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NO ERA TU FAN

NO ERA TU FAN

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance de oficina / Posesivo
Popularitas:357
Nilai: 5
nombre de autor: Daniela escalante Jiménez

Fama, dinero, miles de seguidores… Ian lo tiene todo. Y su mánager se asegura de que nada ni nadie arruine su carrera. Hasta que entra una nueva integrante al equipo: ella.

Dicen que es fría, que es profesional, que es incapaz de experimentar ninguna emoción. Para ella, maquillar a la celebridad más grande del momento es solo un trabajo más.

Pero Ian no está acostumbrado a ser invisible para nadie. Lo que empieza como curiosidad pronto se convierte en un reto: hará lo que sea para sacarle una sola reacción, aunque eso signifique poner en riesgo su propia estabilidad y descubrir que su mundo perfecto tiene mucho menos sentido que esa chica que no siente nada.

NovelToon tiene autorización de Daniela escalante Jiménez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 5 ENCUENTROS INESPERADOS

Suavemente, de fondo, se escuchaba la melodía y la voz de Bad Bunny:

“Y aunque ya no somos como antes / Ya no nos miramos igual / Ya no nos hablamos como antes / Ya no nos tocamos igual… / Todo cambió, nada es igual / Ya no somos como antes, ni volveremos a serlo jamás…”

Llegué a las instalaciones de Super Estar Entretenimiento y me detuve frente a la entrada principal, un edificio imponente, moderno y muy bien cuidado, con vidrios que reflejaban el cielo y un ambiente de total profesionalismo. Guardé en mi mente la letra que acababa de escuchar en el camino —una más entre miles que no lograban despertar nada en mi interior— y caminé con paso firme hacia el mostrador de recepción.

La secretaria levantó la mirada en cuanto me acerqué, y sus ojos se detuvieron por un instante en mis lentes de montura fina, con el logotipo de Gucci, antes de posarse en mi rostro. Inclinó un poco la cabeza y me habló con amabilidad:

—Buenos días, señorita. ¿Tiene alguna cita o asunto pendiente aquí?

—Buenos días —respondí con voz serena y clara, y activé de inmediato esa sonrisa que había practicado durante años, suave y educada—. Vengo a firmar un contrato de trabajo, ya está todo coordinado.

—Entendido, un momento por favor —dijo ella, abriendo su computadora y revisando la agenda con rapidez, deslizando los dedos por el teclado con agilidad—. Déjeme buscar su nombre en el sistema… Aquí está. Sí, señorita Melissa Font Cervantes, todo está en regla.

Me extendió una tarjeta de plástico con un código impreso.

—Tome este pase, le abrirá todas las puertas necesarias hoy. Pase directo por ese pasillo hasta los ascensores, tome el que le indica el letrero y suba al piso 18. Al salir, encontrará a mi compañera Sondra en la entrada de las oficinas principales; ella la guiará a donde debe ir. ¡Bienvenida a la empresa!

Asentí en silencio, guardé el pase en mi bolso y caminé hacia el ascensor indicado. Entré, presioné el botón correspondiente y me quedé de pie, mirando la puerta cerrándose lentamente, cuando de pronto una mano apareció con fuerza entre los marcos, deteniendo el mecanismo y volviendo a abrir la entrada.

Dos hombres entraron casi al mismo tiempo, hablando a gritos, agitados, con los rostros tensos y las palabras saliendo con mucha rapidez y carga. El aire en el pequeño espacio cambió al instante, y yo me mantuve en mi lugar, observando sin alterarme.

—¡Jovany, por favor, ya te lo dije mil veces! —gritaba uno de ellos, con una voz grave, potente y llena de frustración, la misma que había escuchado en la radio días atrás—. ¡No quiero hacer otro álbum ahora mismo! ¿Crees que es tan fácil ponerse a componer, a grabar, a darlo todo como si no costara nada? Estoy agotado, necesito un respiro, ¿o eso no lo entiendes?

