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BAJO CONTRATO CONTIGO

BAJO CONTRATO CONTIGO

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Completas
Popularitas:6.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Karol Bellandi lo perdió todo en cuestión de semanas. La empresa que levantó con años de esfuerzo está al borde de la quiebra, las deudas la persiguen y el embargo de su casa termina de destruir el mundo que construyó con sacrificio.

Sin opciones y desesperada por salvar lo único que le queda de su padre, acepta buscar ayuda del frío y poderoso empresario Nathanael Moretti.
Nathanael no cree que asociarse con Karol sea una buena inversión. Para él, ella solo es una empresaria en caída libre. Sin embargo, intrigado por la determinación de Karol, le propone un trato: si logra conquistar al cliente más importante del próximo proyecto, considerará firmar el contrato que podría salvar su empresa.

Obligada a convivir con él después de quedarse sin hogar, Karol descubre que detrás de la arrogancia de Nathanael existe un hombre marcado por secretos y heridas del pasado. Lo que comienza como un acuerdo estrictamente profesional pronto se convierte en una tensión imposible de ignorar.

NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 12

Los días siguientes, aunque el enfado no había desaparecido del todo, Karol siguió conviviendo con él con la misma discreción y respeto de siempre. Sin proponérselo, fue aprendiendo lo que Nathanael necesitaba: que prefería el café sin azúcar pero con un toque de canela, que le molestaba encontrar los documentos desordenados, que le gustaba que la luz de la sala fuera suave cuando trabajaba hasta tarde, y que siempre olvidaba llevar su chaqueta cuando salía antes de que amaneciera.

Un día, Nathanael entró a la cocina muy temprano, con prisa por una reunión. Encontró su taza de café ya preparada, tal como le gustaba, junto con los informes que debía llevar ordenados por orden de importancia. Y colgada en el perchero, justo al lado de la puerta, estaba su chaqueta, que la noche anterior había dejado olvidada en el sofá.

Se detuvo un instante, mirando todo aquello. Karol apareció en la puerta, todavía con el cabello suelto y aspecto de haberse levantado hacía muy poco.

—Lo encontré todo listo —dijo él, sin ocultar su sorpresa—. No le he pedido que haga nada de esto.

Ella se encogió de hombros con naturalidad, como si no tuviera importancia.

—Solo vi que el café estaba listo y lo preparé como suele tomarlo. Y los papeles… los dejé ordenados para que no pierda tiempo buscando lo primero que necesita. Y la chaqueta… hoy el pronóstico dice que bajará la temperatura. No quería que se enfermara.

Nathanael la miró fijamente. Estaba acostumbrado a que la gente hiciera cosas por él esperando algo a cambio: contratos, favores, dinero. Pero en los gestos de ella no había nada de eso; nacían de la sencillez y el cuidado, sin pedir nada a cambio.

—Nadie se había preocupado por esas cosas tan pequeñas desde hace mucho tiempo —admitió él en voz baja, casi sin querer—. Por lo general, solo buscan mi atención por lo que puedo darles.

Karol se acercó un poco más, con la mirada clara y sincera.

—Yo no hago esto por interés, Nathanael. Lo hago porque es lo correcto, porque compartimos este espacio y porque… porque quiero que sepa que no todos ven solo lo que tienen o lo que pueden obtener. A veces, lo que más vale es lo pequeño.

Él no respondió de inmediato, pero sintió cómo esa coraza que llevaba puesta tantos años se agrietaba un poco más. Aquella mujer que él había juzgado con dureza, que había dudado de ella, tenía una forma de ser que nadie más había mostrado.

—Gracias —dijo finalmente, con un tono mucho más suave que antes—. De verdad.

Salió del apartamento llevando la chaqueta, la taza en la mano y una sensación extraña en el pecho: por primera vez en mucho tiempo, se sintió cuidado, no como un magnate poderoso, sino simplemente como una persona. Y supo que, por más que intentara mantenerse alejado, esos pequeños detalles habían logrado llegar hasta donde nadie había llegado.

Esa tarde, al regresar, Nathanael vio que Karol se había quedado dormida sobre la mesa, rodeada de documentos, con la mano apoyada sobre un boceto que había dibujado. Se acercó despacio, sin hacer ruido, y notó que tenía un mechón de pelo sobre la cara que le impedía ver bien. Por un instante, estuvo a punto de apartárselo con los dedos, pero se detuvo a tiempo, sorprendido de su propio impulso.

Ella abrió los ojos de golpe al sentir su presencia.

—¿Ya volvió? —preguntó, incorporándose de inmediato, un poco avergonzada—. Perdón, no quería dormirme, solo estaba revisando…

—No pidas perdón —la interrumpió él con suavidad—. Te has quedado dormida por el esfuerzo. Nadie te juzga por eso.

Sus miradas se cruzaron muy cerca, y por un segundo, el silencio se llenó de algo más que palabras. Nathanael fue el primero en apartar la vista, pero su voz ya no sonaba seca ni distante.

—Hoy el café sabió diferente —dijo, casi como una confesión—. Sabía a… tranquilidad. Gracias por eso.

Karol sonrió levemente, y ese brillo en sus ojos le dio a entender a él que, aunque no lo dijeran en voz alta, algo muy profundo ya había cambiado entre los dos.

 

1
Maria del Carmen Herrera
La necesidad de la autora en crear y sostener un argumento la lleva a caer en situaciones ilógicas, absurdas
Milo Mosquera
Pero este Nataniel es tonto o se hace, no confía en ella , pero en otra si?
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