Alana Storm, hija de una de las casas ducales más poderosas del Imperio, entrega su corazón al príncipe heredero y termina convertida en emperatriz. Sin embargo, el amor que tanto anheló solo la conduce a la traición y a la muerte, asesinada por las concubinas del hombre al que amó.
Cuando despierta seis años en el pasado, comprende que ha recibido una segunda oportunidad. Decidida a cambiar su destino, descubre que posee una magia ancestral dormida y que el enigmático segundo príncipe, Maximiliano Ross, siempre la había amado en silencio.
Mientras busca vengarse y proteger a quienes ama, deberá decidir si el camino hacia el poder la convertirá en aquello que más desprecia o si aún existe un futuro diferente.
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UN HOGAR LLENO DE SILENCIOS MARATÓN 4/4
Capítulo 17: Un hogar lleno de silencios
La última nota de la música desapareció entre las paredes del gran salón, pero los ecos de la celebración permanecieron durante mucho tiempo en el palacio.
La boda del príncipe Aurelio y la princesa Alana había sido todo un acontecimiento.
Los nobles habían sonreído.
Los invitados habían levantado sus copas.
Los músicos habían tocado hasta el cansancio.
Y ante los ojos del reino, la unión parecía perfecta.
Pero cuando las puertas del salón se cerraron y los invitados comenzaron a retirarse, la realidad apareció nuevamente.
Aurelio y Alana ya no eran prometidos.
Ahora eran esposos.
Y esa palabra pesaba más de lo que cualquiera de los dos había imaginado.
Alana permaneció unos minutos en sus aposentos mientras sus damas retiraban los últimos detalles de su vestido de ceremonia.
El silencio que quedó después de que todas salieran era extraño.
Durante meses había imaginado ese momento.
Había pensado en la emoción de convertirse en esposa.
Había imaginado una conversación tranquila con el hombre que compartiría su vida.
Había esperado descubrir una parte de Aurelio que todavía no conocía.
Pero ahora que ese momento había llegado, una pequeña inquietud se instaló en su corazón.
No porque temiera a su esposo.
Sino porque no sabía qué lugar ocupaba realmente en su vida.
Escuchó la puerta abrirse.
Aurelio entró.
Por un instante, ambos permanecieron en silencio.
Él seguía llevando la elegancia de la ceremonia, pero su rostro mostraba cansancio.
Alana intentó sonreír.
—Pensé que quizá podríamos hablar.
Aurelio la observó.
Había esperado reproches.
Lágrimas.
Preguntas difíciles.
Pero no encontró nada de eso.
Solo encontró a una mujer intentando acercarse.
Y eso hizo que su culpa aumentara.
—Ha sido un día largo —respondió finalmente.
Alana bajó ligeramente la mirada.
—Lo sé.
Hubo una pausa incómoda.
—Aun así, pensé que este era el comienzo de nuestra vida juntos.
Las palabras llegaron hasta él más de lo que quiso admitir.
Porque Alana hablaba con esperanza.
Y él no sabía cómo darle aquello que ella esperaba.
—Alana...
Era la primera vez que pronunciaba su nombre con cierta suavidad desde hacía mucho tiempo.
Ella levantó la mirada.
—No quiero obligarte a sentir algo que no sientes —continuó él—. Pero tampoco quiero mentirte.
El corazón de Alana se apretó.
—¿Qué quieres decir?
Aurelio apartó la vista.
—Este matrimonio no comenzó como ninguno de los dos hubiera elegido.
Ella permaneció en silencio.
Sabía que era cierto.
Pero escucharlo de sus labios dolía más.
—Entonces... ¿qué soy para ti?
La pregunta lo dejó sin respuesta.
Porque no podía decirle la verdad completa.
No podía decirle que su corazón pertenecía a otra persona.
No podía confesarle que cada vez que pensaba en el futuro recordaba una vida que ya no podía tener.
—Eres mi esposa —respondió al final.
Pero aquellas palabras, aunque correctas, no eran las que ella esperaba.
Alana sonrió con tristeza.
—Eso ya lo sé, Aurelio.
Se acercó lentamente.