El otro hombre, más tranquilo pero con una voz firme y decidida, le respondió de inmediato, intentando razonar con él aunque se notaba que también estaba cansado de esa discusión:

—¡Ian, escúchame bien! —le decía, poniéndole una mano en el hombro con suavidad pero con firmeza—. No es que yo quiera presionarte por gusto, es que la disquera está encima de nosotros día y noche, y esta empresa también tiene sus plazos. Tú eres su mayor activo, ¿entiendes? Si te detienes demasiado, el interés de la gente baja, las oportunidades se van y no las recuperas luego.

Ian se sacudió con brusquedad la mano de su amigo, girándose hacia él con una mirada intensa y desafiante, como si estuviera listo para pelear con el mundo entero.

—¡Yo soy dueño de mi voz, Jovany! —le espetó, acercándose un poco más, con el pecho inflado por la rabia contenida—. No me importa lo que digan ellos ni lo que quieran. Tú me pagas para que me guíes, para que resuelvas los contratos y me consigas trabajo, pero no para decirme cuándo, cómo ni qué tengo que cantar. ¡Mi vida y mi arte son decisiones mías, solo mías!

Yo permanecía en silencio, escuchando cada palabra, analizando el tono de voz, los gestos bruscos, la forma en que se movían. No sentía admiración, ni enojo, ni sorpresa; simplemente confirmaba lo que ya había pensado al escucharlo en la radio: era alguien con una personalidad fuerte, acostumbrado a que todo girara a su alrededor, tal vez un poco orgulloso, que creía tener el control absoluto de todo.

De pronto, se dio cuenta de que yo estaba ahí, observando sin intervenir. Se quedó en silencio al instante, como si hubiera olvidado que no estaban solos, y dio un paso hacia atrás, enderezando su postura. Me miró fijamente a los ojos, y entonces dibujó en su rostro una sonrisa que parecía amable, pero que no lograba ocultar del todo la tensión que todavía sentía.

Yo simplemente giré un poco la cabeza para mirarlo con calma, sin devolverle la sonrisa de inmediato, solo con esa expresión neutra que me caracterizaba.

—Hola —dijo él, bajando un poco el tono, aunque con esa seguridad que no abandonaba nunca—. ¿Y tú de quién eres? ¿Eres asistente de algún mánager, o vienes para debutar como artista?

Me acomodé ligeramente los lentes sobre el puente de la nariz, manteniendo la mirada fija en la suya, y luego dejé escapar esa sonrisa educada, suave y sin fondo, tal como la había aprendido.

—Es información privada —respondí con voz tranquila y firme, sin dar más detalles, lo que pareció sorprenderlo un poco.

Justo en ese momento, el ascensor se detuvo con un suave movimiento y la puerta se abrió en el piso 15. Ian me lanzó una mirada de curiosidad y confusión, como si no estuviera acostumbrado a que alguien le hablara con esa indiferencia, y salió seguido de Jovany, todavía mirándome antes de desaparecer por el pasillo.

Yo seguí subiendo hasta el piso 18. Al salir, la compañera Sondra me esperaba en la entrada y me guio hasta una oficina amplia, con grandes ventanales, muebles de madera oscura y un aire muy formal. Ahí me recibieron, y durante casi una hora me leyeron en voz alta cada cláusula del contrato, explicándome con detalle qué implicaba trabajar ahí, cuáles eran mis deberes y hasta dónde llegaban mis derechos. Fue una conversación muy seria, sin bromas ni rodeos, donde todo quedó expuesto con claridad.

—Entonces, para que quede perfectamente claro —me dijo el señor Pérez, el encargado de personal, mirándome fijamente a los ojos—: usted será la maquillista exclusiva de Ian. Solo para él, durante todo este año de contrato. No tendrá a nadie más a su cargo. Tendrá que acompañarlo a donde sea necesario: salidas de viaje, desfiles de moda, conciertos, grabaciones de videos, entrevistas, eventos públicos… cualquier acto en el que él tenga que aparecer frente al público, usted estará ahí.

