—¡YO TAMPOCO SABÍA NADA DE ESTO!
—¡CIENTO VEINTE!
—¡CIENTO CINCUENTA!
Elena observaba incrédula cómo el precio seguía aumentando.
Era mucho más dinero del que había imaginado conseguir.
Sin embargo, algo dentro de ella comenzaba a incomodarla.
¿Por qué aquel símbolo seguía apareciendo una y otra vez desde que conoció a Adrien?
Primero la misteriosa marca en su espalda.
Luego la leyenda del príncipe perdido.
Ahora un antiguo medallón perteneciente a su propia familia.
Parecía demasiada coincidencia.
Finalmente, la puja alcanzó las ciento ochenta monedas de plata.
—¡Ciento ochenta por última vez! ¿Alguien ofrece más?
Toda la sala permaneció en silencio.
—¡Vendido!
El martillo golpeó la mesa y los aplausos llenaron el salón.
Elena apenas podía creerlo.
Con aquellas monedas, sumadas al dinero que ya había conseguido reunir, ahora tenía doscientas cuarenta y dos monedas de plata.
Solo le faltaban cincuenta y ocho.
Por primera vez desde que comenzó aquella apuesta imposible, realmente podía conseguirlo.
—¡LO LOGRARÁS! —gritó Lyra abrazándola emocionada.
—Todavía no.
—¡NO ARRUINES MI MOMENTO EMOCIONAL CON TU REALISMO!
Las dos comenzaron a reír mientras el señor Armand observaba el medallón por última vez antes de que fuera entregado a su nuevo propietario.
—Tu padre estaría orgulloso de ti.
—¿Por qué?
—Porque acabas de utilizar un tesoro familiar para salvar la vida de alguien que ni siquiera conoces.
—Eso suena exactamente a algo que él haría.
Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, el anciano que había reconocido a Adrien recibía una noticia inesperada.
—¿Qué dijo?
—Una joven llamada Elena Valmont acaba de vender un antiguo medallón relacionado con la familia imperial.
El hombre se puso inmediatamente de pie.
—¿Un medallón imperial?
—Sí, señor.
—Esto comienza a ser demasiado extraño...
El anciano comenzó a preguntarse si el destino estaba jugando una partida mucho más grande de lo que cualquiera podía imaginar.
Porque una joven desconocida estaba conectada con antiguas reliquias imperiales.
Y esa misma joven estaba intentando salvar al último heredero de la familia que alguna vez gobernó el continente.
Aquello no podía ser una simple coincidencia.
Solo quedaban veinticuatro horas.
Y Elena estaba cada vez más cerca de lograr lo imposible.
Sin embargo, el verdadero desafío todavía no había comenzado.
Porque conseguir las monedas sería mucho más sencillo que sobrevivir a la verdad que estaba a punto de descubrir.