Sin spoyler
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LA TRAMPA
Los primeros rayos del sol se colaban entre las cortinas de la habitación del hotel.
El silencio era absoluto.
Alberto abrió los ojos lentamente.
Un fuerte dolor de cabeza lo hizo llevarse una mano a la frente.
—¿Qué...?
Intentó recordar la noche anterior.
La invitación de Valeria.
El bar.
Las conversaciones.
Las copas...
Después de eso...
Nada.
Todo era un vacío.
Fue entonces cuando sintió un peso sobre su brazo.
Giró lentamente la cabeza.
Sus ojos se abrieron por completo.
Valeria dormía abrazada a él.
—¡¿Qué...?!
Alberto se incorporó de golpe.
La habitación parecía un desastre.
Había ropa tirada por el suelo.
Las sábanas estaban completamente revueltas.
Una botella de vino vacía descansaba sobre la mesa.
Dos copas.
Un par de zapatos en diferentes rincones.
Todo parecía indicar que allí había ocurrido algo durante la noche.
Alberto sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.
—No... no puede ser...
Se llevó ambas manos a la cabeza.
Intentó recordar.
Pero los recuerdos seguían siendo borrosos.
Solo recordaba haber bebido más de la cuenta.
Demasiado más de la cuenta.
Valeria comenzó a moverse lentamente, fingiendo despertarse.
Parpadeó un par de veces y miró alrededor.
Luego dirigió la vista hacia Alberto.
Abrió mucho los ojos, como si también estuviera sorprendida.
—¿Alberto...?
Él la observó completamente desconcertado.
—¿Qué pasó anoche?
Valeria guardó silencio unos segundos.
Bajó la mirada hacia las sábanas revueltas.
Después volvió a verlo.
—Yo... no lo sé...
Su actuación era perfecta.
Parecía confundida.
Nerviosa.
Incluso avergonzada.
Alberto volvió a mirar la habitación.
Cada detalle parecía confirmar la misma historia.
Sintió un nudo en el estómago.
—Dios mío...
Su respiración se volvió pesada.
—¿Qué hice...?
Valeria fingió contener las lágrimas.
—Los dos habíamos tomado mucho...
No terminó la frase.
No hacía falta.
El silencio hizo el resto.
Alberto cerró los ojos con fuerza.
Toda su vida había sido un hombre íntegro.
Amaba profundamente a su esposa.
Jamás le había sido infiel.
Y ahora...
Todo parecía indicar que había traicionado su matrimonio.
—No... esto no puede estar pasando...
Se levantó rápidamente y comenzó a recoger su saco del suelo.
Sus manos temblaban.
Valeria lo observaba en silencio.
Por dentro, sonreía.
Todo estaba saliendo exactamente como lo había planeado.
La ropa había sido colocada cuidadosamente mientras Alberto permanecía inconsciente por el exceso de alcohol.
Las sábanas las había desordenado ella.
Incluso había dejado las copas y la habitación en ese estado para reforzar la mentira.
Pero Alberto no tenía forma de saberlo.
Lo único que veía era la escena frente a sus ojos.
Y esa escena parecía contar una historia devastadora.
—Tengo que irme... —dijo con la voz quebrada.
Valeria asintió lentamente.
—Entiendo...
Alberto tomó sus cosas y caminó hacia la puerta.
Antes de salir, se detuvo unos segundos sin voltear.
—Lo siento... si de verdad ocurrió algo... lo siento.
Abrió la puerta y salió apresuradamente.
En cuanto la puerta se cerró, el rostro de Valeria cambió por completo.
Las lágrimas desaparecieron.
Una sonrisa lenta apareció en sus labios.
—Funcionó...
Se levantó de la cama con total tranquilidad.
Recogió una de las copas y la dejó sobre la mesa exactamente donde quería.
Luego observó la habitación.
—Ahora solo falta que él crea esta historia...
Tomó su teléfono y miró una vieja fotografía de Adrián.
—Vas a arrepentirte de haberme rechazado...
Mientras tanto, Alberto conducía de regreso a casa con las manos aferradas al volante.
La culpa lo consumía.
No podía recordar lo sucedido.
Pero las apariencias parecían condenarlo.
Sin saberlo, acababa de caer en una trampa cuidadosamente preparada.
Y esa mentira estaba a punto de poner en peligro a toda su familia.