Asentí despacio, procesando esa información como si fuera una instrucción más en mi lista.

—Y hay algo que debe tener siempre presente —añadió él con más énfasis—: si en algún momento, durante la vigencia de este acuerdo, usted llega a desarrollar sentimientos, atracción o interés romántico hacia él, el contrato quedará nulo de inmediato y deberá renunciar en ese mismo instante, sin derecho a ninguna indemnización. ¿Lo entiende bien?

—Perfectamente —respondí sin titubear—. No hay ningún riesgo de que eso ocurra.

—Muy bien. Por hoy no tiene ninguna tarea urgente en la agenda. Puede quedarse un rato más para que le saquen su gafete de acceso y le den el código de entrada a las áreas restringidas.

Pasaron unas dos horas en esa oficina, revisando papeles, firmando copias y recibiendo toda la documentación. Cuando terminamos, el señor Pérez me llevó por un pasillo más amplio, hasta llegar a una sala de descanso, con sillones cómodos, mesas bajas y una iluminación más suave.

Ahí estaban los dos hombres que había encontrado en el ascensor. Jovany estaba sentado en uno de los sillones, revisando unos papeles, mientras que Ian estaba tirado en el suelo, recostado sobre su espalda, con los brazos cruzados detrás de la cabeza y los ojos cerrados, como si quisiera olvidarse de todo lo demás.

El señor Pérez se detuvo frente a ellos y habló en voz alta:

—¡Jovany! ¡Ian! Levántate un momento, por favor.

Ian abrió un ojo primero, luego el otro, y giró la cabeza para mirar a quien hablaba. Su mirada pasó rápidamente por el señor Pérez y se detuvo sobre mí, frunciendo ligeramente el ceño, como si intentara recordar dónde me había visto.

Jovany se levantó enseguida con amabilidad, y el cantante se incorporó con pereza, estirando los brazos y la espalda con movimientos lentos y relajados.

—Bueno, como les dije que necesitábamos —continuó el señor Pérez señalándome con la mano—, aquí está la nueva maquillista exclusiva. Se llama Melissa, y será la encargada de todo lo relacionado con su imagen durante este próximo año.

Ian me miró fijamente unos segundos, con esa expresión de aburrimiento y superioridad, y luego simplemente apartó la mirada, ignorándome por completo como si yo no fuera más que un objeto más en la habitación.

Jovany, por el contrario, se acercó con una sonrisa amable y me tendió la mano.

—Disculpe por él —me dijo en voz baja, con un tono de disculpa—. Es un caso, a veces se comporta como si todavía fuera un niño pequeño, aunque ya tenga veintiocho años cumplidos.

Le tomé la mano con firmeza y soltura, sin apretar demasiado ni mostrar ninguna emoción en el rostro.

—Mucho gusto, Melissa —respondí simplemente, sin añadir más palabras ni sonreír.

—Perfecto —asintió Jovany—. Entonces empezaremos a trabajar desde mañana en la mañana. ¿Le parece bien?

—Así es —confirmé con calma.

Nos despedimos con un gesto, y cuando salí de la sala para recorrer el resto de las instalaciones, pude escuchar a Ian hablar en voz baja, riéndose con cierto aire de burla y confianza:

—Oye, Jovany… ¿no te parece que es demasiado orgullosa para ser una simple maquillista? Ni siquiera sonríe, ni dice más de lo necesario. Qué engreída se ve, ¿verdad? —y soltó una risa más fuerte, convencido de que yo no podía escucharlo—. Ya veremos cuánto dura así.

Yo seguí caminando sin detenerme, sin que esas palabras me afectaran ni cambiaran mi paso.

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Quiara rara
/Joyful//Joyful/
Quiara rara
espero que sigas creciendo Haci con tu escritura ahora Soy tu fan número 1 👏👏🤭🤭
Quiara rara
¡wow!cool muy bien tienes talento para escribir eres verdaderamente excepcional 👏👏 felicidades 👏👏
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