—Pero quería saber si algún día podría ser algo más.
Él no respondió.
Y ese silencio fue suficiente.
Lentamente se dio la vuelta antes de murmurar un simple y frio:
-Descansa, fue un dia largo.
Antes de abandonar la habitación nupcial y no regresar en toda la noche.
Al ver la reacción de su ahora esposo, Alana solo pudo llorar amargamente, asi no era como imaginaba que seria su noche de bodas, después de mucho llorar acabo quedándose dormida con las lágrimas aun corriendo por su rostro.
Los primeros días de matrimonio fueron observados con atención por toda la corte.
Para los demás, Aurelio y Alana eran una pareja perfecta.
Aparecían juntos en eventos oficiales.
Saludaban al pueblo desde los balcones del palacio.
Cumplían con cada obligación que se esperaba de ellos.
Pero quienes observaban con más cuidado podían notar la distancia.
Aurelio era respetuoso.
Nunca la humillaba.
Nunca levantaba la voz.
Pero tampoco buscaba su compañía.
No preguntaba por sus pensamientos.
No intentaba conocer sus sueños.
Era un esposo correcto.
Pero no un esposo cercano.
Y para Alana, esa diferencia comenzaba a ser más dolorosa cada día.
Mientras tanto, Isabella también sufría.
La boda había cambiado muchas cosas.
Ya no podía acercarse a Aurelio con la misma facilidad.
Ahora cada encuentro debía ser más cuidadoso.
Más oculto.
Más peligroso.
Cuando finalmente lograban verse, ambos sentían el peso de la situación.
—Ahora pertenece a otra vida —dijo Isabella una noche.
Aurelio negó con la cabeza.
—Mi título pertenece a esa vida.
La miró con tristeza.
—Pero mi corazón nunca cambió.
Isabella quiso creerle.
Necesitaba creerle.
Pero también sabía que la realidad podía ser más fuerte que cualquier promesa.
Alana encontró refugio en lugares inesperados.
Uno de ellos era la biblioteca del palacio.
Allí podía escapar por unas horas de las miradas, los protocolos y las expectativas.
Fue precisamente allí donde se encontró con Maximiliano.
—Parece que la biblioteca sigue siendo el único lugar tranquilo del palacio —comentó él.
Alana sonrió.
—Empiezo a pensar que es mi lugar favorito.
Maximiliano notó que algo había cambiado en ella.
La joven que había conocido durante el baile seguía allí, pero ahora llevaba una tristeza que antes intentaba ocultar.
—¿Es feliz? —preguntó con cuidado.
Alana se quedó quieta.
La pregunta era sencilla.
Pero la respuesta era complicada.
—Estoy aprendiendo.
Maximiliano comprendió que no quería hablar más del tema.
No insistió.
Ese respeto hizo que Alana lo valorara aún más.
Con el paso de las semanas, la vida en el palacio continuó.
Las obligaciones aumentaron.
Los rumores disminuyeron.
La corte aceptó la nueva realidad.
Pero dentro de las paredes del palacio había tres corazones luchando contra sus propios deseos.
Aurelio, atrapado entre el amor que no podía abandonar y el deber que no podía romper.
Isabella, esperando un futuro que cada día parecía más lejano.
Y Alana, intentando construir un hogar junto a un hombre que todavía no había abierto la puerta de su corazón.
Sin embargo, ninguno de ellos sabía algo importante.
El amor no siempre nace en el momento correcto.
A veces aparece cuando menos se espera.
A veces llega después del dolor.
Y a veces, incluso un corazón herido puede cambiar cuando finalmente aprende a mirar a la persona que tiene delante.
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Hola, por aquí su autora, creo que hasta el momento no les he dejado imágenes de nuestros personajes, así es como me los imagino yo, pero si los imaginan distinto también es válido, en el próximo capitulo subo las imágenes de los grandes duques Storm.
Las imágenes no me pertenecen, son hechas con IA a través del CHATGPT.
ALANA STORM:
MAXIMILIANO ROSS:
AURELIO ROSS:
ISABELLA VALTIER:
la union hace la fuerza