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¿ESTE ES MI FINAL?

¿ESTE ES MI FINAL?

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Romance / Padre soltero
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Cintya Flores

Reencarné dentro de la novela que más amaba, pero no como la heroína. Soy la hija del duque más temido y odiado del imperio — un personaje que ni siquiera debería existir. No conozco mi final, pero sí sé una cosa: protegeré a mi familia aunque el mundo entero se ponga en mi contra.

NovelToon tiene autorización de Cintya Flores para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La Mansión

Estoy yendo a encontrarme con mi padre en la entrada.

Después de todo lo que aprendí esta semana, hoy voy a conocer a las personas que mi padre aprecia. A todos los que tengo que proteger.

No voy a fallar.

Nazaria caminó por el pasillo con la determinación tranquila de alguien que tiene un plan, lo cual era técnicamente cierto aunque el plan en cuestión consistiera principalmente en sonreír de manera estratégica y observar todo con mucho cuidado.

Su padre estaba en la entrada principal junto al mayordomo Sheins y el caballero Kein. Detrás de ellos esperaba un carruaje con los caballos ya listos, negro y elegante con los emblemas del ducado grabados en las puertas.

El duque extendió la mano hacia ella en silencio.

Me está ayudando a subir. Qué detalle tan inesperadamente tierno de parte del hombre más temido del imperio.

—¿Vamos a salir del ducado? —preguntó Nazaria mientras tomaba su mano, mirando el carruaje con genuina intriga.

—No. Vamos a la mansión principal. Está dentro del ducado pero la distancia justifica el carruaje.

Se sentaron frente a frente. El carruaje empezó a moverse con un suave traqueteo sobre el camino de piedra, y el paisaje del ducado comenzó a pasar por la ventana — jardines enormes, edificios de piedra gris con molduras blancas, árboles que formaban túneles de sombra sobre el camino.

El silencio entre los dos era cómodo. Nazaria lo había notado desde hacía meses: su padre no hablaba por hablar. Cuando no tenía nada que decir, simplemente no decía nada, y eso, en un mundo lleno de personas que llenaban el silencio con palabras vacías, le parecía extraordinariamente refrescante.

Sin darse cuenta, empezó a tararear.

Era una melodía sin nombre, algo que había quedado pegado en su memoria de su vida anterior, suave y sin pretensiones. Lo hacía mirando por la ventana, con los dedos siguiendo el ritmo sobre su rodilla, completamente absorta en el paisaje.

Pasó casi un minuto antes de que levantara la vista.

Su padre la estaba mirando.

Nazaria se atragantó con su propio tarareo.

La tos fue considerable. Sus ojos se llenaron de lágrimas involuntarias. Se puso roja con la eficiencia de alguien que ha alcanzado un nuevo nivel de vergüenza personal.

—¿Te encuentras bien? —preguntó el duque, con una expresión que caminaba la línea muy fina entre preocupación y algo que definitivamente no era diversión porque el Duque Ainsworth no se divertía.

—Estoy perfectamente bien —dijo Nazaria con toda la dignidad que la situación permitía, que no era mucha.

Miró hacia la ventana.

Su padre giró la cabeza hacia el lado contrario.

Si acaba de sonreír no me lo perdono.

No me lo perdono nunca.

El carruaje se detuvo. El mayordomo abrió la puerta y la luz del sol entró de golpe, y Nazaria parpadeó mientras su padre bajaba primero y extendía el brazo para ayudarla.

Al poner los pies en el suelo y levantar la mirada, se quedó completamente inmóvil.

La mansión era enorme.

No enorme de la manera en que la mansión anterior era grande. Enorme de una manera diferente, más antigua, más definitiva. Piedra oscura con detalles blancos, torres en las esquinas, ventanas que iban del suelo casi al techo de cada piso, y una entrada principal con dos puertas de madera tallada que parecían capaces de aguantar un ejército.

Frente a las puertas, formados en dos filas perfectas, estaban los sirvientes de la mansión. Crista estaba ahí, junto a Kein que había llegado antes, y junto a ellos cuatro personas que Nazaria no había visto antes.

Una brisa pasó en ese momento.

Nazaria sintió que su cabello ondeaba y recordó, justo a tiempo, que el hechizo había sido retirado para esta ocasión. Que su cabello era rubio dorado brillando bajo el sol de la mañana.

Ah. Sin hechizo. Estas personas sí pueden vernos como somos.

Su padre la levantó en brazos con un movimiento natural que para él ya era rutina.

—Ellos te conocen —dijo en voz baja—. Para ellos no es necesario ocultarlo.

El primero en presentarse se adelantó con una sonrisa que Nazaria catalogó instantáneamente como "peligrosamente encantadora" — el tipo de sonrisa que sabe exactamente el efecto que tiene y lo usa sin el menor remordimiento.

—Yo soy Lody Venson, secretario y mejor amigo del duque. —Se inclinó, tomó la mano de Nazaria con cuidado y le depositó un beso sobre los dedos con la elegancia de alguien que lleva décadas practicando ese gesto—. Bienvenida a casa, señorita Nazaria.

Oh no.

Oh no, oh no, oh no.

¿Por qué está permitido que las personas sean así de—

Nazaria sintió que el calor le subía por el cuello hasta las orejas a una velocidad alarmante. Intentó decir algo. Lo que salió fue una sonrisa que probablemente ocupaba el ochenta por ciento de su cara.

