Luego de la cuarta guerra contra los oscuros, objetos fueron confiscados por la diosa luna y fueron guardados en el único lugar que en el que nadie se atrevería a poner un pie.
La Academia Luna Sangrienta...
Cuyo sitio mantiene bajo resguardo las reliquias de Selene...
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Capítulo 7: Antes del amanecer...
DMITRI
—Vaya, creí que vería un verdadero espectáculo luego de esto—suspiró la Guardiana vampiresa negando lentamente—. Pero qué lástima, me equivoqué.
Otro de los Guardianes la miró fijamente y ella simplemente se encogió de hombros.
—Tengo que reconocer que fueron pocos los que realmente trabajaron en equipo, mientras que otros simplemente se quedaron petrificados, casi orinándose en los pantalones.—Señaló con dureza a los que se estaban retirando con la mirada en el suelo, avergonzados.—Y esa es la clase de gente que no queremos aquí. Son una vergüenza. Afortunadamente no volverán aquí.
Dichas palabras fueron duras, crueles y desagradables. Ni siquiera esperó a que se fueran, sin embargo, luego de lo que experimentamos hace apenas unos minutos me di cuenta de que eso no era nada. Las palabras de ese Guardián no fueron nada. Simplemente nada.
Y eso era lo más inquietante y extraño que pude pensar. Sobre todo luego de lo que tuve que revivir. Después de ver a Aeryn revivir lo sucedido de cuando era una niña. Era algo que la misma Aeryn evitaba a toda costa, pero luego de hoy me di cuenta de que ella lo había aceptado como un suceso del cual no tenía la culpa, era niña que no debió ser dejada sin la supervisión de su maestro, el cual fue ejecutado por negligencia.
—Ahora mismo comenzarán su última prueba y esta, por suerte la harán adentro. Por lo que tendrán el privilegio de conocer el castillo y posiblemente sea la primera y última vez que lo vean.—Dijo esa vampiresa mirando a todos con sus ojos dorados intensos sin emoción.
Solo quedábamos nueve aspirantes y de eso nueve seríamos al menos seis los que lograríamos entrar a la Academia. O tal vez solo un trío entraría. Lo cual no era raro en Luna Sangrienta.
Nos llevaron adentro y fue entonces que comprendimos por qué tendríamos el privilegio de ver el interior de la Academia.
Y en efecto era impresionante.
El interior del castillo era increíble, mejor de lo que esperaba. La mezcla de antigüedad y modernidad resultaba extraña, pero funcional.
Runas ancestrales grabadas sobre las paredes de piedra convivían con tecnología de última generación. Pantallas holográficas mostraban mapas del territorio sobrenatural, mientras armas encantadas descansaban dentro de enormes vitrinas protegidas por magia.
Espadas forjadas hace siglos.
Armas de fuego modificadas para destruir Oscuros. Dagas cubiertas de símbolos lunares. Equipos tácticos diseñados especialmente para Guardianes. Todo en ese lugar estaba hecho para la guerra. Para sobrevivir.
Jayden observaba cada rincón con atención, estaba claramente fascinado pese a que trataba de ocultarlo. Aeryn estaba fascinada e interesada en analizar las salas de entrenamiento y las barreras mágicas que protegían al castillo.
Yo simplemente memorizaba todo. Rutas, entradas, puntos ciegos. Era la costumbre, cosa de licántropos.
Selene, la vampira, resultó ser menos insoportable de lo que parecía. Los gemelos licántropos seguían compitiendo por respirar mejor que el otro.
Y otro brujo llamado Lucien hablaba tanto que comenzaba a sospechar que el silencio le daba jaqueca.
Por momentos parecía ser casi normal. Casi. Hasta que llegamos al salón principal. Y ahí lo vimos. Jacob.
Mi hermano mayor. Permanecía junto a varios Guardianes veteranos vistiendo el uniforme negro y plateado de Luna de Cristal. Perfectamente erguido. Impecable. Exactamente como siempre. El orgullo de la manada.
Sentí inmediatamente la tensión a mi lado. Aeryn. No era necesario mirarla para saberlo. La conocía demasiado bien.
El aire alrededor comenzó a calentarse apenas unos grados y pequeñas chispas rojas aparecieron alrededor de sus dedos antes de desaparecer rápidamente.
Molestia. Incomodidad. Rechazo.
Todo mezclado en su magia elemental. Jacob nos observó directamente apenas entramos al salón. O más bien... la observó a ella. Claro...
Era más que obvio el motivo por el que estaba allí. Él quería estar cerca de Aeryn. Como siempre...
Apreté ligeramente la mandíbula. No porque me sorprendiera sino porque él seguía negándose aceptar lo obvio. Aeryn nunca la ha amado. Solo lo respetaba. Nada más.
Ninguno de los dos eran Mates. Y eso lo sabían todos.
Su magia elemental jamás reaccionaba hacia él de la forma correcta. No existía el vínculo que las parejas destinadas compartían. Pero aun así, nuestros clanes seguían insistiendo en esa absurda promesa de compromiso. Como si dos personas pudieran forzarse a sentir algo que sencillamente no existía.
Sin decir nada me coloqué discretamente a lado de Aeryn, obligando a que se quedara cerca de mí mientras avanzábamos.
Lejos de Jacob. Pero protegida entre nosotros. Jayden entendió la situación casi de inmediato y caminó del otro lado de ella con naturalidad.
Curioso. Ya nos movíamos como un equipo sin la necesidad de hablarlo. Aeryn relajó apenas los hombros al notar nuestra posición.
Jacob comenzó a acercarse. Mala idea. Muy mala idea.
—Aeryn—la llamó con calma. Ella apenas levantó la mirada hacia él. Fría. Distante.
—Jacob.—Ni una pizca de emoción real en su voz. Y aun así, él seguía observándola como si todavía creyera que podía cambiar algo.
Las chispas rojas volvieron a aparecer alrededor de las manos de Aeryn. Advertencia clara.
No quería que se acercara más. Su magia prácticamente lo gritaba. Jacob finalmente pareció notarlo cuando el aire caliente golpeó ligeramente el ambiente entre ellos. Por un instante vi la frustración cruzar por su rostro.
Bien, ya era hora de que lo notara. El silencio incómodo fue interrumpido por uno de los Guardianes entrando al salón principal.
—Descansen mientras puedan—anunció con voz firme—. La última prueba comenzará al amanecer.
Todo el salón quedó en completo silencio. Mi cuerpo se tensó en automático. La prueba final.
Aquella que decidiría si entraríamos de forma oficial a Luna Sangrienta... o regresaríamos al tren como todos los demás. Observé de reojo a Aeryn y luego a Jayden.
Estaban agotados. Y yo también. Pero ninguno retrocedería ahora. Porque después de todo lo que habíamos enfrentado...
Ninguno estaba dispuesto a perder.