El duque dio un paso atrás.

Lody no pudo continuar su presentación porque el duque había puesto físicamente distancia entre el secretario y su hija con la serenidad de alguien tomando una decisión completamente razonable.

Papá. Eso fue lo más transparente que has hecho en tu vida.

Dos jóvenes que estaban al lado de Crista se inclinaron al unísono.

—Mi nombre es Flor.

—Y yo me llamo Loti. Estamos aquí para ayudarla en todo lo que necesite, señorita Nazaria.

—Cuento con ustedes —respondió Nazaria con una mirada que intentaba ser serena a pesar de que todavía tenía las orejas rojas.

El último de los cuatro se adelantó. Era joven — demasiado joven para el título que llevaba, eso saltaba a la vista —, con un maletín médico en la mano y una expresión de alguien acostumbrado a que la gente lo mire con desconfianza antes de que abra la boca.

—Mi nombre es Rusto. Soy médico mago y estaré a disposición del ducado.

Hizo una reverencia técnicamente correcta pero con la rigidez de alguien que espera que lo juzguen.

Nazaria lo miró un momento. Luego sonrió — no la sonrisa estratégica, sino una genuina, directa.

—Un gusto, Rusto. Cuida de nosotros, por favor.

Rusto parpadeó.

La expresión que cruzó su cara fue breve pero completamente involuntaria — sorpresa, algo de desconcierto, y luego algo más suave que no sabía muy bien dónde poner.

"Por lo que vi", pensó, "todos lo juzgan antes de que abra la boca. Ella ni siquiera preguntó de dónde viene."

—Con gusto, señorita —respondió, y esta vez la reverencia fue diferente.

—Vamos adentro —dijo el duque, caminando hacia la entrada con Nazaria aún en brazos.

La bajó justo en el umbral de las puertas principales, y Nazaria levantó la vista hacia el interior de la mansión y se quedó sin palabras durante aproximadamente cuatro segundos completos, que para ella era un tiempo considerable.

Era enorme. El vestíbulo central tenía un techo que se perdía en las alturas, con una araña de cristal que proyectaba pequeños arcoíris sobre el suelo de mármol blanco. Las escaleras principales subían en dos ramas simétricas hacia los pisos superiores. Las paredes llevaban tapices con el emblema del ducado.

—A partir de la próxima semana vivimos aquí —dijo su padre, mirando el espacio con la expresión de alguien que lo está evaluando en términos de seguridad más que de estética.

Nazaria lo miró a él.

Luego miró la mansión.

—¿Te gusta? —preguntó el duque, en el tono cuidadosamente neutro de alguien que pregunta pero que claramente tiene una opinión sobre la respuesta correcta.

—Es impresionante —dijo Nazaria con honestidad—. Pero padre, ¿puedo decirte algo?

—Dilo.

—Deberías vigilar el presupuesto. Todo en el ducado parece estar hecho de oro y eventualmente eso va a tener consecuencias contables.

El duque la miró durante un segundo entero.

—Voy a revisar unos documentos —dijo finalmente—. Nos vemos en el almuerzo.

Ni negó ni confirmó. Preocupante.

El caballero Kein apareció a su lado.

—Señorita, los demás caballeros están esperando para conocerla.

......................

El patio de entrenamiento estaba detrás de la mansión, separado de los jardines por una hilera de árboles. Cuando Nazaria llegó escoltada por Kein, Crista, Flor y Loti, encontró a los caballeros formados en dos filas perfectas — todos vestidos de negro con los emblemas dorados del ducado, todos con una postura que decía claramente que habían pasado años aprendiendo a pararse exactamente así.

Nazaria caminó hasta el centro del patio y se detuvo.

Los caballeros se inclinaron al unísono, con la mano derecha sobre el pecho.

—Bienvenida, señorita Nazaria.

El eco de las voces juntas resonó en el patio.

Nazaria los miró. Los miró a todos, uno por uno, recorriendo las dos filas con una calma que ninguna niña de seis años debería tener naturalmente.

Luego se inclinó hacia ellos.

—Cuiden de mí, por favor.

Silencio.

Los caballeros se miraron entre ellos con expresiones que variaban entre la sorpresa y el desconcierto. La hija del duque diabólico, de seis años, inclinándose ante ellos como si fueran los importantes.

Nazaria vio sus caras y no pudo evitarlo.

Soltó una carcajada.

Fue suave y genuina, y algo en ese sonido hizo que el patio entero se aflojara — primero una sonrisa aquí, luego una risa contenida allá, y de repente los caballeros más temidos del ducado estaban riendo sin saber exactamente por qué, solo que algo en ese momento había sido completamente inesperado y eso los había desarmado.

Nazaria se retiró del patio con Crista, Flor y Loti, y escuchó por detrás a los caballeros comentando entre ellos en voz baja.

—Es muy bonita.

—Y muy madura para su edad.

—Tiene algo distinto.

Se puso roja y aceleró el paso.

Dejen de hablar de mí donde puedo escucharlos. Tengo seis años y un nivel de dignidad que mantener.

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Lorena Itriago
hay otra versión de esta Novela?
Carmen Otero
me encanta tu novela escritora. en espera de más capítulos
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